¿Por qué nadie en el campo cree en las compensaciones? Porque Cristina ya las armó en 2014, y quedó debiendo 77 millones

¿Por qué nadie en el campo cree en las compensaciones? Porque Cristina ya las armó en 2014, y quedó debiendo 77 millones

Por Matias Longoni
Buenos Aires, 4 marzo (PR/20) — ¿Por qué nadie en el campo cree en las compensaciones? Porque Cristina ya las armó en 2014 y quedó debiendo 77 millones. Hay un antecedente concreto de devolución de retenciones a los productores agropecuarios que fue un verdadero fiasco para muchos de ellos y que da sustento a la gran incredulidad que se apodera del sector cuando el gobierno nacional intenta articular este tipo de medidas. Entre 2013 y 2014,durante el gobierno de Cristina Kirchner, se lanzó el Certificado de Estímulo a la Producción Agropecuaria Argentina (CePaGa).

Tan malo fue el resultado de aquella experiencia -que por supuesto le sirvió al gobierno de turno para instalar la idea en la sociedad de que había una “segmentación” a favor de los pequeños productores, y así alimentaba el “relato”- que desde entonces los productores reaccionan mal frente a este tipo de anuncios.

La fallida experiencia del CEPAGA pudo ser reconstruida por Bichos de Campo a partir de un detallado análisis sobre los fideicomisos agrícolas publicado en la revista de la Facultad de Agronomía de la UBA. Ese estudio se enfocó justamente en el Fideicomiso público CePaGa 13/14, que fue el que creó Cristina para tratar de compensar a los productores de trigo.

Por aquellos años, el cereal era una especie en extinción, por la combinación explosiva de retenciones que se ubicaban en el 23% y la intervención de Guillermo Moreno en el mercado, por vía de los ROE (permisos de exportación), que generaba una transferencia adicional de recursos desde los productores a los molinos y exportadoras. Si a nivel mundial el trigo valía 100, aquí los chacareros cobraban la mitad. Y por supuesto, evitaban sembrarlo.

Fue entonces que “el Estado Nacional utilizó el fideicomiso público como herramienta para llevar a cabo su política de fomento a la producción de trigo. El propósito fue mantener la rentabilidad de los productores trigueros para estimular la siembra del cereal, sin afectar los precios internos”, como reclamaba Moreno, quien por entonces se jactaba de su mentiroso kilo de pan a 2,50 pesos por kilo.

A través del decreto 516/2013, de fecha 09 de Mayo del 2013, se creó el “Fideicomiso CePaGa 13/14”. Lo firmó Cristina y todos sus ministros. En ese momento, a cargo de Economía estaba Hernán Lorenzino, pero luego su sucesor, el actual gobernador Axel Kicillof, seguiría con esta política.

Lo que trataba el gobierno kirchnerista era revertir el deterioro visible de la siembra de trigo, que a costa de retenciones y ROE se había achicado a los niveles más bajos en 100 años. La idea del CePaGa era “la transferencia a productores trigueros de los recursos obtenidos por el Estado Nacional a través del producido de los derechos de exportación del cereal y sus derivados”. Una devolución de las retenciones, como la que plantea ahora Alberto.

¿Y cómo se devolverían las retenciones? En forma proporcional a la producción declarada por cada productor ante la Unidad de Coordinación y Evaluación de Subsidios al Consumo Interno (UCESCI), el organismo que dependía de Moreno y que reemplazó a la ONCCA.

La idea del gobierno era devolver a los productores “un monto equivalente a los recursos obtenidos a través del producido de los derechos de exportación de trigo y sus derivados”. Pero el fiasco fue tan grande que desde entonces los chacareros repiten la misma pregunta ante cada iniciativa de este tipo: ¿Por qué me sacan lo que después me dicen que me van a devolver?

El fideicomiso fue administrado por Nación Fideicomisos SA, que comenzó a recaudar los montos de retenciones cobradas por el Estado por la exportación de trigo y harina de la campaña 2013/14. Tan ambicioso era el plan oficial para recuperar la siembra del trigo que en el contrato de conformación del Fideicomiso se habló de un monto máximo de hasta 1.000 millones de dólares.

A la par se estableció un Consejo de Fiscalización para verificar la operatoria que expresamente excluía a los representantes de los productores, que estaban alineados en la Mesa de Enlace y habían colisionado con el gobierno de Cristina desde 2008. Era patético ese consejo: tenía representantes de Ciara-CEC, de las empresas ACA y AFA, de la FAIM y hasta de la inexistente Cámara Argentina de Productores y Exportadores de Cereales y Oleaginosas (CAPECO), desde la cual un amigo personal de Moreno, el tambero Ider Peretti, traficaba permisos de exportación de trigo y maíz.

Cuenta el excelente trabajo de investigación que el 13 de enero del 2014, la disposición 1/2014 de la UCESCI aprobó el procedimiento para la transferencia del dinero a los productores de trigo, que iban a recurerar el dinero de las retenciones recién tras declarar sus datos de producción y stocks al 31 de enero de ese año. En aquel momento se aclaró que “todos los productores deberán poseer cuenta bancaria” para poder recibir el depósito. Y que “aquellas solicitudes que presenten inconsistencias tendrán los pagos suspendidos hasta tanto puedan subsanarse las mismas”.

