Hoy celebramos el Día de la Anunciación del Angel a María Santísima. La Encarnación del Verbo

Hoy celebramos el Día de la Anunciación del Angel a María Santísima. La Encarnación del Verbo

Anunciación del Señor: Y le pondrás por nombre, Jesús. La celebración de la Anunciación recuerda el momento en que, según la tradición cristiana, Dios entra en la historia humana a través de María, marcando el inicio de la salvación.

Buenos Aires, miércoles 25 marzo (PR/26) — La fiesta de la Anunciación a María, que se celebra los 25 de marzo,  es también, e indisolublemente, la fiesta de la Encarnación del Verbo de Dios. Es éste el acontecimiento que hace girar los siglos. El comienzo de nuestra salvación. Dios ha entrado en la historia humana.

Anunciación del SeñorEl escenario

Con motivo de esta fiesta, podemos realizar un viaje espiritual al lugar de la Anunciación de María y Encarnación del Hijo de Dios. Cuando llegamos a Nazaret, lo primero que nos llama la atención es la cúpula que corona la basílica de la Anunciación. Con razón ha sitio comparada al cáliz de un inmenso lirio invertido.

Al acercarnos a la basílica todo nos habla de María. Las docenas de brillantes mosaicos, que rodean el atrio a modo de claustro, dedicados a las vírgenes patronas de diversos países. Los bajorrelieves que adornan las fachadas del templo. Y una vez en el interior, las pinturas, las vidrieras, los mosaicos y, sobre todo, la letra «M» que se repite una y otra vez en lo alto de los techos y de las bóvedas. Todo respira un profundo ambiente que invita al recogimiento y a la oración, que se acentúa, sobre todo, en la cripta.

 

Anunciación de Fra Angelico

Precisamente en ese plano inferior se encuentra el lugar más importante de todo el conjunto basilical: restos de un antiguo baptisterio, el basamento que marca el perímetro de la iglesia bizantina y, finalmente, la cueva de la Anunciación. He aquí uno de los lugares más atrayentes para el cristiano que, paradójicamente, se nos presenta revestido de una asombrosa sencillez y pobreza. Una inscripción grabada sobre el mármol del frontal del altar nos recuerda: Aquí el Verbo de Dios se hizo carne».

Nunca deberíamos olvidar la centralidad de este mensaje tan escueto como fundamental para nuestra fe. La fiesta de la Anunciación a María es también, e indisolublemente, la fiesta de la Encarnación del Verbo de Dios. Es éste el acontecimiento que hace girar los siglos. El comienzo de nuestra salvación. Dios ha entrado en la historia humana. Por medio de la Anunciación a María, Dios se ha hecho hombre para que los hombres podamos participar en la naturaleza divina. La luz ha venido a irrumpir en el mundo de las tinieblas.

Como escribía el papa San León Magno en una carta que la Iglesia lee en este día: «El que es Dios verdadero nace como hombre verdadero, sin que falte nada a la integridad de su naturaleza humana, conservando la totalidad de la esencia que le es propia y asumiendo la totalidad de nuestra esencia humana. Y, al decir nuestra esencia humana, nos referimos a la que fue plasmada en nosotros por el Creador, y que él asume para restaurarla».

Siglos más tarde, en un delicioso sermón predicado en la fiesta de la Anunciación, se preguntaba San Juan de Ávila cómo habría de llamar a este día. Sus mismas preguntas, por retóricas que sean, constituyen ya el esbozo para una excelente y profunda catequesis:

‘Si le llamamos día del remedio del mundo, eslo; si día de redempción de captivos, eslo; si le llamamos día de desposorios, eslo; si día de dar grandes limosnas, eslo también. El que supo la misericordia, aquél sea el que nos dé a entender el día que es hoy y nos dé a entender cuán grande sea la gracia que hoy recibió el mundo, y la ponga en nuestros corazones, para que la conozcamos.»

Una vida entera no nos bastaría para contemplar la magnitud de este misterio que ha cambiado la suerte de la historia humana.

Ante el misterio

En la cueva de Nazaret algunos peregrinos antiguos dejaron sus grafitis como señal de su visita a un lugar que muy pronto debieron de considerar como venerable. Los expertos han logrado descifrar uno de ellos que aquí interesa recordar: «jaire», es decir: «alégrate», «Dios te salve», «Ave», Esas palabras del ángel se han convertido en saludo y oración para los cristianos: Ave María, la llena de gracia, el Señor está contigo. En ti y por ti Dios se nos ha hecho Enmanuel, «Dios con nosotros».

