“Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo”

“Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo”

Jesús se presenta como el «Pan de Vida» que garantiza la eternidad, mientras que el encuentro entre Felipe y el eunuco etíope resalta la importancia del acompañamiento y el diálogo en el camino de la fe.

Primera lectura

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 8, 26-40

 

En aquellos días, un ángel del Señor habló a Felipe y le dijo:
«Levántate y marcha hacia el sur, por el camino de Jerusalén a Gaza, que está desierto».

Se levantó, se puso en camino y, de pronto, vio venir a un etíope; era un eunuco, ministro de Candaces, reina de Etiopía e intendente del tesoro, que había ido a Jerusalén para adorar. Iba de vuelta, sentado en su carroza, leyendo al profeta Isaías.

El Espíritu dijo a Felipe:
«Acércate y pégate a la carroza».

Felipe se acercó corriendo, le oyó leer el profeta Isaías, y le preguntó:
«¿Entiendes lo que estás leyendo?».

Contestó:
«Y cómo voy a entenderlo si nadie me guía?».

E invitó a Felipe a subir y a sentarse con él. El pasaje de la Escritura que estaba leyendo era este:
«Como cordero fue llevado al matadero,
como oveja muda ante el esquilador,
así no abre su boca.
En su humillación no se le hizo justicia.
¿Quién podrá contar su descendencia?
Pues su vida ha sido arrancada de la tierra».

El eunuco preguntó a Felipe:
«Por favor, ¿de quién dice esto el profeta?; ¿de él mismo o de otro?».

Felipe se puso a hablarle y, tomando píe de este pasaje, le anunció la Buena Nueva de Jesús. Continuando el camino, llegaron a un sitio donde había agua, y dijo el eunuco:
«Mira, agua. ¿Qué dificultad hay en que me bautice?».

Mandó parar la carroza, bajaron los dos al agua, Felipe y el eunuco, y lo bautizó. Cuando salieron del agua, el Espíritu del Señor arrebató a Felipe. El eunuco no volvió a verlo, y siguió su camino lleno de alegría.

Felipe se encontró en Azoto y fue anunciando la Buena Nueva en todos los poblados hasta que llegó a Cesarea.

 

Salmo de hoy

Salmo 65, 8-9. 16-17. 20 R/. Aclamad al Señor, tierra entera

 

Bendecid, pueblos, a nuestro Dios,
haced resonar sus alabanzas,
porque él nos ha devuelto la vida
y no dejó que tropezaran nuestros pies. R/.

Los que teméis a Dios, venid a escuchar,
os contaré lo que ha hecho conmigo:
a él gritó mi boca
y lo ensalzó mi lengua. R/.

Bendito sea Dios, que no rechazó mi súplica
ni me retiró su favor. R/.

 

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Juan 6, 44-51

 

En aquel tiempo, dijo Jesús al gentío:
«Nadie puede venir a mí si no lo atrae el Padre que me ha enviado, Y yo lo resucitaré en el último día.

Está escrito en los profetas: “Serán todos discípulos de Dios”. Todo el que escucha al Padre y aprende, viene a mí.

No es que alguien haya visto al Padre, a no ser el que está junto a Dios: ese ha visto al Padre. En verdad, en verdad os digo: el que cree tiene vida eterna.

Yo soy el pan de la vida. Vuestros padres comieron en el desierto el maná y murieron; este es el pan que baja del cielo, para que el hombre coma de él y no muera.

Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre.

Y el pan que yo daré es mi carne por la vida del mundo».

 

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Evangelio de hoy en vídeo

Reflexión del Evangelio de hoy

«¿Cómo podré entenderlo si nadie me lo explica?»

El texto de los Hechos de los Apóstoles nos recuerda los  tres  pasos de la evangelización, como nos recuerda el papa Francisco en su homilía del 8 de mayo de 2014. La acción comienza siempre en Dios: es Él quien llama a salir al encuentro de los demás y quien, al mismo tiempo, impulsa los corazones para que busquen las respuestas que solo pueden hallar en Jesucristo y en su Evangelio. Felipe recibe la llamada divina por medio del ángel del Señor para llevar a cabo una misión concreta. Este es el primer paso en la evangelización.

Estamos llamados a ser obedientes a los designios de Dios y a mostrarnos disponibles para relacionarnos con las personas que encontramos en nuestro camino, sin hacer distinciones. Felipe acude allí donde el Señor lo envía.