Esa campaña, finalmente, la superficie sembrada con trigo fue de 3,6 millones de hectáreas, creciendo 15,4% pero muy lejos de los promedios históricos. El rendimiento promedio fue de 26,6 quintales. La producción a compensar redondeó 9,2 millones de toneladas, uno de los registros históricos más bajos. Solo quedaba un saldo para exportar de alrededor de 3 millones de toneladas.

El famoso CePaGa había comenzado a recaudar retenciones unos meses antes, a partir de septiembre de 2013, pero es recién a partir de enero de 2014 que se da un ingreso de fondos de manera constante. Finalmente, el monto final acreditado en la cuenta fiduciaria en concepto de retenciones ascendió a 451 millones de pesos.

Muy poco de ese dinero volvió al agro, como prometen ahora Fernández y su ministro de Agricultura, Luis Basterra. En la UCESCI se habían inscripto para recuperar las retenciones 10.373 productores de trigo, personas físicas o jurídicas. El total de toneladas declaradas por dichas personas fue de 4.793.300 millones.

Este es el primer gran inconveniente para este tipo de compensaciones: como la gente no cree en el beneficio, no es todo el universo el que se anima a declarar sus operaciones ante el estado (hay que recordar que además de Moreno, en aquel momento tallaba Ricardo Echegaray en la AFIP, quien ya era tristemente famosos por sus denuncias por corrupción con el manejo de compensaciones en la ex ONCCA).

Como sea, con la mitad del trigo declarado, para el Estado sería mucho más fácil cubrir el pago a las casi 5 millones de toneladas que sí se presentaron para cobrar las compensaciones. Pero eso no sucedió.

El total de la primera Orden de Pago que la UCESCI emitió fue por un total de 206 millones de pesos para todos los productores. Así, el reintegro que se alcanzaba a pagar con los fondos originados en las retenciones era de alrededor de 43 pesos por tonelada declarada.

Pero de esas órdenes de pago no todas llegaron a hacerse efectivas. Y del universo de 10.373 productores que supuestamente iban a recibir la transferencia bancaria, solo 5.730 recibieron efectivamente el dinero en su cuenta, por un total de 129 millones de pesos.

No se sabe bien por qué motivo (pero seguramente haya sido una decisión política), el Fideicomiso que había recaudado más de 400 millones de pesos por retenciones solo devolvió 129 millones a los productores. Y dejó sin pagar órdenes ya aprobadas por otros 77 millones.

Los productores que se quedaron esperando son 4.643. ¿Cómo pretender que ahora, seis años después, crean en la palabra oficial?

Cristina y Kicillof, a pesar de ese clavo, al año siguiente replicaron la apuesta por este sistema de compensaciones tan útil para su relato: el gobierno Nac&Pop era capaz de segmentar las retenciones a favor de los productores más pequeños. El 29 de diciembre de 2014 se abrió una nueva cuenta corriente llamada “CePaGa 14/15” para recaudar allí las retenciones dela campaña 2014/15. Allí además se transfirieron los dineros sobrantes de la campaña anterior.

Pero de allí nunca más salieron reintegros para los chacareros. Para diciembre de 2015, cuando el peronismo perdió las elecciones y Cristina dejó el gobierno, se habían acumulado allí 2.300 millones de pesos que con el tiempo fueron reingresados a Rentas Generales.

Más allá de este experimento de política pública, la superficie sembrada con trigo (y en consecuencia la producción) recién volvió a crecer cuando el gobierno de Cambiemos eliminó las retenciones al cereal y sobre todo terminó con la discrecionalidad (y los negociados) de los ROE de Moreno y compañía.

Entre sus conclusiones, el trabajo académico indica que “el fideicomiso público es un instrumento que permite implementar un mecanismo de redistribución de la renta captada por el Estado”, pero a la vez aclara: “También se han puesto de manifiesto las dificultades con que suelen encontrarse los productores agropecuarios para acceder al reintegro, ya sea por la falta de documentación, problemas impositivos, antecedentes comerciales y crediticios desfavorables, imposibilidad de demostrar ingresos, etcétera”.

Luego de este estropicio de política pública en manos de Cristina hubo una segunda experiencia de distribuir fondos públicos entre productores de granos, pero esta vez lo que se subsidiaba era la “distancia a puerto” de los productores de soja del norte del país, las del denominado Plan Belgrano. Sucedió en 2016 y en este caso el sistema funcionó y no recibió quejas. La administración la realizó el equipo de Marcelo Rossi desde la recuperada ex ONCCA, ahora denominada Dirección Nacional de Control Comercial.

Ya no estaban en el gobierno ni Cristina, ni Moreno, ni Echegaray y tampoco Kicillof. Y la CAPECO de Ider Peretti había desaparecido hace rato sin dejar rastros.

Primicias Rurales

Fuente: Bichos de Campo

¿Qué pueden tener en común conmigo estas mujeres?

¿Qué pueden tener en común conmigo estas mujeres?

