El Gobierno tuvo una Navidad frenética con regalo al final

El Gobierno tuvo una Navidad frenética con regalo al final

La negociación con los gobernadores fue un test match para los nuevos protagonistas de la gestión.

 

Buenos Aires, lunes 29 diciembre (PR/25) — Fue un viernes muy, pero muy intenso. En realidad, fue una Navidad intensa. No hubo mucha paz en los espíritus ni del Gobierno ni de la oposición. Sesionar un 26 de diciembre es algo extraordinario para los legisladores.

Esta vez les tocó a los senadores.

Seguramente la mayoría de ellos no conoce cómo eran las cosas cuando la Argentina daba sus primeros pasos como república luego de la sanción de la Constitución Nacional.

En aquellos años de turbulencia y épica el período ordinario de sesiones del Congreso se extendía desde el 1° de mayo hasta el 30 de septiembre.

Esta sesión significó un test match para Patricia Bullrich.
En lo formal, era su debut como jefa del bloque del oficialismo. Pero en los hechos, su rol en el cuerpo va mucho más allá de eso. Ella ha pasado a ser la articuladora entre la Cámara Alta y el Poder Ejecutivo.
Esto es consecuencia directa del aislamiento total en el que navega la gestión de Victoria Villarruel. Emana hacia ella un profundo sentimiento de desprecio por parte de los hermanos Milei.
Aquella frase referida al Presidente que pronunció durante el reportaje con Jonatan Viale le valió el destierro de las arenas del poder. Por si alguien no lo recuerda, la vicepresidenta dijo que el pobre Milei era un “jamoncito” entre su hermana Karina y ella.
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Curita. | Pablo Temes

La aprobación del presupuesto es una exigencia del Fondo Monetario Internacional. Pero, antes de eso, hay que decir que es una necesidad del país. El condimento extra es que se trata del primer presupuesto redactado de puño y letra por la administración libertaria ya que, en los últimos dos años, Javier Milei gobernó con presupuestos prácticamente ajenos y sin la aprobación del Congreso.

El presupuesto es una herramienta esencial que ordena y da previsibilidad más allá de los errores y desvíos. Este es un punto que el Presidente tuvo en cuenta en sus expresiones durante el reportaje que le concedió a Luis Majul el domingo pasado. Claramente hubo una voz –o varias– que le advirtió de la inconveniencia de aplicar un veto a lo votado por el Congreso.

Esas voces vinieron no sólo desde fuera sino también desde adentro del Gobierno. Los votos conseguidos fueron producto de la negociación. De entre ella, la más ardua fue la de Diego Santilli para quien, la aprobación del proyecto de ley de Presupuesto representa una prueba interna y externa.

En lo interno está en juego su capacidad y eficacia en la negociación con los sectores dialoguistas. En lo externo, por su parte, su credibilidad.

El problema más importante que tuvo Guillermo Francos a lo largo de toda su gestión como jefe de Gabinete fue la validez de sus promesas. Para ponerlo blanco sobre negro: Francos llegaba a acuerdos con los opositores en los que enunciaba a sus eventuales interlocutores –en este caso, gobernadores– diversas promesas que después nunca se cumplían.

Santilli, quien estuvo presente en el largo, tedioso y vacuo debate de los senadores, tiene el desafío de hacer que sus promesas se transformen en hechos. En su mensaje en la red X se encargó de resaltar “el coraje de los diputados, senadores y gobernadores que entendieron que el país cambió”.

Entre los senadores peronistas que votaron positivamente estuvieron: Guillermo Andrada de Catamarca, y Sandra Mendoza, de Tucumán. Habrán sido producto de un aporte del Grupo JaJa, integrado por los gobernadores Osvaldo Jaldo y Raúl Jalil, como muy ocurrente y agudamente lo definió nuestro colega Federico Mayol.

El ministro del Interior es, desde el punto de vista político, uno de los ganadores de este capítulo. “No dejó nada librado al azar, una derrota lo hubiera dejado rengo dentro y fuera del gabinete” –reconocieron en su entorno.

La otra, claramente, es Patricia Bullrich. El Presidente quien, consciente de lo que se jugaba, estuvo atento durante todo el día, no demoró un minuto en celebrar en la red X lo que, sin dudas, es un gran triunfo del Gobierno.

“Somos una montaña rusa de emociones. Hace menos de 10 días cuando Diputados le dio media sanción al proyecto, los ánimos venían muy abajo por no haber podido derogar la ley de discapacidad y de financiamiento universitario.

Hoy la historia es otra, pero deberíamos ser un poco menos ciclotímicos” –reconoció un libertario que no salía de su asombro. No le falta razón, por aquellas horas hasta corrió la versión del veto como un reguero de pólvora.

El PRO es el otro espacio político que ha ido rifando parte de su capital fagocitado por la ola violeta. Del radicalismo mejor ni hablar.

La falta de líderes capaces de ofrecer una alternativa seria al oficialismo es un problema que, más pronto que tarde, afectará a la dirigencia responsable que cree en la alternancia como llave para una democracia sana.

Primicias Rurales

Fuente: Perfil

El fin de la Tercera Vía

El fin de la Tercera Vía

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Gabriel Boric. Defendió a Ucrania frente a Rusia. | AFP

 

Este resumen breve de algunos hechos destacados del gobierno de Gabriel Boric sirve como disparador del análisis más amplio que se propone en esta nota. Por ejemplo:

– Mantuvo intocada la estructura distributiva heredada

– Atacó a Venezuela y a Nicaragua

– Condenó a Cuba por DD.HH.

