La clasificación de riesgo de deforestación de la Unión Europea, un instrumento controvertido

La clasificación de riesgo de deforestación de la Unión Europea, un instrumento controvertido

Por Patricia Bergero y Julio Calzada de la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR)
Un análisis de los puntos críticos del sistema. Más allá de la clasificación de riesgo de los países, la clave para la competitividad de los proveedores estará en una sola cosa: la credibilidad y la capacidad del sistema de trazabilidad de toda la cadena.

Rosario, martes 1 julio (PR/25) — A poco más de un mes de publicada la lista de países con riesgo alto y bajo de deforestación, en el marco del Reglamento sobre Productos Libres de Deforestación (EUDR), el sistema de clasificación que la Comisión Europea (CE) ha introducido e implementado sigue generando interrogantes y críticas.

Las voces críticas se levantan desde las organizaciones no gubernamentales (ONG) nacionales e internacionales, las organizaciones relacionadas con el comercio de las materias primas y productos relevantes, las empresas y hasta los gobiernos de los países que quedaron en el amplio grupo clasificado como de riesgo estándar, a veces en puntos de vista opuestos y en ocasiones con la misma mirada crítica.

En el mapa que sigue se puede apreciar cuál país quedó clasificado de riesgo alto, cuál en riego bajo y cuál quedó en riesgo estándar. Téngase en cuenta que en la letra de la ley (EUDR) todos los países son considerados estándar, por lo que restaba que la CE categorizara los países de riesgo bajo y de riesgo alto.

¿Por qué importa el nivel de riesgo? 

Importa porque el sistema está diseñado, por un lado, para modular las obligaciones de diligencia debida que deben cumplir los operadores económicos y, por el otro, para orientar la planificación y la intensidad de los controles que deben realizar las autoridades competentes (AC) de los Estados Miembros. Intensidad es la palabra clave porque cuanto más alto el riesgo, mayor es la intensificación de los controles que ejercerán las aduanas de cada país del bloque sobre los operadores que introduzcan una materia prima o un producto relevante en el mercado europeo.

Disección del sistema de evaluación para la clasificación de riesgo

Para entender el sistema es necesario desglosar su arquitectura legal y técnica, tal como se describe en el Artículo 29 del Reglamento (UE) 2023/1115 y en el Documento de Trabajo del Personal de la Comisión que lo acompaña. Comprender estos mecanismos es fundamental para evaluar la validez de las quejas de las entidades mencionadas al principio e identificar los puntos críticos del formato de evaluación.

1.    La primacía de los criterios cuantitativos en el sistema de clasificación

La Comisión Europea afirma que la metodología está firmemente arraigada en una evaluación objetiva y transparente “basada principalmente” en criterios cuantitativos. La principal fuente de datos es la FAO y el equipo de trabajo de la CE recurre a dos cuerpos de información: la Evaluación de los Recursos Forestales Mundiales (FRA) y FAOSTAT, la base estadística de ese organismo. Esos criterios cuantitativos se plasman en tres instancias, a través de las cuales un país puede ser clasificado de riesgo bajo o quedar en riesgo estándar.

? Vía 1: Sin Pérdida Neta de Bosques. Un país se clasifica automáticamente como de bajo riesgo si no tuvo una pérdida neta de bosques entre 2015 y 2020.

? Vía 2: Deforestación por Debajo de dos Umbrales. El umbral relativo es cuando la pérdida anual de superficie forestal resulta inferior a 0,2% (promedio de 2015-2020) y el absoluto es si la pérdida anual de superficie forestal resulta inferior a 70.000 hectáreas.

? Vía 3: Deforestación No Vinculada a Materias Primas del EUDR. Si la deforestación es impulsada por otros factores ajenos a la agricultura (por ejemplo, urbanización), no debería haber expansión de tierras agrícolas para los cultivos del EUDR, ni aumento en la producción de madera y ganado. Tampoco debería haber incremento del área agrícola (concepto FAO).

2.    La disposición de 1.000 ha facilita las cosas para las naciones pequeñas

La metodología incluye un «umbral absoluto de gama baja» de 1.000 hectáreas de pérdida neta de superficie forestal al año. Así, los países por debajo de este umbral se clasifican como de bajo riesgo, así su tasa de deforestación relativa anual supere el 0,2%.

3.    La aplicación selectiva de los criterios cualitativos 

El documento de trabajo asevera que “podrá tener en cuenta” los criterios cualitativos, lo que está descripto en el punto (4) del Artículo 29. Es decir, la utilización de criterios cualitativos es discrecional por parte de la Comisión y no son obligatorios.

De hecho, por ser esta implementación el primer acto de ejecución, la CE se reserva la aplicación de los criterios cualitativos para los «países umbral». ¿Cuál sería un “país umbral”? Un país cuyas métricas cuantitativas se sitúan dentro del rango de +25% sobre los dos umbrales (absoluto y relativo; esto es, 87.500 ha y 0,25%, respectivamente) que aparecen en la vía 2. Así, todo “país umbral” pasa inmediatamente al escrutinio de los criterios cualitativos.

El sistema aplica una puntuación en una escala de 1 a 5 a los criterios cualitativos, que son los puntos (a) a (d) del artículo 29 de la ley. Un país debe alcanzar una puntuación media total de 3 sobre 5 o superior en los cuatro criterios para ser reclasificado a una categoría de riesgo inferior. Este es un valor alto, ya que un buen rendimiento en un criterio no compensa uno débil.

