Récord de embarques de trigo en noviembre

Récord de embarques de trigo en noviembre

Récord de embarques de trigo en noviembre

Por Franco Pennino – Matías Contardi – Emilce Terré de la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR)
Una leve tendencia alcista en Chicago durante las últimas semanas le da revancha a los futuros de maíz. Mientras tanto, China sigue siendo el factor principal para el mercado de maíz y los operadores están expectantes a la evolución de anotes.

1- Con 1,2 Mt embarcadas en noviembre, los despachos de trigo duplican el registro del año anterior

Rosario, lunes 1 diciembre (PR/25) — Aún siquiera comenzó oficialmente la campaña de trigo 2025/26 y, aun así, las toneladas que ya se levantaron vienen rompiendo la lógica del comercio internacional del cereal. En base a los datos preliminares de la agencia marítima NABSA, durante noviembre se embarcarían 1,2 Mt de trigo, dos veces y media el volumen del año pasado a esta altura.

Las cosechadoras ya habrían abordado el 33% de la superficie objetivo a nivel nacional, y las abultadas toneladas que bajaron hacia los puertos nutrieron de oferta al mercado exportador, haciendo a la competitividad del precio FOB el caballito de batalla para marcar un récord de exportación incluso antes que comience la campaña.

Sin embargo, a tan auspiciosas cifras cabe agregar un “pero”. Debe señalarse que, en este contexto de grandes rindes, opera una menor presencia de contenido proteico en el cereal cosechado. Tal es así que en la semana pasada se registraron las primeras anotaciones con valores de 10,5%. Este factor viene a influir de forma negativa en el precio pagado por tonelada por los compradores internacionales. En medio de la trama de cotizaciones que no convencían del todo a los productores, el hecho viene a poner un tope a los márgenes por un balance entre precio percibido y grandes volúmenes.

2 – A pesar del bajo nivel de precios, Chicago da una pequeña revancha a las cotizaciones futuras de maíz

La siembra de maíz avanza a paso firme, con el 51% de la superficie nacional ya implantada según SAGyP, las labores corren al mismo ritmo del año pasado y por encima de la media para el último quinquenio. No es novedad que las condiciones iniciales para las labores de siembra de este ciclo 2025/26 han sido excepcionales, y las expectativas de producción son altamente optimistas, siendo que las proyecciones iniciales de GEA BCR rondan las 61 Mt de maíz (ver). Sin embargo, no son solamente los campos nacionales los que están dando que hablar durante esta campaña, sino que, las toneladas que se esperan desde Argentina se sumarían a un mercado global que ya cuenta con niveles de oferta cargados.

En base a las últimas estimaciones del Departamento de Agricultura de los Estados Unidos (USDA), en Norteamérica se habrían levantado 425 Mt, récord absoluto, que, junto con los stocks iniciales para la campaña marcarían un nivel de oferta 10% por encima del ciclo pasado. En Ucrania la producción se recuperó en un 20% respecto a la campaña anterior y vuelve a pisar fuerte en el mercado exportador. En Brasil ya se está sembrando el maíz de primera; las proyecciones preliminares de CONAB esperan una cosecha nacional de 138 Mt, la segunda mejor marca de su historia, apenas un 2% por debajo de la producción de este año.

De materializarse a principios del año que viene las enormes gestas productivas en Argentina y Brasil, la capacidad de exportación del grupo de los cuatro principales exportadores se incrementaría en 20% respecto a la campaña previa, alcanzando la elevada cifra de 264 Mt que podrían llegar a embarcarse luego de abordadas las necesidades internas. Contrastando contra la demanda, sacando a China de la ecuación, los stocks finales a nivel global esperados por el USDA, con una proyección aún conservadora sobre la cosecha argentina para la próxima campaña, se incrementarían en un 8% alcanzando la cifra más alta en seis años, a pesar del aumento en el consumo.

Justamente, este escenario de abultados niveles de oferta es lo que explica el actual escalón en el cual se negocian los precios por el maíz. En Chicago el contrato más operado ronda tímidamente los USD 170/t, y durante gran parte del año se negoció en torno a niveles mínimos desde el 2020. 

Sin embargo, analizando el corto plazo, más allá del nivel de precios actual, el contrato de maíz en Chicago y la curva de futuros del cereal en general, se ha venido desplazando hacia arriba en una suerte de tendencia ligeramente alcista de las últimas semanas. Leves ajustes positivos en el precio reflejan principalmente la intensidad de la demanda externa por las atractivas cotizaciones del maíz en Estados Unidos, a los cuáles se les suma problemas logísticos y de humedad que están atravesando los granos ucranianos para poder despachar en puerto.

Esta coyuntura impulsó tímidamente el contrato de referencia para las fijaciones de precios FOB de maíz argentino, siendo que el embarque a partir de abril del 2026 sobre los puertos del UP-River se negocian en torno a los US$ 200/t. En base a esto, hoy el contrato de futuros local en A3 cotiza entre US$ 184 a US$ 181/t, 3% más que el año pasado a esta altura (ajustando las cotizaciones del año pasado por el efecto del tipo de cambio exportador sobre el visor de precios futuros).

