Buenos Aires, viernes 22 de mayo (PR/26) .- Una investigación evaluó el Ciclo de Vida de la carne desde el campo a los mercados internacionales, con la particularidad de calcular las emisiones de los animales y el secuestro de carbono de un sistema de ciclo completo a base de pastizales, pasturas cultivadas, granos y silajes de maíz, o sea, representativo de la ganadería argentina.
Rodolfo Bongiovanni líder del equipo del INTA, INTI y Universidad Católica de Córdoba, presenta un caso real que pone de manifiesto la capacidad de estos sistemas para mitigar parcialmente sus propias emisiones, principalmente de metano entérico y óxido nitroso del estiércol. Hoy, como adelanto para los lectores de Valor Carne, revela los resultados.
“El principal driver para hacer este trabajo fue el impacto de la ganadería en el calentamiento global. Es responsable del 21,6% de la emisión de gases de efecto invernadero de la Argentina, por eso decidimos analizar el ciclo de vida de la carne para demostrar su sostenibilidad y brindar transparencia a los mercados mundiales”, contó Bongiovanni, aludiendo a la reciente publicación del estudio en Sustainability, una prestigiosa revista científica internacional.
En tal sentido, hay una creciente demanda de los consumidores para que la carne ‘muestre los números ambientales’ y la respuesta de los investigadores fue cuantificar sus emisiones mediante un protocolo de la Unión Europea, reconocido a nivel mundial, que es el Análisis de Ciclo de Vida desde “la cuna hasta la tumba”.
En ese marco, el caso en estudio abarcó la producción en el campo de la Universidad Católica de Córdoba, la faena en un frigorífico representativo, el envasado del producto, la gestión de los residuos y la exportación a Europa y los Estados Unidos.
“En el Viejo Continente, los trabajos hablan de un impacto de 100 a 130 kg CO₂ eq / kg de carne (Poore, Nemecek, Clark) y nosotros les estamos brindando, con el viaje al puerto de Róterdam y todo, un producto con 33 kg, o sea, la cuarta parte de lo que emite la carne local o la que llega desde Irlanda o Polonia”, reveló, refiriéndose a los resultados de un kilogramo de carne sin hueso enfriada y envasada al vacío, transportado por barco.
“Es un dato estratégico para diferenciar la carne argentina y aprovechar las mejoras en el acceso a destinos internacionales de alto valor”, subrayó.
¿Cómo diferenciarse? “A partir de estas investigaciones productores y frigoríficos cuentan con una línea de base para medir sus propios sistemas y lograr la Declaración Ambiental de Producto, un sello independiente que lleva la carne en la góndola”, planteó Bongiovanni aludiendo el EPD (Environmental Product Declaration), una ecoetiqueta con un código QR que le permite al consumidor conocer cuál fue su huella ambiental. “Hay nichos en el mundo que ya lo están exigiendo”, señaló.
El paso a paso
¿Qué se evaluó a nivel de campo? “Medimos cuánto se emitió para producir 1 kg de peso vivo a la salida del novillo, incluyendo las propias y parte de las de sus progenitores. Por ejemplo, si una vaca logró cinco terneros en su vida útil, se le asigna a cada uno el 20% del impacto del vientre y si es por inseminación artificial la del padre es mucho menor”, explicó.
“Entender esto es fundamental para poner el foco en minimizar las emisiones de la cría, el punto más caliente de la producción”, subrayó. ¿Cómo? “Mejorando la eficiencia reproductiva y la cantidad de terneros logrados por vientre”, aconsejó, considerando que el 70% de la huella de la carne es el metano que emite el ganado a lo largo de su vida, con un poder de calentamiento 29 veces mayor que el dióxido de carbono. Además, el bosteo genera óxido nitroso que calienta 273 veces más.
En base a estos conocimientos, cuanto más corto es el ciclo menor será su impacto ambiental. “A veces se piensa que los sistemas extensivos emiten menos que los intensivos, pero la huella de la carne está vinculada directamente a la eficiencia productiva, sea a pasto o a grano”, aseguró.