Aquí existe otro punto crítico porque al hacer uso discrecional de los criterios cualitativos se ignoran en gran medida los indicadores de gobernanza. La debilidad del estado de derecho y la escasa capacidad de aplicación de las distintas leyes son las señales más claras de riesgo, por lo que un país puede tener bajas tasas de deforestación, pero una tasa de ilegalidad alta. Este es un factor de riesgo crítico que el actual sistema de evaluación comparativa del EUDR no aplicó para todos los países, salvo para unos pocos “países umbrales”, por lo que establece una base inequitativa en términos de competitividad entre los países.

La clasificación de alto riesgo está desvinculada de la deforestación, que es el foco de la ley europea 

Aquí se plasma claramente la discrecionalidad en el uso de los criterios cualitativos. De hecho, la clasificación de un país como de «alto riesgo» se basa en un único criterio cualitativo -el punto (e) del Artículo 29-, que, por otra parte, no se relaciona con la deforestación. Es una designación única y automática para los países sujetos a sanciones de naturaleza comercial del Consejo de la UE o del Consejo de Seguridad de la ONU sobre las materias primas pertinentes, sanciones que devienen de otras de naturaleza política.

Así, Bielorrusia (madera), República Popular Democrática de Corea –más conocida como Corea del Norte- (alimentos y madera), Myanmar (madera y, particularmente, teca) y la Federación de Rusia (madera y caucho) fueron designados como de «alto riesgo», ya que las sanciones recibidas, a juicio de la CE, impiden llevar a cabo la diligencia debida. El documento de trabajo de la CE no ofrece más detalles respecto de esta imposibilidad y deja esta afirmación como una declaración concluyente.

A partir de cómo está expresado, el punto crítico pareciera ser el riesgo de llevar a cabo operativa y eficazmente la debida diligencia a lo largo de la cadena de valor de un producto en un país que sufre sanciones comerciales desde la UE, por lo que no se caracteriza al país por su nivel de riesgo de deforestación, que es el objetivo del reglamento.

La amenaza de la “triangulación comercial” 

Otro punto crítico en esta forma de calificación de riesgo es la posibilidad de elusión y desvío de productos de países con sanciones para que empresas de terceros países reembalen, reetiqueten o recataloguen sus productos y los exporten a la UE. De hecho, la misma Comisión Europea emitió una alerta roja en marzo último sobre un alto riesgo de elusión en la importación de madera contrachapada, particularmente la de abedul, proveniente originalmente de Rusia y Bielorrusia (países de alto riesgo para la EUDR).

La madera contrachapada de abedul ruso está sujeta a derechos antidumping en la importación a la UE desde 2021, extendiéndose estas medidas a Kazakstán y Turquía (países de bajo riesgo para la EUDR) en 2024. Lo que disparó las alertas es el repentino crecimiento de las exportaciones de estos productos a UE desde China, Kazakstán y Turquía (también China es país de bajo riesgo para la EUDR). La posibilidad de “trasbordo” o “lavado de productos” puede representar una amenaza en términos de competitividad.

Los puntos críticos

En definitiva, analizando en detalle el marco para la aplicación del sistema de riesgo, se encuentran varios puntos críticos resaltados por otras organizaciones, de entre los cuales se pueden mencionar:

1) los criterios cuantitativos sólo se aplicaron para determinar qué país se califica de riesgo bajo y no se aplicaron para calificar el riesgo alto; es decir, cuál es el escenario de máxima aceptado;

2) los datos que se tomaron en los criterios cuantitativos corresponden a información previa a la fecha desde la cual se evalúan los productos provenientes de zonas deforestadas, diciembre de 2020;

3) no se conocen los fundamentos para la elección del nivel de los umbrales en la evaluación cuantitativa;

4) el criterio de tendencias de producción asimilable al riesgo de expansión de superficie, sin matizar origen, castiga la innovación, la productividad y la potencial reducción de huella de carbono por kilo de producto, limitando el potencial de crecimiento productivo de un país (deja afuera la intensificación de plantaciones o el manejo forestal sostenible, o la mayor eficiencia cárnica en una superficie estable por mayor peso en faena o mayor tasa de destete, etc.);

5) la aplicación de la evaluación cualitativa complementaria más extensiva (4 de 5 elementos) sobre los países de riesgo estándar cercanos a los umbrales, para recategorizarlos como de riesgo bajo, contrasta con la aplicación de una evaluación cualitativa restringida a un único elemento para recategorizar un país en riesgo alto;

6) la aparente equivalencia del alto riesgo operativo para llevar a cabo la diligencia debida a lo largo de una cadena de valor con el alto riesgo de deforestación; y

7) la posibilidad de elusión a través de maniobras de “trasbordo” o “lavado de productos” desde países de bajo riesgo.

Análisis final: riesgos, disputas y el factor decisivo

El sistema de clasificación de riesgo del EUDR, si bien nace de un objetivo loable, presenta en su primera implementación serias contradicciones. Su fuerte dependencia de datos cuantitativos pasados, la aplicación discrecional de criterios de gobernanza y la confusa mezcla de riesgo ambiental con sanciones geopolíticas crean un marco que podría no reflejar el riesgo real de deforestación asociado a un producto específico.

