Para Manuel Belgrano, la agricultura era la base indiscutible de la riqueza nacional, concibiendo al campo como el motor productivo y moral de la patria. El prócer consideraba que la tierra cultivada y el trabajo de sus labradores constituían el verdadero tesoro de los Estados, una fuente de prosperidad que solo alcanzaría su máximo potencial mediante el impulso definitivo de la educación pública y la enseñanza técnica.
Por Eduardo Vadell
Especial para Primicias Rurales
Doctor en Biología e historiador, Eduardo Vadell es un destacado investigador, escritor y conferencista argentino, reconocido especialista en la vida y obra del prócer Manuel Belgrano. Se desempeña como vicepresidente y miembro fundador de la Asociación de Estudios Históricos Manuel Belgrano, con sede en Buenos Aires.
La influencia de la fisiocracia
Buenos Aires, 20 junio (PR/26) — En 1797, quien creará la bandera que nos distingue, Manuel Belgrano, escribe una Memoria y traduce del francés, del médico François Quesnay, “Máximas Generales del Gobierno Económico de un Reyno Agricultor”.
Del mismo año es la traducción de “Principios de la Ciencia Económico Política”.
Quesnay era el fundador de un pensamiento novedoso en su tiempo: la fisiocracia, a la que Belgrano, y muchos adscribían.
Esta novedosa formulación de la producción concebía la tierra como base de la riqueza, la agricultura y su industria.
Pertenecía Belgrano a este pensamiento y seguirá a su maestro Campomanes, quien asevera, adelantándose más: “La auténtica riqueza de los pueblos se halla en la inteligencia” y, “el fomento de la industria se encuentra en la educación.”
Belgrano será fiel de igual modo a Gaspar Melchor de Jovellanos, estudioso de las costumbres, la política y el arte, así como de la naturaleza, y como funcionario de Carlos III.
Nuestro prócer fue un estudioso de Adam Smith, autor de “Las Causas y Origen de la Riqueza de las Naciones”.
Al fin, nuestro héroe dará un ejemplo sencillo sobre de qué trata la libertad de comercio, que en términos simples es: “El comerciante debe tener libertad para comprar donde más le acomode (…) Extracto de la pluma del joven prócer.”
Y él contaba con la experiencia de haber actuado como Secretario Perpetuo del Real Consulado; y había redactado las Memorias del Consulado (…), que se leían en el Cabildo con regularidad desde 1794; a la par, era periodista…
El estudioso economista e historiador Horacio Gregoratti deposita sobre la superficie del cosmos del primer economista del país, que también Belgrano traduce y adopta los conceptos de Adam Smith, Genovesi y Galiani, los cuales, entre otros, influyeron en aquel pensamiento fisiócrata del Patriota.
Visiones de cambio y oposición monopolista
La traducción de los “Principios (…)” del médico francés Quesnay, de 1797, está dedicada a don Pedro de Melo de Portugal y Villena, virrey del Río de la Plata, y primer iniciador de una confrontación contra los comerciantes monopolistas.
Para esta obra de trascendencia colaboró Dupond de Nemours, a quien Belgrano conocía por lecturas. Entre las fuentes también están Turgot y Gourmay.
Al nombrar el virrey al futuro triunfador de Tucumán, Capitán de las Milicias Urbanas de Buenos Aires el 7 de marzo de 1797, surge una esperanza de cambio…
Pero lamentablemente don Pedro de Melo falleció en abril del mismo año, y los Jefes sucesores del Virreinato no admitirían una apertura semejante, ante las nuevas ideas europeas.
Belgrano pregonó la trilogía “propiedad, libertad y seguridad”.
Es la misma idea que nos recuerda Gregoratti cuando refiere que Belgrano había leído en Europa a muchos autores, entre ellos a John Locke que enuncia el concepto.
Argumenta que para el maestro de los fisiócratas, Quesnay, “el orden gobierna la propiedad y la propiedad gobierna la libertad”. Un análisis de esto llevaría varias páginas y no arribaríamos más que a un asentimiento de la misma idea.
La verdadera riqueza de la nación

Al lo traducido de Quesnay en “Principios (…)”, el Vocal de Mayo añade al redactar la Memoria de 1797 lo siguiente: “El valor de los Estados no consiste en el del Tesoro Público, sino en la cantidad de fanegas de tierra bien cultivadas (…) este principio (está) aplicado a los agricultores y todo el mundo sabe que este (país) es uno de ellos.
Si alguno hubiese que lo dudase, eche la vista a los innumerables cueros que han salido de su campo (…). Decidamos que tenemos tierra a propósito para el cultivo propuesto y que las más convenientes son las que tienen humedad habitual” escribe Belgrano en líneas bien conocidas por casi todos.
Con esta argumentación, resumida, Belgrano acusa sobre dónde está la verdadera riqueza de las naciones, y en particular la nuestra.
Esa riqueza estuvo a la vista siempre y no nos dábamos cuenta de ello.
Solo era necesario enseñar e instruir al hombre para tomar beneficio y cuidar esas fuentes: las tierras (y lo que ellas implicaban) y a la mano de obra física e intelectual, los hombres y mujeres de quienes se quería (él quería) limpiar de toda holgazanería e ignorancia…
Concedía a Belgrano la herramienta adecuada para un mensaje trascendente, habida cuenta que lo que aportaba al vencedor de Salta y Tucumán, pesaba para el mejoramiento personal y comunitario de sus conciudadanos.
El combate a la ociosidad y el amor al trabajo
Manuel Belgrano lo explica años antes, en la Memoria sobre el establecimiento de Curtiembres, de 1802: “(..) uno de los mayores males que padece el comercio (…)”; sigue a renglón aparte: “(..) son la ociosidad, y la polilla (…)”.
Contra esto último ha recomendado a las autoridades contratar seis especialistas de Irlanda, o enviar a seis a aprender en Europa, así como él ha intercambiado opinión con los Consulados de la Habana sobre esto.
Más adelante en esta Memoria de 1802 pone el acento en el “amor al trabajo”, hábito bueno que reportaría utilidad en las operaciones de las curtiembres.
“Con lo cual -dice- se desterraba la cruel peste de la holganza, y al mismo tiempo se les proporcionaban medios para subsistir, y vivir con comodidades de donde resultaría el fomento de la población (…)”.
“El Curtido pues (…) desterrará la ociosidad, y veremos volverse manos laboriosas, las que hoy yacen (en) la mayor languidez (…) ayudémoslas, no nos contentemos con llorar su miseria, con vituperar su desidia, enseñémosles a trabajar (…)”. Este ejemplo que pone Belgrano, de un tema que conocía perfectamente, es para todo trabajo y empleo.
Pese a que Belgrano no dejaba de acertar, siempre tuvo él quien se riera de sus sueños. ¡Soberana injusticia impaga! Nuestro héroe tuvo que hacer frente, como nos cuenta su descendiente Mario Belgrano, a un espíritu estrecho aún entre sus conocidos y amigos en el Consulado.
Mario Belgrano transcribe una nota que redactó su ancestro en 1802: “Siempre las grandes obras presentan grandes dificultades para ejecutarse, y la mayor de todas es que aquellos que las deben emprender o cooperan a ellas (o) son movidos por el espíritu de partido o interés, y no quieren otro resultado más que su particular utilidad, dejando a un lado el beneficio general (…)”. La nota es más larga y se refiere a la construcción de un muelle, que era imprescindible…
La escuela de dibujo y proyectos educativos
Vadell y Belgrano juntos. Recreación de IA
El dibujo era esencial para el aprendizaje desde temprano en la vida, y seguramente tuvo Belgrano suficientes rudimentos.
De regreso a Buenos Aires, y ya como Secretario del Real Consulado de Buenos Aires (recién creado en 1794), concibe la Escuela de Dibujo, inaugurada el 26 de marzo de 1799.
Nos cuenta Roberto Elissalde: “vivía en Buenos Aires un tallista y escultor español quien pudo reclutar algunos niños y jóvenes interesados en esta escuela, José Antonio Gaspar Hernández, a quien se le debe en parte el Retablo de la Catedral de la Ciudad, así como diferentes imágenes “de bulto”.»
La escuela tuvo efímera vida: en abril de 1800 llega la Real Orden que impedirá proseguir.
El texto resultaba elogioso, pero (…) en vistas “de las graves urgencias del Estado”, no se podía: Imposible emplear 300 pesos: los cálculos de Belgrano apenas superaban escasos 280 pesos…
Belgrano ejemplar, alquiló un espacio en una casa por 12 pesos, pero lo primitiva idea era la de hacerla funcionar en el edificio del Consulado, en una habitación donde nuestro prócer quería ver funcionar la primera Escuela de Náutica.
Él mismo visitaría ambos trabajos y emprendimientos en desarrollo.
El dibujo era esencial como materia práctica de aplicación en náutica, en arquitectura (se preveía una Escuela), diseño, en los estudios naturales, en estrategia de guerra; mapas; planos, además… un joven no podía desconocer cómo retratar o pintar una composición, paisaje, paradero u objeto.
Semillas del pensamiento ilustrado
Belgrano había fundado la Escuela de Náutica; la de Geometría y la de Dibujo -todas cerradas para 1803- y había propuesto la creación de la Academia de Comercio, la de Arquitectura y Perspectiva, y el proyecto de una escuela de Agricultura y otra de Hilandería, según el modelo de Ilustración de Campomanes.
Halperín Donghi en “El Enigma Belgrano” lista en su Cronología un recordatorio: 1795. En las Memorias anuales, “Fomentar la agricultura, animar la industria y proteger el comercio”, y crear escuelas que fomenten profesionales.
“1799. A instancias de Belgrano, el Consulado integra las escuelas de Náutica, Matemática y “Geometría, arquitectura, perspectiva y todas las demás especies de dibujo”.
Pero la semilla fue sembrada a tiempo y en 1815 -nos recuerda Roberto Elissalde en “Primer Funeral de Belgrano, La Nación 11-7- 2020”, una nueva Academia de Dibujo fue fundada por el fraile periodista Francisco de Paula Castañeda, al frente del Despertador Teofilantrópico (…).
Desde donde es hoy La Recoleta, dispuso de alumnos, y éstos ganaron un premio, al cual el Padre Castañeda puso coto de no ser embolsado en razón seguramente de la virtud debida y al desprendimiento.
Desde ese medio periodístico, que no ahorraba crítica a nadie (El Despertador …), surgió la infausta noticia de la muerte de Belgrano, fue el primero a los tres días del óbito.
Gracias al Padre Castañeda la sociedad, cuya atención estaba puesta en la anarquía del Año 20, y sobre quién de tres era Gobernador de Buenos Aires, supo sobre esta infausta muerte.
Manuel Belgrano murió pobre, en el ostracismo… pero con ideales, éste hizo donación total de sí (transcrito a modo de elegía de Castañeda en un poema publicado en El Despertador (…).
La escuela, y la educación sobre todo, después de Dios
Escuela y las escuelas quizá debían ser los nombres más frecuentes en este artículo.
Es quizá el término e institución más comúnmente hallable en los pueblos, y una de las palabras más amadas por Belgrano, quien escribió: “He creído de mi honor y de los deseos que me inflaman por la prosperidad de mi patria, destinar los expresados cuarenta mil pesos en que se enseñe a leer, la aritmética, la doctrina cristiana, los primeros rudimentos de los derechos y obligaciones del hombre en sociedad de ésta y haga el gobierno que la rige; en cuatro ciudades (…)”.
Escuela deriva del griego skholé, es decir “recreación”, “holganza”, pero el término evolucionó a signar un sitio en dónde aprender ya que el estudio fue en la antigüedad clásica considerado una noble actividad del pensamiento solo disfrutable en tiempo de paz y libre, diferente a la labor por obligación y/o de fuerza.
Belgrano fundó varios centros de enseñanza en cada pueblo o villa que visitaba, además de en Buenos Aires, pero cuando recibió el premio por la Batalla de Tucumán, llegó a lo que él quería.
El premio concedido por el Gobierno a Belgrano por las victorias fue tema para muchas historias, y se materializó en el sueño del héroe: las escuelas -aunque con lapsos de fundación bastante extensos, -hasta cerca de 190 años entre la primera y la última-.
La sola mención de su memoria hace referencia al amor y apasionamiento que Belgrano tenía por la educación de las mujeres y los hombres de su patria.
Le fue además obsequiado un sable de lujo y dos pistolones de una factura de compañía inglesa muy afamada.
Ese amor y dedicación a la enseñanza y a la creación de escuelas, en un territorio tan extenso como el argentino, fue emulado por muchos grandes maestros a través de la historia, y de todas las Américas.
Lográndose con este ejemplo la construcción de una nación que en este campo fue exportadora de la educación pública de todos los niveles, libre y gratuita.