De comparar el precio relativo entre el mercado de futuros local y el de Chicago, desplazando los efectos de diferentes niveles de retenciones, el basis actual es el tercero más alto de la última década para el contrato de maíz temprano en Argentina, solo por detrás del año pasado y del 2020 a esta altura. Actual nivel de precios relativos que en parte se explica por los números de oferta preliminares que manejan los principales organismos internacionales y los cuáles siguen de cerca los operadores. De los tres más relevantes, solo el International Grains Council (IGC) proyecta una cosecha cercana las 60 Mt, mientras que FAO y USDA se posicionan entre 52 y 53 Mt para la 2025/26 en Argentina. El paso del tiempo y la evolución de las condiciones de los cultivos implantados en los campos locales será clave para las estimaciones del cuadro de oferta global y el nivel de precio del maíz, sobre todo si aún el mercado no descuenta una producción récord en nuestro país.

Mientras tanto, la relevancia de los planteos tempranos es marcada inclusive en las cotizaciones futuras. Entre las cosechas 2020/21 a 2023/24, la diferencia entre el precio negociado a esta altura para el contrato de abril respecto a julio (maíz temprano vs maíz tardío) fue de un 10% en promedio, factor que se explica directamente por el lado de la oferta, ya que se junta las toneladas que se cosechan en Argentina con las del maíz safrinha en Brasil. Ahora mismo, la diferencia entre las cotizaciones de los planteos tempranos contra tardíos es significativamente menor, de tan solo un 2,3% y explicado por las altas expectativas de oferta a partir de marzo en el mercado local.

3- Soja: en Chicago siguen al pendiente de las compras chinas

Luego de la cumbre entre Trump y Xi-Jinping el pasado 30 de octubre en Corea del Sur, los importadores chinos han cerrado compras de soja norteamericana por solo 1,9 Mt. El ritmo de negocios entre ambas potencias corre demasiado lento teniendo en cuenta la promesa de 12 Mt hacia fin de año que había afirmado la Casa Blanca. Durante el lunes de esta semana, tuvo lugar una comunicación telefónica entre ambos protagonistas, en la cual el presidente norteamericano habría incitado a su par chino para acelerar las operaciones de soja. Según los rumores del sector, relevado por Reuters, desde el martes se cerraron entre 10 a 15 buques más, agregando posiblemente entre 750.000 a 813.000 toneladas de soja.

La coyuntura actual vuelve a dejar un mercado internacional partido, un origen barato y otro caro, con la salvedad de que la situación es la inversa a lo que ocurría previo a la tregua. Ahora es Brasil el origen más barato y con diferencia, US$ 20/t menos, un 4% por debajo del Golfo de México. Se da una suerte de mercado comprador cautivo en la medida que importadores chinos se vuelquen a comprar porotos norteamericanos con el objetivo de honrar el volumen prometido, lo que mantiene el nivel actual de cotizaciones. El futuro del nivel de precios dependerá de la conjugación entre dos variables claves, la cantidad de toneladas que compre China, y la ventana de tiempo en la que lo haga. Entre más se acerque a lo prometido luego de la tregua, entonces el mercado tendrá más factores para convalidar un nivel de precios alto, como los US$ 425/t de la semana pasada.  En caso contrario, si el mercado descuenta cada vez más improbable que los asiáticos cumplan con el objetivo a corto plazo de las 12 Mt, entonces las cotizaciones tenderían a caer, ya que los porotos norteamericanos deberían de competir contra los brasileros para colocarse en otros destinos, tendiendo a una convergencia en las cotizaciones.

El contrato más operado en Chicago promedió US$ 414/t en la semana, US$ 11/t menos que el pico de la semana pasada, justamente debido a las decepciones por el nivel de compras de soja por parte de China. Al mismo tiempo, el precio de la harina de soja copió exactamente la misma tendencia, ajustando en un 3% respecto al máximo del 17 de noviembre. La dinámica del precio de la soja en CBOT afecta directamente al precio de exportación de la harina de soja, uno de los principales determinantes del precio para la oleaginosa en el mercado argentino (ver).

Primicias Rurales

Fuente: BCR

¿La solución está en la Antártida? la startup que investiga microrganismos “extremófilos” para mejorar el rendimiento de los cultivos

¿La solución está en la Antártida? la startup que investiga microrganismos “extremófilos” para mejorar el rendimiento de los cultivos

Buenos Aires, miércoles 26 noviembre (PR/25) — Las investigaciones de Nunatak Biotech en la Antártida abren una puerta inédita para la agricultura argentina: el uso de microorganismos extremófilos para aumentar la resiliencia y el rendimiento de cultivos como el maíz.

Mensa detalló que estos microorganismos “extremófilos” presentan mecanismos naturales de resistencia que pueden transferirse a cultivos tradicionales a través de bioinsumos.

El objetivo es ayudar a las plantas a tolerar mejor sequías, olas de calor y otras consecuencias del cambio climático que ya afectan a la producción agrícola argentina“La naturaleza tiene las respuestas; nosotros las estamos llevando al campo”, explicó durante la entrevista.

 

Según Mensa, este enfoque no sólo aporta mayor rendimiento sino que además contribuye a una agricultura más sustentable, alineada con la demanda global de tecnologías limpias. Su trabajo incluso llamó la atención de aceleradoras e inversores de Silicon Valley.