El evangelizador sabe aprovechar la ocasión que le brinda el otro para iniciar un diálogo, lo que constituye el segundo momento de la evangelización. Quien evangeliza de verdad se acerca al prójimo para ofrecerle la salvación en Jesús, y lo hace con humildad, a través de la conversación. Sabe que no es posible evangelizar sin diálogo ni ignorando el proceso personal de quien escucha. Es necesario dedicar tiempo al otro, porque es precisamente esa persona a quien Dios pone en nuestro camino. Además, el diálogo debe darse con la persona tal como es en el presente, no como debería ser.

Todo ser humano lleva en su interior una búsqueda de Dios, y solo Él puede satisfacer el anhelo profundo de plenitud que habita en el corazón.

La Palabra de Dios tiene vida y fuerza; aunque a veces no se comprenda plenamente y requiera explicación, tiene la capacidad de abrir los corazones y preparar a las personas para acoger el mensaje del Evangelio. “¿Cómo podré entenderlo si nadie me lo explica?” El evangelizador no impone sus ideas ni pretende que los demás acepten sin más su punto de vista. Más bien, el verdadero diálogo comienza desde el otro: “eso que estás leyendo, ¿lo comprendes?”.

El encuentro entre Felipe y el funcionario etíope debió prolongarse y centrarse en el bautismo, pues al llegar a un lugar con agua, el eunuco dijo: “Aquí hay agua, ¿qué impide que yo sea bautizado?”. Esto nos introduce en el tercer momento de la evangelización. Aquel hombre experimentó la fuerza de Dios en su interior: es la acción del sacramento, la fuerza de la gracia. Así culmina el proceso evangelizador.

«El que coma este pan vivirá para siempre»

Durante la Cuaresma se vislumbraba el participar en la mesa pascual. Ahora, es el Pan de vida que se prefiguró en el desierto con el maná y se realiza plenamente en la  persona de Jesús. El pan que sustenta para siempre es Cristo mismo. Él nos garantiza que el amor de Dios, su perdón y su promesa de vida eterna es un verdadero don universal.

La lectura del evangelio nos sugiere que la vida eterna nos es accesible de algún modo aquí y ahora, durante esta vida terrenal. La vida eterna en el Evangelio de Juan se entiende como una vida de comunión con Jesús que es la fuente de la vida verdadera. Tal vida de comunión con el Señor puede ser experimentada aquí y ahora por todos los que creen en él. Por ser un momento de comunión con el Señor, la Iglesia siempre ha entendido la Eucaristía como la anticipación de la vida eterna.

La verdadera meta de nuestro camino es la comunión con Dios. Está es una ¡Buena Noticia!, necesitamos predicadores que nos anuncien, como al eunuco, a Cristo. Él es el único que puede sostenernos ahora y por toda la eternidad; alguien que  nos descubra que la verdadera meta de nuestro camino es la comunión con Dios, que necesitamos ese pan para afrontar la fatiga y el cansancio del viaje. El maná del desierto, en tiempos de Moisés, sostenía a los israelitas en su viaje a la tierra prometida, pero no les garantizaba la vida eterna. Jesús deja claro que Él es el único que puede sostenernos ahora y por toda la eternidad. El verdadero pan del cielo, el verdadero pan de Dios, es el que vence a la muerte y da la vida. Él es el que desciende del cielo y da la vida a todos.

La donación de Jesús ya se ha hecho y una vez más queda a la espera de ser recibido. Podemos llevar esto en el corazón y entrar en esa voluntad del Padre de que todo el que ve al Hijo y crea en él tenga vida eterna.

 

Sor Purificación González O.P.

Sor Purificación González O.P.
Monasterio Santo Domingo el Real. Segovia, España

Sor Purificación González, monja desde el año 1978 en el Monasterio de Segovia. Lo que más me gusta conocer es la Palabra de Dios.

“El pan de vida”

“El pan de vida”

Hoy la Iglesia nos invita a descubrir a Jesús como el verdadero «Pan de Vida» que sacia toda hambre espiritual. En un contexto de persecución y esperanza, la Palabra revela la voluntad del Padre: que todo aquel que crea en el Hijo tenga vida eterna y alcance la paz auténtica.
Primera lectura

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 8, 1b-8

 

Aquel día, se desató una violenta persecución contra la Iglesia de Jerusalén; todos, menos los apóstoles, se dispersaron por Judea y Samaria.

Unos hombres piadosos enterraron a Esteban e hicieron gran duelo por él.

Saulo, por su parte, se ensañaba con la Iglesia; penetrando en las casas y arrastrando a la cárcel a hombres y mujeres.