– Defendió a Ucrania frente a Rusia.

– Mantuvo procesos judiciales sobre manifestantes del 2019.

– No indultó a los presos políticos que protestaron a su lado en 2019.

– Mantuvo la militarización en el Wallmapu (territorio mapuche).

– Canceló su programa de reformas (como pensiones y tributaria), negociando acuerdos con la oposición de derecha y empresarios.

– Tomó distancia de Lula, Petro y Claudia Sheinbaum en asuntos como criticar la injerencia de Washington, las deportaciones y los aranceles.

– Hubo persecución política de líderes comunistas como Daniel Jadue

– Reconoció a María Corina Machado y a Edmundo González en Venezuela y recientemente los al menos “opacos” resultados electorales en Honduras.

– Estableció acuerdos con el Comando Sur de EE.UU.

En síntesis, Gabriel Boric llegó al poder prometiendo cambiar la forma de hacer política y su sistema de alianzas tradicionales entusiasmando a miles de jóvenes y terminó gobernando con y como los mismos que por años criticó.

No es un caso aislado. La llamada “Tercera Vía”, la socialdemocracia reformista ha sido presentada en las últimas décadas como una alternativa capaz de conciliar crecimiento económico bajo patrones neoliberales, pero con “justicia social”.

Sin embargo, la experiencia reciente en América Latina y Europa muestra un patrón recurrente: las coaliciones progresistas que adoptan políticas neoliberales terminan debilitadas, fracturadas y abren el camino a gobiernos de derecha o ultraderecha. Veamos algunos ejemplos.

Grecia: la traición del referendo. En 2015, Syriza tuvo la oportunidad histórica de enfrentar la austeridad impuesta por la troika. El referendo popular rechazó con contundencia las políticas de ajuste, pero Alexis Tsipras decidió desconocer ese mandato y aceptar las condiciones de los acreedores.

El resultado fue la fractura interna del partido y, finalmente, el triunfo de Nueva Democracia en 2019 y 2023. Grecia ejemplifica cómo la renuncia a un programa propio en favor del neoliberalismo desemboca en el retorno de la derecha con mayoría absoluta.

Portugal: la “geringonça” y la austeridad encubierta

La alianza inédita entre socialistas, comunistas y el Bloque de Izquierda permitió a António Costa gobernar desde 2015. Sin embargo, la estrategia de “austeridad oculta” debilitó los servicios públicos y erosionó la confianza ciudadana.

Aunque el Partido Socialista logró mantenerse en el poder, la ruptura de la coalición abrió espacio para el crecimiento de la extrema derecha, que hoy supera el 20% de los votos. Portugal muestra que incluso cuando la socialdemocracia logra estabilidad, el costo es la degradación de su base social.

España: la reforma laboral y la pérdida de identidad

La coalición PSOE-Podemos prometió derogar la reforma laboral del Partido Popular, pero terminó legitimando sus aspectos centrales. La flexibilización del despido y la prevalencia de convenios empresariales fueron avaladas por Unidas Podemos, lo que generó una crisis de identidad y el debilitamiento de su representación.

El Partido Popular, en alianza con Vox, capitalizó el desencanto y se consolidó como opción competitiva. España evidencia cómo el progresismo, al ceder en cuestiones estructurales, refuerza la agenda conservadora.

Brasil: el ajuste como razón de ser. Dilma Rou-sseff entregó la conducción económica a Joaquim Levy, representante del sector financiero. El ajuste ortodoxo provocó una crisis interna en el PT, el desplome de la popularidad presidencial y el golpe parlamentario encabezado por Michel Temer.

Este proceso abrió el camino al triunfo de Jair Bolsonaro en 2018. Brasil confirma que cuando el progresismo adopta el neoliberalismo como política central, pierde legitimidad y habilita el ascenso de proyectos autoritarios.

Argentina: la trampa del centro

El Frente de Todos, bajo la presidencia de Alberto Fernández, convalidó la deuda externa contraída por Mauricio Macri y profundizó el deterioro distributivo. La pérdida de millones de votos en 2021 reflejó el desencanto popular.

Como advierte George Lakoff, el “centro político” no existe; lo que existen son ciudadanos biconceptuales. Al escorarse hacia la derecha, el peronismo reforzó valores conservadores y se alejó de sus bases. La experiencia argentina también muestra que la búsqueda del centro conduce a la pérdida de identidad y a la derrota electoral a manos de la ultraderecha.

El análisis comparativo revela un patrón claro: las coaliciones progresistas que adoptan políticas neoliberales terminan debilitadas y abren el camino a la derecha y la ultraderecha.

Como insistimos desde hace casi una década en estas columnas, la “Tercera Vía” está agotada. La búsqueda del centro político constituye una trampa que erosiona la identidad y la luego representación electoral.

La única alternativa viable es afirmar un polo propio, sostener la unidad desde un programa popular-democrático y apartarse de la agenda del FMI y del sector financiero.

La lección es contundente: no se construyen mayorías renunciando a los valores propios, sino atrayendo al centro político desde una identidad firme coherente con la historia de la fuerza y normalmente estas experiencias son la cabecera de playa del desembarco de la ultraderecha al Gobierno.

 

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Fuente: Perfil