La participación de Mensa en Agroleaks, conducido por Carola Urdangarin, Aramis Glauber y Tomás Rivas en Neura Media, puso en agenda la oportunidad de que Argentina lidere innovaciones biotecnológicas basadas en sus propias capacidades científicas.

Para la CEO, el desafío es claro: “Si queremos transformar la agricultura, tenemos que animarnos a probar nuevas soluciones”.

 

 

Primicias Rurales

Fuente: Agrolink

Con biotecnología buscan conservar el algarrobo blanco

Con biotecnología buscan conservar el algarrobo blanco

Un equipo de especialistas del INTA avanza en el desarrollo de microinjertos ‘in vitro’, una técnica que combina herramientas del injerto tradicional y el cultivo de tejidos vegetales para asegurar la multiplicación de uno de los árboles más emblemáticos de los ecosistemas del Gran Chaco y el Espinal.

 

Buenos Aires, miércoles 26 noviembre (PR/25) — En estos ecosistemas, el algarrobo blanco (Neltuma alba) es una especie clave, tanto por su función ecológica como por su valor económico y cultural.

Provee madera, frutos y sombra, y constituye un elemento estructural esencial de los bosques nativos. Sin embargo, la deforestación y la sobreexplotación redujeron drásticamente sus poblaciones naturales y dificultan su regeneración.

Frente a este panorama, la biotecnología se presenta como una herramienta estratégica para conservar y propagar la especie. Entre las técnicas más innovadoras se encuentra el microinjerto in vitro, que integra principios del injerto tradicional con el cultivo de tejidos vegetales en condiciones de laboratorio.

 

 

“El procedimiento consiste en utilizar plántulas jóvenes de apenas 12 días como portainjertos, sobre las cuales se colocan pequeñas yemas laterales recolectadas de ramas de árboles adultos”, explicó Edgardo Carloni, especialista del Instituto de Fisiología y Recursos Genéticos Vegetales (IFRGV) del INTA, y agregó: “En condiciones controladas de cultivo, estas estructuras se unen y comienzan a interactuar fisiológicamente, dando origen a nuevas plantas”.

El éxito del microinjerto depende de varios factores biológicos. El equipo del IFRGV determinó que la estación del año, el tipo de portainjerto y el uso de reguladores de crecimiento son determinantes para optimizar los resultados.

“Realizar los microinjertos en primavera triplica la probabilidad de brotación respecto al verano”, ejemplificó Carloni. Además, las plántulas cultivadas en oscuridad, utilizadas como portainjertos y conocidas como “etioladas” duplican la tasa de éxito frente a plántulas no etioladas. El uso de reguladores de crecimiento como el ácido indol-3-butírico (IBA) también aumenta significativamente la supervivencia de las plántulas durante la aclimatación.

 

Una alternativa con futuro

Los avances en microinjertación in vitro consolidan esta técnica como una alternativa prometedora para complementar los métodos tradicionales de propagación vegetativa del algarrobo blanco. Al garantizar la multiplicación de ejemplares adultos, se preservan los recursos genéticos de una especie clave para el equilibrio de los ecosistemas y con un fuerte arraigo cultural y productivo en el norte argentino.

 

 

“En un contexto de presión creciente sobre los bosques nativos, estas herramientas biotecnológicas ofrecen soluciones concretas para la recuperación de especies estratégicas para el territorio”, destacó Carloni.

Primicias Rurales

Fuente: INTA Informa

ACA-Agroexportación: La gema de la balanza comercial argentina

ACA-Agroexportación: La gema de la balanza comercial argentina

DIyEE – Bolsa de Comercio de Rosario  (BCR)
A fin de medir el desempeño del último eslabón de la cadena, el subíndice de exportaciones busca cuantificar la dinámica de las ventas externas de los complejos agropecuarios, influenciadas por los precios mundiales, la producción y las políticas internas.

Rosario, martes 25 noviembre (PR/25) — El subíndice de exportaciones agroindustriales (IACA – Agroexportación) da seguimiento a la actividad generada por las exportaciones mensuales de los principales complejos agropecuarios de nuestro país, a saber: complejo avícola, complejo carne y cueros bovinos, complejo cebada, complejo girasol, complejo lácteo, complejo maíz, complejo porcino, complejo soja y complejo trigo (para más información sobre su elaboración, se puede acceder al documento metodológico).

Debido a que para su elaboración se considera el valor de las exportaciones mensuales, su desempeño se ve fuertemente afectado por las fluctuaciones de los precios en el mercado internacional.

También impacta de manera directa las variaciones en la producción y el consumo interno, dado que determinan el saldo exportable, así como también las distintas variables de política económica aplicadas a lo largo de los años. Como resultado, se pueden distinguir diferentes etapas de acuerdo con su evolución tendencial desde el comienzo de la serie en enero de 2002.

La primera etapa muestra una notable tendencia alcista desde enero de 2002 hasta septiembre de 2011, cuando el índice de exportaciones de los complejos agroindustriales (EXPCA) registró un crecimiento promedio mensual del 1%. Sin embargo, durante el transcurso de casi una década se sucedieron eventos y políticas económicas que impactaron de forma diversa sobre las ventas externas del sector.