Los que habían sido dispersados iban de un lugar a otra anunciando la Buena Nueva de la Palabra. Felipe bajó a la ciudad de Samaria y les predicaba a Cristo. El gentío unánimemente escuchaba con atención lo que decía Felipe, porque habían oído hablar de los signos que hacía, y los estaban viendo: de muchos poseídos salían los espíritus inmundos lanzando gritos, y muchos paralíticos y lisiados se curaban. La ciudad se llenó de alegría.

 

Salmo de hoy

Salmo 65, 1-3a. 4-5. 6-7a R/. Aclamad al Señor, tierra entera

 

Aclamad al Señor, tierra entera;
tocad en honor de su nombre,
cantad himnos a su gloria.
Decid a Dios: «¡Qué terribles son tus obras!» R/.

Que se postre ante ti la tierra entera, que toquen en tu honor,
que toquen para tu nombre. Venid a ver las obras de Dios,
sus temibles proezas en favor de los hombres. R/.

Transformó el mar en tierra firme,
a pie atravesaron el río.
Alegrémonos con él,
que con su poder gobierna enteramente. R/.

 

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Juan 6, 35-40

 

En aquel tiempo, dijo Jesús al gentío:
«Yo soy el pan de la vida. El que viene a mí no tendrá hambre, y el que cree en mí no tendrá sed jamás; pero, como os he dicho, me habéis visto y no creéis.

Todo lo que me da el Padre vendrá a mí, y al que venga a mí no lo echaré afuera, porque he bajado del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me ha enviado.

Ésta es la voluntad del que me ha enviado: que no pierda nada de lo que me dio, sino que lo resucite en el último día.

Esta es la voluntad de mi Padre: que todo el que ve al Hijo y cree en él tenga vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día».

 

Reflexión del Evangelio de hoy

“El gentío unánimemente escuchaba con atención lo que decía Felipe”

Dice el Señor: «Yo soy el pan de vida”. La Vida que el Señor nos ofrece es una  Vida autentica y plena.

Es autentica porque nace de las mismas entrañas de nuestro Dios, de lo más profundo de la intimidad de nuestro Dios. Es una vida autentica que brota en nuestro interior cuando nos alimentamos con el verdadero pan de vida.

En un mundo como el nuestro, muchos se presentan como fuente de vida y garantía de esperanza, pero ni esta ni aquella son auténticas, porque hunden sus raíces en ideologías malsanas instaladas en la comodidad del bienestar aparente.

La vida autentica que nos ofrece el Señor crea en nosotros sentimientos de solidaridad y de cercanía, es una vida que se vierte en los demás, como agua limpia, riega los surcos resecos que agrietan el corazón de los hombres. Vivir esta auténtica vida no siempre es fácil, esta solidaridad, esta cercanía no siempre son bien recibidas por situaciones personales y sociales manifiestamente injustas y egoístas.

“El que viene a mí no tendrá hambre, y el que cree en mí no tendrá sed jamás”

Además, la vida que el Señor nos ofrece y que brota de la más profunda intimidad del Padre, es una vida plena, eterna. Es una vida que sacia la sed más profunda del ser humano: la sed de paz.

Una paz que crea lazos de humanidad, donde la fuerza de la luz de Pascua ilumina un futuro abierto a la esperanza; donde el ser humano se siente verdadera y plenamente humano, sin disfraces, sin máscaras, solo saciado por el pan de vida.

No se trata de destruir nada sino de potencias todo lo humano que hay en nosotros, la paz autentica nos lleva la Humanidad verdadera. Ser humano es ir al encuentro con Jesús porque solo Él puede sostener plenamente nuestra vida y con la seguridad de que nunca nos echara fuera.

Vivamos la vida auténtica y plena, es un mandato del señor.

 

Fr. Benito Medina Carpintero O.P.

Fr. Benito Medina Carpintero O.P.
Convento de Santa Cruz la Real (Granada, España)

Evangelio de hoy en audio

Fuente: Dominicos.org
“El Pan que baja del cielo da la vida al mundo”

“El Pan que baja del cielo da la vida al mundo”

La liturgia de hoy presenta el martirio de San Esteban, el primer mártir, quien entrega su vida perdonando a sus perseguidores bajo la mirada de Saulo. En el Evangelio, Jesús se revela como el verdadero «Pan de Vida», el nuevo maná enviado por el Padre que sacia para siempre el hambre espiritual

 

Primera lectura

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 7, 51 — 8, 1a

 

En aquellos días, dijo Esteban al pueblo y a los ancianos y escribas:
«¡Duros de cerviz, incircuncisos de corazón y de oídos! Vosotros siempre resistís al Espíritu Santo, lo mismo que vuestros padres. ¿Hubo un profeta que vuestros padres no persiguieran? Ellos mataron a los que anunciaban la venida del Justo, y ahora vosotros lo habéis traicionado y asesinado; recibisteis la ley por mediación de ángeles y no la habéis observado».