Los antiguos padres de la Iglesia gustaron de comparar a María con Eva. Es bien conocido el texto de San Ireneo en el que afirma que ‘el nudo de la desobediencia de Eva fue desatado por la obediencia de María». Otros, como San Jerónimo o San Juan Crisóstomo, repitieron una y otra vez que si »la muerte vino por Eva, la vida nos vino por María».

La cueva de la Anunciación, en Nazaret, está cerrada por una verja que parece querer evocar la zarza ardiente en la que Dios se mostró a Moisés. Y con razón, puesto que aquí Dios se hace presente y salvador para siempre. En el sermón mencionado al comienzo, San Juan de Ávila compara la encarnación del Señor con el episodio de la manifestación de Dios a Moisés en la zarza que ardía en el desierto. En ambos casos, Dios daba muestras de interesarse por la suerte humana. Pero si en un caso seguía siendo Dios «sin que le costase nada», en el otro se comprometía hasta el fin, asumiendo la suerte del hombre:

«Hombres, no es ya razón tener el corazón de piedra, sino de carne, pues el Verbo de Dios es hecho carne por nosotros hombres y por nuestra salud. Dios encarnó y fue hecho hombre. Acullá se queda en la zarza, y no tocan a él; acá desciende de los cielos y queda hecho hombre.»

En aquel mismo siglo, San Juan de la Cruz plasmaba en un romance, sencillo y profundo a la vez, su alta contemplación de este misterio:

«Entonces llamó a un arcángel que San Gabriel se decía y enviolo a una doncella que se llamaba María, de cuyo consentimiento el misterio se hacía;
en la cual la Trinidad de carne al Verbo vestía;
y aunque tres hacen la obra, en el uno se hacía;
y quedó el Verbo encarnado en el vientre de María. Y el que tenía sólo Padre, ya también Madre tenía, aunque no corno cualquiera que de varón concebía, que de las entrañas de ella él su carne recebía;
por lo cual Hijo de Dios y de el hombre se decía.»

El Concilio Vaticano II ha dedicado al misterio de la Anunciación de María unas hermosas y profundas consideraciones que podemos recordar en la celebración de esta fiesta. En ellas se subraya especialmente la libre cooperación de María con el designio salvador de Dios:

«El Padre de las Misericordias quiso que precediera a la Encarnación la aceptación de parte de la Madre predestinada, para que así como la mujer contribuyó a la muerte, así también contribuyese a la vida (…). La Virgen Nazarena es saludada por el ángel por mandato de Dios como «llena de gracia» (cf. Le 1, 28), y ella responde al enviado celestial: «He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra» (Lc 1, 38). Así María, hija de Adán, aceptando la palabra divina, fue hecha Madre de Jesús, y abrazando la voluntad salvífica de Dios con generoso corazón y sin impedimento de pecado alguno, se consagró totalmente a sí misma, cual esclava del Señor, a la Persona y a la obra de su Hijo, sirviendo al misterio de la Redención con él y bajo él, por la gracia de Dios omnipotente» (LG 56).

Esta contemplación del misterio de la Encarnación ha alimentado la espiritualidad de los cristianos y ha orientado su presencia activa en el mundo. La Iglesia, imitando de lejos al Verbo de Dios, trata de encarnarse en las realidades de este mundo con el fin de renovarlo con la gracia de su Señor.

En un día como éste, el cristiano encuentra especial sentido a la recitación de una antigua antífona mariana titulada Alma Redemptoris Mater:

Madre del Redentor, virgen fecunda,
puerta del cielo siempre abierta,
estrella del mar,
ven a librar al pueblo que tropieza y quiere levantarse.

Ante la admiración de cielo y tierra,
engendraste a tu santo Creador,
y permaneces siempre virgen.
Recibe el saludo del ángel Gabriel,
y ten piedad de nosotros, pecadores.»

José Román Flecha Andrés.

Texto tomado de: Martínez Puche, José A. (director),
Colección Nuevo Año Cristiano de EDIBESA.

 

 

 

Fuente: Dominicos org

Primicias Rurales

“ Le pondrás por nombre Jesús ”

“ Le pondrás por nombre Jesús ”

Lectura del santo evangelio según san Lucas 1, 26-38

 

En aquel tiempo, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la casa de David; el nombre de la virgen era María.

El ángel, entrando en su presencia, dijo:
«Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo».

