Nueva baja del stock argentino ¿Piso para una nueva etapa?

Nueva baja del stock argentino ¿Piso para una nueva etapa?

Más allá de la caída general, el fuerte retroceso de los novillos, categoría clave en la productividad, es una señal de alerta para la ganadería. Sin embargo, también hay indicadores que marcarían un cambio de tendencia. Los datos salientes, con puntos flojos y firmes de la estructura del rodeo. Por Miguel Gorelik.
Buenos Aires, 17 de abril (PR/26) .- La ganadería argentina cerró 2025 con una baja en el número de bovinos, profundizando una tendencia que se registra desde 2019. El mayor escollo es la falta de novillos, que arrastra una caída del 55% en 15 años, lo cual explica en buena medida el bajo peso de faena del país, afectando los mercados interno y externo.

Sin embargo, más allá de estas vicisitudes , aparecen indicios que podrían marcar el final de esta etapa contractiva y abrir un nuevo ciclo, en un contexto donde las decisiones productivas y la recomposición de categorías serán claves para el crecimiento futuro.

Números que hablan

Al 31 de diciembre pasado había 50,9 millones de bovinos en la Argentina, según la estimación anual que hace el Senasa en base a los registros de vacunación, los documentos de tránsito de hacienda, la faena y las declaraciones de nacimientos, entre otros.

Ese número representó una reducción de 704 mil animales (1,4%) en relación a un año atrás.

En 2018 llegó a un máximo de 55 millones, luego de la recuperación que siguió a la superliquidación de 2008-2009.

Desde ahí, hubo reducciones en todos los años, excepto en 2022, cuando aumentó en 800 mil cabezas.

En los otros cinco años, la pérdida promedio fue de 800 mil cabezas, similar al retroceso del año pasado.

No se puede dejar de lado que desde 2018 hubo tres años de sequía extrema y cuatro de adversa intervención gubernamental, para señalar lo más importante. Tampoco que, en la columna de enfrente, fueron años con precios entre moderados y muy buenos, alcanzando sucesivos máximos.

Cambios recientes en las categorías

Frente a un promedio de baja de 1,4% entre 2024 y 2025, las categorías de animales adultos fueron las que más bajaron, liderando los novillos, con 5,4% y las vacas, con 2,4%.

Contrariamente, los novillitos muestran crecimiento, 3,6%, y las vaquillonas apenas de 0,1%.

Los terneros se ubican en una situación intermedia, con 1,1% de caída los machos y 1,6% las hembras.

En términos absolutos, las vacas, la categoría más numerosa, encabeza la baja con 520 mil animales, seguida por novillos con 120 mil y las terneras con 117 mil. Los novillitos aumentaron su número en 165 mil, superior a la baja de los machos adultos.

La mirada regional

De las 11 provincias con más de un millón de cabezas, sólo Buenos Aires mantuvo sus existencias.

Las otras diez las bajaron, desde Córdoba con sólo 0,2% hasta Corrientes con un fuerte 5,4%.

En términos absolutos, Corrientes también se ubica en el extremo de reducción con 246 mil cabezas menos, seguida por La Pampa y Chaco, con 110-115 mil cada una.

Entre las provincias extrapampeanas, los mayores incrementos se ven en San Juan y Neuquén (5% cada una) y en Tucumán y Tierra del Fuego (10%). En números absolutos, Tucumán, Neuquén y Río Negro crecieron en unas 10-15 mil cabezas cada una.

En el largo plazo

Tras la superliquidación de 2008-2009, pese a un contexto regulatorio desfavorable, como el que provocó ese proceso, los productores retuvieron y las existencias se fueron recuperando hasta alcanzar el pico de stock de 2018, logrando 6 millones más que el mínimo de 2010, el 60% de lo perdido.

Pero desde ahí se volvieron a registrar caídas en casi todos los años.

Además, esos 55 millones representaban seis puntos menos que el número de arranque en 2007.

También hay que señalar que tal recuperación no fue pareja para todas las categorías.

Las vacas y los terneros superaron ese número inicial: 1 y 4%, respectivamente.

Las vaquillonas, en cambio, se ubicaron 9% debajo del arranque. En último lugar, los machos jóvenes y adultos eran un tercio menores que los que había en 2007.

Pero si discriminamos esos machos entre novillitos y novillos, la reducción de estos últimos es mayúscula: los primeros habían bajado una cuarta parte y los adultos más de la mitad.

Con la pérdida ulterior de otros cuatro millones de cabezas hasta 2025, la situación empeoró para todas las categorías.

