Noruega hizo historia al eliminar a Brasil y meterse por primera vez en cuartos de final del Mundial. Pero el verdadero relato no está solo en la cancha: está en una nación pagana que, hace mil años, se convirtió al cristianismo y hoy lo lleva, orgullosa, sobre el pecho.
Buenos Aires miércoles 8 julio(PR/26)–Noruega venía de 28 años sin pisar un Mundial. El domingo, en Nueva York, se sacó esa mochila de encima eliminando a Brasil por 2 a 1, con un doblete de su goleador estrella. Fue la primera vez en la historia del país que la selección alcanza unos cuartos de final.
Apenas terminó el partido, jugadores e hinchas se sentaron en el campo y repitieron una escena que ya recorrió el mundo: la «remada vikinga». Al ritmo de un tambor, todos mueven los brazos hacia atrás, como si remaran juntos un mismo barco.
El gesto, nacido entre los propios hinchas, se volvió una postal del torneo: se replicó en estaciones de tren, plazas y hasta en el Parlamento noruego. Un país entero remando al compás del mismo tambor.
Vikingos, pero cristianos
Y acá aparece lo más interesante de esta historia, algo que pocos recuerdan: los vikingos no desaparecieron. Fueron evangelizados.
Entre los siglos X y XI, Noruega vivió una conversión masiva al cristianismo que transformó de raíz una cultura pagana en una nación profundamente cristiana. No fue un borrón: fue un punto de encuentro.
Esa memoria, lejos de perderse, sigue viva. Y esta vez apareció donde menos se la esperaba: en la camiseta de la selección que juega este Mundial.
Una cruz tejida con siglos de historia
La nueva casaca, diseñada por Nike, no es solo un lindo diseño. Sobre el fondo rojo tradicional se despliega una gran cruz azul que reproduce exactamente la de la bandera noruega.
Pero el detalle está adentro: la cruz está rellena con un patrón tejido, no estampado, inspirado en la iglesia de madera de Urnes, construida hacia 1130 y hoy Patrimonio de la Humanidad.
Urnes es, justamente, uno de los símbolos más fuertes de aquel encuentro: una iglesia cristiana construida con las mismas manos y la misma estética que antes tallaban dragones en los barcos vikingos.
Identidad que no se esconde
Mientras muchos países prefieren borrar sus raíces para no incomodar a nadie, Noruega eligió lo contrario: llevarlas orgullosamente sobre el pecho, tejidas en cada camiseta.
La historia de este país recuerda algo que suele olvidarse: el cristianismo no destruyó la identidad de los pueblos. La elevó y la transformó. Los vikingos siguen ahí, remando al ritmo del mismo tambor de siempre, sólo que ahora también rezan.
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Fuente: Marta Cafiero para PR
















