Por la suba de costos, el manejo del cereal requiere un cambio de estrategia, según los asesores agronómicos.
Carlos Marin Moreno
Buenos Aires, lunes 11 mayo (PR/26) — “El entorno en el que deberá desarrollarse la agricultura 2026/27 cambió y, por lo tanto, los modelos productivos deben adaptarse”, afirmó un asesor de Rufino. El primer mojón de la campaña es el trigo, jaqueado por el aumento en los precios de fertilizantes, labores y fletes, con posibilidades de márgenes netos negativos en muchas zonas. En ese escenario, no hay margen para cometer errores en la conducción agronómica ni económica del cultivo.
“En campañas anteriores, en el área destinada a trigo en se aplicaba un paquete uniforme en densidad de siembra, fertilización y genética. Este año será diferente: vamos a considerar el milímetro la ambientación de cada campo y vamos a variar las densidades de siembra y las dosis de fertilización en función del potencial productivo de cada área”, distinguió.


En muchos casos, las dosis podrán fraccionarse: 50% aplicado a la siembra y el 50% restante en macollaje o posteriormente, según el acompañamiento de las lluvias. Esta precaución permitiría evitar el lavado en profundidad de nitrógeno ante precipitaciones de alta intensidad.

Una herramienta útil para monitorear el abastecimiento de nitrógeno en el cultivo son las franjas de saturación, es decir, parcelas con aplicaciones equivalentes a 100, 150 y 200 kilos de nitrógeno por hectárea, que permiten comparar el desarrollo del cultivo con estas referencias y decidir aplicaciones adicionales cuando la comparación así lo indique. La estrategia comercial debe asegurar los ingresos con opciones o ventas futuras, cuando los precios alcanzan el nivel que permite cubrir los costos y alcanzar determinada renta.


