A fin del año pasado, mientras los terneros todavía superaban en 1% a los de 2007, las vacas estaban 8% abajo; las vaquillonas, 22%; los novillitos, 26%; y los novillos, un tremendo 55%.

Esta situación también explica el bajo peso promedio de la faena, muy alejado, inclusive, de las ganaderías vecinas.

Tal distribución etaria del stock genera que las dos categorías más importantes de la faena sean las de novillitos y vaquillonas.

También constituye una dificultad estructural para el aumento de la producción de carne, que es problemática pero más fácil de revertir que seguir avanzando en existencias totales.

Distribución espacial

Tomando los datos desde 2007, no hay cambios apreciables en la localización del ganado entre regiones y provincias.

La región Centro, en la que ubicamos a Entre Ríos, ya que nos parece que tiene más en común con las otras que con las del NEA, ha sostenido entre el 70 y el 73% del rodeo nacional.

A fines de la primera década, parecía que iba menguando su importancia, pero luego se revirtió.

Le sigue en importancia el NEA, que pasó del 17 al 20%, en 2011 y 2012, pero luego fue retornando a aquella participación inicial.

También el NOA, tercero, que arrancó en el 4%, se sostuvo varios años en el 5%, tocó el 6% en 2018, pero luego se estabilizó en los previos 5 puntos.

Las tres regiones suman 94%, quedando 4% para Cuyo, en donde se destaca San Luis, y 2% para la Patagonia, donde descolla Río Negro.

Si hubiera que señalar un cambio de largo plazo algo más nítido, debemos apuntar a las ganaderías de Salta y de Santiago. Hace 19 años, representaban el 35 y el 50% (en ese orden) del total del NOA. Gradualmente la primera fue aumentando y la segunda, disminuyendo, y hoy tienen rodeos similares, con el 42% de la región cada una.

Destete, en positivo 

Un dato alentador es el comportamiento de la tasa de destete, estadística que se obtiene comparando las existencias del total de terneros de un año con el número de vacas del anterior.

La serie empieza con porcentajes muy bajos en 2008 y 2009, como resultado de la liquidación, que luego se van estabilizando entre el 60 y el 64%, lo que es un bajo valor comparado con ganaderías de igual o mayor desarrollo.

En la serie se destaca el 66,7% de 2021, previo a la larga sequía reciente, vuelve a caer al año siguiente, con 63,8%, pero levanta en 2024 a 65,2%, tasa que mantiene en 2025.

A excepción del señalado para 2021, son los números más altos de la serie de 19 años.

Si bien la tendencia creciente es muy suave, es un desempeño estimulante.

¿Vamos a un crecimiento tras los años de bajas?

Mirando al futuro, existen algunos elementos que permitirían tener un margen de optimismo con respecto a la evolución de las existencias bovinas.

En primer lugar, el clima no parece que se convierta en un factor negativo como lo fue en 2022-2024, al menos en el período pronosticable.

A su vez, la tasa aparente de destete alcanzada en los dos últimos años, relativamente “alta” en términos históricos, podría ser sostenida, e inclusive aumentada, si consideramos las buenas expectativas que existen el sector.

Los precios de la hacienda han sido entre moderados y altos en los últimos años, alcanzando varias veces récords históricos y volviéndose a acercar a los mismos.

También se suma que la previsión para este año es una faena más baja que la del anterior.

Las expectativas de los mercados internacionales se mantienen de muy buen grado, aunque debe resolverse el negativo margen con que está trabajando la exportación.

Las inversiones que se están haciendo en mejoras genéticas y de manejo, con gran asistencia de la tecnología, deberían seguir empujando los resultados.

Asimismo la inflación, que ha sido un factor negativo para el logro de mayor kilaje, podría, con su pronosticada baja, contribuir en este proceso.

Con todos estos elementos, creemos que el stock de 2025 ha alcanzado un piso y que las probabilidades de avanzar con las existencias son altas.

Es de desear que el mercado vaya llevando las decisiones de los ganaderos a restablecer la debida proporción de novillos y de novillitos en el total, lo cual derivará en mayores pesos promedio a la faena, siendo esto más importante, con miras a una mayor producción, que el simple aumento del stock general.