¿Qué cabe esperar? Es probable que el sistema sea objeto de revisiones y disputas en foros internacionales como la OMC. Por el otro lado, es cierto que la metodología informada es el primer acto para la aplicación efectiva de la ley y se aclara que la categorización no es final, que será constantemente revisada y que pueden incorporarse evaluaciones adicionales, aunque siempre dentro del texto de la EUDR. Para los operadores y gobiernos de países en ‘riesgo estándar’, el desafío inmediato es doble: por un lado, prepararse para cumplir con una diligencia debida onerosa y, por otro, articular una estrategia diplomática y técnica para abogar por una revisión de la metodología que considere factores de productividad, y trazabilidad y legalidad donde no lo ha habido.

La prueba de fuego para el EUDR será si funciona como una genuina herramienta ambiental o como una barrera comercial selectiva. Su éxito, en última instancia, no se medirá en Bruselas, sino en la capacidad de los operadores para demostrar el origen libre de deforestación de cada producto ante cada importador de la UE. Es aquí que, más allá de la clasificación final del país, los sistemas de trazabilidad robustos, creíbles y verificables se convierten en el factor decisivo: ya no son sólo una herramienta de cumplimiento, sino la condición indispensable más importante de todas para ganar competitividad en la cadena global.

Fuente: BCR Informativo Semanal

Primicias Rurales

Exportaciones de carne: Números que comienzan a mostrar un cambio de sendero para Argentina, al tiempo que emerge una potencial amenaza al comercio mundial

Exportaciones de carne: Números que comienzan a mostrar un cambio de sendero para Argentina, al tiempo que emerge una potencial amenaza al comercio mundial

ROSGAN
Luego de un inicio de año con una muy pobre performance en las ventas al exterior, los números de mayo comienzan a mostrar una ligera recuperación en los volúmenes exportados, pero sobre todo, una mejora en los precios.

Rosario, lunes 30  junio (PR/25) — Los datos de exportación publicados por el INDEC confirman, para el quinto mes del año, embarques de carne vacuna por un total de 55,8 mil toneladas peso producto valuadas en 298,3 millones de dólares. En comparación con lo reportado el mes previo, esto representa una mejora de apenas el 1% en volumen, pero un incremento del 8% de valor, consiguiendo un precio promedio por tonelada embarcada de USD 5.343 frente a USD 4.931 registrados en abril.

Al descontar de este total los huesos provenientes de la despostada y convertir estas cifras en peso equivalente a res con huesos, el dato de mayo se sitúa -según nuestras estimaciones- en 64,5 mil toneladas. Esto representa un 4% más que el volumen exportado en abril, aunque todavía se encuentra por debajo de los registros del año pasado.

En efecto, lo que va del año -según estos mismos cálculos preliminares- el total exportado ronda las 298 mil toneladas, lo que implica una caída de un 23% respecto de igual período de 2024. Sin embargo, se observa una importante recuperación en valores, lo que permite alcanzar un 5% más en términos de facturación, con unos 1.286 millones de dólares acumulados hasta la fecha

Tal como venimos señalando en informes anteriores, el mercado internacional atraviesa un momento excepcional en materia de precios. Una de las referencias más contundentes se observa en el índice de precios de la carne que elabora la FAO, a partir de las cotizaciones de los principales exportadores a nivel mundial.

En mayo, este indicador alcanzó un nuevo récord de 138,2 puntos, lo que representa un aumento del 12% en comparación con el nivel registrado en mayo del año pasado y que supera, incluso, los máximos alcanzados en 2022, momento cumbre de la expansión del comercio post pandemia.

En definitiva, los fundamentos del mercado de carne vacuna exhiben un escenario de gran solidez, con exportaciones a nivel mundial que —hasta el momento— se encaminan a marcar un nuevo récord, tanto en volumen como en precios.

En efecto, los dos principales proveedores globales, Brasil y Australia —que en conjunto representan casi la mitad del comercio mundial— han visto crecer sus ventas en más del 15 % interanual en lo que va del año con valores obtenidos que resultan, en promedio, entre un 10% y 12% superiores a los registrados un año atrás.

Sin embargo, en los últimos días, el mundo está siendo testigo de una nueva amenaza derivada del conflicto en Medio Oriente, que podría convertirse en un nuevo «cisne negro» para el comercio global.

Si bien, en términos de carne vacuna, la región involucrada representa apenas un 5% de la demanda mundial, una posible escalada bélica —con epicentro en Medio Oriente, pero con un fuerte involucramiento de terceros países fuera de la región— podría significar un duro golpe a la economía global, debido al efecto recesivo que generaría un conflicto de tal magnitud.

De momento, una de las amenazas más inminentes proviene del posible bloqueo, por parte de Irán, de una de las rutas marítimas más importantes del mundo: el Estrecho de Ormuz, por donde transita cerca del 20% del tráfico global de gas y petróleo.

Un bloqueo de este tipo podría generar una disrupción en el suministro de energía, con un impacto directo en el encarecimiento de los costos logísticos y, en consecuencia, en el valor final de los productos que llegan al consumidor, lo que afectaría directamente los niveles de demanda.

En definitiva, si bien el mercado de la carne presenta hasta el momento fundamentos sumamente sólidos, tanto desde la oferta como desde la demanda, lo cierto es que este escenario no lo blinda completamente frente a la creciente conflictividad que emerge del contexto global.

Primicias Rurales

Fuente: ROSGAN

Impactos preliminares del conflicto Israel – Irán y la tensión sobre mercados agropecuarios

Impactos preliminares del conflicto Israel – Irán y la tensión sobre mercados agropecuarios

Por Guido D’Angelo – Bruno Ferrari – Julio Calzada de la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR)
La desescalada del conflicto trae alivio en un contexto global convulsionado y con potenciales impactos en relevantes mercados para el sector agropecuario argentino, desde la carne hasta la harina de soja.

