La guerra entre la demanda y el consumo

La guerra entre la demanda y el consumo

Por Celina Mesquida VanNewkirk – RJO’Brien

Buenos Aires, 1 junio (PR/22) — El trigo Chicago limite abajo al comienzo de la semana corta en Chicago, y otros 60 centavos de caída el resto de los trigos. Lógicamente el resto de los productos fueron arrastrados en la inercia y como siempre, buscamos material fundamental para justificar el movimiento. Rusia parece estar dispuesta a proporcionar exportaciones de granos ucranianos si Ucrania elimina las bombas escondidas en sus puertos, sin embargo, otras fuentes proporcionan información contraria, en la que niegan rotundamente un acuerdo para exportar granos ucranianos y que es Rusia quien los toma como propios.
Rusia continúa chantajeando al mundo con el abasto de alimentos a cambio del levantamiento de las sanciones. El tema clave es si realmente el mundo necesita desesperadamente el consumo de granos hoy, y dada la secuencia en los precios parece que de momento hacemos una pausa. La demanda creció desmedidamente frente al consumo.

El consumo de grasas y aceites ha sido altamente perjudicado por la pandemia en 2020 ajustando el
suministro con el aumento incasable de precios, y de este modo, contrayendo su uso. El consumo total
de aceites comestibles y energéticos combinados se ha incrementado solo 3.6 mill de t desde la
pandemia (ultimas 3 campañas) mientras que el crecimiento en los 3 años anteriores había sido de 25
millones de toneladas. El consumo de aceites per cápita había alcanzado su máximo de 25.7 kg/hab/año
en 2018/19 mientras que se espera que 21/22 cierre en 25.1 kg/hab/año.

En la pantalla, los spreads se tranquilizan, hace una semana observábamos nuevos máximos de inverso
en el hacedor de viudas, soja julio 22 / noviembre 22; ahora calmado. El spread de maiz julio/
septiembre en dirección descendente sin poder juzgar una estructura sólidamente alcista en maiz. El
margen de molienda de soja en el julio se fundió desde más de 2 dolares/bushel a 87 centavos en 1 mes.
La siembra de cultivos de verano alcanzó su ritmo normal en USA tal como todos sospechaban y de
momento el clima no es una amenaza. Por su parte, el mercado del cash internamente en USA continua
muy sólido sobre todo al este del Midwest y los problemas de logística continúan trabando el
movimiento lo que ya no sabemos si son excusas y nos acostumbramos a ellas, o es real que poner
granos sobre ruedas, sobre rieles o agua es una contingencia.

 

Los grandes jugadores se han ausentado de este mercado dejando espacio a fondos que operan de
manera súbita emocional, pero sin una lógica que acomode el tema fundamental de prevalencia. Es así
como cuando estos quitan sus posiciones, la desnudez del mercado muestra las realidades.
Con todo esto no queremos argumentar que la escasez de producto no es real y que la inflación es
producto de una sensación, pero antes de castigar sin motivos el cultivo en suelo de USA debemos
esperar que el clima lo descomponga. Antes de salir a comprar inusitadamente debemos contabilizar lo
que tenemos en la despensa. El producto está, pero no disponible de momento.

Queres enterarte de más?… No te pierdas Comité de Crisis #2 Mexico, 5 PM Hora Mexico.

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Primicias Rurales

Fuente: Agroeducación

¿De la sartén al fuego?

¿De la sartén al fuego?