Ella se turbó grandemente ante estas palabras y se preguntaba qué saludo era aquél. El ángel le dijo:
«No temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios. Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. Será grande, se llamará Hijo del Altísimo, el Señor Dios le dará el trono de David, su padre; reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin».

Y María dijo al ángel:
«¿Cómo será eso, pues no conozco varón?».

El ángel le contestó:
«El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el Santo que va a nacer será llamado Hijo de Dios. También tu pariente Isabel ha concebido un hijo en su vejez, y ya está de seis meses la que llamaban estéril, porque “para Dios nada hay imposible”».

María contestó:
«He aquí la esclava del Señor; hágase en mi según tu palabra».

Y el ángel se retiró.

Palabra del Señor
Lo que nuestra Señora no dijo, y que nosotros tampoco debemos decir

Lo que nuestra Señora no dijo, y que nosotros tampoco debemos decir

Angelo Stagnaro, de The National Catholic Register, contó las 188 palabras registradas que María pronunció en siete pasajes de las Sagradas Escrituras.

 

España, lunes 29 diciembre (PR/25) — María, nuestra Señora, tiene 188 palabras registradas en las Escrituras. Ella no se explicó ni se defendió porque la Verdad crecía dentro de ella

Si buscamos un ejemplo sin pecado de cómo responder a las muchas dificultades de la vida, recurramos a Nuestra Señora. Cuando el ángel Gabriel saluda a María en el libro de Lucas, no la saluda por su nombre. La llama «Kecharitomene», que es un término griego en tiempo perfecto que significa «Tú, que has sido perfeccionada por la gracia… y sigues siéndolo».
No «parcialmente agraciada», ni «muy favorecida», sino completamente llena de la gracia de Dios:

«Salve, llena de gracia…» (Lc 1,28)

Angelo Stagnaro, de The National Catholic Register, contó las 188 palabras registradas que María pronunció en siete pasajes de las Sagradas Escrituras.

1Lucas 1, 34

En la Anunciación, María le dijo al ángel: «¿Cómo será esto, puesto que no tengo marido?».

(9 palabras con las que formuló una pregunta).

2Lucas 1, 38

«He aquí la esclava del Señor», dijo María, nuevamente en la Anunciación. Hágase en mí según tu palabra». Y el ángel la dejó.

(17 palabras en las que ella consintió en ser la Madre de Nuestro Señor).

3Lucas 1, 40

En la Visitación, María saludó a su prima Santa Isabel, pero sus palabras no quedaron registradas.

(0 palabras)

4Lucas 1, 46

El Magnificat:

«Mi alma glorifica al Señor, y mi espíritu se regocija en Dios mi Salvador, porque ha mirado la humildad de su sierva. Porque he aquí que desde ahora todas las generaciones me llamarán bienaventurada, porque el Poderoso ha hecho grandes cosas por mí, y santo es su nombre. Y su misericordia se extiende de generación en generación sobre aquellos que le temen. Ha desplegado la fuerza de su brazo, ha dispersado a los soberbios en el pensamiento de sus corazones, ha derribado a los poderosos de sus tronos y exaltado a los humildes; ha colmado de bienes a los hambrientos y a los ricos los ha despedido vacíos. Ha socorrido a Israel, su siervo, acordándose de su misericordia, como lo había prometido a nuestros padres, a Abraham y a su descendencia para siempre».

(135 palabras en las que glorificó a Dios y celebró humildemente su papel en la historia de la salvación).

5Lucas 2, 48

Los padres de nuestro Señor se quedaron atónitos cuando lo vieron en el Templo, y su madre le dijo: «Hijo, ¿por qué nos has tratado así? Mira, tu padre y yo te hemos estado buscando con ansiedad».

(18 palabras en las que ella hizo una pregunta y expresó honestamente su frustración sin quejarse).

6Juan 2, 3

Cuando se acabó el vino en Caná, la madre de Jesús le dijo: «No tienen vino».

(Cuatro palabras con las que acudió a Nuestro Señor con un problema).

7Juan 2, 5

De nuevo en Caná, la madre de Jesús dijo a los sirvientes: «Hagan lo que él les diga».

(Cinco palabras con las que nos remite a su Hijo).

Lo que ella no dijo

En estas fiestas navideñas, lo que llama la atención de estas 188 palabras pronunciadas por Nuestra Señora en las Escrituras es una reflexión sobre lo que no dijo.