Rosario, domingo 29 junio (PR/25) — La semana pasada el mundo se vio conmocionado por la escalada bélica en el conflicto entre Israel e Irán. El recrudecimiento de este conflicto amenazó con traer aún más inestabilidad en Oriente Medio, lo que afecta primeramente vidas humanas. En este sentido, los efectos de cualquier conflicto bélico deben mesurarse siempre en términos humanitarios, y nada puede soslayar las vidas perdidas y el sufrimiento humano causado por el mismo. Dicho esto, podemos analizar los efectos de esta disputa sobre ciertos mercados sensibles para nuestro país.

En primer lugar, Israel es un destino estratégico para las exportaciones del complejo carne y cueros bovinos, el sexto complejo exportador del país. Fue el segundo destino más relevante para las carnes argentinas en 2024, representando el 7,8% de las exportaciones totales del complejo exportador.

En 2024, además de los cupos tradicionales de carne kosher sin hueso, se habilitó la exportación de carne kosher con hueso, lo que dio un nuevo impulso al comercio bilateral. Ese año, las exportaciones cárnicas argentinas hacia Israel alcanzaron un récord nominal, consolidando a este mercado como uno de los más relevantes del complejo bovino. Tomando el promedio de los últimos cinco años, cerca del 70% de las exportaciones argentinas a Israel consistieron en carnes. Con un volumen de importaciones próximo a las 175.000 toneladas de carne para Israel en 2024, y un nivel de embarques desde Argentina por más de 45.000 toneladas, Argentina abasteció más de un cuarto de las importaciones israelíes de carne. 

Sin embargo, Israel también es destino de exportaciones de otros destacados productos del agro argentino, como harina de soja, maní, maíz, jugos de limón, porotos, peras, manzanas, uvas, trigo, entre otros. Si bien Israel importa de uno a dos millones de toneladas de trigo y maíz al año, estas provienen fundamentalmente de Rusia, Ucrania o la UE, en vista de su mejor acceso logístico para originar hacia dicho destino desde estas regiones.

Desde 2011 nuestro país dispone de los beneficios del acuerdo de libre comercio Mercosur – Israel, el primero que el bloque sudamericano firmó con una contraparte extra regional. En este sentido, el comercio bilateral es sostenidamente superavitario para la Argentina. Cerca de la totalidad de las exportaciones argentinas a Israel consisten en productos agro.

Por su parte, las exportaciones argentinas a Irán se muestran más irregulares y con mayor proporción secreto estadístico. No obstante, dichas exportaciones se explican fundamentalmente por compras de harina de soja hacia dicho destino. Con cerca de 450.000 toneladas exportadas en 2024, Argentina abasteció el 15% de las importaciones de este producto de Irán. Otros relevantes proveedores de harina de soja en Irán son Brasil, Emiratos Árabes Unidos, Países Bajos, Reino Unido e India.

Más allá de lo anterior, los efectos indirectos de este conflicto surgen quizás entre los más amenazantes para la economía global en general y para la economía argentina en particular. Tenemos más cerca del presente a las últimas dos recesiones globales, que fueron causados por una pandemia (2020) y por motivos financieros (2009). Sin embargo, las fuertes desaceleraciones económicas a nivel mundial en 1975 y 1982 se explican en las crisis del petróleo que les precedieron, generando además fuertes recesiones en los Estados Unidos, con eco en todo el mundo.

El estrecho de Ormuz, al sur de Irán, tiene el protagonismo en este caso. Por este paso circula más del 11% del comercio marítimo global. Sin embargo, su relevancia es aún más fuerte en los mercados energéticos: por el estrecho circula más del 35% del petróleo comercializado por buques del mundo, además del 19% del gas natural embarcado a nivel global. Por ello se entiende que casi dos tercios de su tráfico marítimo se lleve adelante en buques cisterna o tankers, diseñados para transportar líquidos a granel.

Si bien afortunadamente el conflicto ha reducido su intensidad y las tensiones militares se ven más recortadas, cualquier disrupción directa sobre este estrecho afectaría de manera directa el comercio marítimo mundial, todavía sintiendo los efectos de los conflictos en Yemen sobre el estrecho de Bab el-Mandeb. Este le ha traído menos preponderancia a la vez al canal de Suez, generando en contraposición un mayor volumen transportado por el Cabo de la Buena Esperanza, en Sudáfrica, con el costo logístico y temporal adicional que eso implica.

Este contexto reciente tuvo impacto sobre los mercados de fletes. Desde diciembre del año pasado el flete por importaciones hacia la Argentina venía bajando, medido en costo por tonelada importada. Sin embargo, aún está un 25% por encima de los valores del 2024, comparando los datos de mayo de este año con los del mismo mes del año pasado. Esto toma especial preponderancia mientras se registran subas de precios a nivel internacional de insumos fundamentales para el agro argentino, como se vio con los fertilizantes en las últimas semanas.

En este sentido, las idas y vueltas del conflicto podrían traer incertidumbre adicional a los fletes marítimos, en un marco de crecientes niveles de importaciones desde destinos con mayor incidencia del flete en los costos, como China. Por estos factores, entre otros, se muestra que en lo que va del año el costo promedio de flete y seguro por tonelada importada fue el segundo más alto en veinte años. 