Escribe Susana Merlo

Buenos Aires, 1 de junio (PR/22) .- Mientras el sector político sigue concentrado en sus internas y pocos/ ninguno se dedican a gobernar (ni siquiera los funcionarios de menor rango), los productores del campo se debaten en un mar de incertidumbre potenciado por la inestabilidad política, en pleno arranque de la campaña 22/23.
Los riesgos habituales de mercados y clima están potenciados este año. Seca y atrasos en los cultivos del Hemisferio norte, que tensan más la plaza agrícola internacional que, además, sigue con stocks muy bajos; mientras en lo local se sigue acentuando la sequía y las heladas, a pesar del arranque con mejores perspectivas que había hasta hace unas semanas atrás. A esto se le agregan los precios internacionales alterados además por la Guerra del Mar Negro que podrían bajar de golpe si el conflicto se llegara a solucionar (lo que se percibió con el “amague” de fin de mayo), pero que también podrían continuar su escalada alcista si las condiciones climáticas se complican más en las principales zonas productivas.
Una verdadera timba para cualquiera.
Y, aunque, en general, las cotizaciones se encuentran en niveles extraordinarios, eso no se refleja totalmente en la plaza local debido a las retenciones, al atraso relativo del dólar oficial respecto al paralelo, a las restricciones comerciales impuestas, que incluyen hasta la prohibición de exportación en algún rubro, y otra serie de “sugerencias” no escritas que ponen en duda (otra más), las verdaderas posibilidades de recuperar la inversión que tiene el que haga agricultura.
Con semejante cúmulo de incertidumbres, ¿Quién se anima a enterrar por 6 meses, entre U$S 400 a U$S 600 promedio por hectárea, que es lo que implica hacer un cultivo este año, debido a la fuerte escalada de los principales costos (agroquímicos, fertilizantes, etc.)?.
Por supuesto que no es el único problema. A pesar de las declaraciones -y garantías- oficiales, en varias provincias sigue sin aparecer gas oil al punto de que ya se están suspendiendo las labores, mientras en la mayoría de las que aún se consigue (con restricciones de volumen), los precios a abonar son muy superiores al oficial.
Tampoco hay cubiertas, ni muchos de los repuestos importados que exige la maquinaria agrícola más sofisticada. O algo tan simple como el alambre, si el planteo es mixto (con ganadería). Decir que en estas condiciones se puede arriesgar la siembra, parece demasiado pedir, sobre todo cuando si se logran vencer todos y cada uno de los inconvenientes mencionados, tampoco es seguro que se pueda vender con libertad.
Y el dato es clave, pues en la medida que se prohíbe la exportación, o se ponen cupos y restricciones de cualquier clase, se está alterando la plaza, permitiendo que los compradores cuenten con un mercado interno cautivo obligado a aceptar la única oferta “libre”, que es una parte de la demanda local, dado que no se permite exportar.
“Cazar en el gallinero”, o “pescar en la pecera”, son las imágenes más habituales que se usan para definir este tipo de situación.
Pasa con la carne, con el trigo, con el maíz… Medidas explícitas, o no tanto, que impiden que el productor reciba el precio más lleno posible (aun con retenciones y doble tipo de cambio), ya que no juega la competencia.
La antigua “mesa de los argentinos”, ahora se aggiorno al “desacople” de precios que pretenden algunos funcionarios como si ya no hubiera suficiente despegue. Basta ver los precios que cobran por la misma mercadería los restantes vecinos del Mercosur, sea en leche, carne, granos, fruta, o cualquier otro producto.
Pero, lo que más desincentiva, en realidad, es que mientras en condiciones de producción normal se habla de “rentas extraordinarias” para el campo (aunque, de hecho, las principales las tiene el Gobierno), cuando toca la mala con sequías, heladas, inundaciones, o incendios, a los productores les toca perder solos.

Primicias Rurales

Fuente: Campo2.0

Con el Gobierno convertido en una miscelánea, «albertistas» sugieren que Fernández debería desmarcarse de Cristina

Con el Gobierno convertido en una miscelánea, «albertistas» sugieren que Fernández debería desmarcarse de Cristina

Por Emiliano Rodríguez

Cristina volvió al centro de la escena política con una polémica presentación en el CCK.Cristina volvió al centro de la escena política con una polémica presentación en el CCK.Foto: NA/Prensa Instituto Patria.

Buenos Aires, 16 abril (PR/22) — La fractura expuesta que propició en el Gobierno el reciente acuerdo con el FMI generó también posturas más radicalizadas dentro ese variopinto abanico de clanes que conviven en el oficialismo, con relación a la importancia de preservar la unidad del Frente de Todos (FdT) de cara a los comicios presidenciales del año próximo.

Quedó en evidencia que el pacto con el Fondo Monetario Internacional (FMI), que tiene al vituperado ministro de Economía, Martín Guzmán, como «garante», según sostienen los albertistas en Balcarce 50, produjo una escisión ya definitiva en el seno del FdT después de las tensiones en aumento vistas en esa coalición tras la derrota electoral de 2021.

Si en la Argentina el sistema de gobierno fuera parlamentario, el desplante del kirchnerismo en el Congreso al votar en contra un proyecto impulsado por el propio Alberto Fernández -en este caso- habría desencadenado probablemente la caída de un primer ministro, si lo hubiera, pero más allá del show político ocasionado aquí, el presidente -y Guzmán- lograron convertir en ley el acuerdo con el Fondo con ayuda de la oposición.

Y Fernández, esmerilado y devaluado como luce en medio de una encarnizada embestida por parte del cristinismo -el inequívoco núcleo duro K dentro del FdT-, se mantiene de todos modos en pie desde entonces y resiste para conservar a Guzmán como titular del Palacio de Hacienda pese a las versiones sobre cambios en el Gabinete, e incluso a las sugerencias que recibe al respecto de parte de colaboradores cercanos.

Porque así como el kirchnerismo se radicalizó aún más en las últimas semanas con motivo del acuerdo con el FMI, un sector del albertismo, en medio de las aguas turbulentas por las que navega el Gobierno, también parece haberse hartado de la convivencia forzosa, del matrimonio electoral por conveniencia que entablaron Fernández y su actual vicepresidenta en 2019, y recomienda lisa y llanamente romper -además de sostener a Guzmán-.

Esos colaboradores estrechos del presidente aguardan que el jefe de Estado tome finalmente la decisión que no quiere o no está dispuesto a adoptar, e incluso entienden que Fernández tendría que haber prescindido antes del grupo de funcionarios que responden a Cristina Kirchner, cuando éstos lo presionaron en 2021 al poner sus renuncias a disposición.

El tiro por elevación enviado por Cristina días atrás al primer mandatario cuando habló del «poder» del presidente generó un temblor adicional en Balcarce 50, donde algunos «albertistas puros» consideran -en charlas de café- que llegó el momento de desmarcarse del kirchnerismo y reconfigurar el Gabinete con dirigentes provenientes del peronismo más tradicional.

