La Administración de Parques Nacionales aprobó la zonificación definitiva del Campo Coronel Sarmiento. Un paso clave que protege un refugio único de biodiversidad en el Espinal entrerriano, combinando la preservación estricta de felinos y especies exclusivas con el ecoturismo regulado.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Buenos Aires, domingo 14 de junio (PR/26)–Hay lugares que guardan tesoros naturales esperando el momento exacto para ser protegidos con fuerza. Eso es lo que acaba de ocurrir en Entre Ríos.

La Administración de Parques Nacionales (APN) ha dado un paso fundamental al oficializar la zonificación definitiva del Campo Coronel Sarmiento, un valioso predio de 146 hectáreas que se integró al Parque Nacional Pre-Delta.

 

 

 

A través de la Resolución 179/2026, las autoridades lograron saldar una deuda pendiente: diseñar un mapa territorial inteligente que logre un equilibrio perfecto entre la conservación ambiental absoluta y el acceso de la comunidad.

No fue un proceso improvisado. Cuando se aprobó el Plan de Gestión original del parque, este terreno era una especie de rompecabezas sin armar porque faltaban estudios profundos sobre su verdadero valor biológico.

Sin embargo, tras un intenso año de campañas de campo y debates técnicos liderados por el Programa de Áreas Protegidas del Centro Este (PAPCE) durante 2025, se logró trazar la línea final que guiará el destino de estas tierras.

 

Un oasis de vida terrestre en medio de las islas

 

¿Por qué es tan importante este rincón entrerriano? La magia del Campo Coronel Sarmiento es que rompe el molde del paisaje isleño tradicional.

Se trata del único sector del Parque Nacional Pre-Delta con ambientes de la ecorregión del Espinal, un ecosistema terrestre libre de inundaciones que funciona como un puente perfecto entre las exuberantes Selvas Ribereñas Paranaenses y los densos Bosques de Ñandubay.

Es, literalmente, un refugio donde la vida se transforma.

 

 

 

Aunque el suelo sufrió las huellas de antiguas actividades agrícolas y canteras, la naturaleza demostró su asombrosa capacidad de resistencia. Hoy, el monte vibra con árboles nativos como el guayabo, el canelón, el tembetarí, el laurel, el ñandubay y el imponente algarrobo.

Pero la verdadera joya está en sus habitantes silvestres: el lugar es el hogar seguro de la Corzuela Parda, de majestuosos felinos como el Yaguarundí, el Gato Geoffroy y el Puma, y custodia la única colonia registrada en todo el parque del Tuco Tuco (Ctenomys rionegrensis), un pequeño roedor que habita exclusivamente en los suelos arenosos del lugar.

 

Cuatro zonas estratégicas para un futuro sustentable

 

 

Para asegurar que el impacto humano no destruya este patrimonio, la APN diseñó una estrategia dividida en cuatro áreas muy claras.

La más grande es la Zona Intangible, que blinda el 80% del territorio (132 hectáreas) prohibiendo cualquier alteración para proteger las vertientes, pastizales y los sectores críticos donde anidan y viven las especies más vulnerables.

En el otro extremo, las áreas que ya estaban degradadas por el pasado humano se transformaron en la Zona de Uso Especial (11 hectáreas), donde se concentrará el centro operativo, galpones, un vivero nativo y las futuras viviendas de los guardaparques, evitando dañar los sectores vírgenes.

El disfrute de los viajeros también tiene su lugar planificado. La Zona de Uso Público Extensivo (2,4 hectáreas) habilitará senderos específicos para conectar con la naturaleza a través del senderismo, cabalgatas y cicleteadas, siempre bajo la estricta regla de no salirse de los caminos.

 

 

Finalmente, la Zona de Uso Público Intensivo (1,8 hectáreas) recibirá el movimiento turístico central, uniendo el famoso Sendero del Espinal con el Mirador de la Barranca.

Como esta zona limita con el hogar del sensible Tuco Tuco, el control y la conciencia de los visitantes aquí deberá ser absoluta.

La protección no es solo ambiental, sino también histórica. El nuevo plan custodia firmemente los vestigios del patrimonio cultural y arqueológico hallados cerca del mirador. Con monitoreos constantes de expertos, Entre Ríos celebra una normativa que no solo salva su flora y fauna, sino que escribe un modelo de turismo con respeto y memoria.

 

 

 

 

 

Primicias Rurales

 

 

 

Fuente: El Entre Ríos