Malvinas y la extranjerización de la tierra

Malvinas y la extranjerización de la tierra

 El gobierno actual impulsa la entrega de recursos y tierras a potencias extranjeras, profundizando una política de sumisión que daña la soberanía nacional y el desarrollo industrial.

 

 

 

 

Buenos Aires, martes 11 agosto (PR/26) — La política actual y el reclamo por Malvinas: El gobierno replica tendencias imperialistas de apropiación de recursos en países endeudados, actuando con sumisión frente a los intereses extranjeros.

El 15 de julio de 2026, los jugadores de la Selección Argentina visibilizaron los derechos soberanos sobre las Malvinas ante millones de personas.

Este hecho popular demostró la defensa de la dignidad nacional y recordó que la Patria no se vende, exponiendo la deficiente gestión de la Cancillería.

Entre la historia y la traición

En 1833, el marino José María Pinedo entregó las islas sin ofrecer resistencia ante la invasión británica, marcando un antecedente lamentable de claudicación.

Los próceres de la independencia como San Martín, Belgrano y Brown combatieron siempre en inferioridad de condiciones defendiendo la soberanía nacional.

Hoy existen funcionarios que promueven el abandono del reclamo por las islas, favoreciendo la dominación política y económica extranjera.

Las nuevas formas de dominación territorial

Las potencias ya no solo usan métodos bélicos, sino el libre mercado y la capacidad económica para apropiarse de riquezas en naciones endeudadas.

Estas formas de dominación incruentas generan pobreza, desempleo y pérdida de soberanía, cumpliendo objetivos extranjeros a través de administraciones locales.

El proyecto de extranjerización de la tierra de Milei y Sturzenegger elimina topes y libera zonas fronterizas y recursos estratégicos.

Entrega de recursos estratégicos

Se intentó modificar la Ley de Tierras para elevar el porcentaje en manos extranjeras, quitando límites territoriales y facilitando el acceso al agua y petróleo.

Las empresas extranjeras se llevan los recursos y dejan pasivos ambientales, sin que el Estado proteja a la industria y producción nacional.

Además, se mantiene la Ley de Inversiones Británicas y se otorgan concesiones a empresas extranjeras en ríos troncales como el Paraná-Paraguay.

Desmantelamiento del Estado y la industria

El régimen del RIGI y la política económica benefician a grandes inversores extranjeros mientras destruyen el comercio y la industria local.

Se impulsan privatizaciones y desfinanciamientos en áreas críticas como energía, agua, transporte, satélites y educación pública.

Esta estrategia coordinada debilita la soberanía nacional, subordinando los intereses de los argentinos a los designios de las grandes potencias.

Las nuevas formas de dominación territorial

Las potencias ya no solo usan métodos bélicos, sino el libre mercado y la capacidad económica para apropiarse de riquezas en naciones endeudadas.

Estas formas de dominación incruentas generan pobreza, desempleo y pérdida de soberanía, cumpliendo objetivos extranjeros a través de administraciones locales.

El proyecto de extranjerización de la tierra de Milei y Sturzenegger elimina topes y libera zonas fronterizas y recursos estratégicos.

Entrega de recursos estratégicos

Se intentó modificar la Ley de Tierras para elevar el porcentaje en manos extranjeras, quitando límites territoriales y facilitando el acceso al agua y petróleo.

Las empresas extranjeras se llevan los recursos y dejan pasivos ambientales, sin que el Estado proteja a la industria y producción nacional.

Además, se mantiene la Ley de Inversiones Británicas y se otorgan concesiones a empresas extranjeras en ríos troncales como el Paraná-Paraguay.

Primicias Rurales
Fuente: Dr. César Augusto Lerena Experto en Atlántico Sur y Pesca – Ex Secretario de Estado Presidente del Centro de Estudios para la Pesca Latinoamericana (CESPEL) cesarlerena.com.ar

Una pintura convierte a Messi en símbolo del reclamo argentino por Malvinas

Una pintura convierte a Messi en símbolo del reclamo argentino por Malvinas

 

El artista Javier de Aubeyzon pintó “Nevada eterna”, un óleo inspirado en la bandera que la Selección exhibió tras vencer a Inglaterra en el Mundial. La obra funde fútbol, historia y memoria en un mismo campo de batalla.

 Daniel Gigena
Daniel Gigena

Buenos Aires, domingo 9 agosto (PR/26)–La escena es conocida: los jugadores de la Selección argentina levantaron una bandera con la leyenda “Las Malvinas son argentinas” tras eliminar a Inglaterra en las semifinales del Mundial. Aquel gesto, cargado de historia, no tardó en multiplicarse.

Ahora ese símbolo llegó al arte. El arquitecto y pintor Javier de Aubeyzon, reconocido por su obra sobre la Guerra de Malvinas, tomó esa imagen como punto de partida para una nueva pieza: un óleo y lápiz sobre tela titulado “Nevada eterna”.