Las «cajas» que maneja el cristinismo

Romper significaría privar al núcleo duro K y especialmente a la agrupación La Cámpora que lidera Máximo Kirchner de acaudaladas «cajas» estatales como ANSeS, PAMI o incluso Aerolíneas Argentinas e YPF, en momentos en los que da la sensación de que el cristinismo, por ahora, tensa la cuerda y amenaza con una ruptura, pero no quita los pies del plato justamente por los fondos públicos a los que aún tiene acceso.

Paradójicamente, como suele suceder en política en ocasiones, las paralelas parecen juntarse, ya que tanto en filas albertistas como dentro del kirchnerismo en el crujiente FdT existen quienes sostienen que la tan mentada «unidad del peronismo» hoy por hoy no supone garantía alguna de resultado electoral favorable en los comicios presidenciales de 2023.

Claro que también alzan la voz aquellos que, en este contexto de efervescencia y fuego amigo incesante, consideran que si el Frente de Todos se rompe, Juntos por el Cambio (JxC) gana el año que viene en primera vuelta. En tal sentido se expresó en estos días el ex ministro de Defensa Agustín Rossi, cuyo nombre «suena» como posible hombre de recambio en el Gabinete.

En el Gobierno, por el lado del albertismo, admiten que el desafío electoral que se aproxima encuentra al oficialismo en un contexto de complejidad importante, pero aquellos que promueven la rebelión de los mansos y despegarse del kirchnerismo entienden que aún existe margen para que la administración Fernández robustezca su volumen político en los próximos meses.

Señalan, como resulta evidente por cierto, que maniatar la inflación para fortalecer el poder adquisitivo del salario será clave, fundamental en el corto plazo, después del lapidario aumento mensual del costo de vida de 6,7 por ciento registrado en marzo pasado, según datos oficiales. Poder lograrlo, según evalúan en Balcarce 50, permitiría acompañar con mayor optimismo otros indicadores económicos generales que muestran síntomas de recuperación tras la pandemia de coronavirus.

Por el lado del kirchnerismo, la polémica presentación de Cristina días atrás en el Centro Cultural Kirchner (CCK), con el regreso de la militancia a la escena pública alentando a viva voz a la «jefa» en el marco de la solemne Asamblea Parlamentaria Europea-Latinoamericana (Eurolat), podría analizarse como una pequeña muestra de las discusiones que están ocurriendo por estas horas dentro de ese espacio.

En el Instituto Patria existen quienes creen que tras el fallido experimento electoral de 2019 -solo exitoso en las urnas-, debería ser Cristina la que vuelva a encabezar el «proyecto nacional y popular» kirchnerista como candidata a presidenta el año que viene: «Tenés que ser vos», le ruegan.

La Provincia, como trampolín al balotaje

Consideran, en el núcleo duro K, que el gobierno de Fernández está acabado y que el acuerdo con el FMI pavimenta el camino hacia una derrota en 2023 si la Casa Rosada cumple con las demandas del Fondo incluidas en la letra chica del pacto, por lo que si bien presionan con la salida de Guzmán del Gabinete, apuestan como acto reflejo (proselitista) a refugiarse en la Provincia, a la que ven como una vía de escape.

En ese distrito, convertido en un terruño electoral kirchnerista en años recientes, Máximo participó en una serie de actos en los últimos días y el gobernador Axel Kicillof lanzó su propio plan para combatir la inflación junto al secretario de Comercio Interior, Roberto Feletti, un aliado de La Cámpora que según los «albertistas puros» del Gobierno adoptó un rol de confrontación que ya amerita su desplazamiento del cargo.

Según lucubran en Balcarce 50, el cristinismo procura robustecer su base electoral en la provincia de Buenos Aires, apostando quizá por una polarización de candidatos presidenciales en 2023 que le permita aspirar a un balotaje en el caso de sumar poco más de 20 puntos a nivel nacional. Para entusiasmarse, en el Instituto Patria buscan argumentos en los recientes comicios generales de países de la región como Chile o Perú -más allá de su reciente convulsión social- y en Francia apenas días atrás.

Claramente, la fractura en el Gobierno se produce porque en el kirchnerismo consideran que Fernández no está obrando en función de la hoja de ruta que pretende imponer Cristina, que incluso viene planteando públicamente desavenencias internas desde hace meses. Ahora, parece que el sector que comanda la «jefa» planea definitivamente lanzarse rumbo a las elecciones del año que viene con una propuesta propia. Está por verse, de todos modos, si efectivamente lo concretará.

Quien sí tiene decidido, dentro del peronismo, competir por la primera magistratura parece ser el gobernador de Chaco, Jorge «Coqui» Capitanich, que busca asegurarse el respaldo de sus colegas del Norte Grande argentino con miras a 2023 y acaba de «institucionalizar» el Frente de Todos en ese distrito, en una reunión celebrada en la sede del Partido Justicialista provincial.

Finalmente, en JxC, a las pretensiones del jefe de Gobierno porteño, Horacio Rodríguez Larreta; y de la presidenta del PRO, Patricia Bullrich, y al misterio en torno de la decisión que finalmente tomará el ex mandatario Mauricio Macri de cara a la votación del año que viene, se sumaron por estas horas las intenciones -ya confirmadas- de la ex gobernadora bonaerense María Eugenia Vidal de incorporarse al grupo de los «presidenciables».