Por Cecilia Vignau – Licenciada en administración agropecuaria

Buenos Aires, 28 febrero (PR/20) ¿Cómo llega una mujer argentina a una conferencia en Niagara Falls con 400 mujeres canadienses? ¡¡Bueno sólo puedo decir que fui muy afortunada!! AWAC ha reunido durante 11 conferencias, más de 5000 mujeres canadienses que de una manera u otra están ligadas a los agronegocios. Lo que comenzó como una pequeña reunión para discutir liderazgo, se convirtió en una tremenda oportunidad para conectarse con otras mujeres que comparten la misma pasión por el campo, aprender de ellas y ser inspiradas por fabulosas mentoras y líderes.

Como Canadá es un país enorme, la conferencia se lleva a cabo 2 veces por año, durante marzo para a la costa Oeste – en Calgary, Alberta – y durante el mes de octubre para la costa Este -en Niagara Falls, Ontario -. Si bien algunas mujeres asisten a ambas fechas, la mayoría se mantiene fiel a su “costa”.

La organización tiene un programa de sponsorship para estudiantes mediante el cual empresas y organizaciones les brindan a 36 alumnas de universidades canadienses su primera oportunidad de asistir. Yo fui una de ellas, la primera latinoamericana en formar parte, convirtiendo a Cultovo en la primera empresa en sponsorear una extranjera, y a UCEMA en la primera universidad no canadiense en ser representada por una de sus alumnas. ¡Qué honor y qué enorme responsabilidad!

Cultovo es una Agtech canadiense que vio como una oportunidad el lugar que ocupa Argentina en la agricultura Latinoamericana y tomó la arriesgada decisión de invertir en el país. Con la intención de llevar un poco de Argentina a Canadá es que además de elegir una estudiante de posgrado argentina para invitar a la conferencia, montaron un stand con alfajores y tabletas de dulce de leche que debo decir, fueron un éxito rotundo entre las asistentes.

El programa se desarrolla durante 2 días, en los cuales se puede disfrutar de talleres y charlas motivacionales o testimonios de empresarias. ¡Muchos productores y empresas locales proveen la enorme cantidad de comida que se consume, acompañada de una obscena cantidad de litros de café!

Durante la primera mañana, elegí tomar el taller de Administración Financiera que se dividía en 2 módulos: el primero sobre cómo trabajar con el banco para lograr una calificación crediticia exitosa, y el segundo dedicado a planificar la sucesión exitosa del negocio familiar agropecuario. No es casual que la temática llamara mi atención ya que, como parte de una empresa familiar agropecuaria, es frecuente que éstos temas me generen más de un dolor de cabeza.

Si bien Canadá tiene un mercado financiero más desarrollado y el crédito existe, es de complicado acceso. La falta de profesionalización en materia financiera y la necesidad de contratar ayuda externa a la empresa para cumplir con las exigencias impuestas por los dadores de crédito, hacen que la peregrinación por el acceso al capital sea igual de tortuosa que en nuestro país.

Respecto de la transición en el mando de la empresa familiar, las agricultoras canadienses se enfrentan a los mismos desafíos que las argentinas. Débiles o inexistentes protocolos de sucesión, poca voluntad de los padres a compartir el liderazgo y la toma de decisiones con sus hijos, y falta de planificación fiscal.

Cerca del almuerzo me encontré con mi sponsor en el stand y entre risas y alfajores hice mi pequeño aporte respondiendo las preguntas de otras asistentes sobre el sistema de agronegocios argentino. Dos temas particulares parecían llamar la atención de las agricultoras canadienses: porqué algunos farmers argentinos elijen salirse del negocio familiar y alquilar sus tierras para que otros las produzcan, y porqué existen establecimientos tan grandes. No olvidemos que el promedio norteamericano ronda los 400 acres por EAP, lo que equivale a 162 hectáreas. Pero lo que realmente las intrigaba al punto de quitar el sueño es la figura del contratista. Un señor que es dueño de maquinaria, que viene a nuestro campo, se instala en una casilla con todo su equipo (humano y tecnológico) y cosecha nuestros cultivos mientras nosotros somos simples observadores. Intenté explicar que las regulaciones locales nos ocupan en el escritorio, que existe una cosa llamada carta de porte, pero fue inútil… creo que siguen pensando que miramos televisión durante la cosecha! El resto de la conferencia fue tiempo de disertaciones, la verdad es que no sabía que esperar… ¿Qué pueden tener en común conmigo estas mujeres que viven en la otra punta del continente? Bueno, básicamente todo.

Liberando nuestra mujer maravilla interior

El mundo puede ser un lugar un poco atemorizador para una mujer de mediana edad que está desarrollando su carrera, criando a sus hijos y trabajando tiempo completo en el negocio familiar. El éxito es algo de lo que todos queremos más, se supone que debemos alcanzarlo, mantenerlo y superarlo. Sin embargo, para una mujer de campo puede ser agobiante. El desafío de mantener todos los platos en el aire hace que empecemos a relegar logros que queríamos alcanzar. ¿Cuántas de nosotras hemos postergado cosas pensando “algún día…”, “cuando crezcan los chicos…” o simplemente “cuando tenga tiempo…”? ¿Cuántas de nosotras además nos hemos sentido abrumadas por cumplir con todos los mandatos sociales a la vez que intentamos ser exitosas en nuestros negocios?

