Cada 18 de marzo es la fiesta de San Cirilo de Jerusalén: de catequista a Doctor y Padre de la Iglesia

Cada 18 de marzo es la fiesta de San Cirilo de Jerusalén: de catequista a Doctor y Padre de la Iglesia

Buenos Aires, 18 de marzo (PR/26) .- Cada 18 de marzo, la Iglesia universal celebra a San Cirilo de Jerusalén, Doctor y Padre de la Iglesia. San Cirilo fue un obispo de origen griego que vivió en el siglo IV, considerado uno de los exponentes más importantes de la Patrística (periodo histórico de los Padres de la Iglesia) gracias a su contribución al desarrollo y esclarecimiento de importantes puntos de la doctrina cristiana.

San Cirilo es recordado y celebrado por haber ocupado la sede de Jerusalén, siendo en todo momento un fiel expositor y defensor (apologeta) de la recta doctrina.

Catequista de vocación

Cirilo nació cerca de Jerusalén alrededor del año 315. Según la tradición fue ordenado sacerdote por San Máximo, obispo de la Ciudad Santa, quien le encomendó instruir a los catecúmenos. El santo realizó esta tarea por muchos años, algo que lo obligó a estudiar y conocer más de cerca los contenidos de la fe de cara a la Escritura. Más adelante se animaría a escribir y realizar aportes que resultaron cruciales para la teología de los sacramentos -en particular del Bautismo, la Confirmación y la Eucaristía-.

A partir del año 348, Cirilo sucedería a Máximo en la sede de Jerusalén. Así, se iniciaría un periodo de 35 años en los que el santo estuvo a la cabeza de la Iglesia de la antigua ciudad. Lamentablemente, de esas tres décadas y media pasó dieciséis años en el destierro de manera intermitente (tres destierros en total), a causa de numerosos enfrentamientos con quienes alteraban la letra y el sentido de las enseñanzas de Cristo. Uno de esos fue Acacio de Cesarea, precisamente quien lo ordenó obispo, creyendo que Cirilo uniría fuerzas con él en torno al arrianismo, con el que este simpatizaba. Cirilo, precisamente, por este tema terminaría enfrentado con Acacio.

Muchos de los escritos y homilías de San Cirilo no gozaron de la aceptación de muchos poderosos por su virtud y ortodoxia. Cirilo fue afinando posiciones doctrinales inspirado en la enseñanza establecida en el Concilio de Nicea (A. D. 325), primer concilio ecuménico, en el que se hizo frente a arrianistas y paganos en el terreno político y eclesial.

En sintonía con las Escrituras y la Sagrada Tradición

El Papa Benedicto XVI recordaba en la Audiencia General del 27 de junio de 2007 que son 24 los escritos de San Cirilo que han llegado a nuestras manos. Estos textos denominados «Catequesis» a secas, le merecieron al santo, siglos después, el título de Doctor de la Iglesia, concedido por el Papa León XIII en 1883.

Las Catequesis son un conjunto de sermones pronunciados en la Ciudad Santa acerca de la penitencia, el pecado, el bautismo y el Credo (Símbolo de la fe), con el propósito de instruir a los catecúmenos y recién bautizados. De acuerdo al Papa Benedicto XVI, hay en estos textos un desarrollo de la teología sacramental en varios niveles, perfectamente integrados en la liturgia de iniciación cristiana, que los fieles han de renovar constantemente: “La catequesis de san Cirilo, basándose en las tres dimensiones descritas —doctrinal, moral y mistagógica— es una catequesis global en el Espíritu. La dimensión mistagógica [iniciación cristiana] lleva a cabo la síntesis de las dos primeras, orientándolas a la celebración sacramental, en la que se realiza la salvación de todo el hombre” (ver: Benedicto XVI, Audiencia General. Miércoles 27 de junio de 2007).

Padre conciliar y ejemplo de catequista

La historia de la Iglesia nos recuerda la importancia de la participación de San Cirilo en el Concilio de Constantinopla (el segundo concilio ecuménico de la historia) celebrado entre mayo y junio del año 381.