Si Macri y Vidal deciden «jugar» dentro del PRO en 2023, independientemente de lo que suceda con los postulantes que propongan el radicalismo y la Coalición Cívica en el marco de la coalición opositora, las aspiraciones de Bullrich de participar en la contienda por el sillón de Rivadavia podrían verse afectadas. Mientras tanto, la ex ministra de Seguridad insiste -y quiere creer- en que su jefe político no será candidato.

 

Escrito por 

Buenos Aires, NA

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Aquel tremendo golpe a la flota británica, en honor al «Turco» Palaver

Aquel tremendo golpe a la flota británica, en honor al «Turco» Palaver

Buenos Aires, 1 abril (PR/22) — Ese día, el 25 de mayo de 1982, el Día de la Patria, amanecimos con la peor noticia. En la primera salida de la mañana, muy temprano, habían derribado al capitán Hugo Palaver, que había salido con Daniel Gálvez. El salteño regresó en un vuelo muy accidentado.

Palaver era nuestro oficial de operaciones y una persona de una integridad absoluta, un gigante, un líder nato y los gringos de mierda nos habían arrebatado a ese grande, a nuestro as de espadas. No fue fácil digerir ese momento. Resultaba el quinto derribo que sufríamos y la estadística nos empezaba a jugar en contra.

En nuestros íntimos pensamientos, aunque hiciéramos lo mejor que nos saliera, estaba el fantasma de ser derribados. Ansiábamos que la guerra terminara de una vez y que la vida volviera a la normalidad, volver a nuestras familias, a esa vida que todavía no habíamos llegado a disfrutar porque éramos muy jóvenes; esposa, una hija de 11 meses y esperando la segunda en mí caso, y todos los pilotos en situaciones parecidas. Y los solteros ni hablar, ilusionados con ese casamiento que algún día se iba a concretar.

Aquel 25 de mayo de 1982 nos quedaba un día interminable por delante, así que había que volver a la concentración. Palaver había sido derribado por un misil del Destructor T 42 Coventry que, junto con la Fragata T 22 Broadsword, había sido desplazado a mar abierto para lograr una mejor efectividad con sus radares.

Estaban posicionados unas 30 millas al norte de las islas, constituyendo un piquete de radar que nos tenía a mal traer a los cazas y a todo el que se aproximara a la zona. Ya lo habían demostrado con el derribo del «Turco».

El capitán Pablo Carballo quedó a cargo de las operaciones del escuadrón y estaba armando el plan de vuelo, por lo tanto, la escuadrilla «Cruz» no tenía ninguna posibilidad de salir como segunda o tercera opción; estábamos primeros en la lista para las salidas del día.

Nos llegan las órdenes para prepararnos y se armaron las escuadrillas. Los objetivos asignados eran dos buques al norte de la isla de Borbón, el letal Coventry con sus misiles Sea Dart de última generación, acompañado por la Broadsword, con misiles Sea Wolf, y ambos barcos con cañones de 4,5 pulgadas que tiraban granadas que explotaban por proximidad delante del avión que pudiera haber penetrado la defensa misilística.

El clima en los búnkers era de mucha euforia contenida cuando llegábamos los pilotos en una F-100 azul carrozada que se desarmaba sacudiéndose en ese trayecto de dos kilómetros de ripio y pozos levantando polvareda y conducida diestramente por uno de los colegas que quedaba en tierra.

Los mecánicos y armeros que con dedicación habían estado trabajando toda la noche para poner los aviones en condiciones no nos querían alterar los ánimos. Sabían que esos minutos de contacto con ellos antes de subir a los aviones posiblemente fueran los últimos de alguno de nosotros y respetaban ese momento de concentración. La revisión de las carpetas era una formalidad, confiábamos ciegamente en su trabajo y en su palabra cuando nos decían, «El avión está OK».

Si hablamos de miedo, ése era el momento de la verdad, el punto de no retorno, todo se iba haciendo con las piernas temblequeando. Caminar hacia el avión, subir esa escalera tambaleante que a veces nos jugaba una mala pasada y ese malabar de pierna sobre la cabina para ocupar el puesto sobre el asiento eyectable de nuestros viejos A-4 era un ritual que nos identificaba.

Pero antes de eso, en la inspección exterior, habíamos chequeado la bomba que transportábamos, un gran artefacto explosivo de 1.000 libras (500 kilogramos) de peso y gran poder destructivo.

Seguro de espoleta afuera y ¡lista para cumplir su tarea! Ubicados en la cabina, que era muy pequeña, y con el equipo extra de supervivencia y traje anti-exposición por si caíamos al agua helada, entrabamos con calzador.

Los vuelos duraban tres horas promedio, así que había que acomodarse lo mejor posible; no había forma, por más que quisiéramos, no era fácil encontrar posición.

El mecánico nos ayudaba a abrochar los arneses al asiento y era el último que nos deseaba suerte con una cálida palmada, bajaba, retiraba la escalera y comenzaba el ritual de la puesta en marcha.