El liderazgo efectivo nos permite alcanzar aquello que para nosotras es más importante, profesional y personalmente. Generar un ambiente en el que podamos sentirnos confiadas a alcanzar nuestras metas y sueños es una responsabilidad de todas. Construir un espacio en el cual podamos compartir la abrumadora experiencia de tener que hacerlo todo y bien, donde pedir ayuda si no lo logramos debería ser nuestra obligación. Porque somos pocas, porque hablamos el idioma campo, porque nos miramos y sabemos con qué demonios batallamos.

Muchas veces somos críticas con aquellas que no se ajustan a ciertas reglas que fueron establecidas aún antes de nosotras. “Mujeres atacando mujeres es algo muy triste de ver” dijo una de las asistentes y no puedo más que coincidir. Todas somos parte de la misma red de agronegocios, seamos productoras; empresarias; profesionales o esposas y madres. Y el sistema nos necesita a todas.

El largo camino a la Presidencia (y al reconocimiento)

Tradicionalmente, en las empresas agropecuarias los cargos gerenciales estuvieron siempre reservados para el varón de la familia. Y si bien hoy nos parece un concepto arcaico, la realidad es que la plena inserción de las mujeres en la fuerza laboral no se dio hasta entrados los años 90. Hasta hace 20 años, las mujeres rurales éramos esposas, hijas o madres. Ninguna era gerente, ni integraba el Directorio y mucho menos era convocada a la Junta en la empresa de la que era accionista. No teníamos injerencia alguna en los órganos de decisión y nuestra voz era raramente escuchada.

En ese mundo, se abrieron paso algunas que con perseverancia y astucia, abrieron el camino para que las cosas cambiaran y que hoy alguien como yo, pueda ocupar una silla en el Directorio de una empresa que le pertenece a una familia que no es la suya.

El viaje no fue un camino de rosas para las pioneras, como la Presidente de John Deere Canadá, quien consultada por una joven acerca de sus problemas para relacionarse con ingenieros agrónomos mayores que ella, le respondió “En mis 25 años de carrera, nunca conocí un productor agropecuario que no me gritara”

El auditorio estalló en carcajadas y yo pensé que si le preguntara lo mismo a la dueña de una conocida empresa de maquinaria nacional, probablemente obtendría la misma respuesta.

Minutos más tarde, ante la mirada atónita de cientos de mujeres, una asistente confesó que su concesionario zonal de maquinaria agrícola se negaba a venderle una cosechadora nueva sin conocer la opinión de su esposo al respecto a pesar de tener la chequera en la mano. ¿A quién de nosotras no le pasó? Si bien las cosas evolucionaron muchísimo con el correr de los años, aparentemente lo han hecho al mismo ritmo a ambos lados del globo lo cual es, por lo menos curioso.

Volviendo a casa

La energía que generan 400 mujeres riendo juntas es indescriptible. Creo que una de las cosas que más me asombró fue la capacidad de las oradoras para hermanarnos, una montaña rusa de emociones que nos llevó a reír y llorar juntas más de una vez. Descubrí que las mujeres en agronegocios somos iguales en todo el mundo, tenemos los mismos miedos, los mismos problemas, nos emocionan las mismas cosas y necesitamos el apoyo de las demás para lograr nuestras metas. Y mientras esperaba el avión de regreso, no pude evitar pensar en todas aquellas que desde algún lugar me acompañaron en el camino. Ninguna de nosotras llegó a donde está sin una mentora, una coach, una amiga que la empujara a ser su mejor versión. Mujeres inspirando mujeres… porque cuando estamos juntas, podemos lograr lo que sea!

Primicias Rurales

Fuente: Revista Horizonte A

Las idas y venidas con la deuda; ¿a dónde conducen?

Las idas y venidas con la deuda; ¿a dónde conducen?

Por Jorge Vasconcelos
jvasconcelos@ieral.org

Buenos Aires, 10 febrero (PR/20) –Las tribulaciones de los gobiernos de la Provincia de Buenos Aires y de la Nación con
los vencimientos de deuda han puesto en evidencia las lagunas que subsisten en el diseño y la puesta en marcha del programa económico, pese a que han transcurrido seis meses desde las PASO. De todos modos, en medio de las idas y venidas se advirtió que las autoridades del nivel nacional intentan evitar el default y que, al menos en esta etapa inicial, el gobierno de la Provincia de Buenos Aires se está alineando, aunque sin mostrar demasiada convicción. Estos episodios, además, han puesto en evidencia el poder de fuego de los acreedores, algo que el Ejecutivo deberá tener en cuenta. A menudo se plantea si hay un problema de liquidez o de solvencia con la deuda, pero ese debate surge de una visión estática. El quid de la cuestión es lo que la
Argentina necesita para recuperar el crédito de modo sostenido, y esto tiene que ver menos con la reestructuración y mucho más con el tipo de políticas económicas que se adopten para salir de una estanflación de 9 años y recurrentes desequilibrios fiscales.
Un verdadero “baño de realidad” sufrieron los funcionarios, con el rechazo de los tenedores a la prórroga del bono de la Provincia de Buenos Aires (BP21), junto con la escasa adhesión (en torno al 10 %) a la propuesta de canje del Tesoro nacional para un título en pesos (Dual AF20). Al final, desde La Plata tuvieron que gatillar el pago del tramo correspondiente, mientras que en el caso del título nacional redimible en pesos el desenlace se verá en horas. Más allá de los detalles, esto anticipa que el trámite de la reestructuración de la deuda pública no será sencillo, aunque exista voluntad de pago del gobierno y acreedores dispuestos a aceptar una reescritura de los contratos.
Aunque es difícil discernir cuánto hay de discurso político y cuánto de diagnóstico, lo cierto es que el mensaje oficial tiende a hacer pensar en una deuda largamente superior al 100 % del PIB y una agobiante carga de intereses, un combo “impagable”.
Sin embargo, si se excluyen instituciones del estado, la deuda exigible por acreedores privados y organismos como el FMI suma una cifra cercana al 50 % del PIB, que devenga una tasa de interés promedio en torno al 6 % anual.
Para poner en contexto la divergencia entre estos números y aquel discurso, hay que consignar que los tenedores de bonos ley extranjera poseen “voz y voto” por la existencia de las Clausulas de Acción Colectiva y, además, los administradores de
fondos tienen obligaciones fiduciarias (no pueden aceptar quitas sin justificación).
Así, se bosquejan tres escenarios de cara al proceso de reestructuración de la deuda:

