Lectura del santo evangelio según san Juan 10, 22-30
Se celebraba en Jerusalén la fiesta de la Dedicación del templo. Era invierno, y Jesús se paseaba en el templo por el pórtico de Salomón.
Los judíos, rodeándolo, le preguntaban:
«¿Hasta cuándo nos vas a tener en suspenso? Si tú eres el Mesías, dínoslo francamente».
Jesús les respondió:
«Os lo he dicho, y no creéis; las obras que yo hago en nombre de mi Padre, esas dan testimonio de mí. Pero vosotros no creéis, porque no sois de mis ovejas. Mis ovejas escuchan mi voz, y yo las conozco, y ellas me siguen, y yo les doy la vida eterna; no perecerán para siempre, y nadie las arrebatará de mi mano. Lo que mi Padre me ha dado es más que todas las cosas, y nadie puede arrebatar nada de la mano de mi Padre. Yo y el Padre somos uno».
Lectura del santo evangelio según san Juan 10, 1-10
En aquel tiempo, dijo Jesús:
«En verdad, en verdad os digo: el que no entra por la puerta en el aprisco de las ovejas, sino que salta por otra parte, ese es ladrón y bandido; pero el que entra por la puerta es pastor de las ovejas. A este le abre el guarda y las ovejas atienden a su voz, y él va llamando por el nombre a sus ovejas y las saca fuera. Cuando ha sacado todas las suyas camina delante de ellas, y las ovejas lo siguen, porque conocen su voz: a un extraño no lo seguirán, sino que huirán de él, porque no conocen la voz de los extraños».
Jesús les puso esta comparación, pero ellos no entendieron de qué les hablaba. Por eso añadió Jesús:
«En verdad, en verdad os digo: yo soy la puerta de las ovejas. Todos los que han venido antes de mí son ladrones y bandidos; pero las ovejas no los escucharon.
Yo soy la puerta: quien entre por mí se salvará y podrá entrar y salir, y encontrará pastos.
El ladrón no entra sino para robar y matar y hacer estragos; yo he venido para que tengan vida y la tengan abundante».
El Evangelio de hoy nos invita a reconocer la voz del Buen Pastor frente a los extraños. En un mundo de ruidos, Cristo se presenta como el único acceso seguro al descanso y la salvación, prometiendo una vida plena para quienes deciden seguir sus huellas.
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Lecturas de hoy domingo 26 de abril 2026:
Primera lectura
Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles
Hechos 2, 14a. 36-41
El día de Pentecostés, se presentó Pedro, junto con los Once, ante la multitud, y levantando la voz, dijo: «Sepa todo Israel con absoluta certeza, que Dios ha constituido Señor y Mesías al mismo Jesús, a quien ustedes han crucificado».
Estas palabras les llegaron al corazón y preguntaron a Pedro y a los demás apóstoles: «¿Qué tenemos que hacer, hermanos?» Pedro les contestó: «Arrepiéntanse y bautícense en el nombre de Jesucristo para el perdón de sus pecados y recibirán el Espíritu Santo. Porque las promesas de Dios valen para ustedes y para sus hijos y también para todos los paganos que el Señor, Dios nuestro, quiera llamar, aunque estén lejos».
Con éstas y otras muchas razones, los instaba y exhortaba, diciéndoles: «Pónganse a salvo de este mundo corrompido». Los que aceptaron sus palabras se bautizaron, y aquel día se les agregaron unas tres mil personas.
Segunda lectura
Lectura de la primera carta del apóstol san Pedro
1 Pedro 2, 20b-25
Hermanos: Soportar con paciencia los sufrimientos que les vienen a ustedes por hacer el bien, es cosa agradable a los ojos de Dios, pues a esto han sido llamados, ya que también Cristo sufrió por ustedes y les dejó así un ejemplo para que sigan sus huellas.
El no cometió pecado ni hubo engaño en su boca; insultado, no devolvió los insultos; maltratado, no profería amenazas, sino que encomendaba su causa al único que juzga con justicia; cargado con nuestros pecados, subió al madero de la cruz, para que, muertos al pecado, vivamos para la justicia.
Por sus llagas ustedes han sido curados, porque ustedes eran como ovejas descarriadas, pero ahora han vuelto al pastor y guardián de sus vidas.
Evangelio del Día
Lectura del santo evangelio según san Juan
Juan 10, 1-10
En aquel tiempo, Jesús dijo a los fariseos: «Yo les aseguro que el que no entra por la puerta del redil de las ovejas, sino que salta por otro lado, es un ladrón, un bandido; pero el que entra por la puerta, ése es el pastor de las ovejas. A ése le abre el que cuida la puerta, y las ovejas reconocen su voz; él llama a cada una por su nombre y las conduce afuera. Y cuando ha sacado a todas sus ovejas, camina delante de ellas, y ellas lo siguen, porque conocen su voz. Pero a un extraño no lo seguirán, sino que huirán de él, porque no conocen la voz de los extraños».