 

El artista y la pintura que vuelve a reivindicar el reclamo de soberanía argentina

 

El cuadro, de 1,50 por 1,30 metros, muestra la bandera junto al capitán Lionel Messi, arrodillado y de espaldas, en medio de cascos de soldados y copos de nieve. El fondo representa el estrecho de San Carlos, con el agua teñida de rojo.

“El agua está roja por la sangre derramada en el desembarco”, explicó el artista a LA NACION, al describir el sentido de cada detalle de la composición.

 

El deporte como otra forma de épica

 

Para De Aubeyzon, la cancha y el campo de batalla comparten un mismo espíritu. “Gestas de guerreros y héroes, así en el campo de batalla como en el juego, se libran de distinta forma pero con igual intensidad”, sostiene el artista.

El pintor cuestiona además la idea de que deporte y política deban mantenerse separados. Recuerda que los propios Juegos Olímpicos nacieron en Grecia como un pacto de paz, capaz de transformar la fuerza guerrera en competencia.

 

🏅🏛️ Los primeros Juegos Olímpicos nacieron en la antigua Grecia hace miles de años como una celebración deportiva y religiosa. Ahora es por fama y dinero.

 

“La épica, la mística y el sacrificio se apoderan de quienes defienden a su país en la gesta deportiva”, agrega, y señala que cada partido se vive como un enfrentamiento simbólico por la propia identidad.

 

La obra se suma a una serie sobre Malvinas

 

“Nevada eterna” se encuentra hoy en el taller del artista, en La Lucila. Hasta el 10 de septiembre, De Aubeyzon expone además una serie de pinturas en el Museo Malvinas e Islas del Atlántico Sur, sobre la calle Santiago Calzadilla.

“Es parte de una producción que intenta mantener vivo el homenaje y el reclamo”, destaca. Y define su trabajo con una frase contundente: “El arte es una poderosa arma pacífica, en una causa que está en lo más profundo de la sociedad”.

 

Museo Nacional de Aeronáutica - Nota

                  Javier de Aubeyzon junto al héroe de Las Malvinas Comodoro Pablo Carballo

 

El artista también dejó una reflexión sobre la propia final del Mundial, jugada con un hombre menos y un rendimiento irregular, que dejó al equipo cerca de forzar los penales. “Lo ocurrido es ya irreversible, pero las dudas permanecerán en el imaginario colectivo”, opina.

Su conclusión resume el espíritu de la obra: “Si un simple trapo costó una Copa del Mundo, fue el precio de la dignidad… La gloria deportiva es efímera; las Malvinas son eternas”.

 

 

 

Primicias Rurales
Fuente: La Nación

 

 

FIFA le abre expediente a la AFA por la bandera de Malvinas en el Mundial 2026

FIFA le abre expediente a la AFA por la bandera de Malvinas en el Mundial 2026

 

La Comisión Disciplinaria del organismo investigará a la Asociación del Fútbol Argentino, a cuatro integrantes de la delegación albiceleste y al español Gavi por lo ocurrido durante el torneo, especialmente en la semifinal ante Inglaterra y en los incidentes tras la final ante España.

 

 

 

 

 

Buenos Aires, sábado 1 agosto (PR/26)–La FIFA confirmó la apertura de un procedimiento disciplinario contra la AFA por distintos episodios registrados durante el Mundial 2026. El detonante principal fue la bandera con la leyenda «Las Malvinas son argentinas» que los jugadores mostraron tras vencer a Inglaterra en semifinales.

La escena, que ya había generado polémica en mundiales anteriores, volvió a poner a la delegación argentina bajo la lupa del organismo. Según indicó la Comisión Disciplinaria, se investigan posibles manifestaciones políticas, conductas inadecuadas y hasta actos discriminatorios.

 

Los nombres propios de la investigación

 

Además del expediente institucional contra la AFA, la FIFA abrió causas individuales contra Leandro Paredes, Thiago Almada y Nahuel Molina. También quedó incluido Roberto Ayala, ayudante de campo de Lionel Scaloni, señalado por un altercado tras la final.

 

 

Del lado español, el mediocampista Gavi tampoco escapó a la lupa disciplinaria. El futbolista fue notificado por su participación en los empujones y discusiones que se vivieron apenas terminó el partido decisivo.

 

Una final que terminó con tensión y polémica

 

El partido, disputado en el MetLife Stadium de Nueva Jersey, se definió 1 a 0 a favor de España, con un gol de Ferran Torres en el alargue. Pero lo que quedó grabado también fueron los empujones y las discusiones al final del encuentro.

 

Qué puede pasar de ahora en más

 

Por el momento, la FIFA no adelantó plazos ni posibles sanciones. El proceso recién comienza y todavía deberá reunir pruebas, informes arbitrales y los descargos de cada una de las partes involucradas.

 

 

La noticia ya generó repercusión tanto en Argentina como en España. Según cómo concluya la investigación, podrían aplicarse multas económicas, suspensiones a los jugadores o hasta sanciones institucionales para ambas federaciones.