• Si el gobierno efectúa una propuesta muy agresiva en términos de quitas y
plazos, los acreedores con “voz y voto” inevitablemente van a subrayar que
tanto el monto como el costo promedio de la deuda son cifras manejables, por
lo que el proceso puede dilatarse más allá de lo esperado.
• En cambio, una propuesta “amigable” para los acreedores, que podría generar
rápida aceptación, llevaría la discusión a otro terreno, también incómodo,
vinculado con la capacidad de la economía argentina de volver a crecer a buen
ritmo y mantener prudencia fiscal, claves para que el riesgo país del “día
después” de la negociación baje en forma significativa.
• Un tercer sendero pasaría por la separación de las condiciones de la
reestructuración, más agresivas para los títulos de legislación local (que
puede hacerse por decreto), cuyos vencimientos son más apremiantes, y más
«amigables» con la externa. Una opción no recomendable para regenerar el
mercado de capitales local, pero que no puede desecharse.
Para no quedar a merced de escenarios extremos, el gobierno necesita convencer  propios y extraños que la economía podrá dejar atrás nueve años de estanflación y de desequilibrios fiscales, facilitando a su vez la negociación con el FMI.
¿Por qué esos lineamientos demoran en aparecer?
Una razón es la brecha existente entre la Argentina de 2003, utilizada como referencia en la campaña, y la realidad de 2020. Basta consignar que los empleos públicos de todas las jurisdicciones y las jubilaciones sumaban menos de 6 millones de personas en 2003 y ahora se acercan a 11 millones.
Con el gasto corriente y la presión tributaria fuera de escala, se define un marcado sesgo anti-exportador y anti-inversiones, que ni siquiera puede ser compensado con inversión pública.
Si hay intersección entre crecimiento y redistribución de ingresos, es la línea de inversión pública en educación, salud, infraestructura urbana y rural, entre otras. Y para eso, hay que acotar gastos corrientes, más allá de cambiar la fórmula de
indexación de las jubilaciones. Hay que revisar el propio régimen, además de ocuparse de la superposición de gastos de nación, provincias y municipios.
A estas dificultades se suma el hecho que el esquema cambiario y de comercio exterior se ha acercado demasiado a 2011/15, cepo contraindicado para inversiones y exportaciones, como ya lo diagnosticara el propio presidente.
Y posiblemente también la percepción del agotamiento del modelo de sustitución de importaciones, una herramienta usada en el pasado. Ahora, con la irrupción asiática, muchas empresas industriales deciden inversiones “como si” la economía fuera más abierta, haciendo que los viejos incentivos tengan poco o nulo efecto.
Frente a esas dificultades, vendría bien volver a clásicos como Albert Hirschman: el secreto del desarrollo está en “la búsqueda y el aprovechamiento de recursos y capacidades que se encuentran ocultos, dispersos o mal utilizados”. Pese a la
estanflación, hay un buen número de sectores que reúnen los requisitos apuntados, y no conviene ignorarlos.
Insistir con viejas recetas, o suponer que las reformas del estado pueden posponerse, sería desconocer demasiadas evidencias. Obsérvese que en los últimos 40 años, el PIB por habitante de la Argentina se achicó 20 puntos porcentuales en relación al de Estados Unidos: en 1980, el PIB per cápita de nuestro país, medido en paridad de poder adquisitivo, alcanzaba al 50,5 % del de Estados Unidos, mientras que en 2019 ese guarismo puede estimarse en 30,8%.
Se arrastra un círculo vicioso de escaso ahorro e inversión, baja productividad y deterioro persistente de la competitividad que necesita ser revertido. Y sin remover los sesgos anti-exportación esa será una tarea imposible. Como referencia, en los últimos 20 años la participación de las exportaciones agrícolas de la Argentina en las exportaciones mundiales del sector cayó de 3,1 % a 2,2 %, el market share de las PIB per cápita: Argentina como porcentaje de EEUU (PPP) exportaciones de manufacturas de origen industrial pasó de 0,3 % a 0,1 % y el de productos petroleros de 1,5 % a 0,2 %.