Jesús les puso esta comparación, pero ellos no entendieron lo que les quería decir. Por eso añadió: «Les aseguro que yo soy la puerta de las ovejas. Todos los que han venido antes que yo, son ladrones y bandidos; pero mis ovejas no los han escuchado.
Yo soy la puerta; quien entre por mí se salvará, podrá entrar y salir y encontrará pastos. El ladrón sólo viene a robar, a matar y a destruir. Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia».
Lectura del santo evangelio según san Marcos 16, 15-20
En aquel tiempo, se apareció Jesús a los once y les dijo:
«ld al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación.
El que crea y sea bautizado se salvará; el que no crea será condenado.
A los que crean, les acompañarán estos signos: echarán demonios en mi nombre, hablarán lenguas nuevas, cogerán serpientes en sus manos y, si beben un veneno mortal, no les hará daño. Impondrán las manos a los enfermos, y quedarán sanos».
Después de hablarles, el Señor Jesús fue llevado al cielo y se sentó a la derecha de Dios.
Ellos se fueron a predicar el Evangelio por todas partes, y el Señor cooperaba confirmando la palabra con las señales que los acompañaban.
Lectura del santo evangelio según san Juan 6, 52-59
En aquel tiempo, disputaban los judíos entre sí:
«¿Cómo puede este darnos a comer su carne?».
Entonces Jesús les dijo:
«En verdad, en verdad os digo: si no coméis la carne del Hijo del hombre y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día.
Mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida.
El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él.
Como el Padre que vive me ha enviado, y yo vivo por el Padre, así, del mismo modo, el que me come vivirá por mí.
Este es el pan que ha bajado del cielo: no como el de vuestros padres, que lo comieron y murieron; el que come este pan vivirá para siempre».
Esto lo dijo Jesús en la sinagoga, cuando enseñaba en Cafarnaún.
Jesús se presenta como el «Pan de Vida» que garantiza la eternidad, mientras que el encuentro entre Felipe y el eunuco etíope resalta la importancia del acompañamiento y el diálogo en el camino de la fe.
Primera lectura
Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 8, 26-40
En aquellos días, un ángel del Señor habló a Felipe y le dijo:
«Levántate y marcha hacia el sur, por el camino de Jerusalén a Gaza, que está desierto».
Se levantó, se puso en camino y, de pronto, vio venir a un etíope; era un eunuco, ministro de Candaces, reina de Etiopía e intendente del tesoro, que había ido a Jerusalén para adorar. Iba de vuelta, sentado en su carroza, leyendo al profeta Isaías.
El Espíritu dijo a Felipe:
«Acércate y pégate a la carroza».
Felipe se acercó corriendo, le oyó leer el profeta Isaías, y le preguntó:
«¿Entiendes lo que estás leyendo?».
Contestó:
«Y cómo voy a entenderlo si nadie me guía?».
E invitó a Felipe a subir y a sentarse con él. El pasaje de la Escritura que estaba leyendo era este:
«Como cordero fue llevado al matadero,
como oveja muda ante el esquilador,
así no abre su boca.
En su humillación no se le hizo justicia.
¿Quién podrá contar su descendencia?
Pues su vida ha sido arrancada de la tierra».
El eunuco preguntó a Felipe:
«Por favor, ¿de quién dice esto el profeta?; ¿de él mismo o de otro?».
Felipe se puso a hablarle y, tomando píe de este pasaje, le anunció la Buena Nueva de Jesús. Continuando el camino, llegaron a un sitio donde había agua, y dijo el eunuco:
«Mira, agua. ¿Qué dificultad hay en que me bautice?».
Mandó parar la carroza, bajaron los dos al agua, Felipe y el eunuco, y lo bautizó. Cuando salieron del agua, el Espíritu del Señor arrebató a Felipe. El eunuco no volvió a verlo, y siguió su camino lleno de alegría.
Felipe se encontró en Azoto y fue anunciando la Buena Nueva en todos los poblados hasta que llegó a Cesarea.
Salmo de hoy
Salmo 65, 8-9. 16-17. 20 R/. Aclamad al Señor, tierra entera
Bendecid, pueblos, a nuestro Dios,
haced resonar sus alabanzas,
porque él nos ha devuelto la vida
y no dejó que tropezaran nuestros pies. R/.
Los que teméis a Dios, venid a escuchar,
os contaré lo que ha hecho conmigo:
a él gritó mi boca
y lo ensalzó mi lengua. R/.
Bendito sea Dios, que no rechazó mi súplica
ni me retiró su favor. R/.
Evangelio del día
Lectura del santo evangelio según san Juan 6, 44-51
En aquel tiempo, dijo Jesús al gentío:
«Nadie puede venir a mí si no lo atrae el Padre que me ha enviado, Y yo lo resucitaré en el último día.
Está escrito en los profetas: “Serán todos discípulos de Dios”. Todo el que escucha al Padre y aprende, viene a mí.
