El Sumo Pontífice reivindicó la necesidad de una ciencia rigurosa frente a la negación de la verdad objetiva, destacando la labor del Observatorio Vaticano en la protección de la Creación. Durante la audiencia, subrayó que la astronomía es un don universal que permite contemplar la inmensidad de Dios y nos invita a proteger a los más necesitados.
Ciudad del Vaticano, lunes 11 may (PR/26) — El Papa León XIV recibió esta mañana, 11 de mayo, en audiencia a los miembros de la Vatican Observatory Foundation, organización sin ánimo de lucro con sede en Tucson, Arizona (EE. UU.), que apoya financieramente y promueve las actividades científicas y educativas del Observatorio Vaticano, una institución valiosa del Estado de la Ciudad del Vaticano al servicio de la Santa Sede, y de la Iglesia universal.
En un mundo en el que el planeta, y los más vulnerables, se ven amenazados por la explotación descontrolada, tanto de las personas como de los recursos, la ciencia y la fe están llamadas a asumir una responsabilidad compartida, la de proteger la Creación, y a quienes la habitan.

Al mismo tiempo, ambas deben hacer frente a la insidiosa amenaza de la negación de la existencia misma de la verdad objetiva. Precisamente por eso, la adhesión de la Iglesia a una ciencia rigurosa y honesta, no solo es valiosa, sino esencial enfatizó el Vatican News
Nuevas y más insidiosas amenazas
En su discurso en inglés, el Papa se mostró profundamente agradecido por el fiel y generoso apoyo de la Fundación al Observatorio Astronómico Vaticano, el cual, hace 135 años, el Papa León XIII quiso refundar para que todos pudieran ver claramente que la Iglesia, y sus pastores, no se oponen a la ciencia verdadera y sólida, ya sea humana o divina, sino que la acogen, la alientan, y la promueven con la máxima dedicación.
Era, de hecho, una época en la que la ciencia era presentada cada vez más como una fuente de verdad rival de la religión, por lo tanto, la Iglesia sintió la urgente necesidad de contrarrestar la percepción de que la fe y la ciencia eran enemigas. Hoy, en cambio, la ciencia y la religión deben hacer frente a una amenaza diferente, y quizás más insidiosa, aquellos que niegan la existencia misma de la verdad objetiva.
Demasiadas personas en nuestro mundo, se niegan a reconocer lo que tanto la ciencia como la Iglesia enseñan claramente, que tenemos una solemne responsabilidad en el cuidado de nuestro planeta, y en el bienestar de quienes lo habitan, especialmente de los más vulnerables, cuyas vidas se ven amenazadas por la explotación desconsiderada, tanto de las personas como del mundo natural.
La astronomía como fuente de alegría universal
Por lo tanto, la adhesión de la Iglesia a una ciencia rigurosa y honesta, es esencial. La astronomía ocupa un lugar especial en esta misión, porque la capacidad de contemplar con asombro el sol, la luna, y las estrellas, es un don concedido a todo ser humano, independientemente de su condición social. Despierta en nosotros tanto un sentido de asombro, como un sentido salvífico de las proporciones.

Observatorio del Vaticano
Contemplar los cielos nos invita a ver nuestros miedos, y nuestras carencias, a la luz de la inmensidad de Dios. El cielo nocturno es un tesoro de belleza accesible a todos, ricos y pobres, y, en un mundo tan dolorosamente dividido, sigue siendo una de las últimas fuentes de alegría verdaderamente universales.
Trágicamente, también este don se ve ahora amenazado. Parafraseando al Papa Benedicto, el Pontífice señaló que hemos llenado nuestros cielos de luz artificial, que nos ciega ante la luz que Dios ha puesto en ellos, una imagen apropiada del pecado mismo.
Compartir la maravilla y la visión teológica
El compromiso de la Fundación permite a los científicos del Vaticano interactuar con el gran público, y con la comunidad científica global. Su generosidad hace posible que el Observatorio Vaticano comparta la maravilla de la astronomía con estudiantes de todo el mundo, y ofrezca talleres y cursos de verano a quienes trabajan en escuelas y parroquias católicas.
Es su dedicación la que permite que los telescopios y laboratorios sigan siendo lugares en los que la gloria de la creación de Dios es acogida con reverencia, profundidad, y alegría. No se debe perder de vista la visión teológica, ya que la nuestra es una religión de la Encarnación.
Las Escrituras enseñan que, desde el principio, Dios se ha revelado a través de las cosas que ha creado, y que ha amado tanto a esta creación, que envió a su propio Hijo para entrar en ella y redimirla.
No es de extrañar que las personas de fe profunda, se sientan atraídas por la exploración de los orígenes, y los mecanismos del Universo. La sed de comprender más profundamente la creación, es el reflejo de ese inquieto deseo de Dios, que reside en el corazón de toda alma.
Fuente: Vatican News / IA. El texto está tomado del discurso en inglés que pronunció hoy el Pontífice
.Primicias Rurales


