Primicias Rurales

Fuente: IERAL de Fundación Mediterránea

La deuda, apenas un ítem en la agenda de crecimiento

La deuda, apenas un ítem en la agenda de crecimiento

Por Jorge Vasconcelos, jvasconcelos@ieral.org  – Buenos Aires, 13 enero (PR/20) — El gasto público fuera de escala, los déficits fiscales recurrentes, los cepos y/o el endeudamiento como instrumento de financiación, constituyen un combo que en la Argentina reconoce un común denominador: la falta de desarrollo sustentable por un tiempo prolongado.

La dificultad para crecer es la que llevó a distintos gobiernos a la búsqueda de atajos, siendo el endeudamiento uno de ellos. Esa es la verdadera relación de causalidad entre crecimiento y deuda, y no a la inversa. Por ende, un arreglo razonable con los acreedores en este 2020 es una condición necesaria, pero de ningún modo suficiente, para lograr que la economía pueda encarrilarse en un horizonte de mediano y largo plazo.
La profunda recesión del último período tampoco es una garantía para que la economía argentina “rebote” y recupere el tiempo perdido. Ya le pasó a Brasil, que luego de una caída acumulada del PIB superior al 7 % entre 2015 y 2016, en lugar de salir con fuerza pasó a reptar a un ritmo apenas superior al 1,0 % anual. Recién en los últimos trimestres, con una macro más equilibrada, con el gasto público jugando un rol de ancla, la política monetaria ha pasado a ser expansiva, y el nivel de actividad puede ahora acomodarse en un andarivel más cercano al 2,5 % anual.
La referencia al vecino es válida, dada la dificultad para crecer en forma sostenida que experimentan Brasil y la Argentina. Desde principios de los ’80, mientras un país como Corea del Sur acumuló una variación de 539 % en su PIB per cápita, ese guarismo fue de sólo 39 % para la Argentina y de 38 % para Brasil.
Es cierto que la tasa de ahorro e inversión es superior en el país asiático, pero la brecha en la evolución del PIB per cápita se explica también por diferencias en productividad y por los mecanismos e incentivos vinculados con la asignación de
recursos. No es sólo una cuestión de volumen de la inversión. De hecho, en los últimos veinte años, la participación de las ventas al exterior de Corea en las exportaciones mundiales trepó de 2,5 a 3,3 %, mientras la Argentina pasaba de 0,5%
a 0,3 % . En 1998, el market share de Corea en las exportaciones mundiales guardaba una relación de 5 a 1 con el de la Argentina, pero en 2018 ese ratio ha pasado a ser de 11 a 1.

En la agenda de mediano y largo plazo, la conexión entre competitividad y crecimiento debería ser la guía para el debate y la toma de decisiones. Se trata de saber si habremos de lograr el empalme desde un frustrado modelo basado en el gasto público y recurrentes explosiones inflacionarias hacia un esquema cimentado en inversión y empleos privados, que sólo es compatible con un gran énfasis en la productividad e incentivos apropiados.
Mientras tanto, habrán de subsistir múltiples señales ambivalentes.
El control de cambios y las anunciadas restricciones a las importaciones, por ejemplo, reprimen un segmento importante de la demanda de divisas, lo cual tiende a atrasar en términos reales la paridad en el mercado oficial. Dada la experiencia de 2011 a2015, esto puede estar encendiendo luces amarillas en determinados proyectos de exportación. Y si se asigna al Banco Central el rol de sustituto en la demanda de divisas, para que el sesgo antiexportador no se profundice se necesita que existan recursos genuinos, provistos por superávit fiscal primario. Si se recurre a pura emisión, el país termina encareciéndose en dólares.
De igual modo, las medidas destinadas a desindexar la economía serían más efectivas si se apoyaran en el anclaje del gasto público corriente. Congelamientos temporales de precios y tarifas pueden terminar produciendo efectos colaterales contraindicados. En el caso de los hidrocarburos, la gran ponderación que tiene el mercado interno como
destino de la producción (las exportaciones todavía son marginales) hace que, para promover Vaca Muerta, se necesite la convergencia de los precios locales a los internacionales. Ampliar subsidios ha dejado de ser una opción, más cuando
CAMMESA contabiliza “cuentas a cobrar” por unos 3 mil millones de dólares.
Las ambivalencias alcanzan a las propias condiciones de la economía. Con recesión y alta inflación, ¿a qué darle prioridad?. En realidad, es un falso dilema, porque las medidas verdaderamente efectivas, para estabilizar y comenzar a salir de la recesión, requieren certidumbre y credibilidad. El voluntarismo no daría resultados.
El gobierno ya ha tomado la decisión de elevar la presión tributaria, y el peso consolidado de Nación y Provincias pasaría de 28,0% a 29,6 % del PIB entre 2019 y 2020. Pero, como el nuevo presupuesto se demora, no es factible determinar si esa
movida tiene sólo fines distributivos o si también se procura dar una señal de esfuerzo fiscal, apuntando a un arreglo razonable y rápido con los acreedores.
El corto plazo sigue dominado por una conexión en “carne viva” entre el problema fiscal y la falta de instrumentos monetarios. Así, cualquier traspié en la reestructuración de la deuda pública habrá de repercutir en el riesgo país, el tipo de
cambio y la inflación. Para evitar contingencias, vale la pena subrayar que la sustentabilidad de la deuda en el futuro (clave para que el riesgo país pueda bajar en forma sustancial) habrá de depender de la capacidad de la economía de crecer a más
del 2 % anual y del Sector Público de ahorrar más de un punto del PIB, aun computando mayor inversión en infraestructura. La paradoja es que, con esos guarismos en el pasado, el problema de la deuda no se hubiera planteado…

