Bajo el pretexto de la «readecuación», el Gobierno nacional cercena más de 2.500 millones de pesos destinados a la custodia de nuestra biodiversidad. No es ahorro, es abandono: en parques nacionales sin combustible para patrullajes ni recursos contra el fuego, las 46 áreas protegidas quedan a merced de la degradación y el olvido estatal.

Buenos Aires, martes 12 de mayo (PR/26) .- La firma de la Decisión Administrativa 20/2026 no es un simple movimiento contable en un Excel ministerial; es un hachazo directo al corazón de la soberanía ambiental argentina. Con el aval de Manuel Adorni y Luis Caputo, la Administración de Parques Nacionales (APN) enfrenta hoy una «guadaña» presupuestaria de $2.557 millones que despoja de operatividad a los centinelas de nuestro territorio.

Un país desprotegido, de la Puna a la Antártida

No estamos hablando de «gastos superfluos» o «burocracia». Estamos hablando de la imposibilidad de sostener el combustible para las camionetas que recorren el Nahuel Huapi, de los fondos para mantener las pasarelas que reciben al turismo mundial en Iguazú, y de la logística mínima para que los guardaparques controlen la caza furtiva en El Impenetrable.

El detalle del recorte es una cartografía del desastre:

  • Patagonia bajo fuego: El recorte de casi $191 millones en el Nahuel Huapi y $157 millones en el Lanín ocurre en un contexto de crisis climática donde los incendios forestales son cada vez más voraces. Quitar fondos de prevención es, lisa y llanamente, condenar a nuestros bosques milenarios a las cenizas.

  • Glaciares en riesgo: Los $77 millones sustraídos al Parque Nacional Los Glaciares afectan directamente el monitoreo de una de las reservas de agua dulce más importantes del planeta.

  • El Norte olvidado: Áreas críticas como Calilegua y Baritú, esenciales para la supervivencia del yaguareté, ven reducidos sus recursos de fiscalización.

El costo de lo «barato»

El discurso oficial intentará vender este ajuste como una «eficiencia administrativa». Sin embargo, cualquier experto en conservación sabe que lo que no se invierte hoy en prevención y patrullaje, se pagará mañana multiplicado por cien en remediación de daños ambientales irreversibles.

La reducción de partidas para infraestructura ecoturística no solo daña el ambiente; hiere de muerte a las economías regionales que viven de un turismo que exige estándares de seguridad y conservación que hoy el Estado decide dejar de garantizar.

«Un Parque Nacional sin presupuesto es solo una línea dibujada en un mapa. Sin personal, sin vehículos y sin recursos para el combate del fuego, estamos entregando nuestras fronteras naturales al descuido más absoluto.»

Conciencia o cenizas

Argentina fue pionera en América Latina en la creación de Parques Nacionales. Hoy, esa tradición de liderazgo ambiental se rifa en el altar del déficit cero. La biodiversidad no entiende de «readecuaciones presupuestarias» ni de ciclos electorales; una especie que se pierde o un bosque que se quema no regresan con la próxima firma de un decreto.

La sociedad civil debe despertar: el ajuste llegó a la última línea de defensa de nuestra tierra. Si permitimos que la guadaña de Adorni siga avanzando, lo que hoy se ahorra en pesos, mañana lo lloraremos en patrimonio irrecuperable. La naturaleza no es un gasto; es el capital más sagrado de la Nación. 

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Fuente: Agencia NA