Hacia comienzos del período, se destaca la salida del sistema de convertibilidad y la gran crisis macroeconómica que afrontó nuestro país, que llevó a que se restituyeran los derechos de exportación (DEX) en febrero de 2002, los cuales habían sido reducidos e incluso eliminados para algunos productos en la década del ’90. Sin embargo, la medida que más se destacó en esta época fue sin duda el incremento en el tipo de cambio, que se posicionó en niveles más competitivos tras la salida del 1 a 1. A ello se le sumó un notable aumento de precios en el mercado internacional de materias primas, que causó una importante expansión de la producción agrícola, específicamente en cuanto a la producción intensiva de cultivos.

A inicios de 2006, se creó el Registro de Operaciones de Exportaciones (ROE) para la carne bovina, con el objetivo de restringir la cantidad de carne enviada al exterior, mientras que también comenzaron a implementarse restricciones cuantitativas a las exportaciones de otros productos, como fueron el trigo, el maíz y la leche.

En algunas ocasiones, el gobierno decidió incluso prohibir la exportación de algunos productos, como la carne bovina en 2006 y el trigo en 2007. Asimismo, en enero de 2007, se incrementaron nuevamente los DEX para el complejo soja, y meses más tarde se modificó todo el esquema.

Sin embargo, entre 2006 y 2008, los precios internacionales de los commodities agrícolas alcanzaron niveles tan elevados que provocaron lo que se denominó el “boom de la soja”, valorizando las exportaciones del sector agroindustrial hasta niveles sin precedentes. Esto resultó en valores históricamente elevados de las ventas externas hacia mediados de 2008.

Durante ese mismo año, no obstante, se desató una profunda crisis en el sector agropecuario, signada principalmente por el conflicto de lo que se conoció como “la Resolución 125”, que buscaba implementar un sistema móvil de derechos de exportación para trigo, maíz y los complejos de soja y girasol, elevando la carga tributaria hasta niveles insólitos.

Esto impactó por completo en la dinámica comercial del sector, con una paralización de la comercialización de granos por aproximadamente 120 días. Adicionalmente, en mayo de ese mismo año, se implementó el ROE Verde (ROE de granos y subproductos agrícolas), que funcionaba como un régimen de licencias de exportación con autorización previa, el cual requería la acreditación de un contrato de venta externa en firme.

El conjunto de estas medidas económicas tuvo sin dudas un enorme impacto en las intenciones de producción, lo que se vio incluso agravado por la gran sequía de la campaña 2008/09 y con la crisis internacional que contrajo los precios mundiales de los alimentos y de las materias primas. Como resultado, el valor de las exportaciones de los principales complejos agropecuarios se desplomó durante el año 2009.

Luego de este episodio las exportaciones lograron recuperarse, impulsadas por una producción agrícola que logró incrementarse más del 50%, dejando atrás la sequía. De esta manera, la normalización climática y el repunte de los precios agrícolas mundiales, que rebotaron tras la crisis, permitieron una recuperación rápida.

El índice retornó entonces a niveles previos a la caída, aunque la tendencia de largo plazo comenzó a aplanarse hacia 2013, reflejando los límites de expansión bajo un marco de política comercial con diversas intervenciones.

En este sentido, a partir del año 2011, la tendencia de largo plazo de las exportaciones se lateralizó, intercalando períodos a la baja y al alza, pero sin un patrón claro. Entre octubre de 2011 y agosto de 2018, la variación mensual promedio del índice EXPCA fue de -0,7%. Posteriormente, hasta abril de 2022, la tasa de crecimiento mensual promedio fue del 1,4%, alcanzando un máximo histórico en aquel mes, producto de un fuerte incremento en el precio de las materias primas tras desatarse la guerra entre Rusia y Ucrania.

Desde entonces hasta el último mes con datos disponibles, la tasa mensual promedio volvió a posicionarse en terreno negativo, siendo del -0,6%.

Durante este período que se extiende por casi 15 años, se intercalaron sucesivamente diversas políticas económicas que no lograron definir un rumbo claro.

Por un lado, hasta el año 2015, se destacó la persistencia de cupos y permisos de exportación, las retenciones y la pérdida de competitividad cambiaria. Hacia fines de 2015 se produjo un giro en la política agroexportadora con la asunción de un nuevo gobierno: se eliminaron los ROE, se redujeron e incluso eliminaron los DEX, y se liberalizaron los mercados.

Esto generó una recomposición del flujo exportador, particularmente en cereales y carne bovina.

Sin embargo, en 2018, una fuerte sequía recortó la cosecha de granos y una nueva crisis en el mercado cambiario impulsó el retorno de los DEX generalizados, impactando en la comercialización de materias primas.

A pesar de ello, hacia fines de 2019 y una vez transcurrida la sequía, la producción logró normalizarse y los volúmenes exportados volvieron a crecer, acompañados principalmente por el auge de la demanda china de carne bovina y porcina.

Posteriormente, la pandemia de COVID-19 generó disrupciones logísticas, aunque el comercio agroindustrial argentino se mantuvo operativo y mostró una rápida adaptación de la cadena exportadora.