 

 

 

Primicias Rurales
Fuente: minutouno

 

La bandera de Malvinas que nació en un Mundial y hoy flamea en todo el país

La bandera de Malvinas que nació en un Mundial y hoy flamea en todo el país

 

Pintada a mano por un grupo de hinchas en Atlanta, la bandera con la leyenda «Las Malvinas son argentinas» dejó de ser un gesto futbolero para convertirse en una causa nacional. Hoy la lucen clubes, deportistas y hasta un tatami de jiu-jitsu.

 

 

 

 

Buenos Aires, jueves 30 julio (PR/26)–Todo empezó con un impulso visceral. Un grupo de jóvenes de Villa Luro pintó, a mano y sobre una simple sábana de hotel, una bandera con la leyenda «Las Malvinas son argentinas». Nadie imaginaba que ese trapo terminaría dando la vuelta al mundo.

 

 

La imagen quedó grabada para siempre en la memoria colectiva. Los jugadores de la Selección Argentina la desplegaron en Atlanta tras eliminar a Inglaterra en las semifinales del Mundial, y desde ese instante el símbolo dejó de pertenecerle solo a la Scaloneta.

 

De la Scaloneta a las canchas de todo el país

 

El gesto encontró eco inmediato en el fútbol argentino. Belgrano de Córdoba fue el primer club de la Liga Profesional en exhibir la réplica, en la fecha inaugural del torneo. Después se sumaron Tigre, Argentinos Juniors, Sarmiento y Boca Juniors.

 

 

El fenómeno también cruzó fronteras. Hinchas de Cienciano de Perú y Palestino de Chile llevaron la pancarta a sus estadios, mientras que en el patín artístico, Sabrina Gagliano y Bruno Gastaldi posaron con su propia versión como homenaje a los excombatientes.

La bandera incluso inspiró el diseño gráfico. Nació así «Malvinas Sans», una tipografía digital y gratuita basada en la caligrafía original del trapo pintado en Atlanta, disponible para que cualquiera la use.

Del verde césped al tatami: una marca permanente

 

En las últimas semanas, el símbolo dio un salto inesperado: llegó al deporte de contacto. En la academia Vieyra Jiu-Jitsu, que funciona dentro del Club Atlético San Telmo, la bandera no fue una visita pasajera. Llegó para quedarse.

Siguiendo el mismo método artesanal —sábana y pintura—, los profesores pintaron una réplica y la fijaron de forma permanente en el tatami. La comisión directiva del club respaldó la iniciativa, con la participación activa de docentes y alumnos.

Un tatami de jiu-jitsu es una superficie de suelo especial diseñada para absorber impactos, evitar lesiones y dar buen agarre. Está formado por materiales como goma EVA o espuma de alta densidad

 

 

La inauguración oficial se realizó durante el último entrenamiento, con la presencia de Eduardo Vieyra, múltiple campeón nacional de la disciplina, quien viajó especialmente desde Paraná para el emotivo acto.

El impacto no se detuvo ahí. Otras disciplinas del club, incluido el equipo de fútbol representativo, ya pidieron llevar la bandera a sus propias competencias antes de que sea enmarcada de forma definitiva en las paredes de la institución.

 

 

Primicias Rurales
Fuente: Varios

 

 

El dedo en lo que debería ser una cicatriz

El dedo en lo que debería ser una cicatriz

El reconocido y veterano periodista inglés de The Guardian, Simon Jenkins, escribió una nota diciendo que Las Malvinas no podrán estar en manos inglesas indefinidamente. Tocó una herida abierta que no se convirtió todavía en cicatriz. La diferencia entre una cosa y la otra explica por qué Malvinas no se resuelve, y por qué el obstáculo ya no está solamente en Londres.
Por Sergio Mammarelli

 

Confesiones de un terrorista gramsciano: Cristina, la candidata de MileiAbogado laboralista, especialista en negociación colectiva. Ex Titular de la Catedra de Derecho del Trabajo y Seguridad Social de la Universidad Nacional de la Patagonia. Autor de varios libros y Publicaciones. Ex Ministro Coordinador de la Provincia del Chubut.

 

 

«La Nación Argentina ratifica su legítima e imprescriptible soberanía sobre las Islas Malvinas, Georgias del Sur y Sandwich del Sur… La recuperación de dichos territorios y el ejercicio pleno de la soberanía, respetando el modo de vida de sus habitantes y conforme a los principios del Derecho Internacional, constituyen un objetivo permanente e irrenunciable del pueblo argentino.»

— Disposición Transitoria Primera de la Constitución Nacional, 1994

 

 

 

Buenos Aires, martes 28 julio (PR/26) — La bandera que nadie sostenía. La bandera con la leyenda «Las Malvinas son argentinas» no bajó al campo de juego por decisión de un dirigente, ni por una operación de prensa, ni por un plan de la Cancillería.

Cayó.

Se soltó de una tribuna del estadio, la levantaron manos que no la habían llevado hasta ahí, y terminó desplegada frente a las cámaras del mundo por jugadores que dos minutos antes sólo pensaban en una final. