Un estudio del INTA en la cuenca de El Morro, San Luis, muestra que la pérdida de cobertura y de carbono orgánico multiplica la erosión ante lluvias intensas. Cultivos de cobertura, pasturas perennes y obras de sistematización aparecen como las herramientas clave para frenar el desgaste del recurso.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Buenos Aires jueves 2 julio (PR/26)–Cuando llueve fuerte en el semiárido, no todos los suelos responden igual. Algunos resisten, otros se desmoronan. Un estudio del INTA realizado en la cuenca de El Morro, en San Luis, buscó entender por qué, y encontró que la explicación no pasa solo por la cantidad de agua que cae del cielo, sino por la forma en que se combinan la textura del suelo, su contenido de carbono orgánico y el manejo productivo que recibe.

 

 

Una lluvia simulada para medir el daño real

 

 

Para poner a prueba estas variables, el investigador del INTA-CONICET Pablo Peralta y su equipo recurrieron a un simulador de campo capaz de recrear condiciones extremas: una lámina de 36 milímetros en apenas 10 minutos, equivalente a una tormenta de alta intensidad. El objetivo era observar, en tiempo real, cómo reaccionaba cada tipo de suelo ante ese estrés hídrico.

 

 

Suelos: claves para minimizar la pérdida de recursos en el semiárido - Opción Rural · Información agropecuaria y turística.

 

 

Los resultados fueron contundentes: los suelos bajo uso agrícola perdieron entre dos y siete veces más sedimentos que aquellos que conservaban su vegetación natural. La diferencia, explicó Peralta, tiene que ver con la capacidad de cada suelo para mantenerse estructuralmente firme frente al impacto directo de la lluvia.

 

 

El carbono orgánico, el guardián invisible del suelo

 

 

Juan Cruz Colazo, investigador de la Estación Experimental Agropecuaria San Luis del INTA, apuntó a un factor central: el carbono orgánico. Cuanto menor es su presencia en el suelo, menor es también su estabilidad estructural, y mayor la facilidad con la que las partículas se desprenden y son arrastradas por el agua.

 

 

Suelos: claves para minimizar la pérdida de recursos en el semiárido – El Regional Digital

 

 

“El estudio determinó que, a menor carbono orgánico, mayor es la erosión, especialmente en aquellos suelos con mayor proporción de limo y arcilla”, señaló Colazo. Y agregó un dato que desafía la lógica más simple: la relación entre el escurrimiento y la erosión no es lineal. En los ambientes con vegetación natural, un fenómeno llamado hidrofobicidad genera una fina lámina de agua que actúa como capa protectora. Esos suelos pueden escurrir más agua, pero pierden menos sedimento que los suelos agrícolas.

 

 

La cobertura vegetal, la primera barrera de defensa

 

 

Frente a este panorama, los especialistas coinciden en que el manejo de la cobertura vegetal es la herramienta más eficaz para frenar la erosión. Colazo recomendó sostener niveles de cobertura de al menos el 30 %, algo que se puede lograr incorporando cultivos de cobertura, como el centeno, durante los barbechos, y manejando con cuidado los rastrojos en siembra directa.

 

 

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“Estos cultivos protegen la superficie del impacto de la gota de lluvia y, a través de sus raíces, ayudan a mantener los agregados en suelos sueltos”, explicó el investigador.

 

 

Cuando el carbono ya es escaso: pasturas para recuperar terreno

 

 

En los ambientes donde el carbono orgánico cae por debajo del 0,5 %, o en zonas marginales donde la agricultura ya no es viable, la recomendación cambia de enfoque. Allí, Colazo sugirió incorporar pasturas perennes, como la alfalfa o el pasto llorón, que permiten estabilizar el sistema y recuperar de a poco la estructura del suelo.

 

 

Cada textura pide su propia estrategia

 

 

El manejo, además, no puede ser el mismo en todos lados. Según explicó Peralta, los suelos arenosos necesitan cobertura para evitar que sus partículas se desprendan con facilidad, mientras que los suelos franco-arenosos exigen una atención especial, porque combinan un alto escurrimiento con una elevada susceptibilidad al arrastre.

 

 

Terrazas y sistematización: pensar el problema a escala de cuenca

 

 

Por último, Colazo remarcó que las soluciones también deben pensarse en una escala mayor. “A escala de cuenca, la sistematización del terreno mediante obras como terrazas, que permiten disminuir la velocidad del escurrimiento superficial y favorecer la infiltración, son fundamentales”, concluyó.

 

 

La conservación del recurso suelo: un pilar central del manejo agrícola

 

 

El mensaje de fondo que dejan estas investigaciones es claro: cuidar el suelo del semiárido no depende de una sola práctica, sino de una combinación de decisiones -cobertura, manejo del carbono, elección de cultivos y obras de sistematización- que, sumadas, pueden marcar la diferencia entre un suelo que resiste y uno que se pierde.

 

 

 

 

 

 

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Fuente: INTA Informa