Asimismo, es cierto que las oscilaciones de los precios del petróleo hoy encuentran a la Argentina mejor posicionada, con una balanza energética superavitaria y un sostenido crecimiento de la producción petrolífera nacional. No obstante, relevantes socios del agro argentino hoy se encuentran con balanzas energéticas deficitarias, por lo que no debe perderse de vista que cualquier shock del petróleo podría limitar sus crecimientos en la demanda de productos agro. En este sentido, India tiene un déficit energético por cerca de 4 puntos de su PIB, una proporción que asciende al 8% para Tailandia y 7% para Corea del Sur, de acuerdo con datos de BMI. Más aún, China tiene un déficit energético por más del 2% de su PIB, un dato próximo al déficit de muchas economías europeas, como Italia, Francia y Alemania.

Sin embargo, no debemos dejar de mencionar que esta situación de tensión sobre los mercados petroleros encuentra a un Estados Unidos con una balanza energética que es superavitaria desde 2019, de acuerdo a la EIA. Más aún, la región de Medio Oriente ha perdido participación en los mercados mundiales de energía al tiempo que el PIB global se ha vuelto menos dependiente del petróleo en las últimas décadas. Estos factores se suman al desescalamiento de tensiones que vimos en esta semana para traer cierto alivio en un contexto global que aún persiste volátil e incierto entre aranceles y conflictos todavía abiertos.

Fuente: BCR Informativo Semanal

Avalancha de ventas al exterior de soja

Avalancha de ventas al exterior de soja

Por Matías Contardi – Blas Rozadilla – Emilce Terré de la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR)
A pocos días de finalizar la rebaja temporal de derechos de exportación para soja y maíz, se potencia el anote de Declaraciones Juradas de Venta al Exterior (DJVE) de la oleaginosa principalmente, buscando maximizar las ventas con tasa reducida.

Rosario, sábado 28 junio (PR/25) –El Reporte del Mercado de Granos BCR muestra los temas más resonantes de la coyuntura agroindustrial con foco en Argentina. La comercialización de soja se acelera antes del 30 de junio, con registros anticipados de DJVE que superan los niveles históricos.

En un contexto de suba inminente de retenciones, el poder de compra del sector exportador disminuye, aunque los futuros no reflejan esta expectativa. La siembra de trigo avanza lentamente debido a excesos hídricos, mientras el mercado se ve afectado por la geopolítica y los precios de fertilizantes. En Brasil, se estaría cosechando “la madre de todas las safrinhas”, lo que presiona las cotizaciones, y Argentina realiza su primera exportación de harina de soja a China

1.    Se acelera el anote de ventas al exterior previo al incremento de las retenciones

Exceptuando al trigo y la cebada, a partir del 1° de julio vuelven a su nivel anterior los aranceles a la exportación del resto de commodities agro. Así, los derechos de exportación para el complejo soja pasarían de 24,5% para harina y aceite y 26% para poroto, hasta 31% y 33%, respectivamente. Por su parte, para maíz el incremento iría desde el 9,5% actual hasta el 12% vigente hasta mediados de enero.

Con la suba de retenciones, el poder de compra del sector exportador se ve mermado. Tomando los valores actuales para embarques en julio, el poder teórico de compra de la exportación caería un 9% en soja y un 3% para maíz.

En este contexto, en lo que va de junio se registraron 930.000 toneladas de aceite de soja, 2,1 Mt de soja y 3,2 Mt de harina para embarcar desde julio en adelante, un total de 6,1 Mt del complejo soja vendidas al exterior. 

En otro orden de noticias, por primera vez desde que se abrió el mercado en 2019, China realiza importaciones de harina de soja de Argentina. La industria China busca diversificar sus opciones de suministro para mitigar las posibles disrupciones que cause el conflicto comercial con los Estados Unidos.

Un grupo de empresas chinas dedicadas a la alimentación animal cerraron un acuerdo para adquirir 30.000 toneladas de la harina de soja de nuestro país para embarcar el próximo mes, según reportó Reuters en base a fuentes comerciales.

Además de la búsqueda de salvaguardar el suministro de harina ante posibles disrupciones en el flujo de importaciones de soja, los menores precios del producto originado en Argentina con relación al producido por la industria china fue un factor de relevancia para motivar la operación.

2.    Con un lento avance de la siembra de trigo, las buenas noticias que trae el clima fueron opacadas por la geopolítica.

Con condiciones climáticas desfavorables para la siembra de trigo en esta campaña, SAGyP reporta un avance del 70% de las labores de siembra a nivel nacional, avanzando fuerte en la última semana y recortando el retraso respecto al año pasado de 11 a 7 p.p. En Buenos Aires, principal provincia productora y la más afectada por los excesos hídricos, las labores corren 16 p.p. por detrás del último año (48% vs 64%) y en Santa Fe, otra de las más relevantes en la producción, el retraso es de 6 p.p. (76% vs 82%). En ambos casos la diferencia versus el ciclo previo se achico en 4 p.p. durante la última semana.

A pesar de esto, las estimaciones del organismo gubernamental publicadas la semana pasada no sufrieron alteraciones respecto a lo reportado el mes pasado. Por su parte, GEA-BCR realizó un recorte de 50.000 hectáreas en su estimación de superficie sembrada en la Región Núcleo debido a las áreas afectadas por los excesos hídricos en el noroeste y centro norte de la provincia de Buenos Aires.

