Aunque siempre le echamos la culpa a la falta de lluvias por los bajos rendimientos, estamos ignorando un problema igual de grave: suelos desnutridos que derrochan el agua que reciben.

 

 

Buenos Aires, jueves 21 de mayo (PR/26) .- Cuando las cosechas no rinden lo esperado en zonas como el oeste de Buenos Aires, La Pampa o el sur de Córdoba, la explicación casi automática es la misma: «Faltó agua». Sin embargo, la realidad científica nos muestra una cara bastante diferente y más incómoda. El verdadero problema actual no es solo que llueve poco, sino que estamos manejando tan mal la nutrición de la tierra que el cultivo desperdicia la poca agua que tiene disponible.

Esta fue la gran señal de alarma que dejó el reciente Simposio Regional FERTILIDAD 2026 en Santa Rosa. Desde la perspectiva de la edafología (la ciencia que estudia el suelo) y la agronomía, la conclusión es tajante: un suelo sin nutrientes es un suelo ineficiente.

El Diagnóstico de los Expertos: ¿Qué Estamos Haciendo Mal?

El error conceptual más común es pensar que si el año viene seco, no vale la pena fertilizar. Es exactamente al revés. Las plantas necesitan nutrientes disueltos en agua para poder absorberlos; si el suelo está empobrecido, las raíces no se desarrollan con fuerza profunda. Al quedarse «cortas», no llegan a captar la humedad de las capas inferiores de la tierra.

El dato crítico: La última campaña de trigo en la región dejó una excelente cantidad de granos, pero con una caída alarmante en los niveles de proteína. ¿Por qué? Porque el cultivo absorbió el agua disponible pero no encontró el nitrógeno necesario en el suelo. Generamos volumen, pero perdimos calidad y vaciamos la «caja de ahorro» de la tierra.

Los principales focos rojos donde se está fallando hoy en día son:

  • El «olvido» de las pasturas: Mientras que el maíz o el trigo reciben algo de fertilización, los sistemas ganaderos sufren una deuda histórica. Las pasturas degradadas y desnutridas producen menos carne y degradan la estructura física del suelo.

  • Decisiones a ojo: Ante el alto costo de insumos clave como la urea (el principal fertilizante nitrogenado), muchos productores deciden recortar la fertilización sin un análisis previo. Esto es una ruleta rusa económica: sin saber qué le falta exactamente al lote, se gasta mal o se produce de menos.

  • Visión fragmentada: Se suele pensar en la agricultura y la ganadería como dos negocios separados, cuando en las regiones semiáridas deben funcionar de forma integrada para que los nutrientes roten y se reciclen de manera natural.

La Solución: Nutrir para Aprovechar Cada Gota

Para producir más en ambientes donde el clima limita los rindes, la clave del éxito se resume en un concepto: Eficiencia de Uso del Agua (EUA).

Un cultivo bien nutrido (con balances precisos de nitrógeno, fósforo y azufre) desarrolla raíces más profundas y fuertes, cierra mejor sus poros en momentos de calor extremo para no perder humedad y aprovecha cada milímetro de lluvia de manera óptima. Prácticamente «fabrica» más kilos de grano por cada litro de agua transpirada.

Frente a un panorama económico complejo, el desafío no es gastar más por el simple hecho de hacerlo, sino aplicar ciencia: hacer análisis de suelo obligatorios, diagnosticar lote por lote y agudizar el ingenio cooperando entre el sector científico, las universidades y los productores para dejar de empobrecer el recurso más valioso que tiene el campo: su propia tierra.

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Fuente: Fertilizar