Los precios internacionales inicialmente cayeron, pero a partir del segundo semestre de 2020 comenzaron a recuperarse con fuerza, apuntalando el valor de las ventas. A la par, se registró un fuerte incremento de los envíos de carne bovina, con China absorbiendo cerca del 75% del total.

Pero a finales de 2021, el gobierno anunció la implementación de volúmenes de equilibrio para el trigo pan y el maíz en grano, con el objetivo de asegurar la mercadería para satisfacer la demanda interna, lo que moderó el crecimiento en las exportaciones.

Algunos meses más tarde, en febrero de 2022, la guerra entre Rusia y Ucrania, dos grandes proveedores de materias primas a nivel mundial, impulsó una suba extraordinaria de los precios internacionales por miedo al desabastecimiento, llevando al índice de exportaciones de complejos agroindustriales a alcanzar niveles sin precedentes.

Pero el ciclo 2022/23 volvió a marcar un retroceso profundo, cuando tres años consecutivos de lluvias por debajo de la media provocaron un inmenso recorte de la producción agrícola, reduciendo las exportaciones agroindustriales a mínimos en años. A esto se sumó el impacto sanitario de la influenza aviar, que interrumpió temporalmente el comercio exterior de productos avícolas.

A partir del 2024, la regularización del régimen de lluvias dio paso a cosechas más favorables, y con ello, el índice muestra una recuperación, aunque aún lejos de los máximos históricos. En este sentido, los derechos de exportación sobre granos y derivados continúan afectando la competitividad relativa de los complejos agropecuarios, con vaivenes comerciales que dificultan la toma de decisiones a largo plazo.

A pesar de ello, el complejo agroindustrial continúa siendo el responsable de 60% del ingreso de divisas al país la base estructural del comercio exterior argentino.

Primicias Rurales

Fuente: BCR Informativo Semanal

Las reglas de juego cambiantes impuestas por los diferentes gobiernos a lo largo de las últimas décadas tuvieron un duro impacto en el sector agropecuario productivo y eso se siente ahora

Las reglas de juego cambiantes impuestas por los diferentes gobiernos a lo largo de las últimas décadas tuvieron un duro impacto en el sector agropecuario productivo y eso se siente ahora

Evolución histórica del Índice de Actividad de la Cadena Agropecuaria de la Bolsa de Comercio de Rosario
DIyEE – Bolsa de Comercio de Rosario (BCR)
El IACA-BCR recorre tres décadas del sector agropecuario argentino, identificando períodos de crecimiento sostenido, desaceleración y tramos de alta volatilidad, donde inciden el contexto internacional, el clima y las políticas macroeconómicas.

A partir del comportamiento del IACA-BCR, se pueden distinguir tres períodos en la evolución del sector agroindustrial en Argentina durante los últimos 30 años.

 

 

1.    Primer período: 1993 – 2002

Esta primera etapa muestra un crecimiento sostenido de la actividad agropecuaria en nuestro país, evidenciado por un incremento promedio mensual del 0,5% del IACA, el cual puede atribuirse a diversos factores.

Uno de ellos refiere a la introducción en nuestro país, a partir de 1991, de organismos genéticamente modificados (OGM) de soja, maíz, girasol y algodón. Las principales características introducidas fueron la tolerancia a herbicidas y la resistencia a insectos, lo que implicó un abaratamiento de los costos de producción y la consecuente expansión del área cultivada.

Otro aspecto fundamental de la década de 1990 fue la introducción de la siembra directa, una práctica que en nuestro país tiene su máxima expresión. La siembra directa permitió producir sin degradar el suelo, mejorando en muchos casos las condiciones físicas, químicas y biológicas del mismo, mientras logró hacer un uso más eficiente del agua.

La combinación de la práctica de siembra directa y la implantación de semillas genéticamente modificadas permitió maximizar el potencial productivo de las semillas, logrando elevar y extender la frontera agropecuaria.

En esta época se destaca asimismo la introducción del silo bolsa, un desarrollo importantísimo en lo que refiere a la conservación de forrajes y granos. Este innovador sistema de almacenamiento permitió atender lo que no se lograba cubrir con almacenaje fijo, posibilitando que el productor mejore los tiempos de venta de su producción, a un costo relativamente bajo. Además, el uso del silo bolsa permitió un ahorro de fletes, evitando contratar transporte en épocas de fuerte estacionalidad.

En materia de transporte y logística, en la década de 1990 esta Bolsa de Comercio de Rosario impulsó el concesionamiento de las tareas de dragado y señalización del canal de navegación troncal del Paraná, en el tramo comprendido entre Santa Fe y la zona de aguas profundas del Río de la Plata, logrando que el Poder Ejecutivo Nacional lanzara una licitación internacional y se adjudicara en 1995.

Como consecuencia, las mejoras en la navegación se tradujeron en importantes inversiones en el Complejo Industrial Oleaginoso y sus terminales portuarias y ante todo en menores fletes marítimos, favoreciendo ampliamente la operatoria de los puertos fluviales y permitiendo que las cargas ganaran competitividad.

Todo ello tuvo un beneficio directo para los productores de bienes exportables, principalmente de materias primas agrícolas y manufacturas de origen agropecuario, dado que representaban la mayor parte de los embarques fluviales.