Primicias Rurales

Fuente: IERAL de Fundación Mediterránea

El día después…

El día después…

Buenos Aires, 31 diciembre (PR/19) Por Susana Merlo –Casi inconscientemente, cada cambio de ciclo se intenta creer que con el Año Viejo todo queda atrás y se inicia un nuevo periodo distinto, sin arrastre de los problemas que aquejaban hasta ese día.

Obvio que no es así.

En el campo se sabe muy bien.

Las retenciones siguen estando, igual que los impuestos y costos crecientes.

La sequía se mantiene en muchas regiones, y el mercado internacional hace meses que no aporta demasiado, y esto no parece que vaya a cambiar en los próximos meses.

El malhumor también está presente, incluso, un poco más que de costumbre.

Razones no faltan.

La gran incógnita es como se sigue, que se puede pretender en el marco de un esquema que no tiene márgenes, en el que no se puede negar la situación de extrema vulnerabilidad de mucha gente (aunque tal vez no toda la que se dice, o que recibe transferencias de otros sectores), y parece casi infantil a esta altura esperar el achicamiento y/o racionalización del elefantiasico gasto público que casi como una burla vuelve a crecer, como por ejemplo, la cantidad de ministerios, que otra vez aumentaron a 21, después que la Administración Macri se vio forzada a bajarlos a 15, tras haberlos subido a 25 casi al arranque de la gestión en 2016.

Alguien recuerda, acaso, que cuando más grande y potente fue la Argentina, tenía sólo 8 ministerios??

Asumiendo entonces que por el momento parece haberse impuesto la teoría de la reactivación económica vía el aumento del consumo interno, y no por el camino del crecimiento de la producción a la que, de hecho, se le recortan aún más los ingresos por la aplicación de mayores impuestos y por los costos crecientes, lo que se puede prever es la profundización de la tendencia de lo que ya venía ocurriendo en los últimos dos años, con una caída del PBI agropecuario, más allá de que algún rubro puede haber registrado crecimiento, como la producción de maíz o trigo. Muchos, sin embargo, se estancaron y varios otros retrocedieron, y mucho.

Ya antes de la debacle económica que se produjo a partir de agosto, se preveía una caída relativa del área global de siembra, que luego se siguió acentuando por el clima, y “los números”….

Hoy, incluso, es muy difícil para la empresa agropecuaria poder prever los futuros ingresos, o hacer los cálculos para costos o reposición a 3-4 meses cuando, por caso, se levante el maíz o la soja que se estuvieron sembrando hasta ahora. Ante la incertidumbre, que incluye eventuales nuevas medidas económicas que se pueden sumar a las ya definidas, la primera reacción es la de achicar al máximo los costos suspendiendo, incluso, aplicaciones de agro químicos y fertilizantes ya comprados (lo que no siempre es una buena idea desde el punto de vista productivo), pero que permite “dólarizar” pesos que de otra forma es prácticamente imposible. Y, si bien no son todos los productores los que adoptan esta decisión, se estima que una buena parte lo hace, lo que va a repercutir también en los niveles de producción al afectar, en forma bajista, a los rindes esperados por menor fertilidad y/o mayores ataques de plagas y malezas.

De ahí que no sea adivinación prever una cosecha menor a la anterior que, aunque no fue de 147 millones de toneladas como sostuvo el Gobierno, igual fue récord con alrededor de 140 millones, en tanto que la actual se estima ya a esta altura en no más de 135 millones, siempre y cuando el clima se regularice y deje de provocar daño.

La noticia no es buena para los productores, ya que implica menos cantidad de dinero en el sector para seguir con la rueda productiva, pero tampoco lo es para el gobierno que dispondrá de menor cantidad de divisas por exportaciones (menor volumen y, hasta ahora, menores cotizaciones internacionales), disminución por ende de ingresos fiscales y, llegado el momento, la desagradable noticia de que más de 40% de la producción exportable ya se encuentra ” anotada”, lo que implica que se comercializará con las reglas anteriores a la fijación de los nuevos impuestos.

Y todo esto, significará que sobre los más de U$S 7.500 millones que esperaban drenar del sector agropecuario por los nuevos gravámenes, la cifra se puede llegar a reducir a la mitad, y eso sí el diablo no sigue metiendo la cola con el clima.