Fuente: Por Lic. Miguel Gorelik
Director de Valor Carne 

Primicias Rurales

Reingeniería. Multiplican por 15 su producción de carne en seis años

Reingeniería. Multiplican por 15 su producción de carne en seis años

Mediante la integración con la agricultura pasaron de la venta de terneros a un ciclo completo intensivo. Con una hectárea de remolacha forrajera remplazaron ocho de verdeos, logrando 2.600 kg/ha de peso vivo en la recría, y con el uso de grano húmedo partido mejoraron drásticamente la conversión en el feedlot. El caso del Grupo Benetton, en el sudoeste bonaerense.

Ignacio Anchorena.

Ignacio Anchorena.

Con una fuerte integración entre ganadería y agricultura y una gestión basada en datos, Estancia Santa Marta -en el partido de Balcarce, Buenos Aires- multiplicó por 15 su producción anual de carne en apenas seis años, pasando de 150.000 kilos en 2018 a los actuales 2,3 millones. 

Para lograrlo, implementó un sistema intensivo y dinámico, en permanente ajuste para que cada pieza encaje en tiempo y forma.

El punto de inflexión fue en 2019, cuando un golpe de timón en la gestión local del Grupo Benetton -propietario del establecimiento- llevó a repensar el modelo de manera integral.

Hasta entonces, daban en arrendamiento el 48% del área agrícola del establecimiento, participación que fueron reduciendo progresivamente hasta hacer casi todo por administración, excepto una pequeña superficie en la que prestan servicio para ensayos y producción de semillas bajo riego.

En ganadería, el cambio también fue total. “Antes vendíamos el ternero al destete. Hoy el animal se queda en el sistema hasta el final del ciclo”, resumió Ignacio Anchorena, administrador de Santa Marta, en diálogo con Valor Carne, resaltando que esto implicó crecer en la siembra de pasturas y verdeos, y destinar parte de las cosechas a alimentación animal en lugar de venderlas como grano.

En resumen, el nuevo desafío significaba inmovilizar capital y asumir más riesgo, lo que requirió profesionalizar cada eslabón del proceso. “La clave fue entender que esto es un rompecabezas: si una pieza no encaja, el sistema no funciona”, graficó.

Santa Marta engorda hoy unos 4.000 terneros propios, a los que se suman otros 4.000 de compra. Todos ingresan a un esquema de recría a campo, para luego pasar a una terminación corta a corral, apuntando a una máxima eficiencia.

De marzo a marzo, los animales tienen que salir terminados en el menor tiempo posible.  “El objetivo es claro: todos los años tenemos que engordar unas 8.000 cabezas para que el esquema cierre. Eso ordena todo el sistema”, enfatizó Anchorena.

La cabaña, el punto de partida

El esquema productivo comienza por una cabaña propia, pensada como generadora de genética Hereford y Angus funcional para el resto del sistema. De ahí surgen las madres y los toros del rodeo comercial.

“El foco está puesto en facilidad de parto, eficiencia reproductiva, aptitud carnicera y adaptación al ambiente”, contó Ignacio Inda, 2do responsable de Ganadería, convencido de que la consistencia genética es una condición clave para que el modelo productivo funcione sin sobresaltos.

Este plantel alimenta el rodeo de unas 4.700 mil madres, entre vacas y vaquillonas, trabajado pensando en aumentar la cabeza de parición.

“La utilización sistemática de inseminación artificial, la evaluación permanente de preñez y destete, y el seguimiento de indicadores reproductivos permiten sostener una oferta de terneros homogéneos, con buen arranque en la recría y comportamiento previsible en las etapas posteriores”, sostuvo Inda, resaltando que “la recría empieza en la madre”.

En relación a los terneros de compra, desde el comienzo se trabaja en la identificación electrónica de los lotes, cargando origen, peso de ingreso, sanidad y todo su recorrido productivo. “Ese número acompaña al animal hasta la faena”, subrayó Inda.

Con esos datos, el equipo puede evaluar performance por origen, comportamiento a pasto y en corral, y construir rankings para futuras compras.

“Sabemos que el resultado muchas veces depende más del precio de compra y venta que de lo productivo, pero tener información nos permite decidir si vale la pena pagar un peso más por ciertos lotes”, agregó.

Hoy la compra de invernada se realiza mayormente vía consignatarios y remates. “Somos nuevos comprando. Aunque la compañía tiene muchísimos años en la zona, recién estamos profundizando la relación con los criadores”, sostuvo Pablo Martínez, responsable de Ganadería. Y planteó: “esperamos que con la identificación electrónica obligatoria podamos desarrollar un buen mapa de proveedores de terneros para mejorar la eficiencia de la recría y el engorde”.