Oyendo sus palabras se recomían en sus corazones y rechinaban los dientes de rabia. Esteban, lleno de Espíritu Santo, fijando la mirada en el cielo, vio la gloria de Dios, y a Jesús de pie a la derecha de Dios, y dijo:
«Veo los cielos abiertos y al Hijo del hombre de pie a la derecha de Dios».

Dando un grito estentóreo, se taparon los oídos; y, como un solo hombre, se abalanzaron sobre él, lo empujaron fuera de la ciudad y se pusieron a apedrearlo. Los testigos dejaron sus capas a los pies de un joven llamado Saulo y se pusieron a apedrear a Esteban, que repetía esta invocación:
«Señor Jesús, recibe mi espíritu».

Luego, cayendo de rodillas y clamando con voz potente, dijo:
«Señor, no les tengas en cuenta este pecado».

Y, con estas palabras, murió.

Saulo aprobaba su ejecución.

 

Salmo de hoy

Salmo 30. 3cd-4. 6 y 7b y 8a. 17 y 21ab R/. A tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu

 

Sé la roca de mi refugio,
un baluarte donde me salve,
tú que eres mi roca y mi baluarte;
por tu nombre dirígeme y guíame. R/.

A tus manos encomiendo mi espíritu:
tú, el Dios leal, me librarás.
Yo confío en el Señor.
Tu misericordia sea mi gozo y mi alegría. R/.

Haz brillar tu rostro sobre tu siervo,
sálvame por tu misericordia.
En el asilo de tu presencia los escondes
de las conjuras humanas. R/.

 

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Juan 6, 30-35

 

En aquel tiempo, el gentío dijo a Jesús:
«¿Y qué signo haces tú, para que veamos y creamos en ti? ¿Cuál es tu obra? Nuestros padres comieron el maná en el desierto, como está escrito: “Pan del cielo les dio a comer”».

Jesús les replicó:
«En verdad, en verdad os digo: no fue Moisés quien os dio pan del cielo, sino que es mi Padre el que os da el verdadero pan del cielo. Porque el pan de Dios es el que baja del cielo y da vida al mundo».

Entonces le dijeron:
«Señor, danos siempre de este pan».

Jesús les contestó:
«Yo soy el pan de vida. El que viene a mí no tendrá hambre, y el que cree en mí no tendrá sed jamás».

 

Reflexión del Evangelio de hoy

“Bienaventurados los perseguidos por mi nombre”

En este pasaje de los Hechos de los Apóstoles asistimos a la entusiasta predicación de San Esteban. El joven cristiano da público testimonio de Jesús en los primeros tiempos de la Iglesia. Aún está muy reciente la muerte y resurrección de Cristo y es de suponer que las autoridades judías estaban muy nerviosas por lo que veían y escuchaban de los discípulos.

A san Esteban siempre se le ha llamado el protomártir, porque fue el primero en entregar su vida por Jesús, fue valiente y estaba lleno del Espíritu Santo, no tuvo miedo a proclamar la Verdad, aun sabiendo las consecuencias que le podían traer sus palabras. Ante el Sanedrín acusa a sus miembros de no haber escuchado a los profetas y de haberles dado muerte como a Cristo. La cólera contra él llega al máximo y deciden lapidarle.

Esteban derramará su sangre por no esconderse, por predicar la Buena Nueva y en ese momento proclama que ve los cielos abiertos y la gloria de Dios.

Y hay un testigo silencioso, un personaje que aprueba la condena en silencio, alguien que más tarde será uno de los pilares de la Iglesia: Saulo, Pablo de Tarso, el que perseguirá a los primeros cristianos.

El que caerá del caballo camino de Damasco y verá la Luz de Dios. Ese hombre que presenció la muerte injusta del primer mártir y que al final de sus días también será víctima del odio por seguir a Jesús y predicar su Palabra. Nunca sabemos lo que Dios nos tiene preparado, lo que sí sabemos es que el encuentro con Jesús nos abre las puertas del cielo.

“Señor, danos siempre de ese pan”

 

Una vez más las gentes le piden a Jesús que haga un signo para creer en Él. Apelan a la memoria de Moisés y al maná que dio a comer al pueblo. Pero Él les corrige: el maná no se lo dio Moisés, el maná bajó del Padre. Y les explica que el nuevo maná, el pan que ha bajado del cielo, es Él mismo: “Yo soy el Pan de la vida. El que viene a mí no tendrá hambre”

Hace apenas tres semanas asistimos a la institución de la Eucaristía en el Jueves Santo, a ese momento en el que Cristo nos da su Cuerpo y su Sangre para que vivamos para siempre. Jesús se hace sacramento para permanecer con nosotros hasta el fin de los tiempos. Él es verdadera carne y verdadera sangre para nuestra salvación.