Sentir la turbina que empieza a girar a nuestra espalda producía diferentes sensaciones. En la paz era muy romántico, todos observaban el diálogo por señas entre mecánico y piloto y ese ruido que arrancaba muy grave, de la turbina impulsada por la presión del compresor externo y se volvía más agudo a medida que iba ganando revoluciones hasta llegar al encendido y la turbina estabilizada en relanti. Las superficies de comandos se empezaban a mover y el avión cobraba vida.

piloto interna 1

En la guerra, en cambio, todo esto era como si no importara, nada de esto se disfrutaba, tenía que funcionar rápido y punto. Al cerrar la cabina se producía un aislamiento del exterior y solo se escuchaban los ruidos de la turbina y de la radio, pero muy silenciados gracias a la insonorización de nuestros nobles cascos. En ese ambiente ya no quedaban intermediarios, eran el avión y el piloto.

Los mecánicos nos saludaban y en ese momento descargaban la pasión por su trabajo, una bandera argentina flameando y los brazos en alto nos daba ese último empujón, llevábamos su mensaje, ¡no les podíamos fallar!

Rodamos en silencio hasta la cabecera de pista, nos ubicamos en posición, nos miramos con Pablo cabina a cabina, estábamos a 10 metros de distancia y sin dudar y a su seña soltamos frenos. Eran las dos de la tarde en punto.

Potencia máxima, el corcoveo del avión hasta alcanzar velocidad, el rugido del motor y los slats que se acomodaban nos hacían olvidarnos de cualquier cosa o pensamiento diferente a lo que estábamos haciendo.

Al costado, los «Zeus» que esperaban, ingresaban a pista para despegar detrás de nosotros. La estrategia, si es que la hubo, fue atacar con sorpresa, de manera que se programó esta salida sin reabastecimiento en vuelo, rumbo lo más directo hacia el objetivo y atacaríamos con diferencia de un minuto entre las dos secciones.

El vuelo fue tranquilo, Dios nos había regalado un día hermoso para volar, la meteorología estaba muy buena, día claro con buena visibilidad.

Costaba mantener un silencio de radio, aunque a Pablo le costaba más, eso es seguro. Y yo eso lo disfrutaba, a mí me gustaba volar tranquilo sin ruidos. Por otro lado, no me imaginaba el escenario que se venía, sí, eso me acuerdo bien, habíamos quedado en adoptar para el ataque una formación lateral y no muy distante, de manera de tratar de confundir a los radares (y eso nos daría buen resultado).

El vuelo hasta el descenso transcurrió con normalidad, en altura podemos mantener más distancia entre aviones lo que lo hace más relajado. Al comenzar el descenso para evitar la detección radar nos empezamos a acercar y ahí el avión y uno se ponen más briosos. Uno juega más con el motor y los frenos aerodinámicos, hay cambio de velocidad y de actitud y el control del avión es, para el que forma, más dinámico.

A medida que nos acercábamos al terreno, el avión se encabritaba por la turbulencia mecánica proveniente de las sierras y acantilados que íbamos cruzando, y uno tenía instintivamente la intención de acelerar; con la turbulencia a veces la palanca del acelerador se movía y había que controlarla.

Estábamos cruzando la Gran Malvina de sudoeste a nordeste, chequeamos armamento y conectamos la máster de armamento. Lo único que quedaba era apretar el botón de bombas de la palanca. Había que tener cuidado con la turbulencia -la cabina a veces parecía una coctelera- de no apretar accidentalmente el botón de bombas de la palanca porque la bomba se soltaba y todo el esfuerzo se perdería.

Yo estaba formado a la izquierda de Pablo en la posición convenida, lateral unos 15 grados atrás y a unos 30 metros y un poco más bajo. Veía pasar las sierras a gran velocidad, no le podía sacar la vista al otro avión, ya que mantener la formación era vital. El motor sonaba muy bien, cómo un violín, eso me tranquilizaba. Con el rabillo del ojo izquierdo espiaba hacia adelante y faltaba poco para abandonar la costa, se empezaba a ver mar abierto al frente. Estábamos bajo y acelerando.

Pablo cada tanto salía al aire con expresiones como, «Vamos chicas», «Vamos bien», «Vamos canejo» o «carajo», dando ánimo al grupo y dándose ánimo a él fundamentalmente, como en el tenis. Y el gallego Mariano Velasco y Jorge «Bam Bam» Barrionuevo venían un minuto atrás de nosotros, un poco desplazados a la derecha de nuestra ruta, no los escuchaba.

La situación era diferente que en San Carlos; esto era a mar abierto, con mucho tiempo de exposición. Las fragatas tenían todo a su favor, cuando apareciéramos en sus radares ¡nos iban a tirar con lo que no tenían! Yo me decía a mí mismo: «Estamos en el horno, de ésta no volvés, flaco».

Con el aumento de velocidad el avión vibraba mucho, necesitábamos máxima velocidad, 470 nudos o lo que dieran los A-4.

Ya a mar abierto la sensación fue de desamparo ante la inmensidad de ese hermoso mar helado. Volar sobre tierra nos daba cobertura, cierta seguridad. Y en ese momento las vi, estaban en el horizonte las dos fragatas, siluetas inconfundibles, gris oscuro, humeantes y parecían estáticas a la distancia; todo parecía un cuadro. Estaban a unas 20 millas, lo que a nuestra velocidad eran tres minutos más o menos.

Ahí bajamos lo más posible, pero respetando el agua, era difícil de calcular la altura sobre el agua, sin referencias y sin radioaltímetro. Carballo se puso eufórico: del «Vamos chicas» pasó a un «¡Ahí están gringos de mierda!», más un fuerte «¡Viva la Patria!» y a partir de ahí silencio, concentración.