En materia tributaria, se destaca que durante la década de 1990 se eliminaron los derechos de exportación (DEX) sobre todos los cereales y la carne bovina, de la mano de una política de total apertura de la economía.

Únicamente la soja y el girasol continuaron alcanzados por una alícuota del 3,5% a lo largo de toda la década, con un diferencial arancelario del 1% en favor de las harinas y aceites.

Es importante destacar que, en esta década, también hubo un retraso paulatino en el tipo de cambio y bajos precios internacionales de carnes y granos, lo que trajo como consecuencia un fuerte endeudamiento bancario y comercial de los pequeños y medianos productores agropecuarios.

Por otra parte, la disolución de la Junta Nacional de Granos y la liberación del comercio de granos, impulsaron notablemente la actividad del mercado físico de granos de Rosario, lugar donde se concentra gran parte de la producción y exportación del país.

La liberación del comercio de granos y de la negociación, compensación y liquidación de los contratos en dólares, producto de la convertibilidad, impulsó asimismo una recuperación de los mercados de futuros.

Como consecuencia, todas estas medidas llevaron a que la agricultura se expandiera con rapidez en campos previamente dedicados a la producción pecuaria, trasladando la ganadería desde la zona pampeana hacia otras regiones de menor productividad.

Se estima que aproximadamente 13 millones de hectáreas dedicadas a la ganadería y lechería fueron volcadas a la agricultura, debido principalmente a la mayor rentabilidad que ofrecía esta última actividad y una mayor simplicidad en las explotaciones, especialmente en los cultivos extensivos. (Passaniti, 2011)

Finalmente, hacia finales de este período bajo análisis, con la salida del sistema de convertibilidad y la gran crisis macroeconómica que afrontó nuestro país, se restituyeron los DEX en febrero de 2002 con un fuerte aumento en el tipo de cambio.

 

2.    Segundo período: 2003 – 2007

Esta segunda etapa también advierte un importante crecimiento para el sector agropecuario, en la cual el IACA muestra un incremento promedio incluso superior a la etapa anterior, que asciende al 0,8% mensual. En este período se destaca que, a partir del año 2003, Argentina se benefició de precios relativos favorables en el mercado internacional de materias primas y de un tipo de cambio más alto en términos relativos, lo que causó una expansión de la producción agrícola, específicamente en cuanto a producción intensiva de cultivos.

Entre 2006 y 2008, los precios internacionales de los commodities agrícolas alcanzaron niveles récords, provocando un fenómeno que se denominó el “boom de la soja”, el cual generó en la región de Rosario un excedente de riqueza importante.

Esta sustancial mejora en las cotizaciones respondió a varios factores: una demanda mundial que superaba la oferta de varios productos, un crecimiento del consumo de China y países del sudeste asiático, la suba del precio del petróleo que aumentó el interés por los combustibles alternativos (entre ellos, los biocombustibles), la actuación de los fondos especulativos que encontraron en las materias primas agrícolas un refugio para sus inversiones, entre otras.

Todo esto generó una suba de precios que treparon a niveles elevados, pero que comenzaron a deteriorarse cuando los principales actores que impulsaron las subas se retiraron del mercado a raíz de la crisis financiera internacional.

Adicionalmente, en la primera década del siglo, se hicieron más visibles diversos cambios que venían advirtiéndose desde hacía años en la producción agropecuaria argentina y en el sistema de comercialización propiamente dicho.

En este sentido, se destaca el auge de la agricultura de escala y las innovaciones en las formas de producción y gestión de la empresa agrícola, que derivaron en una concentración del número de explotaciones, con un fuerte crecimiento de las áreas sembradas, principalmente en el norte del país.

En este mismo período, después de la crisis de 2001, se produjo una expansión del stock ganadero, así como un aumento de la producción de carne bovina. No obstante, en el año 2005, los precios de la carne bovina registraron un súbito aumento, producto de la fiebre aftosa en Brasil y del mayor consumo interno. Con el fin de frenar este incremento de precios en las góndolas, ese mismo año el gobierno decidió aumentar los DEX de un 5% a un 15%, mientras que fijó precios sugeridos desde abril de 2006 hasta mayo del 2007 para los 12 cortes de mayor consumo popular.

Al mismo tiempo, a inicios de 2006, se creó el Registro de Operaciones de Exportaciones (ROE) para la carne bovina, con el objetivo de restringir la cantidad de carne enviada al exterior, mientras que también comenzaron a implementarse restricciones cuantitativas a las exportaciones de otros productos, como fueron el trigo, el maíz y la leche

En algunas ocasiones, el gobierno decidió incluso prohibir la exportación de algunos productos, como la carne bovina en 2006 y el trigo en 2007. Asimismo, en enero de 2007, se incrementaron nuevamente los DEX para el complejo soja, y meses más tarde se modificó todo el esquema.

 

3.    Primer período: 2008 – actualidad

Este último período muestra un estancamiento en la actividad del sector agropecuario, evidenciado por una tasa de cambio mensual promedio del 0,07% del IACA. Este comportamiento responde a una serie de políticas económicas que, si bien comenzaron a aplicarse a partir de 2002, se intensificaron desde 2008.