Que importante es asistir y participar de la Eucaristía, Jesús se nos da gratis, nos está esperando en el sagrario para escucharnos; nos espera en el sacrificio del altar para entregarse a nosotros. Siempre está, siempre permanece, jamás nos abandona. Es el nuevo maná que nos envía el Padre. Debemos ser conscientes del tesoro que tenemos a nuestro alcance.

Cristo ha resucitado y nos espera cada día hecho pan y vino. Acudamos a su llamada, estemos junto a Él en oración, comamos este Pan del Cielo que sacia nuestra hambre y colma nuestra alma. Estemos alegres en esta Pascua y unámonos en Comunión a toda la Iglesia a través de los Sacramentos: desde San Pedro de Roma a la más humilde de las ermitas, Jesús nos aguarda, espera nuestra visita porque como Él mismo dijo: “El que viene a mí no tendrá hambre, y el que cree en mí nunca tendrá sed”.

 

D. Luis Maldonado Fernández de Tejada O.P.

D. Luis Maldonado Fernández de Tejada O.P.
Fraternidad de Laicos Dominicos de Santo Domingo (Almagro, España)

 

Nací en Ciudad Real en 1960 y estoy vinculado a la Orden de Predicadores por la cercanía de mi familia a la Orden en Almagro con quienes recibí mi catequesis y mi formación adulta. Soy Licenciado en Derecho e Historiador del Arte y he sido Alcalde y Diputado Nacional. Ingresé en la Fraternidad de Almagro en 2010 y he realizado estudios bíblicos y sobre la figura de Santo Tomás. También he sido catequista en mi Parroquia y he impartido cursos a Hermandades y Cofradías.

 

Fuente: Dominicos.Org

“ Me buscáis porque comisteis pan hasta saciaros ”

“ Me buscáis porque comisteis pan hasta saciaros ”

Lectura del santo evangelio según san Juan 6, 22-29

 

Después de que Jesús hubo saciado a cinco mil hombres, sus discípulos lo vieron caminando sobre el mar.

Al día siguiente, la gente que se había quedado al otro lado del mar notó que allí no había habido más que una barca y que Jesús no había embarcado con sus discípulos, sino que sus discípulos se habían marchado solos.

Entretanto, unas barcas de Tiberíades llegaron cerca del sitio donde habían comido el pan después que el Señor había dado gracias. Cuando la gente vio que ni Jesús ni sus discípulos estaban allí, se embarcaron y fueron a Cafarnaún en busca de Jesús.

Al encontrarlo en la otra orilla del lago, le preguntaron:
«Maestro, ¿cuándo has venido aquí?».

Jesús les contestó:
«En verdad, en verdad os digo: me buscáis no porque habéis visto signos, sino porque comisteis pan hasta saciaros. Trabajad no por el alimento que perece, sino por el alimento que perdura para la vida eterna, el que os dará el Hijo del hombre; pues a este lo ha sellado el Padre, Dios».

Ellos le preguntaron:
«Y, ¿qué tenemos que hacer para realizar las obras de Dios?».

Respondió Jesús:
«La obra de Dios es esta: que creáis en el que Él ha enviado»

Palabra del Señor
“¡Es verdad, el Señor ha resucitado!”

“¡Es verdad, el Señor ha resucitado!”

Papa León XIV: «Esta es la mayor sorpresa: descubrir que bajo las cenizas del desencanto y del cansancio siempre hay un rescoldo vivo, a la espera de ser reavivado. Hermanos y hermanas, la resurrección de Cristo nos enseña que no hay historia tan marcada por el desengaño o el pecado que no pueda ser visitada por la esperanza».

Evangelio de hoy y lecturas

Primera lectura

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 2, 14. 22-33

 

El día de Pentecostés Pedro, poniéndose en pie junto a los Once, levantó su voz y con toda solemnidad declaró:

«Judíos y vecinos todos de Jerusalén, enteraos bien y escuchad atentamente mis palabras.

A Jesús el Nazareno, varón acreditado por Dios ante vosotros con los milagros, prodigios y signos que Dios realizó por medio de él, como vosotros mismos sabéis, a este, entregado conforme al plan que Dios tenía establecido y previsto, lo matasteis, clavándolo a una cruz por manos de hombres inicuos. Pero Dios lo resucitó, librándolo de los dolores de la muerte, por cuanto no era posible que esta lo retuviera bajo su dominio, pues David dice, refiriéndose a él:

“Veía siempre al Señor delante de mí,
pues está a mi derecha para que no vacile.
Por eso se me alegró el corazón,
exultó mi lengua,
y hasta mi carne descansará esperanzada.