Cuando se pensaba que los recortes de superficie podían continuar, el clima comenzó a traer buenas noticias esta semana. La región núcleo amaneció este lunes con heladas generalizadas, a lo que se suma la proyección de nuevos eventos de este tipo en los próximos días. Según reportaron desde GEA-BCR a través de Más BCR, estas bajas temperaturas en combinación con viento persistente del sudoeste favorecen el secado más rápido de los lotes que aún no estaban en condiciones para ser sembrados y llegan en un momento clave para permitir que se cumpla con las intenciones de siembra.

Sin embargo, esta oportunidad que brinda el clima se ve opacada por la geopolítica. La escalada de violencia que tuvo el conflicto entre Irán e Israel durante la semana pasada repercutió en el mercado de fertilizantes nitrogenados, fundamentales para la producción del trigo.

Según el último reporte semanal de Ingeniería en Fertilizantes, las primeras noticias de los ataques en Medio Oriente pusieron a los principales actores del mercado en “modo crisis”. Cabe destacar que Irán es uno de los principales exportadores de urea, mientras que Egipto, otro exportador de peso, importa gas desde Israel, insumo clave para la producción de este fertilizante. Entre ambos concentran 20% del mercado internacional.

Luego del pico de incertidumbre inicial, donde los oferentes se retiraron del mercado y se perdió la referencia de precios, el mercado comenzó a reacomodarse al recibir las primeras nociones sobre las cotizaciones para la importación. Los primeros precios de la urea para el mercado local mostraron subas de entre 70 y 80 dólares por tonelada. Este aumento inicial fue ajustando en con el correr de los días y ante el mayor entendimiento de la situación.

Los valores al 19 de junio, reportados por Ingeniería en Fertilizantes, presentan un aumento del 8% en la semana para el caso de los precios de importación para Argentina (CFR), ubicándose en USD 450/t. Por el otro lado, los precios para el mercado doméstico (FCA) tuvieron una suba semanal del 10%, alcanzando USD 563/t. La relación de precios Urea/Trigo trepó 2,8 desde el 2,6 de la semana previa, siendo así, el valor más alto de la urea con relación al precio del trigo en al menos tres años para este período del año.

Este aumento coincide con un momento crítico de la campaña de siembra del trigo, momento en que se inicia la refertilización de fina. Si bien el suministro de urea estaría asegurado para el mercado argentino, a partir de la producción nacional, lo ya importado y los embarques correspondientes a compras previas que arribarán, las complicaciones en la oferta externa, sumadas a los conflictos sociales en Bolivia que afectan el suministro de urea, están provocando un encarecimiento adicional de este insumo clave.

Esto tendrá un impacto directo en aquellos productores que no habían definido compras anteriormente o que estaban aguardando si el clima generaba oportunidades en las regiones afectadas por excesos de humedad. En este contexto, con márgenes potenciales que se ajustan aún más, las pretensiones de siembra en cuanto a superficie podrían verse afectadas.

3.    La “madre de todas las safrinhas” pisa el precio del maíz.

Durante esta semana, la consultora brasileña Agroconsult aumentó su estimación de producción para la safrinha a la impresionante cifra de 123,3 Mt. Esto representa un incremento de 10,4 Mt con respecto a la estimación del mes pasado y un crecimiento de 20,2 Mt desde el año pasado.

Luego de un tour por las principales regiones productoras del país, en un marco de buenas condiciones climáticas con abundantes lluvias en sectores claves durante abril y mayo que potenciaron los rendimientos, la consultora elevó su estimación. Este escenario aumenta la presión sobre las cotizaciones en Chicago, ya que el maíz de segunda brasileño, del cual se originan la mayor parte de las exportaciones de este país en la segunda mitad del año, compite directamente con los suministros estadounidenses.

En las últimas dos semanas, el maíz entró en una franca caída en Chicago, el contrato de referencia cerró con pérdidas en 7 de las últimas 8 sesiones, así, el precio retrocedió de USD 175/t a USD 159/t. La mayor parte de la baja se dio esta semana, donde se perdieron casi 10 de los 16 dólares en los que el precio se contrajo en el período mencionado.

Primicias Rurales

Fuente: BCR Informativo Semanal

Articulación que acelera la llegada de la tecnología al campo

Articulación que acelera la llegada de la tecnología al campo

Córdoba, jueves 26 junio (PR/25) — En los últimos 25 años, los rindes del maní en Córdoba se duplicaron. Pasaron de 2000 kilos por hectárea en caja a superar los 4000. Este avance fue resultado del trabajo conjunto entre el INTA y empresas como AGD, que lograron llevar el conocimiento técnico desde los laboratorios al lote. Detalles de un modelo que busca potenciar al sector productivo.

Con un enfoque territorial y colaborativo, el INTA impulsa un modelo de innovación basado en redes entre actores públicos y privados. Este esquema de articulación permite responder a las necesidades del sector productivo, orientar la investigación hacia demandas reales y acelerar la transferencia tecnológica al campo. En los últimos 25 años, los rindes del maní en Córdoba se duplicaron y pasaron de 2000 a más de 4000 kilos por hectárea. Este avance es el resultado del trabajo conjunto entre el INTA y empresas como AGD.

“Trabajamos con un modelo interactivo de innovación que nos permite vincularnos con empresas chicas, medianas y grandes. El INTA es una institución de servicio, y ese servicio se canaliza a través de convenios de colaboración técnica”, explicó Juan Cruz Molina Hafford, director del Centro Regional Córdoba del INTA.

