Investigadores de la Universidad de Columbia lograron reescribir letras individuales del ADN embrionario sin dañar el resto del genoma abriendo una puerta que muchos creían lejana.

 

 

 

 

 

Buenos Aires, lunes 15 de junio (PR/26)–Durante décadas, la idea de modificar el ADN de un embrión humano fue más ciencia ficción que realidad. Hoy, un equipo de científicos acaba de demostrar que es posible hacerlo con una precisión sin precedentes.

El logro, obtenido en la Universidad de Columbia bajo la dirección del genetista Dieter Egli, representa un salto cualitativo en el campo de la genómica y reabre un debate que la ciencia no puede eludir: ¿hasta dónde queremos llegar?

 

Una herramienta más fina que el bisturí

 

El equipo utilizó una técnica llamada edición de bases, una evolución superadora del ya famoso CRISPR. A diferencia de su predecesor, que en muchos casos producía cortes y daños colaterales en el ADN, la edición de bases permite sustituir una sola “letra” genética por otra — con la delicadeza de un orfebre trabajando sobre una cadena de átomos.

 

 

El resultado es una intervención quirúrgica a nivel molecular que, por primera vez, no deja rastros indeseados en el genoma.

 

Los genes elegidos no son al azar

 

En esta instancia, los investigadores enfocaron su trabajo en genes que regulan los niveles de colesterol LDL y de hemoglobina en la sangre.

 

He Jiankui

 

La elección no es trivial: alteraciones en ambos pueden derivar en enfermedades cardiovasculares y sanguíneas graves. Demostrar que es posible corregir esos genes en embriones tempranos sienta las bases para una medicina preventiva que actuaría antes, incluso, del nacimiento.

 

 

El poder y su sombra

 

Pero el avance trae consigo una pregunta que los bioeticistas llevan años formulando: si podemos editar genes asociados a enfermedades, ¿qué impide que en el futuro se editen rasgos como la altura, la inteligencia o el color de ojos?

Para muchos expertos, ese escenario roza peligrosamente la eugenesia — el diseño deliberado de seres humanos según preferencias externas.

Es una frontera que la humanidad ya cruzó con consecuencias devastadoras en el pasado, y que hoy reaparece con ropas científicas.

 

El científico que pide que otros decidan

 

El propio Dieter Egli fue claro al respecto: su rol es proveer los datos, no dictar el rumbo. «Como científico, puedes proporcionar los datos para el debate, pero luego dejas que otros tomen las riendas», declaró.

Una postura que refleja una conciencia creciente dentro de la comunidad científica: los descubrimientos más poderosos necesitan supervisión social, ética y regulatoria para no convertirse en un problema mayor que el que intentan resolver.

Lo que está claro es que la ciencia acaba de abrir una puerta que no se cerrará fácilmente.

La pregunta ahora no es solo si podemos editar el genoma humano con precisión milimétrica.

Es si, como sociedad, estamos preparados para decidir cuándo, cómo y hasta dónde hacerlo.

 

 

 

 

 

 

Primicias Rurales

 

Fuente: The New York Times / Carl Zimmer