Porque no me abandonarás en el lugar de los muertos,
ni dejarás que tu Santo experimente corrupción.
Me has enseñado senderos de vida,
me saciarás de gozo con tu rostro”.

Hermanos, permitidme hablaros con franqueza: el patriarca David murió y lo enterraron, y su sepulcro está entre nosotros hasta el día de hoy. Pero como era profeta y sabía que Dios “le había jurado con juramento sentar en su trono a un descendiente suyo”, previéndolo, habló de la resurrección del Mesías cuando dijo que “no lo abandonará en el lugar de los muertos” y que “su carne no experimentará corrupción”. A este Jesús lo resucitó Dios, de lo cual todos nosotros somos testigos.

Exaltado, pues, por la diestra de Dios y habiendo recibido del Padre la promesa del Espíritu Santo, lo ha derramado. Esto es lo que estáis viendo y oyendo».

 

Salmo

Salmo 15, 1-2 y 5. 7-8. 9-10. 11 R/. Señor, me enseñarás el sendero de la vida

 

Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti.
Yo digo al Señor: «Tú eres mi Dios».
El Señor es el lote de mi heredad y mi copa,
mi suerte está en tu mano. R/.

Bendeciré al Señor, que me aconseja,
hasta de noche me instruye internamente.
Tengo siempre presente al Señor,
con él a mi derecha no vacilaré. R/.

Por eso se me alegra el corazón,
se gozan mis entrañas,
y mi carne descansa esperanzada.
Porque no me abandonarás en la región de los muertos,
ni dejarás a tu fiel ver la corrupción. R/.

Me enseñarás el sendero de la vida,
me saciarás de gozo en tu presencia,
de alegría perpetua a tu derecha. R/.

 

Segunda lectura

Lectura de la primera carta del apóstol san Pedro 1, 17-21

 

Queridos hermanos:

Puesto que podéis llamar Padre al que juzga imparcialmente según las obras de cada uno, comportaos con temor durante el tiempo de vuestra peregrinación, pues ya sabéis que fuisteis liberados de vuestra conducta inútil, heredada de vuestros padres, pero no con algo corruptible, con oro o plata, sino con una sangre preciosa, como la de un cordero sin defecto y sin mancha, Cristo, previsto ya antes de la creación del mundo y manifestado en los últimos tiempos por vosotros, que, por medio de él, creéis en Dios, que lo resucitó de entre los muertos y le dio gloria, de manera que vuestra fe y vuestra esperanza estén puestas en Dios.

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Lucas 24, 13-35

 

Aquel mismo día (el primero de la semana), dos de los discípulos de Jesús iban caminando a una aldea llamada Emaús, distante de Jerusalén unos sesenta estadios; iban conversando entre ellos de todo lo que había sucedido. Mientras conversaban y discutían, Jesús en persona se acercó y se puso a caminar con ellos. Pero sus ojos no eran capaces de reconocerlo.

Él les dijo:
«¿Qué conversación es esa que traéis mientras vais de camino?».

Ellos se detuvieron con aire entristecido, Y uno de ellos, que se llamaba Cleofás, le respondió:
«Eres tú el único forastero en Jerusalén que no sabes lo que ha pasado allí estos días?».

Él les dijo:
«¿Qué?».

Ellos le contestaron:
«Lo de Jesús el Nazareno, que fue un profeta poderoso en obras y palabras, ante Dios y ante todo el pueblo; cómo lo entregaron los sumos sacerdotes y nuestros jefes para que lo condenaran a muerte, y lo crucificaron. Nosotros esperábamos que él iba a liberar a Israel, pero, con todo esto, ya estamos en el tercer día desde que esto sucedió. Es verdad que algunas mujeres de nuestro grupo nos han sobresaltado, pues habiendo ido muy de mañana al sepulcro, y no habiendo encontrado su cuerpo, vinieron diciendo que incluso habían visto una aparición de ángeles, que dicen que está vivo. Algunos de los nuestros fueron también al sepulcro y lo encontraron como habían dicho las mujeres; pero a él no lo vieron».

Entonces él les dijo:
«¡Qué necios y torpes sois para creer lo que dijeron los profetas! ¿No era necesario que el Mesías padeciera esto y entrara así en su gloria?».

Y, comenzando por Moisés y siguiendo por todos los profetas, les explicó lo que se refería a él en todas las Escrituras.