El destino de las cuatro escuelas
Se trata al fin del premio por las victorias de Tucumán y Salta con que la Asamblea del Año XIII otorgó a Belgrano: Cuatro escuelas de Primeras Letras.
Estas fueron, la de Jujuy, 1815-1817 –finalizó en su función en ese año 17); la de Tucumán: s/terminar; la de Tarija: ca. 1967; y la de Santiago del Estero: ca.1998) (son años de comienzo, hay otras fuentes que difieren en cuanto a las fechas).
Señala Eduardo Trigo O´Connor d´Arlach que la Escuela de Tarija, en 1967, cumple en parte con la donación hecha por Belgrano.
En enero de 1974 se resolvió la donación del edificio de esta escuela al gobierno de Bolivia para que sea sede de la “Escuela Argentina Manuel Belgrano” en la ciudad de Tarija.”
Un hombre que regala así su trabajo y tiempo a un país, en formación, tiene explicación por el fenómeno de la deriva de los valores espirituales, no solo por causas puramente humanas.
El Reglamento conocido con que el Prócer dotó a las escuelas está fechado en Jujuy el 25 de mayo de 1813, y consta de 22 artículos.
Por la profundidad y modernidad para la época, vale ahondar en el tema, y en el reglamento en sí, más de lo que aquí se puede.
La educación de la mujer y la agroindustria
No es posible trazar algo sobre la educación, sin mencionar a la mujer. Es algo que admirarán y tomarán Sarmiento y otros en el futuro, que ven por maestro a Belgrano.
A la mujer asignaba nuestro héroe la educación de los niños. De cada una de ellas se espera la forma en que sus hijos asumen el espíritu del futuro ciudadano.
Existe una mención de Belgrano sobre esto en su “Autobiografía”.
Sentencia enfático que se impone una puesta en funcionamiento de escuelas gratuitas para niñas donde se enseñaría doctrina cristiana, a leer, escribir, coser, bordar, e inspirar amor al trabajo, contra la tan perjudicial ociosidad.
Existía en Buenos Aires hacia 1810 la Escuela pública para niñas, llamada de San Miguel, casi enteramente dedicada a huérfanas, en que era también huérfana la maestra.
Las demás escuelas para niñas estaban sufragadas por las familias más acomodadas.
Los niños eran educados en sus casas y en escuelas hasta que pudieran, los menos, ingresar en el Colegio de San Carlos.
Consciente de esta situación, nuestro prócer quería agilizar el sistema y en cuanto supo de la escuela lancasteriana, se entusiasmó en aplicarla como medio rápido de alfabetización.
No logró implementar el sistema de Joseph Lancaster, en que algunos alumnos avanzados enseñaban y monitoreaban a subsiguientes educandos (sistema mutuo de enseñanza), aunque lo promovió.
Propone, a poco de llegar al Consulado de Buenos Aires, la puesta en práctica de estas escuelas de hilandería y demás artes manuales, y hasta en sus Memorias del Consulado, cuando refiere sobre el cultivo y uso del lino.
Vislumbra en esta agroindustria ocupaciones para hombres y también mujeres (era esto novedoso en la época).
En general, las ideas de Belgrano causaban hilaridad entre sus pares, porque no comprendían la importancia de su pensamiento…
Todo esto con el fin de barrer y quitar de cuajo la “holgazanería del Virreinato” -expresión aquí resumida que toma de Campomanes-, y con potestad de conducir a la mujer a la miseria o a los vicios, sin beneficio de matrimonios, ni de hijos-.
Para estos fines, y el cuidado de Belgrano por la educación de la mujer, escribió artículos gracias a las facilidades que ofrecía la prensa.
Fue más allá de la obtención útil al Estado de estos beneficios: dirigió sus esfuerzos al mejoramiento social, comunitario y de la familia bien constituida.
El periodismo como arma de ilustración
Antes y después de 1810 los hombres de Mayo insistieron en la educación mediante artículos periodísticos: Belgrano, mayormente desde el “Correo de Comercio”; Juan Hipólito Vieytes (primer periodista patrio) en el “Semanario de Agricultura y Comercio”; Mariano Moreno en la “Gazeta de Buenos Aires”. Otros, como Bernardino Rivadavia, desde documentos oficiales.
Empero, a quien más se le debe en educación y en número de artículos con la palabra “Educación (…)”, “Agricultura”, y aquello del laboreo de la tierra por título, es ciertamente a Belgrano, antes y durante el período independentista.