En ese entramado de relaciones, el INTA también puede pensarse en términos empresariales, en el sentido de que emprende junto a otros. “Como empresa del Estado, contribuimos con esta energía del conocimiento que se transforma en soluciones”, definió.

En los últimos 25 años, los rindes del maní en Córdoba se duplicaron gracias al trabajo conjunto entre el INTA y empresas como AGD. “Eso no fue casualidad, es producto de una actividad público-privada bien gestionada”, aseguró Carlos Alberto Marescalchi, gerente de Producción Agropecuaria de AGD.

El vínculo entre AGD y la Agencia de Extensión Rural INTA General Cabrera comenzó a fines de los años 80 a través del especialista Ricardo Pedelini, cuando el cultivo se enfrentaba las enfermedades del suelo —Sclerotium rolfsiiSclerotinia spp. y Fusarium spp.— que prácticamente lo habían hecho desaparecer. En ese contexto, AGD y el INTA Cabrera iniciaron un trabajo exploratorio con el objetivo de recuperar la productividad.

Mientras desde el INTA se estudiaban las enfermedades, AGD y el INTA General Cabrera demostraron que con rotaciones largas y labranza mínima se podía convivir con las enfermedades. El enfoque permitió desarrollar tecnologías de procesos de costo cero, que se fueron consolidando con el tiempo. Este fue el inicio de un camino más amplio. A partir de los convenios de vinculación tecnológica, AGD participó activamente en el desarrollo de nuevas variedades.

El trabajo conjunto se fortaleció con un lote demostrativo en el INTA Manfredi, donde los equipos científicos realizan cruzamientos y multiplicaciones y evalúan diferentes tecnologías. “Sumamos unas 40 hectáreas donde se pueden desarrollar los ensayos. Ya llevamos cuatro años de trabajo con resultados muy interesantes”, señaló Marescalchi.

La articulación público-privada también abarcó la mecanización agrícola. En conjunto se modificaron los sistemas de siembra, arrancado y trilla. “El maní tiene los frutos bajo tierra. Primero se arranca la planta y se la deja orear entre 7 y 15 días. Después se hace la trilla con la cosechadora”, explicó.

Además, a partir de investigaciones, se compararon los factores abióticos, como temperatura y radiación, y se determinó que nuestra región recibe más energía por el largo de los ciclos. “A partir de este trabajo el equipo de AGD adoptó un sistema de arrancado profesional, midiendo la madurez de las cajas, lo que permitió atrasar la cosecha de 150 a 170-180 días. Con un buen control sanitario y de malezas, y una siembra adecuada, logramos rinde de 8000 kilos por hectárea”, afirmó.

Finalmente, subrayó la importancia del maní como motor económico regional. “Desde la producción hasta la exportación, el maní genera valor y empleo”, concluyó.

Primicias Rurales

Fuente: INTA Informa

¿Qué tan competitiva es Argentina para producir granos?

¿Qué tan competitiva es Argentina para producir granos?

Buenos Aires, miércoles 25 junio (PR/25) — Tras una primera publicación orientada a comparar precios de bienes y servicios de consumo final entre países, el IERAL amplía ahora su análisis hacia un eje clave de la competitividad: el costo de producir granos. Este nuevo estudio compara precios de insumos y equipos agropecuarios en Argentina frente a los de otros países relevantes de la región y del hemisferio norte, bajo una metodología similar.

Se trata de una dimensión poco explorada en los análisis habituales sobre competitividad agropecuaria. Mientras que es frecuente medir la competitividad del sector desde el lado de los ingresos (comparar precios internos de los granos, tipos de cambio efectivos), son pocos los estudios que exploran los costos de producción (insumos, servicios, bienes de capital). Se sabe que el sector agropecuario argentino presenta serias desventajas en la comparación internacional por el lado de los ingresos, puesto que ninguno de sus competidores castiga la exportación de granos y derivados con impuestos a la exportación (“retenciones”), pero poco se conoce acerca de cómo se posiciona en materia de costos.

La información sobre este frente es escasa, en parte por los desafíos que implica su relevamiento:

En primer lugar, porque no existen bases de datos secundarias estandarizadas que permitan acceder de forma directa y sistemática a los precios de similares productos en distintos países, lo que obliga a recurrir a fuentes de información primarias y estrategias de relevamiento específicas, de tipo caso por caso.

En segundo lugar, porque a diferencia de los bienes de consumo masivo —para los cuales es relativamente más sencillo identificar productos similares en distintos países— los insumos agrícolas dependen de una cantidad diversa de factores (calidad y composición de los suelos, clima y tipos de cultivos predominantes, tecnología aplicada en los establecimientos, presencia de plagas específicas, regulaciones sobre el uso de determinados productos -ej. agroquímicos-, infraestructura y logística disponible para la distribución, etc.), que pueden ser significativamente distintos en cada país, lo que dificulta la elección de productos homogéneos para incluir en la comparación.