Llegaron cerca de la aldea adonde iban y él simuló que iba a seguir caminando; pero ellos lo apremiaron, diciendo:
«Quédate con nosotros, porque atardece y el día va de caída».

Y entró para quedarse con ellos. Sentado a la mesa con ellos, tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo iba dando. A ellos se les abrieron los ojos y lo reconocieron.

Pero él desapareció de su vista.

Y se dijeron el uno al otro:
«¿No ardía nuestro corazón mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba las Escrituras?».

Y, levantándose en aquel momento, se volvieron a Jerusalén, donde encontraron reunidos a los Once con sus compañeros, que estaban diciendo:
«Era verdad, ha resucitado el Señor y se ha aparecido a Simón».

Y ellos contaron lo que les había pasado por el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan.

Reflexión

Los discípulos de Emaús caminaban tristes porque esperaban otro final, un Mesías que no conociera la cruz. A pesar de haber oído que la tumba está vacía, son incapaces de sonreír. Pero Jesús está a su lado y, con paciencia, les ayuda a comprender que el dolor no es la negación de la promesa, sino el modo en que Dios ha manifestado la medida de su amor (cf. Lc 24, 13-27). Cuando por fin se sientan a la mesa con Él y parten el pan, se les abren los ojos. Y se dan cuenta de que su corazón ya ardía, aunque no lo sabían (cf. Lc 24, 28-32). Esta es la mayor sorpresa: descubrir que bajo las cenizas del desencanto y del cansancio siempre hay un rescoldo vivo, a la espera de ser reavivado. Hermanos y hermanas, la resurrección de Cristo nos enseña que no hay historia tan marcada por el desengaño o el pecado que no pueda ser visitada por la esperanza. Ninguna caída es definitiva, ninguna noche es eterna, ninguna herida está destinada a permanecer abierta para siempre. Por distantes, perdidos o indignos que nos sintamos, no hay distancia que pueda apagar la fuerza infalible del amor de Dios. (Papa León XIV, Audiencia general, 8 de octubre de 2025)

“La ayuda sólo nos puede llegar del Resucitado”

“La ayuda sólo nos puede llegar del Resucitado”

La barca es símbolo eclesial. En la barca va la semilla de la futura iglesia, nuestra iglesia de hoy, que también es amenazada con frecuencia por la oscuridad del mal y la zozobra de las tormentas de este mundo.

 

 

 

Primera lectura

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 6, 1-7

 

En aquellos días, al crecer el número de los discípulos, los de lengua griega se quejaron contra los de
lengua hebrea, porque en el servicio diario no se atendía a sus viudas.

Los Doce convocando a la asamblea de los discípulos, dijeron:
«No nos parece bien descuidar la palabra de Dios para ocuparnos del servicio de las mesas. Por tanto,
hermanos, escoged a siete de vosotros, hombres de buena fama, llenos de espíritu y de sabiduría, y los encargaremos de esta tarea: nosotros nos dedicaremos a la oración y al servicio de la palabra».

La propuesta les pareció bien a todos y eligieron a Esteban, hombre lleno de fe y de Espíritu Santo, a Felipe, Prócoro, Nicanor, Timón, Parmenas y Nicolás, prosélito de Antioquía, Se los presentaron a los apóstoles y ellos les impusieron las manos orando.

La palabra de Dios iba creciendo, y en Jerusalén se multiplicaba el número de discípulos; incluso muchos sacerdotes aceptaban la fe.

 

Salmo de hoy

Salmo 32, 1-2. 4-5. 18-19 R/. Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros, como lo esperamos de ti.

 

Aclamad, justos, al Señor,
que merece la alabanza de los buenos.
Dad gracias al Señor con la cítara,
tocad en su honor el arpa de diez cuerdas. R/.

La palabra del Señor es sincera,
y todas sus acciones son leales;
él ama la justicia y el derecho,
y su misericordia llena la tierra. R/.

Los ojos del Señor están puestos en quien lo teme,
en los que esperan su misericordia,
para librar sus vidas de la muerte
y reanimarlos en tiempo de hambre. R/.

 

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Juan 6, 16-21

 

Al oscurecer, los discípulos de Jesús bajaron al mar, embarcaron y empezaron la travesía hacia Cafarnaún. Era ya noche cerrada, y todavía Jesús no los había alcanzado; soplaba un viento fuerte, y el lago se iba encrespando.

Habían remado unos veinticinco o treinta estadios, cuando vieron a Jesús que se acercaba a la barca, caminando sobre el mar, y se asustaron.

Pero él les dijo:
«Soy yo, no temáis».