La condena al arrianismo vino por la elucidación de esta doctrina como falsa, al ser una postura que sostenía que Cristo había sido creado (no sería eterno), afirmación que conlleva a la negación de su divinidad en última instancia y al desconocimiento de Dios como Trinidad Santa.

San Cirilo murió en Jerusalén en el año 386.

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Fuente: Aciprensa

Cada 11 de marzo se celebra a San Sofronio, Patriarca de Jerusalén, defensor de Cristo como Dios y hombre

Cada 11 de marzo se celebra a San Sofronio, Patriarca de Jerusalén, defensor de Cristo como Dios y hombre

Por otro lado, el monotelismo fue una postura teológica según la cual en Cristo hay dos naturalezas, la humana y la divina, pero una única voluntad: la divina. La doctrina católica se apartó de esta posición sobre Cristo por cuanto, queriendo salvar la divinidad de Cristo, restaba perfección a su plena naturaleza humana. El monotelismo fue propuesto y difundido por Sergio, Patriarca de Constantinopla.

Monje y asceta

San Sofronio nació en Damasco alrededor del año 550, en el seno de una familia cristiana. De joven fue un brillante profesor de retórica y se ganó el apelativo de “el sofista”. En esos tiempos, tal denominación no conllevaba necesariamente la carga negativa que hoy posee. Era simplemente una alusión a su capacidad de persuasión y a la claridad de su discurso.

Cuando alcanzó la madurez, Sofronio descubrió el llamado de Dios a una vida de entrega en la oración y la práctica de la virtud. Se presentó al monasterio de San Teodosio, cerca de Jerusalén, donde llegaría a ser monje. Años después, realizó un viaje a Alejandría, donde conoció al asceta San Juan Moschou (Juan Mosco, ‘el abstemio’). Prontamente se convirtió en su discípulo y juntos peregrinaron a través de los territorios de las actuales Siria, Palestina y Egipto, para luego tomar rumbo hacia Roma, capital del imperio.

Cabeza de Tierra Santa

Sofronio fue elegido Patriarca de Jerusalén en el año 634, dedicando su primer discurso ante la asamblea de obispos a rechazar enérgicamente la enseñanza monotelita. El texto que escribió para la ocasión, por la calidad y contundencia de los argumentos empleados, fue enviado a modo de misiva al Papa Honorio, quien lo respaldó con vigor.

Lamentablemente la asimilación de las enseñanzas vertidas en el discurso de Sofronio contra la mencionada herejía tomaría mucho tiempo y no se produciría hasta varias décadas después.

Contra el monotelismo

En aquel célebre discurso, Sofronio había incluido numerosas y pertinentes referencias a las fuentes patrísticas y a la Escritura, las que contribuyeron a consolidar la tesis de las dos naturalezas presentes en Cristo y a avizorar las nefastas consecuencias de aceptar el monotelismo.

Para bien de los fieles, el punto de las dos voluntades y las dos naturalezas llegaría a ser esclarecido de manera definitiva en el III Concilio de Constantinopla (680-681), gracias a la acertada influencia del santo. El Concilio se haría eco de la tesis de Sofronio según la cual en Cristo hay dos voluntades, en consonancia con sus dos naturalezas, las que coinciden perfectamente cada vez que operan.

Durante el patriarcado de Sofronio, los cristianos de Jerusalén gozaron de libertad de culto, por lo que podían acceder sin mayores dificultades a los lugares santos, pese a que la ciudad estaba en manos de los invasores árabes.

El patriarca participó activamente en la lucha por la defensa de la ciudad y sus lugares santos en contra de los musulmanes. Penosamente se vio forzado a mediar las condiciones de la rendición cuando la Ciudad Santa fue tomada por el califa Omar I en el año 637.

Aún con todo, San Sofronio tuvo relativo éxito en la obtención de determinados derechos civiles y religiosos, entre los que se subraya la preservación de la iglesia del Santo Sepulcro. Sin embargo, a cambio, tendría que aceptar la imposición de un tributo anual a ser pagado por los cristianos de Jerusalén.

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Fuente: aciprensa