Hoy celebramos a San Agustín de Canterbury, quien lideró el renacimiento de la fe en su país

Hoy celebramos a San Agustín de Canterbury, quien lideró el renacimiento de la fe en su país

A San Agustín se le considera uno de los más grandes evangelizadores de Europa, a lado de San Patricio de Irlanda y San Bonifacio de Maguncia (Alemania).

Hacer renacer la fe

Se desconoce la fecha exacta delnacimiento de Agustín; sin embargo, se sabe que inició su vida apostólica y misionera en el año 597, cuando deja la ciudad de Roma, donde vivía, y se dirige a la isla de Gran Bretaña. El santo partió en compañía de otros 39 monjes por órdenes del Papa Gregorio Magno, quien deseaba que el territorio insular europeo fuese evangelizado.

Gran Bretaña había recibido evangelizadores desde los tiempos apostólicos, no obstante, pasados algunos siglos, la Iglesia no había logrado arraigarse suficientemente, y paulatinamente los antiguos cultos paganos se iban fortaleciendo, especialmente tras la invasión sajona de los siglos V y VI.

Acompañado por la Providencia

Antes de la llegada de los misioneros al pueblo de Thanet, en Kent, y fueran recibidos por Etelberto, el Papa San Gregorio Magno ya había nombrado abad y designado obispo a Agustín. Tras el encuentro entre el monarca y el novel obispo, el rey concedió permiso a los monjes para la predicación y les entregó en custodia la iglesia de San Martín. Las celebraciones litúrgicas y la prédica pública fueron reanudadas, y con ello empezaron a producirse muchas conversiones. Como corolario de aquel renacimiento de la fe, el rey y los miembros de su corte se bautizaron el día de Pentecostés del año 597.

“El apóstol de los ingleses”

La afabilidad de los misioneros, su sencillez, generosidad y fortaleza a toda prueba, causaron una profunda impresión en el rey. Agustín, además, destacaba en medio del grupo. Con esto, Etelberto quedó impresionado, y cada vez más compenetrado con la doctrina que enseñaba el santo, expuesta con claridad y elocuencia.

Entonces, Agustín tomó la decisión de enviar a dos de sus monjes a Roma para comunicarle al Sumo Pontífice lo que estaba aconteciendo. El Papa en respuesta lo nombró Arzobispo de Canterbury y lo exhortó a mantener el favor del rey mediante la humildad y el agradecimiento. Agustín se convirtió así en el primer Arzobispo de Canterbury, la célebre ciudad catedralicia del sudeste de Inglaterra, que retomaría sus raíces cristianas, hasta que, lamentablemente, siglos más tarde, terminó convirtiéndose en centro del anglicanismo.

Inglaterra católica

Agustín cumpliría, sin ser del todo consciente, una labor de importancia histórica: siguiendo las indicaciones del Papa, llevó a cabo la repartición de territorios eclesiásticos. El santo erigió varias sedes episcopales que subsisten hasta hoy, una en Londres y otra en Rochester, consagrando obispos a Melito y a Justo.

Después de haber trabajado incansablemente por la conversión de Inglaterra, San Agustín de Canterbury murió el 26 de mayo del año 604.

Si quieres saber más sobre San Agustín de Canterbury, te recomendamos que leas este artículo de la Enciclopedia Católica: https://ec.aciprensa.com/wiki/San_Agustín_de_Canterbury.

Más información en el siguiente enlace.

 

Primicias Rurales
Fuente: Aciprensa
Hoy celebramos a Santo Tomás Becket, el político inglés que se convirtió en arzobispo y mártir

Hoy celebramos a Santo Tomás Becket, el político inglés que se convirtió en arzobispo y mártir

Santo Tomás BecketSanto Tomás Becket, santo del día 29 de diciembre / ACI Prensa

Canciller

Enrique cultivó una amistad con Tomás, a la que el santo correspondió con absoluta fidelidad y devoción, aun a sabiendas de que el rey pretendía que le fuese útil en la causa contra los obispos ingleses. Estos, a modo de ver del monarca, gozaban de privilegios excesivos en detrimento del poder real -su poder-. En este punto Tomás nunca quiso hacer causa común con el rey.