En este sentido, quizás lo más destacable de este período se relaciona con la modificación del esquema de los DEX, que tuvo lugar en marzo de 2008 y se conoció como “la Resolución 125”. Esta modificación consistía en un sistema móvil de derechos de exportación para trigo, maíz y los complejos de soja y girasol, que en el momento de su anuncio elevaba la carga tributaria hasta niveles insólitos: 48,7% para la soja, 41,2% para el girasol, 36,4% para el maíz y 28,8% para el trigo.

Su aplicación motivó la paralización de la comercialización de granos por aproximadamente 120 días, luego de los cuales el Senado resolvió derogar la Resolución 125 y el Ministerio de Economía restableció el régimen de DEX fijos, con los aranceles vigentes a marzo de 2008.

Hacia finales de 2008, incluso, el gobierno resolvió reducir la carga sobre el trigo y el maíz, en medio de una severa sequía que afectó gravemente la producción.

En mayo de ese mismo año, se implementó el ROE Verde (ROE de granos y subproductos agrícolas), que funcionaba como un régimen de licencias de exportación con autorización previa, el cual requería la acreditación de un contrato de venta externa en firme.

Este instrumento buscaba garantizar un excedente del consumo doméstico, por lo que una vez estimado ese consumo, las autoridades emitían permisos para la exportación del excedente. Esto supeditó la apertura o cierre de ventas al exterior de productos agropecuarios a formas de cálculo que fueron variando tanto en lo que respecta al cupo que le correspondía a cada empresa como a la forma de su determinación para la cosecha presente o la futura.

La introducción del ROE Verde trajo aparejado gran incertidumbre en las transacciones, lo que, combinado con el efecto de los DEX, generó presión sobre los precios de los productores, desencadenando una menor producción en los años siguientes. Debido a la combinación de estas políticas junto con la gran sequía de la campaña 2008/09, los datos del IACA indican una contracción de la actividad agropecuaria del 27,4% entre febrero de 2008 y mayo de 2009.

En lo que respecta al sector ganadero, las políticas implementadas desde el año 2005 con el fin de garantizar precios bajos para el consumo interno generaron desincentivos a la producción de carne. De hecho, durante 2008 y 2009, los precios de la hacienda en Argentina fueron tan bajos comparados con otros países del Mercado Común del Sur (MERCOSUR) que terminó generando una rentabilidad negativa para el sector.

Como consecuencia, en 2009 se aceleró la liquidación de cabezas, lo que provocó una consiguiente caída del stock bovino.

Posteriormente, en el año 2012 se creó el Registro Único de Operadores de la Cadena Comercial Agropecuaria (RUCA), que convirtió al registro en una matrícula para ejercer el comercio.

Debido a que las restricciones a la comercialización y exportación de productos agropecuarios tomaron más fuerza aquel año, en los primeros seis meses de 2012 el IACA registra una importante contracción, en torno al 13%.

De esta manera, las mencionadas políticas aplicadas hasta 2015, entre las que se puede añadir también los controles al tipo de cambio, generaron una fuerte presión en el sector que impactó en la rentabilidad y en el ingreso de los productores, reduciendo los incentivos para la inversión y adopción de nuevas tecnologías.

En diciembre de 2015, la llegada de un nuevo gobierno introdujo grandes cambios en la política agrícola.

Entre ellos, se destaca la eliminación de las restricciones a la exportación y la desregularización del mercado cambiario, así como la eliminación de las retenciones a las exportaciones de todos los productos, a excepción de la soja y los subproductos, cuya alícuota iría descendiendo un 0,5% mensual a partir de enero de 2017.

A partir de aquel año, se destaca un notable incremento de la exportación de carne bovina, principalmente a China, de la mano de un crecimiento sostenido de la producción de carne debido al aumento del peso de faena.

No obstante, luego de una fuerte volatilidad en el mercado cambiario a finales de agosto de 2018, el gobierno suspendió la reducción progresiva de retenciones al complejo sojero y se restauraron los DEX sobre los demás productos. Posteriormente, en diciembre de 2019, una nueva gestión en el gobierno nacional elevó los DEX.

En marzo de 2020, a través del Decreto 230/2020, se incrementó nuevamente la alícuota para los DEX del complejo soja, mientras que se redujeron los DEX sobre gran parte de los productos agroindustriales referentes a las denominadas economías regionales.

Se implementó asimismo una “redistribución solidaria” mediante reintegros a los pequeños productores de soja, con cosechas menores a las 1.000 toneladas.

Más de dos años después, con el Decreto 131/2022 de marzo del 2022, se eliminó el diferencial de DEX para los subproductos industriales del complejo soja hasta que, a principios de 2023, el decreto perdió vigencia y se volvió al esquema tributario previo.

En medio de estas modificaciones, en diciembre de 2021, el entonces Ministerio de Agricultura, Ganadería y Pesca (MAGyP) anunció la implementación de volúmenes de equilibrio para el trigo pan y el maíz en grano, con el objetivo de asegurar la mercadería para satisfacer la demanda interna.

