Sentir la adrenalina de volar a 300 metros sobre un mundo de islas, arroyos y bañados. Desandar una reserva urbana donde el verde y la fauna saben conjugarse, y remar por las aguas calmas bajo un emblemático puente colgante. Una invitación para arrancar el año con la naturaleza como protagonista.
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Santa Fe, domingo 2 febrero (PR/25) El niño, algo temeroso, se agarra con las dos manos al parante de hierro. Juan lo mira y le dice: “Cuando aterricemos, Roblox te va a parecer aburrido. Acordate”. Y enfilan hacia el infinito, y más allá.

A volar

Chicos, grandes y medianos no quieren perderse la nueva onda santafesina, y Juan Sereno Racca (46) es uno de sus promotores. Se trata del paratrike, que hasta hace poco se iniciaba en las playas de la laguna Setúubal. “Antes salíamos de El Charquito, pero la Dirección de Fauna dispuso recientemente una prohibición para cuidar el medio ambiente, así que ahora lo hacemos desde la estación de vuelo DH, donde nos reunimos quienes hacemos vuelos de vela libre y paratrike”, cuenta. Ingeniero, chef y motoquero, Juan es piloto profesional, con licencia avanzada para biplaza (ARG 1002318). “Tuve la fortuna de que Don Hilario Valinotti, célebre piloto nacional que trajo al Papa Juan Pablo II durante la Guerra de Las Malvinas, me formara”, cuenta el responsable de Sunchales Fly como carta de presentación.

El boom de este deporte que suma parapente y paramotor, tiene varias particularidades. Se vive desde el campo y la arena rasante hasta pasados los 200 metros, siempre con la emoción y el viento fresco en el rostro. La zona está rodeada de bañados, ríos y lagunas, lo que da un marco de increíble belleza natural. “Si bien la gente tiene alguna idea, al llegar, lo primero es ponernos a tono sobre lo que vendrá, y que el participante se saque todas las dudas: cómo se comporta el aparato en el aire, qué sensaciones suele haber y ofrecer una reseña de cuál será el recorrido y lo que se puede o no hacer”, dice.

Tras esa suerte de charla técnica, donde se destaca la posibilidad de sacar fotos (el vuelo es muy suave y apto incluso para buenas filmaciones), se despega por un circuito de espacio aéreo predeterminado. Si bien volamos a unos 300 metros, se suele bajar para disfrutar de los detalles de flora y fauna, el puente colgante, las costaneras y la propia ciudad.

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Seguridad para disfrutar

Juan rinde su licencia todos los años, en materia práctica y teórica, y cada dos realiza el curso SIP de emergencia en vuelo sobre el agua y su resolución. Su equipo está supervisado con seguros de transporte y responsabilidad civil en regla, un detalle que no hay que soslayar a la hora de iniciarse en esta aventura.

Los equipos utilizados son de vuelo comercial, aeronáuticos y nuevos, con paracaídas de reserva aprobados por la Federación Argentina de Vuelo. “Es un vuelo super seguro. El motor se usa nada más que para subir, y luego manejamos las corrientes. Pero si se requiriera, lo volvemos a usar y aterrizamos donde queremos”, explica. El vuelo está permitido para niños desde los 6 años (con autorización de los padres) y adultos hasta 100 kilos.

El club, asimismo, es el único para vuelo en la ciudad y cuenta con una movida interesante cada fin de semana. “Hemos parquizado y logrado mucha sombra, y de a poco se van sumando servicios”, cuentan sus responsables.

Con varias reseñas en Google My Business y una destacada calificación promedio de 5, el lugar garantiza vistas panorámicas y una estrecha conexión con los elementos naturales que rodean a la ciudad. “Nunca tuve una queja. La gente queda copadísima, aunque el turista promedio suele venir una vez: hace la experiencia y listo. Son vuelos de iniciación, como para sacarse el gusto de volar. A quienes sí he llevado muchas veces es a profesionales que necesitan fotografiar el río o los campos, o hacer trabajos que registren la geografía en tiempo real”. 

Primicias Rurales

Fuente: Weekend/Perfil