No bien partió al frente de la Expedición al Paraguay (1810) ya había realizado una fuerte donación de libros de la biblioteca personal, para la Biblioteca Pública fundada por Mariano Moreno, la que se alojó en el Cabildo en la segunda mitad de 1810.
Se convirtió esto de las donaciones a la Biblioteca localizada en el Cabildo como una suerte de clásico para los bienvenidos personajes.
Asimismo, para los que partían de este mundo, como el caso del legado de libros que hace don Martín Joseph de Altolaguirre en 1813, antes de ser sepultado en la Cripta de las Reliquias en la Iglesia del Pilar, de los recoletos, ocurrió otro tanto.
El libro, en aquella época, era un artículo suntuoso, un elemento de la cultura superior, muro y camino de civilización.
Mientras que hoy el contenido se almacena en un chip, pen-drive… aunque no deja de ser una ventaja, al fin se almacena en un algoritmo puntual no siempre accesible para todos…
La extensa obra escrita de un líder

En vísperas de la Revolución de Mayo de 1810, Belgrano publicó “Origen de la Grandeza y Decadencia de los Imperios”.
Y valga aquí la mención de la autoría de las varias Memorias hasta 1809.
Además, fue autor del Reglamento para el Régimen Político y Administrativo y Reforma de las Treinta Misiones, escritas durante la Campaña al Paraguay (1810); autor también de Oficios, Proclamas, de la mencionada Autobiografía, de cientos de cartas, de las traducciones; de los Reglamentos de Escuelas; del quehacer periodístico en El Telégrafo Mercantil, el Correo de Comercio. Solo en el Correo de Comercio (…) escribe varios artículos bajo el título, parcial o entero, de Educación.
Es desde el Telégrafo (…) que Belgrano da noticia sobre actualidades de las Islas Malvinas; sobre los barcos y buscadores de lobos marinos, en 1801 y 1802.
Desde sus páginas -señala Alonso Piñeira- colaboraron figuras como Juan José Castelli, Julián de Leiva, Luis José Chorrarín, Domingo de Azcuénaga y Juan M. de Labardén.
El Semanario de Agricultura brilló por sus actualizaciones y fue elogiado desde España.
El Correo de Comercio se puede resumir de los datos de A. Piñeiro: en sus números tocó diversidad de temas: educación, estadística, economía, asuntos rurales, medicina, movimiento naviero, geografía, etnografía, arboricultura, y política.
“Era, como todos los periódicos de la época, un órgano de opinión y difusión antes que de noticias.”
Con la circulación de la prensa escrita Belgrano buscaba dos objetivos –y de allí la importancia y énfasis en ella- sustraer a Buenos Aires de la influencia perniciosa de publicaciones ajenas a la Capital y a la unión con las provincias.
Como segunda instancia, a la necesidad de adelantar en las ciencias, así, la agricultura, la industria y el comercio, gracias a los artículos de fondo que difundían nuevas tendencias y técnicas. Estaban (y están aún) estos rubros estrechamente vinculados a la prosperidad del pueblo.
La denuncia de la ignorancia en las escuelas
Son substanciales para todas las instituciones de entonces los artículos que publica, uno el 17 de marzo de 1810 y el otro del 24 del mismo mes y año.
Desnuda el estado penoso de las escuelas inmersas y dadas “a la ignorancia misma, y quien sabe, a los vicios”, y si no había escuela en los campos, así se vivía sin ley, sin rey ni religión.
Que mejor vivían los Pampas ya que ellos gozaban de: “(…) con qué gobernarse, conocen una autoridad que los ha de premiar o castigar si faltan a ella (…)”.
Agrega Belgrano, rematando contundentes conceptos: “Hubo un tiempo de desgracia para la humanidad en que se creía que debía mantenerse al pueblo en la ignorancia, y por consiguiente en la pobreza para conservarlo en el mayor grado de sujeción…
…pero esa máxima injuriosa al género humano se proscribió como una producción de la barbarie más cruel y nuestra sabia legislación jamás, jamás la conoció”.
Fue al principio de 1810, y Belgrano apenas si conocía el país y la gente que lo habitaba, pese a sus arrojos.
Blandía convencido la espada del entendimiento entre las distintas autoridades de las instituciones del antiguo virreinato (la Justicia, la Iglesia y los Cabildos).