Aferramos el motor a pleno gas y encaramos la fragata que estaba a nuestra izquierda, que resultó ser la Broadsword, era la que nos quedaba mejor para el tiro. Yo lo miraba al «uno» (Carballo), pero empezaba a ver la fragata cada vez más grande; se veía una cortina de metralla, con piques delante de nosotros y a los costados, no nos pegaban por suerte o no se por qué.

La Broadsword se desplazaba de izquierda a derecha a unos 35 nudos y a su derecha el Coventry maniobraba. Teníamos que seguir la trayectoria por tanto íbamos corrigiendo nuestro rumbo hacia la derecha para que no se nos escapara de nuestra visión de mira.

En una foto (ver imagen a continuación) que nos sacó un marinero de la Broadsword se puede ver clarito que estamos en viraje a la derecha y se ven los piques de munición en el agua. Lo últimos segundos pasan rápido, alcanzamos a pasar de la mitad hacia la popa de la fragata y le tiramos las bombas cada uno de acuerdo a la puntería que pudo hacer.

La foto a la que hace referencia el piloto en su relato. El momento del ataque a la flota inglesa. Foto/NA.

Pasamos por arriba de la popa y en ese momento fue como pasar la puerta del cielo en sentido opuesto, seguíamos increíblemente vivos los dos.
Veo por el espejo que el Coventry dispara un misil Sea Dart que sale vertical; no constituía un peligro para los aviones que escapaban, o sea nosotros, pero los «Zeus» estaban entrando al Coventry y les grito, «¡misil, misil!»

Velasco pasa por el medio de la Coventry y le tira tres bombas de 500 libras. Acierta y penetran perfectas en el centro de la fragata, apenas sobre la línea de flotación; explotan y en 20 minutos se hundió el azote de los cazas.

Los «Zeus» vieron humo salir de la popa del Broadsword, una de nuestras bombas había impactado, había hecho un «patito» en el agua y había penetrado por la banda de estribor en trayectoria ascendente, con orificio de salida en la plataforma del helicóptero Linx que estaba en la cubierta.

La bomba causó daños por el propio impacto, pero cayó al agua explotando en el mar. Hacer puntería fue difícil porque estando a la izquierda y la fragata desplazándose a toda marcha hacía la derecha se me iba desplazando, y lo que a la distancia parecían estáticas al acercarnos la velocidad empezó a ser significativa y por ende quedamos con poco margen para corregir en el tramo final del ataque.

También tuvimos problemas con la sal acumulada en el parabrisas oval de Carballo, lo que le dificultó la visión hacia adelante (el mecánico le había limpiado la silicona que le habían puesto antes de salir, pensando que estaba sucio).

De todas maneras, el helicóptero quedó destruido y los daños en la popa la inutilizaron a la Broadsword para el resto de la guerra. A la salida fue una euforia de gritos, con «Bam Bam» Barrionuevo diciendo: «¡Le pegó señor, lo vi clarito, pegaron las tres en el centro!», le aseguraba a Velasco. Mariano tiraba muy bien, un lujo.

De pronto, ya fuera de alcance de aquel misil, Pablo me dice: «Me pegaron dos, atento que me voy a eyectar». Y yo le digo: «Espere, espere, lo estoy viendo, no veo nada raro». Entonces se tranquiliza, le formo abajo del plano del avión y no vi nada, ninguna pérdida, estaba todo bien, pasé a formación de ruta y apuntamos para el continente.

Los buques tuvieron sus problemas, ya que nuestra formación confundió sus radares, no identificaban el eco, tuvieron que resetear la computadora de tiro y por último la Broadsword se le cruzó al Coventry tapándole la visión del tiro, todo esto en el trascurso del último minuto antes de nuestro ataque.

La euforia a la vuelta era enorme, se olfateaba que el Coventry estaba mal herido y la Broadsword, averiada, mientras nosotros cuatro regresábamos a la base festejando ¡como después de la goleada contra Perú!

La toma de altura en el tramo de regreso era el momento del vuelo para disfrutar, lo único que podía pasar habiendo sorteado las circunstancias del combate era que nos quedáramos sin combustible antes de llegar por excesivo consumo en el rasante. En eso estábamos bien, tratamos de respetar el «mosca» (mínimo combustible para el retorno con un sobrante), para no quedarnos sin el precioso jugo.

Y lo otro era la plantada del motor; con un solo motor el riesgo de plantada siempre estaba y ahí no había otra que caer al agua, con pocas esperanzas de ser rescatados (los buques de rescate habían sido atacados por la aviación pirata). Pero teníamos confianza en nuestros aviones, nunca nos dejaron «a pata» en la guerra, aunque en tiempos de paz varios son los que probaron el asiento eyectable.

Al divisar la pista de Río Gallegos le digo al «uno», «Señor, es el Día de la Patria, ¿hacemos un pasaje por la ciudad?» «¡Está loco, ´Rinche´!», me dice, «¿Quiere que nos tiren los nuestros?», acota. El recibimiento de los mecánicos fue muy emotivo, no lo podían creer.