Nunca se quejó. Nunca se explicó ni se defendió. No se enfadó con Gabriel, como sin duda habría hecho cualquiera en su lugar, poniéndose roja como un tomate y balbuceando algo como: «¿No sabes que me pueden lapidar por estar embarazada fuera del matrimonio?».

En cambio, María «guardaba todas estas cosas y las meditaba en su corazón» (Lc 2,19).

En momentos difíciles, tendemos a dar demasiadas explicaciones y a defendernos. Pero Nuestra Señora nunca hizo esto, aunque tenía buenas razones para ello. Nunca acudió a San José ni a nadie más para rogarles que comprendieran su virginidad perpetua. No se dedicó a ensalzarse a sí misma, proclamando su inocencia y contando lo que le había dicho el ángel.

Cuando saludó a su prima Isabel, sus palabras exactas no quedaron registradas, por lo que se puede afirmar con seguridad que no dijo gran cosa.

Más bien, Nuestra Señora apenas dijo nada en las Escrituras y quizá también en la vida real. No tenía necesidad de hacerlo. Llevaba la Verdad dentro de sí y, con el tiempo, esta Verdad se revelaría.

Después, con permisión de Dios, se apareció y habló en diferentes lugares como Lourdes, Francia; Fátima, Portugal y da mensajes al mundo desde hace más de 40 años desde la aldea croata Medjugorje, en Bosnia -Herzegovina.

 

Primicias Rurales

Fuente: Aleteia

“Hágase en mí según tu palabra”

“Hágase en mí según tu palabra”

Primera lectura

Lectura del libro de Isaías 7, 10-14

 

En aquellos días, el Señor habló a Ajaz y le dijo:
«Pide un signo al Señor, tu Dios: en lo hondo del abismo o en lo alto del cielo».

Respondió Ajaz:
«No lo pido, no quiero tentar al Señor».

Entonces dijo Isaías:
«Escucha, casa de David: ¿no os basta cansar a los hombres, que cansáis incluso a mi Dios? Pues el Señor, por su cuenta, os dará un signo. Mirad: la virgen está encinta y da a luz un hijo, y le pondrá por nombre Enmanuel».

 

Salmo de hoy

Salmo 23, 1b-2. 3-4ab. 5-6 R/. Va a entrar el Señor, él es el Rey de la gloria

 

Del Señor es la tierra y cuanto la llena,
el orbe y todos sus habitantes:
él la fundó sobre los mares,
él la afianzó sobre los ríos. R/.

¿Quién puede subir al monte del Señor?
¿Quién puede entrar en el recinto sacro?
El hombre de manos inocentes y puro corazón,
que no confía en los ídolos. R/.

Ese recibirá la bendición del Señor,
le hará justicia el Dios de salvación.
Esta es la generación que busca al Señor,
que busca tu rostro, Dios de Jacob. R/.

 

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Lucas 1, 26-38

 

En el sexto mes, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la casa de David; el nombre de la virgen era María.

El ángel, entrando en su presencia, dijo:
«Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo».

Ella se turbó grandemente ante estas palabras y se preguntaba qué saludo era aquel. El ángel le dijo:
«No temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios. Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. Será grande, se llamará Hijo del Altísimo, el Señor Dios le dará el trono de David, su padre; reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin».

Y María dijo al ángel:
«¿Cómo será eso, pues no conozco varón?»

El ángel le contestó:
«El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el Santo que va a nacer será llamado Hijo de Dios. También tu pariente Isabel ha concebido un hijo en su vejez, y ya está de seis meses la que llamaban estéril, “porque para Dios nada hay imposible”».

María contestó:
«He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra».

Y el ángel se retiró.

 

Evangelio de hoy en vídeo

Reflexión del Evangelio de hoy

«Ya llega el esperado de los tiempos»

Nos vamos acercando ya a la solemnidad de la Natividad del Señor. Estamos en la cuarta semana de Adviento. En la liturgia de la Iglesia cobran especial relieve las grandes figuras bíblicas que rodean el nacimiento del Señor. Entre ellas María ocupa el lugar más destacado.

Se nos va desvelando también la personalidad humana y divina de quien está llegando, por medio de títulos importantes. Estos se ponen de manifiesto en apelativos simbólicos: Sabiduría proveniente de la boca del Altísimo, Adonai, Jefe de la casa de Israel, Raíz de Jesé, Llave de David, Cetro de Israel, Oriente luminoso de luz eterna, Sol de justicia, Rey de las naciones, Piedra angular de la Iglesia. Nombres todos que nos adelantan la importancia del personaje que se anuncia: El Emmanuel, el Dios con nosotros.