Contribuirían a instalar el concepto sobre “(…) la enseñanza es una de sus primeras obligaciones para prevenir la miseria y la ociosidad y que de no cumplir con un deber tan santo faltan a todos los derechos y se hacen reos ante Dios y ante la sociedad”.
La sagrada obligación de los padres y magistrados
Aún siendo él una voz principal en el Consulado y el Cabildo, pecaba de ingenuo: “Obliguen los jueces a los padres a que manden sus hijos a la escuela, (…)…
…y si hubiere algunos que desconociendo tan sagrada obligación se resistieren a su cumplimiento, como verdaderos padres que son de la patria, tomen a su cargo los hijos de ella…
…y pónganlos al cuidado de personas que los atiendan y ejecuten lo que debían practicar aquellos padres (…)”
Presuponía el líder del Éxodo Jujeño, que ya estaba instituido y firme el ser moral de todos los hombres que jerárquicamente conducirían al pueblo, que tenían la educación de sus cargos…
Que tanto los participantes de los Cabildos, los Jueces y sacerdotes a una responderían al llamado, y que sí las escuelas serían sufragadas y mantenidas por las villas o pueblos.
No sucedió de forma tan literal…
Educar sin descanso con artículos de la prensa
Ese año fundacional de 1810 Belgrano trabajó sin descanso y a destajo e hizo del Correo de Comercio su mejor arma, confiriendo las implicancias e importancias sociales que la nación en formación requeriría inevitablemente.
Mucho ya lo había adelantado en esquema en la Autobiografía y en las Memorias consulares.
Al fin, en el Correo es concreto, y abroga por la educación de la mujer con reciedumbre, y sobre la igualdad de los géneros.
Llega Belgrano a un pináculo entre la importancia que da a la escuela y la que concede a la prensa, que escribe un artículo para el Correo de Comercio sobre la educación, titulado Metafísica.
Y aunque no aborda los temas religiosos a un nivel teológico avanzado, bastante fue tema delicado en ese tiempo, y también de hoy en día.
Seguimos a Alonso Piñeiro en la transcripción (partes) de dos artículos aparecidos en el Correo de Comercio números 22 y 23, del 28 de julio y 4 de agosto de 1810, respectivamente:
“ (…) después de haber demostrado a los discípulos que Dios existe, que el Universo es obra suya; que Él gobierna por su poder y sabiduría; que de Él proviene el bien, y el mal de nosotros; que en nosotros hay un alma,(…) ¿no sería utilísimo, lo repetiremos, que se les enseñasen los fundamentos de nuestra Santa y Sagrada Religión? (…) Ciertamente diríamos entonces que nuestra juventud habría empleado un año con el mayor provecho para sí y para lo general del Estado” .
Luego termina Belgrano el texto citado: “Así se habrán llenado los objetos sublimes de la metafísica, y desviándose de nuestras escuelas tantas cuestiones ridículas e impertinentes, que son el oprobio de la razón…
…y que sólo sirven para confundir los talentos privilegiados, o acaso arredrarlos del estudio con perjuicio de la causa pública”.
El carácter fisiócrata y el futuro de la tierra

La importancia que concede Belgrano a la agricultura y a quienes a ella se dedican es ciclópea.
De lo que depende el desarrollo económico del país, por lo cual, prioridad le da al Agro, el cultivo de vegetales y demás productos de la tierra.
Devela así una vez más, el carácter fisiócrata, el concepto economista y naturalista de la tierra, como se insiste cada vez que se habla de Belgrano, del labrador, del cultivador…
Al fin, de los temas y valores que nos vinculan con los valores en cuanto a lo productivo y moralmente elevado.
No deja de ser interesante cómo el movimiento Romántico ha influido también en la profusión de las “simples” (plantas), del Nuevo y Viejo mundo y cómo se volvían a estudiar.
Se insertaban “las plantas útiles y las exóticas”, “los vegetales curiosos” en la economía política, la agricultura e industria del momento.
Estos argumentos no sólo se advierten en los artículos, producción posterior de Belgrano, sino en las Memorias.
Esta importancia, como notamos en las Memorias, incluye todo para Belgrano: los frutos del país y el destino, sea la ciudad o el campo, producción, y al labrador y su familia; a la exportación, los depósitos, el estado de los caminos, construcciones y pueblos; las naves, el detalle…

