El siguiente paso, ya con los terneros destetados y los de compra, es la recría sobre verdeos que arranca en febrero-marzo y se cierra hacia agosto-septiembre, cuando los animales alcanzan los 270 a 300 kilos.

Recría en Santa Marta.

Recría en Santa Marta.

 

Para esto, la gestión del alimento es fundamental, lo que requiere una planificación detallada a partir del balance forrajero de cada campo. En algunas épocas del año pasan más de 13.000 cabezas por el establecimiento, que se manejan divididos en rodeos de entre 300 y 400 animales, por lo que deben tener un seguimiento al detalle.

“Tratamos de ver qué va a comer cada rodeo durante todo el año y en qué lotes, para que esté ordenado, utilizando el balance forrajero como una guía que se vuelca en una planilla”, narró.

Así, el sistema permite saber “qué categoría, cuántas cabezas, en qué lote, cuántas hectáreas tiene ese lote, qué recurso y cuántos kilos de materia seca ofrece por hectárea, lo que se traduce en una estimación concreta de la oferta total de alimento y su duración en función del consumo diario”, agregó.

Feedlot corto y altamente eficiente

La terminación se apoya en un feedlot profesionalizado, con fuerte incorporación tecnológica, donde están de 80 a 90 días.

“Día a día trabajamos con las dietas para mejorar la eficiencia. Pasamos de conversiones de 11 a 7 kilos de alimento por kilo de carne. El salto se dio al integrar sistemas de gestión nutricional y avanzar en el procesamiento del grano, con un alto uso de grano húmedo partido”, señaló Martínez.

“El desafío ahora es seguir ganando eficiencia sin aumentar el riesgo”, aclara. La clave está en buenas recrías, sanidad ajustada y animales que ya llegan acostumbrados al comedero, reduciendo los días de transición.

“Las hembras entran a terminación con unos 270 kg y salen con 370 kg, mientras que los machos entran con 300 y se terminan en 420 kg. En algunos casos puntuales, orientados a exportación, se alcanzan pesos de 480 kg”, precisó Martínez.

En tanto, la venta del gordo es directa, principalmente a supermercados de primera línea, además de algunos negocios de exportación.

 

 

Remolacha forrajera: la pieza que acelera el sistema

Dentro de esta reingeniería, la remolacha forrajera se convirtió en una de las piezas más innovadoras. Santa Marta implantó unas 70 hectáreas, posicionándose entre los principales productores del país.

“La remolacha nos permite concentrar muchos animales en poca superficie y capturar kilos que antes se nos escapaban”, explicó Juan Pimentel, responsable de Agricultura. En términos de equivalencias, una hectárea de remolacha reemplaza unas ocho hectáreas de verdeo de invierno.

Con una productividad estimada de 25 toneladas de materia seca en secano, cada hectárea permite sostener 25 animales durante unos 150 días, con ganancias diarias de 800 a 1 kg. El impacto es directo: animales que pasaron por remolacha ingresan al feedlot con 340 kilos, frente a los 300 kilos de los que vienen de verdeos tradicionales, en el mismo tiempo.

“La diferencia es enorme”, subraya Gonzalo Varela, segundo responsable de Agricultura. “Además, llegan mejor preparados al corral, reduciendo el tiempo de adaptación y logrando mejores conversiones. Hemos sacado animales gordos con 40 a 45 días de encierre”, aseguró.

 

El equipo de Santa Marta en un lote de remolacha: Anchorena, Inda, Varela, Pimentel y Martínez.

El equipo de Santa Marta en un lote de remolacha: Anchorena, Inda, Varela, Pimentel y Martínez.

 

 

Sin embargo, el manejo del cultivo es exigente: requiere lotes bien drenados, nutrición similar al maíz, control fino de malezas e insectos y un seguimiento permanente. Pero el resultado justifica el esfuerzo. “El año pasado logramos 2.600 kilos de carne por hectárea”, destacan.

 

El trabajo en equipo

Más allá de la planificación y de la búsqueda constante de nuevas tecnologías, Anchorena reconoció que durante el año surgen muchas variables que hacen que en Santa Marta no haya recetas fijas. “El sistema se ajusta constantemente, lote a lote, categoría por categoría. Nada es estático”, aseguró, destacando por eso la “información y el trabajo en equipo” es la verdadera clave del sistema.

“El desafío conjunto es anticiparse, entender dónde está cada pieza del rompecabezas y moverla a tiempo. Ahí es donde se explica el crecimiento”, concluyó.

Por Marcos Lopez Arriazu
Jefe de Redacción de Valor Carne

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