El Señor, por su cuenta, os dará una señal

La primera lectura, del profeta Isaías, contiene el anuncio del nacimiento de un niño, un hijo que va a continuar la descendencia de David. Al rey Acad se le da una señal de parte de Dios: una mujer virgen está en cinta y da a luz un hijo y le pone por nombre  “Dios-con-nosotros”. La fe cristiana ve en este acontecimiento el anuncio del nacimiento del Mesías.

Para Dios nada hay imposible

San Lucas, por su parte, en el Evangelio nos ofrece una de las páginas más bellas jamás escritas: la Anunciación del Señor.

Es Dios quien toma la iniciativa. Quiere hacer realidad su plan de salvación de toda la humanidad. Va a intervenir en la historia por medio de su Hijo hecho hombre. Para ello quiere contar con una joven de Nazaret, desposada con un hombre llamado José, de la estirpe de David. Pero Dios, que no quiere hacer las cosas a la fuerza, se acerca a María por medio de su ángel Gabriel, para invitarle a formar parte de su plan de Salvación. María está llena de la gracia de Dios y es considerada digna de ser la madre del Redentor.

María, la mujer joven y sencilla de Nazaret, se queda abrumada por el anuncio del ángel y llena de temor ve inviable que se haga realidad en ella la obra de Dios. ¿Cómo va a ser eso si no conozco varón? Sin embargo, se muestra disponible para aceptar la voluntad de Dios, ya que para Él nada hay imposible.

“Aquí está la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra”. Contesta María al enviado de Dios.

Dios también quiere contar contigo

Para Dios nada hay imposible y podría actuar solo. Sin embargo, lo mismo que contó con María para hacer realidad la encarnación de su Hijo, quiere contar con cada uno de nosotros para llevar a cabo su plan de salvación. También a ti y a mí nos encuentra llenos de gracia en su presencia. Su amor hace que se diluyan todos nuestros miedos. Nos da la fortaleza de su Espíritu, que nos hace fecundos. Nos encarga una misión en el mundo y nos capacita para ella. También nosotros estamos llamados a “dar a luz” a Jesucristo, hoy en medio de la sociedad de nuestro tiempo, por medio del testimonio sencillo de nuestra vida. Ojalá que podamos pronunciar nuestro si, como María, haciendo siempre su voluntad.

Muchas veces, en medio del ruido, las prisas y el ajetreo en que estamos inmersos, necesitamos el recogimiento y el silencio de María para hacernos conscientes de la presencia de Dios en nuestra vida. Un silencio en medio del cual sigue resonando hoy la voz amorosa de Dios.

 

¿Soy capaz de hace silencio dentro de mí, para escuchar la voz de Dios?

¿Soy un creyente feliz que irradia alegría?

¿Estoy disponible para hacer la voluntad de Dios, como María?

¿Me he preguntado lo que necesita Dios de mí y de mi vida?

Fr. Francisco José Collantes Iglesias O.P.

Fr. Francisco José Collantes Iglesias O.P.
Convento de Santo Tomás de Aquino (Sevilla)

. Actualmente formo parte de la Comunidad del Convento Santo Tomás de Aquino de Sevilla. Disfruto sobre todo junto al mar y me gusta mucho viajar en buena compañía. Valoro bastante la amistad y disfruto intentando dar a conocer a Jesucristo mediante la predicación del Evangelio.

Evangelio de hoy en audio

“¡Alégrate, llena de gracia!”

“¡Alégrate, llena de gracia!”

Lectura del santo evangelio según san Lucas 1, 26-38

En aquel tiempo, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la casa de David; el nombre de la virgen era María.

El ángel, entrando en su presencia, dijo:

«Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo».

Ella se turbó grandemente ante estas palabras y se preguntaba qué saludo era aquel.

El ángel le dijo:
«No temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios. Concebirás en tu

vientre y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. Será grande, se llamará Hijo del Altísimo, el Señor Dios le dará el trono de David, su padre; reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin».

Y María dijo al ángel:

«¿Cómo será eso, pues no conozco varón?».

El ángel le contestó:

«El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el Santo que va a nacer será llamado Hijo de Dios. También tu pariente Isabel ha concebido un hijo en su vejez, y ya está de seis meses la que llamaban estéril, “porque para Dios nada hay imposible”».

María contestó:
«He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra».

Y el ángel se retiró.

 

Palabra del Señor