Adicionalmente, entre septiembre de 2022 y diciembre de 2023, en un contexto de control del tipo de cambio, el gobierno anunció sucesivos “Programas de Incremento Exportador”, que consistían en establecer tipos de cambio diferenciales para el sector agropecuario.

No obstante, cada programa era por tiempo limitado y se diferenciaba del anterior en términos de alcance y tipo de régimen: los primeros establecían un tipo de cambio fijo más alto que el oficial, en tanto que desde septiembre de 2023 en adelante el esquema pasaba a ser variable según la cotización del dólar oficial y el dólar financiero.

Finalmente, tras la asunción de un nuevo gobierno en mayo de 2024, se estableció un “dólar exportador”, permitiendo a los exportadores liquidar el 80% de sus divisas al tipo de cambio oficial y el restante 20% al contado con liquidación (CCL), abarcando a todos los productos con Nomenclatura Común del Mercosur (NCM).

Esta medida tuvo lugar hasta abril de 2025, cuando la introducción de un nuevo esquema cambiario de flotación entre bandas unificó el tipo de cambio. El gobierno entrante, asimismo, dio por terminado el sistema de volúmenes de equilibrio para el trigo y el maíz.

Más tarde, en febrero de 2025, a través del Decreto 38/2025, estableció la baja temporal de retenciones hasta junio de 2025 y la eliminación definitiva de las retenciones a las economías regionales. Sumado a ello, hacia finales de septiembre de 2025 el Decreto 682/2025 eliminó temporalmente las retenciones a los granos y subproductos hasta el 31 de octubre del mismo año o hasta acumular USD 7.000 millones en DJVE, de manera que el mismo tuvo vigencia únicamente dos días.

Paralelamente, el Decreto 685/2025 redujo a 0% las retenciones para animales vivos y productos cárnicos hasta el 31 de octubre de 2025.

Otro punto por destacar de este período tiene que ver con dos severas sequías que atravesó nuestro país en la última década.

En el primer caso, se trata de la campaña 2017/18, en la cual la escasez de agua dejó como saldo una reducción del 25% en la producción de granos, según estimaciones propias.

La segunda gran sequía se registró durante la campaña 2022/23, con una reducción del 38% en la producción de granos, equivalente a un recorte de 50 Mt, luego de registrarse tres años consecutivos de lluvias por debajo de la media.

Estos sucesos se ven reflejados en el IACA, que evidencia una caída del 23,4% entre julio de 2017 y abril de 2018, en tanto la contracción es del 31,5% entre noviembre de 2021 y mayo de 2023. La contracara de la última gran sequía fue una faena récord en junio de 2023, impulsada por la escasez de pasturas y granos para forraje.

En resumen, el sector agropecuario de nuestro país ha estado sujeto a una política cambiante a lo largo de las últimas décadas, en las que se han alternado períodos de apertura comercial y estabilidad macroeconómica, con otros de fuertes restricciones al comercio.

Las reglas de juego cambiantes impuestas por los diferentes gobiernos a lo largo de las últimas décadas tuvieron un claro impacto en el sector, afectando la producción, la rentabilidad y las inversiones de los productores.

Primicias Rurales

Fuente: BCR Informativo Semanal

Los productos que lideran la generación genuina de divisas de la economía argentina son los más castigados

Los productos que lideran la generación genuina de divisas de la economía argentina son los más castigados

Valor Soja por Valor Soja

En primer lugar se ubicó la harina de soja, que tiene un derecho de exportación del 24,5%, mientras que el segundo lugar fue para el poroto de soja, que es castigado con una retención del 26,0%. Y el tercero fue para el aceite de soja, que está gravado con una alícuota del 24,5%.

Ese solo dato –insólito para un extranjero que habita un país normal– bastaría para explicar el problema recurrente de crisis cambiarias que experimenta la Argentina.

En los primeros diez meses de 2025 la balanza comercial de la Argentina generó un superávit de 6846 millones de dólares, lo que representa una cifra limitada no sólo con respecto al potencial exportador del país, sino también en cuanto a las necesidades urgentes de recomposición de las reservas internacionales del Banco Central (BCRA).

El sector agroindustrial en general y el oleaginoso en particular no sólo lideran el ranking de exportaciones, sino también el del balance cambiario del BCRA, dado que –a diferencia de otros sectores exportadores– consume muy pocas divisas.

El balance cambiario neto del sector “oleaginosos y cereales” en los primeros nueve meses de 2025 (último dato oficial disponible) fue de 29.323 millones de dólares, mientras que el del rubro minero fue de 4832 millones y el de la industria automotriz de -7465, es decir, consumió más divisas de las que generó.

Entre enero y septiembre de este año el sector de petróleo y gas registró una balanza cambiaria de 8039 millones de dólares, cifra que, si bien tiene posibilidades de seguir creciendo, se encuentra muy lejos de la capacidad de generación de divisas del agro.

La exportación de petróleo tiene una retención móvil que se ubica en cero cuando el precio internacional del barril es de 45 dólares y en 8,0% cuando supera los 60 dólares, como sucede en la actualidad. Recientemente el gobierno de Javier Milei firmó un acta acuerdo con la provincia hidrocarburífera de Chubut en el cual se compromete a revisar ese impuesto.

Primicias Rurales

Fuente: Valor Soja