En muchos sistemas del país, “como en el campo de la Universidad, los animales se terminan en dos años, dos años y medio, mientras que, por ahí, en Europa, demandan más tiempo, digamos cuatro y hasta cinco años, y eso explica en parte la menor huella de la carne argentina”, opinó.
En el caso bajo estudio, la ganadería se basa en pastizales naturales y pasturas perennes implantadas, que no solo tienen bajo impacto ambiental, sino que bien manejadas secuestran carbono de la atmósfera: 160,70 kg de CO₂ eq por cada hectárea de suelo de pastoreo, según la estimación de los investigadores en base al método del Panel Intergubernamental de Cambio Climático (IPCC).
¿Secuestro? “La capacidad del sistema para remover carbono de la atmósfera, que en este estudio resultó de unos 5 kg CO₂ eq / kg de carne, también contribuye a diferenciar nuestros cortes de los producidos en Europa donde la alimentación es a base de forrajes conservados, henos y silaje”, pormenorizó.
Otra cuestión que disminuye el impacto de los sistemas intensivos del país es el bajo uso de fertilizantes. “Para producir grano y silo de maíz, por ejemplo, se utiliza muy poca urea, y eso hace a la huella de estos cultivos que incluimos en las emisiones de la carne”, detalló.
Así las cosas, por cada kilo de peso vivo se emiten 12 kilos de CO₂ eq, en la tranquera del campo. “No somos carbono cero, pero es un valor relativamente bajo el mundo. En los Estados Unidos, por ejemplo, un kilo de peso vivo está entre 20 y 30 kg de CO₂ eq, o sea, prácticamente es el doble que el nuestro. Ahí, si bien la ganadería es muy eficiente y se faenan animales jóvenes, incide el alto uso de fertilizantes en la producción de granos”, estimó.
¿Puntos críticos tranquera afuera? El procesamiento en el frigorífico y la distribución de producto también inciden en el impacto ambiental (aunque en mucho menor medida que el metano de los animales) por sus consumos energético y de combustibles fósiles. “En esas etapas, los valores que obtuvimos coinciden con otros estudios internacionales. Lo saliente es que identificamos esos puntos calientes que podrán utilizar las industrias en sus programas de sustentabilidad”, indicó.
El Top ambiental
El frigorífico Logros fue el primero del país en medir la huella de carbono de su carne y certificarla con la Declaración Ambiental de Producto, lo que le permitió asegurar su acceso y ampliar su portafolio en Alemania y los Estados Unidos.
Le siguieron otros como Marfrig, Swift-Minerva y Frigorífico Bermejo. ¿Productores? “Grupo Tigonbu, exporta cortes Angus con marmoreo directamente a China. Y ellos, además le pueden decir a sus clientes: “miren, acá tenemos el estudio que demuestra nuestra huella de carbono”, destacó.
¿Es posible lograr carne carbono cero? “En principio ninguna actividad humana es neutral. Sin embargo, un estudio del INTA Corrientes demostró que, si un sistema de cría sobre pastizales, integra árboles en el 25% de su superficie, se puede alcanzar la neutralidad e incluso tener saldo a favor por el mayor secuestro en los suelos”, aseveró.
Más allá de los planteos silvopastoriles, hay empresas que logran ese diferencial comprando bonos de carbono, o sea, la neutralidad no es intrínseca, sino que se adquiere en el mercado para compensar las emisiones de la ganadería.
Para finalizar, Bongiovanni reiteró que la carne argentina tiene una ventaja competitiva respecto de la producida en países desarrollados. “El mayor logro de nuestra investigación es proporcionar una base científica para que la ganadería pueda medir, gestionar y comunicar su desempeño ambiental de manera creíble y transparente”, concluyó.
El equipo de invetigadores:
Rodolfo Bongiovanni, INTA; Leticia Tuninetti, Javier Echazarreta y Ana Muzlera Klappenbach, INTI; Javier Lozano, Leonel Alisio y Mariano Avilés, Universidad Católica de Córdoba.
El estudio completo publicado en Sustainability





















