El consumo de carne porcina batió récords en Argentina, pero una enfermedad silenciosa acecha en los productos sin control sanitario. Dos hábitos simples pueden marcar la diferencia.

 

 

 

 

 

Buenos Aires, miércoles 10 junio (PR/26) — La carne de cerdo conquistó las mesas argentinas como nunca antes. En 2025 el consumo interno llegó a 18,9 kilogramos por habitante, el nivel más alto de la historia según la Secretaría de Agricultura, Ganadería y Pesca.

Un crecimiento del 8,7% respecto al año anterior que convirtió al cerdo en protagonista de almuerzos, asados y picadas a lo largo de todo el país.Pero ese crecimiento también trae una responsabilidad: saber qué se compra y cómo se cocina.

El Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (SENASA) viene reforzando un mensaje claro en este contexto: los productos porcinos seguros existen, están disponibles y se reconocen fácilmente. El problema aparece cuando el origen se desconoce y los controles faltan.

 

 

 

La enfermedad que no se ve

 

La triquinosis es una enfermedad parasitaria que ningún cocinero puede detectar a simple vista. La carne infectada con larvas del parásito Trichinella spp. no presenta ningún cambio en el aspecto, el color, el olor ni el sabor.

Todo parece igual. Sin embargo, una vez en el organismo, esas larvas se alojan en el músculo y pueden causar desde cuadros sin síntomas hasta complicaciones graves, según la cantidad ingerida y el estado inmunológico de cada persona.

La única manera de saber si un producto es seguro es que haya sido analizado en laboratorio. Y eso ocurre de forma obligatoria en todos los establecimientos frigoríficos habilitados por el SENASA mediante la técnica de digestión artificial (DA). https://www.youtube.com/watch?v=-P7l0_bG1Bg

 

 

 

El riesgo real está en otro lado: los productos elaborados artesanalmente o comprados en circuitos informales, sin etiqueta y sin control sanitario. Aunque puedan parecer más caseros o auténticos, no siempre pasan por ese análisis.

 

La etiqueta es tu aliada al momento de comprar

 

Antes de poner un fiambre, embutido o cualquier producto porcino en el changuito, el SENASA recomienda un paso previo y sencillo: buscar la etiqueta. Ese rótulo no es un detalle burocrático. Garantiza que el producto salió de un establecimiento habilitado y que la carne fue analizada.

Si no hay etiqueta y se desconoce el origen del producto, la recomendación es directa: elegir otra opción. No vale la pena asumir el riesgo.

Para quienes tienen pequeñas producciones de cerdo para autoconsumo o realizan caza de cerdos asilvestrados, el consejo es analizar previamente la carne de cada animal a través de la prueba de DA antes de consumirla o compartirla.

 

 

 

Temperatura: el otro gran aliado en la cocina

 

Cuando se cocina carne de cerdo fresca, el calor es el recurso más eficaz. Las larvas del parásito no sobreviven a una cocción adecuada.El SENASA establece que la carne debe alcanzar una temperatura interna de 70 °C en toda la pieza.

La referencia práctica es simple: si al cortar la carne todavía se ven jugos rosados o el interior conserva ese tono, necesita más tiempo en el fuego. Esta indicación vale tanto para cortes enteros como para preparaciones con carne picada o rellenos.

 

 

 

 

La temporada de mayor riesgo ya llegó

 

Cada otoño e invierno se registran más casos de triquinosis en Argentina, asociados justamente a la época de elaboración y consumo de fiambres y embutidos artesanales. Por eso el SENASA intensifica sus comunicaciones en este período.

La buena noticia es que la triquinosis, aunque grave, es completamente prevenible. Dos hábitos alcanzan para proteger la salud propia y la de toda la familia: verificar la etiqueta al comprar y cocinar bien la carne. Nada más complejo que eso.

 

 

 

 

Primicias rurales
Fuente: SENASA