Un año después de la muerte del arzobispo Teobaldo, Becket sería ordenado sacerdote y, casi inmediatamente, consagrado obispo, con lo quedó habilitado para asumir la sede de Canterbury.

Arzobispo

Como Primado de la Iglesia en Inglaterra se entregó por completo al servicio eclesial, mientras se dejaba transformar paulatinamente por el Señor, gracias a su oración persistente y su profundo amor a la Eucaristía. En el proceso, las formas cortesanas que adquirió durante tantos años de servicio a la corona empezaron a desaparecer, y fueron reemplazadas por la austeridad y el desprendimiento.

Tomás se hizo a todas luces un hombre generoso y muy cercano a los pobres, a quienes recibía y atendía personalmente en su abadía.

Enemistad con el espíritu de este mundo

Al negarse a secundar los planes de Enrique II, quien se hallaba en campaña política para que la Iglesia de Inglaterra se sujete al poder real, el arzobispo Becket optó por el exilio en Francia. Allí consiguió la protección tanto del monarca francés como del Papa Alejandro III, quien persuadió a Enrique II de hacer las paces con él. Lamentablemente, tras volver a su patria, las tensiones entre los dos ingleses se reiniciaron.

Cuando el rey Enrique tuvo noticia de que el Santo Padre había excomulgado a un grupo de obispos ingleses recalcitrantes contra Roma -estos se habían pronunciado a favor del plan autoritario del monarca y, además, habían usurpado prerrogativas propias del arzobispo de Canterbury-, la rabia se apoderó de él. Esa cólera se acrecentó aún más cuando el rey comprobó que el buen Tomás se mantenía intransigente en su postura de no someter a la Iglesia al poder temporal. Para el santo los prelados amonestados debían solicitar el perdón del Pontífice y prometer obediencia renovada a su investidura.

La tensión entre Londres y Roma iría en aumento, a tal punto que, un día, el rey Enrique II manifestó su impotencia a voz en cuello, frente a toda su corte. Dijo en alusión a Becket: «¿No hay nadie que me libre de este sacerdote turbulento?».

Mártir

Cuatro caballeros que habían escuchado la queja airada del monarca asumieron que se trataba de una orden y decidieron finiquitar el asunto por propia mano.

El 29 de diciembre de 1170, los hombres del rey, acompañados de una tropa de soldados, se aparecieron frente de la Catedral de Canterbury exigiendo ver al arzobispo.

Un grupo de presbíteros intentó proteger al santo y lo forzaron a refugiarse dentro del templo de la abadía, pero Tomás les prohibió cerrar la puerta arguyendo que «una iglesia no debe convertirse en un castillo».

Mientras tanto, a gritos, los caballeros acusaban al arzobispo de traidor. «Aquí estoy», dijo Tomás. «No traidor, sino un sacerdote de Dios. Me extraña que con tal atuendo entren en la iglesia de Dios. ¿Qué quieren conmigo?».

Uno de los caballeros levantó la espada para atacarle, pero no logró asestar el golpe ya que andaba a su lado un monje que lo protegió con el brazo.

Entonces, los cuatro caballeros arremetieron juntos y vencieron toda resistencia. Asesinaron al arzobispo sobre los peldaños del atrio del santuario. El golpe mortal sería un sablazo que partió el cráneo de Beckett.

“Por el nombre de Jesús y en defensa de la Iglesia”

Mientras agonizaba, Tomás repetía débilmente los nombres de sus predecesores asesinados: “San Denis, San Elphege de Canterbury… ”. Sus palabras finales fueron: «Muero voluntariamente por el nombre de Jesús y en defensa de la Iglesia».

El crimen causó indignación entre el pueblo y la nobleza, por lo que el rey Enrique fue forzado a hacer penitencia pública y construir, como reparación, el monasterio en Witham, Somerset.

400 años después, cuando el rey Enrique VIII rompió con la Iglesia y el Papa, Santo Tomás Becket fue borrado del calendario litúrgico de Inglaterra, su santuario arrasado y sus reliquias quemadas.

Si quieres saber más sobre Santo Tomás Becket, te recomendamos este artículo de la Enciclopedia Católica:

https://ec.aciprensa.com/wiki/Santo_Tom%C3%A1s_Becket.

 

Primicias Rurales

Fuente: ACI Prensa