No es que alguien haya visto al Padre, a no ser el que está junto a Dios: ese ha visto al Padre. En verdad, en verdad os digo: el que cree tiene vida eterna.
Yo soy el pan de la vida. Vuestros padres comieron en el desierto el maná y murieron; este es el pan que baja del cielo, para que el hombre coma de él y no muera.
Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre.
Y el pan que yo daré es mi carne por la vida del mundo».
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Evangelio de hoy en vídeo
Reflexión del Evangelio de hoy
«¿Cómo podré entenderlo si nadie me lo explica?»
El texto de los Hechos de los Apóstoles nos recuerda los tres pasos de la evangelización, como nos recuerda el papa Francisco en su homilía del 8 de mayo de 2014. La acción comienza siempre en Dios: es Él quien llama a salir al encuentro de los demás y quien, al mismo tiempo, impulsa los corazones para que busquen las respuestas que solo pueden hallar en Jesucristo y en su Evangelio. Felipe recibe la llamada divina por medio del ángel del Señor para llevar a cabo una misión concreta. Este es el primer paso en la evangelización.
Estamos llamados a ser obedientes a los designios de Dios y a mostrarnos disponibles para relacionarnos con las personas que encontramos en nuestro camino, sin hacer distinciones. Felipe acude allí donde el Señor lo envía.
El evangelizador sabe aprovechar la ocasión que le brinda el otro para iniciar un diálogo, lo que constituye el segundo momento de la evangelización. Quien evangeliza de verdad se acerca al prójimo para ofrecerle la salvación en Jesús, y lo hace con humildad, a través de la conversación. Sabe que no es posible evangelizar sin diálogo ni ignorando el proceso personal de quien escucha. Es necesario dedicar tiempo al otro, porque es precisamente esa persona a quien Dios pone en nuestro camino. Además, el diálogo debe darse con la persona tal como es en el presente, no como debería ser.
Todo ser humano lleva en su interior una búsqueda de Dios, y solo Él puede satisfacer el anhelo profundo de plenitud que habita en el corazón.
La Palabra de Dios tiene vida y fuerza; aunque a veces no se comprenda plenamente y requiera explicación, tiene la capacidad de abrir los corazones y preparar a las personas para acoger el mensaje del Evangelio. “¿Cómo podré entenderlo si nadie me lo explica?” El evangelizador no impone sus ideas ni pretende que los demás acepten sin más su punto de vista. Más bien, el verdadero diálogo comienza desde el otro: “eso que estás leyendo, ¿lo comprendes?”.
El encuentro entre Felipe y el funcionario etíope debió prolongarse y centrarse en el bautismo, pues al llegar a un lugar con agua, el eunuco dijo: “Aquí hay agua, ¿qué impide que yo sea bautizado?”. Esto nos introduce en el tercer momento de la evangelización. Aquel hombre experimentó la fuerza de Dios en su interior: es la acción del sacramento, la fuerza de la gracia. Así culmina el proceso evangelizador.
«El que coma este pan vivirá para siempre»
Durante la Cuaresma se vislumbraba el participar en la mesa pascual. Ahora, es el Pan de vida que se prefiguró en el desierto con el maná y se realiza plenamente en la persona de Jesús. El pan que sustenta para siempre es Cristo mismo. Él nos garantiza que el amor de Dios, su perdón y su promesa de vida eterna es un verdadero don universal.
La lectura del evangelio nos sugiere que la vida eterna nos es accesible de algún modo aquí y ahora, durante esta vida terrenal. La vida eterna en el Evangelio de Juan se entiende como una vida de comunión con Jesús que es la fuente de la vida verdadera. Tal vida de comunión con el Señor puede ser experimentada aquí y ahora por todos los que creen en él. Por ser un momento de comunión con el Señor, la Iglesia siempre ha entendido la Eucaristía como la anticipación de la vida eterna.
La verdadera meta de nuestro camino es la comunión con Dios. Está es una ¡Buena Noticia!, necesitamos predicadores que nos anuncien, como al eunuco, a Cristo. Él es el único que puede sostenernos ahora y por toda la eternidad; alguien que nos descubra que la verdadera meta de nuestro camino es la comunión con Dios, que necesitamos ese pan para afrontar la fatiga y el cansancio del viaje. El maná del desierto, en tiempos de Moisés, sostenía a los israelitas en su viaje a la tierra prometida, pero no les garantizaba la vida eterna. Jesús deja claro que Él es el único que puede sostenernos ahora y por toda la eternidad. El verdadero pan del cielo, el verdadero pan de Dios, es el que vence a la muerte y da la vida. Él es el que desciende del cielo y da la vida a todos.
La donación de Jesús ya se ha hecho y una vez más queda a la espera de ser recibido. Podemos llevar esto en el corazón y entrar en esa voluntad del Padre de que todo el que ve al Hijo y crea en él tenga vida eterna.