Cráteres gigantes y dunas vivas convergen en este santuario de biodiversidad capturado por la lente de Sergio Müller. Un ecosistema único que hoy enfrenta los retos de la fragmentación por el muro fronterizo.
El Pinacate: El corazón volcánico y biodiverso del desierto sonorense

Buenos Aires, jueves 14 mayo (PR/26) — Un recorrido visual por los cráteres gigantes y dunas móviles de este Patrimonio Mundial, donde la vida silvestre lucha por mantener su conectividad frente al muro fronterizo. La lente de Sergio Müller captura la riqueza de un ecosistema único que resguarda desde humedales Ramsar hasta cielos estrellados sobre el escudo volcánico.

Cráteres gigantescos, dunas móviles que cambian constantemente de forma y un inmenso escudo volcánico forman parte de la Reserva de la Biosfera El Pinacate y Gran Desierto de Altar, uno de los paisajes desérticos más impresionantes de México. Ubicada en el noroeste del país, principalmente en Sonora, esta área protegida resguarda un ecosistema único reconocido por su riqueza geológica y biológica.

 

Creada el 10 de junio de 1993, la reserva abarca más de 714 mil hectáreas y se extiende hasta regiones fronterizas de Baja California y el desierto de Arizona, en Estados Unidos.

 

 

Las dunas de la Reserva se consideran un campo activo, pues cambian de forma con el viento al no tener vegetación encima. Foto: Sergio Müller

“Nos tomó tres días caminar más de 60 kilómetros, recorriendo los cráteres McDougal, El Trébol y el Rancho El Pozo Nuevo, que es surreal porque está en las orillas del campo de dunas”, reflexiona el fotógrafo Sergio Müller.

 

La fauna

 

Halcón cola roja (Buteo jamaicensis) captado en la Reserva de la Biósfera de El Pinacate y el Gran Desierto de Altar. Foto: Sergio Müller

Los hespéridos (Hesperiidae), familia de lepidópteros que incluye mariposas robustas y pequeñas también están presentes en la Reserva de la Biósfera de El Pinacate y el Gran Desierto de Altar. Al costado: los cuervos (Corvus corax) que también son vistos en la zona. Fotos: Sergio Müller

 

La vegetación

 

 

Choya Güera (Cylindropuntia bigelovii) cactácea fácil de identificar por las múltiples espinas que cubren sus brazos cilíndricos y que pueden pegarse a la piel o la ropa. Foto: Sergio Müller

 

Los ocotillos (Fouquieria splendens) son plantas endémicas del desierto. Tienen ramas grisáceas que, en primavera y verano, lucen pequeñas hojas verdes y flores de un rojo intenso. Al costado: Sahuaros (Carnegiea gigantea) y cardones (Pachycereus pringlei) también tienen una presencia importante entre las cactáceas de la Reserva. Fotos: Sergio Müller

 

Paisajes nocturnos

 

La Vía Láctea vista desde la Reserva El Pinacate. Abajo y a la izquierda, la contaminación lumínica de la ciudad de Phoenix, Arizona. A la derecha, el mismo efecto, pero originado en Puerto Peñasco, Sonora. Foto: Sergio Müller

Una visita de la Reserva El Pinacate en horario nocturno garantiza un espectáculo visual. Al costado: La oscuridad del escudo volcánico contrasta con la vida de la Reserva. Fotos: Sergio Müller

 

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