Así las cosas, el ” día después” no parece que traiga ningún cambio positivo de significación para la producción, por lo que seguramente, se mantendrá la tendencia al achicamiento, a la reducción al máximo de costos ( aunque implique dejar de usar insumos clave), y a evitar todo aquello que se parezca a ” riesgo”, o sea, de producir ni hablar lo que se va a reflejar a pleno ya en la próxima campaña 20/21…

Fuente: Campo 2.0

Primicias Rurales

El campo está en marcha, la política agropecuaria debe acompañarlo

El campo está en marcha, la política agropecuaria debe acompañarlo

Por Daniel Pelegrina*.
Buenos Aires, 8 diciembre (Especial para NA) — La política agropecuaria de la Administración Macri, que empezó sin gradualismos, se tradujo en un fuerte impulso para el campo en los años siguientes.
También se comenzaron a sentar las bases para que la agroindustria recupere su competitividad y comenzó a revertirse la tendencia declinante que traían la mayoría de sus producciones y actividades.
Estos resultados se lograron básicamente a través de la eliminación para todos los productos y el esquema de reducción (para el complejo soja) de los derechos de exportación, de la desaparición de las trabas al comercio y a las exportaciones con la eliminación de los ROE y otros instrumentos distorsivos.
El otro gran motivo de las mejoras, fue la apertura, reactivación y ampliación de mercados y la firma de acuerdos comerciales, que tuvieron su punto cúlmine con la firma del tratado Mercosur–Unión Europea.
Ampliar y mejorar los protocolos sanitarios, trabajar en la promoción externa y visitar a los compradores fueron también determinantes para el apuntalamiento de las exportaciones y la exitosa reinserción de la Argentina en el mundo a la que asistimos en los últimos años.
Como consecuencia de esta política agropecuaria acertada, siempre trabajada en consulta y sinergia con el sector privado, pudimos lograr los productores y el país tres cosechas récord y un crecimiento sin precedentes en la exportación de carne vacuna y muchos otros productos.
Lamentablemente, la feroz sequía que asoló a nuestro país en 2018 quebró esa tendencia positiva con consecuencias graves para todos en el país. Sin embargo, pudimos recuperarnos rápidamente en 2019 gracias a la excelencia de la tecnología aplicada, a la permanente inversión que los productores hacemos aquí, en nuestra tierra, todos los días del año y a la bendición de un clima favorable en amplias regiones de la geografía argentina.
En el plano macroeconómico, las cosas no fueron bien. A pesar de los esfuerzos, el gobierno saliente no pudo moderar el impacto de malas políticas aplicadas durante muchos años previos a su administración y cometió errores.
La inflación, sin duda el flagelo más importante que enfrenta nuestra economía desde demasiado tiempo ya, que afecta en forma directa a los sectores más desprotegidos y vulnerables de nuestra sociedad, no se pudo controlar.
Se pensó que el gasto público desproporcionado y de mala calidad iba a diluirse con el crecimiento de la economía, cosa que no sucedió. El Estado en todos sus niveles continuó con sus gastos excesivos y muchas veces superfluos. Entonces la altísima presión tributaria, récord, castigó fuertemente al sector privado.
Las dificultades para acceder al crédito y al financiamiento a tasas y plazos acordes con las necesidades del campo, con un nivel de tasas actualmente desbordado, restringió fuertemente la capacidad de inversión y de ahorro, limitando sus posibilidades de expansión.
Frente a este panorama, los desafíos para el próximo gobierno serán, por un lado, corregir estos desequilibrios macroeconómicos.
Ojalá se transforme en una política de Estado un plan de control de la inflación, volviendo al equilibrio fiscal a través de una reducción del gasto público y generando condiciones para que vuelva a aparecer el crédito a tasas razonables que apuntalen la inversión.
Deben continuarse y encararse más obras de infraestructura que faciliten la logística y el transporte de nuestra producción.
Necesitamos más y mejores rutas y caminos rurales, más ferrocarriles y vías férreas, obras hidráulicas, más puertos y vías navegables que nos generen mejor competitividad, pero también que hagan posible que la gente quiera y pueda quedarse a vivir en sus lugares de origen.
Necesitamos conectividad, escuelas y hospitales, viviendas y cloacas, todos verdaderos vectores de un desarrollo armónico de todas las regiones de nuestra Nación.
El campo está en marcha. La política agropecuaria debe acompañarlo.
Las propuestas que se encuentran un documento de 14 puntos elaborado por los equipos técnicos de la Comisión de Enlace de Entidades Agropecuarias y que fue entregado oportunamente al presidente electo y a sus colaboradores, son el camino que proponemos.
Allí figura nuestra visión sobre las cuestiones fundamentales que atañen a la producción, que van desde asuntos institucionales y normativos hasta medidas concretas para cada una de las producciones y actividades que conforman la agroindustria argentina.
Continuar en la línea de la reducción de la burocracia y de las trabas a la producción, una disminución de la presión impositiva al sector, incluyendo la eliminación de los derechos de exportación, el apuntalamiento de las exportaciones con la apertura de mercados y la firma de nuevos acuerdos para comerciar con el mundo, serán principal incentivo para el aumento de los volúmenes producidos.
En la medida, en que el nuevo gobierno entienda la importancia del campo para el crecimiento económico y como motor del desarrollo federal del país, va a encontrar en nuestro sector una solución para lograr la generación de divisas, la creación de empleo de calidad, la reactivación de economías asociadas y de agregado de valor en todo en territorio nacional y el abastecimiento pleno de los mercados internos con alimentos a precios accesibles para todos los segmentos de la población.
(*) – Presidente de la Sociedad Rural Argentina (SRA).

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