En tercer lugar, por ciertas limitaciones en las conclusiones a las que se puede arribar a partir de los resultados obtenidos. En efecto, aun cuando se logren salvar los dos puntos anteriormente mencionados, es decir, se pueda recolectar información confiable sobre precios de insumos comparables en distintos países, a menos que se conozcan las tecnologías específicas de cada país (dosis de cada insumo por unidad de medida, eficiencia con que se utilizan, etc.), la información obtenida puede ser insuficiente como para inferir linealmente el nivel de los costos a los que producen cada uno de ellos. Para que se entienda este punto, un fertilizante puede ser utilizado y costar lo mismo en dos mercados (Brasil y Argentina), pero ello no implica necesariamente que costará lo mismo fertilizar los cultivos en estos dos países, dado que factores como la composición de los suelos y el clima de cada país influirán en las dosis efectivas de fertilizante (cantidad de litros o de kilos por hectárea) que son necesarias para lograr rendimientos similares en un determinado cultivo (toneladas de grano por hectárea). Estas diferencias y distintos parámetros de eficiencia determinarán en definitiva el costo final de fertilizar en cada país, aun cuando el insumo cueste lo mismo. 

Para ver la comparación completa por productos ingresar acá.

A pesar de estas complejidades, IERAL logró relevar precios en mayo para cinco países: Argentina, Brasil, Paraguay, Uruguay y Estados Unidos. El estudio abarca un total de trece bienes y servicios, clasificados en seis grupos: fertilizantes, herbicidas, fungicidas, transporte de carga, combustible y maquinaria (ver Tabla 1, precios expresados en dólares). 

En términos generales, los resultados muestran que Argentina es más cara en dólares que los otros países en la mayoría de los 13 productos relevados, en concreto: es más cara en el 85% de los casos con respecto a Brasil (en 11 de los 13 productos); en el 69% de los casos con respecto a Paraguay (9 productos); en el 77% de los casos con respecto a Uruguay (10 productos); y en el 62% de los casos con respecto a Estados Unidos (8 productos). 

Sin embargo, salvo excepciones, no se observan grandes brechas entre los precios que se pagan en Argentina con relación al promedio de los otros cuatro países: los fertilizantes resultan entre 3,3% promedio más caros en Argentina; herbicidas un 7,8%; fungicidas un 1,4% y los combustibles (gasoil grado 2) un 11% más caros. Las excepciones que se encontraron fueron: 1) transporte de cargas (flete granario por camión de 400 kilómetros), donde Argentina resulta un 23% en promedio más cara que el resto de los países, con una tarifa de USD 35,7 por tonelada kilometro (un nivel muy similar, levemente inferior al de Uruguay USD 37,1 tonelada kilometro); y 2) maquinaria agrícola, particularmente en tractores, donde Argentina se ubica 27% más cara que el promedio de los otros países, y en menor medida en cosechadoras, donde la brecha no llega al 10%.

En suma, Argentina exhibe precios un poco más altos en dólares para la mayoría de los insumos relevados, incluso tratándose de bienes comercializables internacionalmente. Esto revela la existencia de distorsiones que encarecen la producción agropecuaria. Entre los factores explicativos pueden encontrarse: los resabios de las restricciones cambiarias, cargas impositivas acumulativas, regulaciones laborales muy rígidas, elevados costos logísticos internos, menor escala operativa y un contexto de mayor incertidumbre y volatilidad. Estos elementos, en conjunto, limitan el funcionamiento pleno de los mecanismos de arbitraje de precios y restan competitividad. 

Teniendo en cuenta que el gobierno ha logrado avances importantes en materia de estabilización macroeconómica y cambiaria, los desafíos de mediano plazo en términos de competitividad se trasladan al terreno microeconómico. Allí, el foco debe estar en mejorar el funcionamiento de los mercados de bienes y factores, reduciendo las distorsiones generadas por una trama de regulaciones, impuestos y regímenes laborales centralizados, diseñada en su momento para un tipo de organización económica —colectivista, burocrática e intervencionista— que no arrojó buenos resultados en términos de crecimiento y desarrollo. Ese esquema debe dar paso a otro, que otorgue mayor libertad a los agentes privados para adaptar sus decisiones y organizar sus actividades productivas, de cualquier tamaño, en cualquier sector y región del país, en función de los recursos disponibles y las demandas locales e internacionales.

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Por caso, no hay dudas que los costos de insumos y equipos agropecuarios locales están exacerbados por impuestos sobre ventas como Ingresos Brutos o tasas municipales sobre facturación de empresas, que otros países no aplican, y que al no reconocer como crédito el impuesto que las empresas pagan en sus compras, van generando el pago de impuesto sobre impuesto, y un sobrecosto que se traslada a los precios de los bienes a medida que estos recorren la cadena de valor. Avanzar en la sustitución de este tipo de tributación por impuestos más neutrales (caso del IVA) y en reformas en las otras áreas antes mencionadas, puede ser muy importante para acortar brechas de precios con los países con los que compite la producción local. 

Dicho esto, no debe perderse de vista que el principal problema de la competitividad del sector agropecuario se encuentra por el lado de los ingresos y no de los costos, debido a que en Argentina los productores enfrentan derechos de exportación que reducen de forma directa el precio efectivo que reciben por sus productos, lo que tampoco ocurre en los demás países analizados. 

Así, el agro argentino compite en el mercado internacional con una ecuación que está desequilibrada: insumos más caros y precios de venta más bajos. Superar este “doble castigo” resulta fundamental para recuperar competitividad y aprovechar plenamente el potencial productivo del sector.

¹ Lamentablemente no se ha logrado conseguir información comparable para el caso de los insecticidas, productos cuya composición química se encuentra en general sujeta a diversas regulaciones locales que dificultan la armonización de los precios. 

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    Franco Artusso                             Tobías Lucero

Investigadores sección Agro

Fuente: Novedades Económicas – Fundación Mediterránea