Salvamos el honor del «Turco» Palaver, que Dios lo tenga en la gloria. Resultado de la operación: destructor T 42 Coventry, hundido; fragata T 22 Broadsword, averiada. Los cuatro halcones regresados sin novedad.

Carlos «Palo» Rinke es comodoro (r) y veterano de la Guerra de Malvinas. En ese momento era teniente.
Escrito por Carlos «Palo» Rinke
Primicias Rurales
Buenos Aires, NA
¿De la sartén al fuego?

Una bandada de cisnes negros…!

Escribe Susana Merlo

Buenos Aires, 1 de abril (PR/22) .- Un cisne negro es una rareza. Justamente por eso, cuando aparece una situación extraordinaria, o se deben prever los hechos más infrecuentes, en esos casos se apela a la figura del “cisne negro” como forma de calificación.

La sentencia, sin embargo, no parece valer para el campo argentino. Por hablar solo del último quinquenio, hubo 3 períodos consecutivos de seca; una bajante histórica del Paraná (que aún subsiste); y un récord de presión impositiva no comparable con ningún otro período previo, y menos aún, con cualquier otro país competidor en alimentos.

Pues bien, esos “cisnes”, que aún permanecen, parece que no alcanzaron y apareció el Covid que es cierto que afectó a todos, pero con una incidencia especial en los sectores más dispersos y alejados geográficamente, en especial, durante el primer año de cuarentena algo más que estricta que, incluso, impedía el paso entre provincias.

Luego vinieron temperaturas de verano récord en 80 años, e incendios infrecuentes, como los del verano pasado, que arrasaron con cerca de 2 millones de hectáreas (solo Corrientes tuvo alrededor de un millón), y que provocaron pérdidas que aún no se terminan de magnificar.

Completando la seguidilla, las heladas tempranas de fin de marzo dieron el golpe de gracia a las soja en plena floración y llenado. Obvio, las pérdidas se van a computar recién a la hora de exportar, cuando los dólares no estén.

¿Podía aparecer algo más?.

¡Si!, y surgió la invasión de Rusia sobre Ucrania y el conflicto bélico que desde fines de febrero terminó de descalabrar los mercados que ya estaban alterados después de 2 años de pandemia… Petróleo y gas en precios extraordinarios; también el trigo y el girasol (ya que ambos países son fuertes productores y exportadores), que arrastraron al resto. Un nuevo mapa de la logística, y reacomodamiento alcista de precios que afectó en forma bien distinta a los países “compradores”, que deben gastar más para comprar la misma cantidad de alimentos; y a los países “vendedores” que, si bien están afrontando mayores costos (por energía, transporte, etc.), están teniendo ingresos inesperadamente altos que afirmaron los valores bien por sobre la media que ya traían los productos.

Así, a la solidez mundial de la carne vacuna; de la leche a alrededor de U$S 4.000 la tonelada (leche en polvo); la soja de U$S 600/tn; o el maíz rondando los U$S 300/tn, se agregó el trigo que, aunque ahora se ubica en algo menos de U$S 400/tn, llegó a superar los U$S 500/tn al principio del conflicto, valor absolutamente extraordinario para este cereal.

Con semejante escenario, cualquier país exportador hubiera estado haciendo las cuentas sobre como invertir los montos extra que no habían sido ni remotamente previstos el año pasado y, mucho menos, hace 2-3 años atrás.

La salida más rápida de la recesión Covid seguramente hubiera estado entre los objetivos centrales; una mayor producción para el próximo ciclo; renovación de equipamiento; gastos atrasados en infraestructura (alambres, corrales, molinos, etc.), todo lo cual significa más movimiento económico y mayor (o, al menos, alguna) reactivación.

En su lugar Argentina opta por “cerrar” la economía, restringir exportaciones (por la “Mesa de los argentinos”), y también las importaciones porque no hay dólares…¡Un verdadero tiro en el pie!.

En lugar de distender, se contrae, y en lugar de crecer, se achica.

Lo peor es que estos precios mundiales extraordinarios no son sostenibles en el tiempo. Paulatinamente deberán tender a bajar para acomodarse en sus promedios, aunque en el caso del trigo y girasol, probablemente, se tarde uno o dos ciclos extra.

Los países desarrollados tenderán a bajar la alta emisión que implicó la pandemia, y con eso todos los precios deberán ir acomodándose, tal como va a ocurrir cuando se solucione el conflicto bélico en el Mar Negro, pero mientras tanto, los que tienen producción la colocan. Así está haciendo Uruguay, Paraguay, Chile, Brasil, por mencionar unos pocos países de alrededor.

Haciendo lo contrario, ¿quién puede querer invertir??.

Seguramente, ni siquiera los productores agropecuarios…

Fuente: Campo2.0

Primicias Rurales

Un terremoto inflacionario que rompe todas las escalas impositivas

Un terremoto inflacionario que rompe todas las escalas impositivas

Marzo 7 (PR/22) — La inflación es una palabra que volvió a figurar en los diccionarios económicos de todo el mundo, tras la fuerte emisión monetaria que ocurrió en muchos países para solventar los gastos de la pandemia.

Pero en Argentina no es ninguna novedad: aprendemos esa palabra casi al mismo tiempo que comenzamos a caminar. Y está tan presente en nuestra agenda cotidiana, que vale la pena siempre analizar su impacto: en esta oportunidad, en los ajustes anuales de los principales impuestos afectados por ella: Monotributo, Ganancias y Bienes Personales.