Querían recogerlo a bordo, pero la barca tocó tierra en seguida, en el sitio a donde iban.

 

Evangelio de hoy en vídeo

Reflexión del Evangelio de hoy

Los discípulos en situación de dificultad

Las dos lecturas de hoy nos presentan a los discípulos en situación de dificultad. En la primera lectura se presenta uno de los primeros peligros que hubo en la “barca” de la iglesia primitiva: un conflicto de convivencia entre los cristianos provenientes del judaísmo y los provenientes de los gentiles; estos últimos protestan porque las personas más vulnerables de su comunidad, representadas por la viudas, corren el peligro de ser olvidadas.

La solución está guiada por el Espíritu en comunidad y bendecida por los apóstoles en oración: se crea el servicio a la comunidad, siete personas llenas de espíritu y sabiduría, entre los que destaca san Esteban (hombre lleno de fe y del Espíritu Santo). Comienza así una doble misión de la iglesia: extender la Palabra sin dejar de atender al necesitado. Y fue entonces cuando “incluso muchos sacerdotes aceptaban la fe”.

«Yo soy; no tengáis miedo»

Los discípulos venían del monte donde acababan de presenciar, allá en lo alto, el milagro del pan compartido en la multiplicación de los panes y los peces. Y ahora deciden, siendo ya casi de noche y sin la compañía del maestro, descender al mar y cruzar. Bajan a un mar de dudas, a la noche y al peligro cierto de morir.

Cuando nos alejamos de Jesús nuestras vidas se vuelven oscuras. De noche, en el relato, el tranquilo lago de Tiberiades se convierte en un mar amenazante. Allí en Galilea, de vez en cuando los vientos enfilan por los valles que se abren al lago, y la brisa se convierte en un viento enfurecido que levanta olas de varios metros. El mar es entonces lugar de peligros, símbolo de las fuerzas del mal, incontrolable por el hombre, y la barca se vuelve un juguete a merced de las olas. Cuando no llevamos a Jesús en la barca de nuestras vidas navegamos a oscuras, desorientados, surgen grandes olas que nos llevan donde quieren. Y nos entra el miedo, agotados de remar pero sin avanzar nada.

Estas tormentas de nuestra vida son una prueba, un desafío a nuestra fe. Y por eso son también una oportunidad de crecimiento. En esas olas, empujadas por el viento del Espíritu, desaparece nuestra zona de confort. Nos reconocemos frágiles y vulnerables, necesitados de una ayuda superior.

El relato tiene un sentido pascual. Esa ayuda que necesitamos, solo puede venir de Cristo resucitado, el único que nos quita los miedos, nos salva de la esclavitud del pecado, nos devuelve a la vida, y nos hace libres. El Señor siempre va a nuestro encuentro. En el momento de mayor peligro se acerca a la barca; se nos acerca. El lago de Galilea mide de ancho unos 10 kms, y ellos habían remado 5; estaban lejos de todo, de noche, en medio del caos de las olas. Pero él viene a rescatarnos. El salmo de hoy hace referencia a este cuidado que tiene Dios de nosotros: Los ojos del Señor están puestos en sus fieles, en los que esperan en su misericordia, para librar sus vidas de la muerte.

Y  ¡cómo cambia todo cuando el Señor se acerca! Se presenta ante nosotros, desaparecen las olas, y llega la calma y la serenidad. Y de repente estamos en tierra firme (“en seguida”, dice el texto). El mar deja de ser un mar, y vuelve a  ser un  amable y dulce lago. Tenemos aún miedo de dejarle entrar en nuestros corazones, pero Él nos tranquiliza. Sus palabras, solo dos frases, están llenas de vida. Nos dice lo mismo que dice Dios innumerables veces en las escrituras: no temáis. Y se presenta con el mismo nombre que Dios se da a sí mismo en el antiguo testamento: Soy yo. Con el poder de Dios, Jesús domina y calma las aguas. Camina por encima de ellas como un rey sobre una alfombra, como Señor de la creación.

Y la barca llega al “sitio a donde iban”. A pesar de las dificultades los proyectos de los discípulos fieles a Jesús siempre acaban bien.

La barca es símbolo eclesial. En la barca va la semilla de la futura iglesia, nuestra iglesia de hoy, que también es amenazada con frecuencia por la oscuridad del mal y la zozobra de las tormentas de este mundo.

De esta forma podemos cantar la alegría del salmo: Que la palabra del Señor es sincera, y todas sus acciones son leales; él ama la justicia y el derecho, y su misericordia llena la tierra.

 

 Centro de Predicación Bíblico Pastoral

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