MONOTRIBUTO

Se actualizan los parámetros en un 26%, con la justificación del ajuste del segundo semestre del 2021, sin considerar lo sucedido con el resto de las categorías y parámetros. En dicho año se actualizaron al 35% todos los parámetros de mera desfasada y retroactiva; esto ocasionó la modificación y la incorporación del “famoso puente”, y junto a esta modificación se incorporó un ajuste en el segundo semestre, solamente del parámetro de los ingresos. En concreto, se ajustaron los ingresos de las categorías como en el caso de “C” en un 36% adicional, mientras que las categorías “I, J y K”, solo un 5%. Ergo, hay categorías que acompañaron la inflación y otras quedaron muy por debajo.

Así, la falta del ajuste completo del monotributo castiga a todos los contribuyentes, porque más allá de la situación del ingreso, son tan relevantes los otros parámetros que se encuentran desfasados hace un año y con una actualización del 26%, seguimos corriendo a la velocidad de la tortuga mientras la inflación se dispara como la liebre.

El botón que sobra como muestra: si comparamos el monotributo en la categoría máxima, en 2001 eran U$S 144.000, mientras que en 2022 a tipo de cambio oficial equivale a U$S 44.000. Y cada devaluación, es incluso menos.  Estos montos representan una caída del 69% y 85% según el tipo de cambio que se considere, es decir, tenemos una escala que hace 21 años era 3 veces mayor a la actual y 6 veces si lo si consideramos el tipo de cambio paralelo.

GANANCIAS

Este impuesto presenta las mayores distorsiones en virtud de los años trascurridos sin ajustes. Vale recordar que recién en 2017 se actualizó la escala, pero de manera desfasada respecto de la inflación acumulada en los 15 años anteriores. Y desde entonces, se viene aplicando un único ajuste en el mes de enero de cada año (actual 50,62%), y que está desfasado un año entre la aplicación y el cierre del ejercicio, lo que suma a la distorsión.

En este sentido, si comparamos los montos de la escala para acceder al impuesto máximo, para el año 2001 dicho monto representaba U$S 120.000, en tanto que para el año 2021 representa U$S 9.834. La actualización de la escala a enero significa pasar a U$S 14.812, pero este monto irá disminuyendo de manera proporcional a la devaluación que ocurra a lo largo del año.

Dicho de otra manera: el 2021 cerró con una caída del 91,81% de la escala y el 2022 comenzó, en solo dos meses con una caída del 87.66%, en ambos casos comparando con 2001.

¿Qué sucede con las empresas agrícolas?

Como es usual, hacemos la comparación de la escala en valor relativo de los principales productos agrícolas como es el caso de la soja y el maíz, con sus valores promedios anuales. Aquí las distorsiones son un terremoto que rompe todas las escalas: en el caso de la soja, el monto de la escala máxima equivalía en 2001 a 660 toneladas; mientras que en 2021 fueron solo 33. En maíz, se bajó de 1.264 toneladas a solo 55.

En resumen: La escala del 2001 es 20 veces mayor a la escala actual en soja, y 23 veces en el caso del maíz.

¿Y el ajuste por inflación?

Para los cierres de diciembre en adelante se aplica al 100%. Pero hay que destacar que no siempre juega a favor del contribuyente; por el contrario, si las empresas hicieron una correcta estrategia financiera con un alto nivel de endeudamiento, puede terminar incrementando el impuesto determinado. Este ajuste depende de la estructura patrimonial inicial y los movimientos a lo largo del año, siendo cada empresa un caso en particular de la manera en que la afecta.

BIENES PERSONALES

Fue un tema álgido en el cierre del año 2021. Y por más patas que le busquemos al perro, la realidad es que siempre la inflación le gana a los ajustes y este impuesto no es la excepción.

Haciendo otra vez la comparación con 2001, en aquel entonces el Mínimo No Imponible eran U$S 102.000; con el ajuste de 2007, bajó a U$S 100.000; y en el cierre de 2021, se redujo a apenas U$S 57.000, a tipo de cambio oficial, o sea, una caída del 44% en el monto del MNI, que hace que el monto de hace 20 años sea cerca del doble del actual.

CONCLUSIÓN

La inflación nos corre mensualmente, lo que hace que pensemos en valores relativos, costos de oportunidades y dólares, solo por mencionar algunas variables que nos tienen siempre pendientes a los argentinos, y que en el resto del mundo no generan preocupación.

Para entender dónde estamos con los impuestos y de dónde veníamos, es necesario aplicar el mismo análisis y con ello podremos entender de dónde viene el incremento desmedido de la presión fiscal, no solo por cambios de alícuotas o nuevos impuestos, sino por aquellos viejos conocidos que pasaron durante años desapercibidos y sometidos a un deterioro que repercute en una mayor tributación.

Esto nos deja pensando que no hace falta generar nuevos impuestos para tener mayor presión, sino no actualizarlos correctamente y que la inflación haga el trabajo sucio.

Estas tematicas seran desarrolladas durante el año dentro del Programa de Actualización Tributaria

 

Primicias Rurales

Fuente: AgroEducación

Lic. Mariano Echegaray Ferrer

www.echegarayferrer.com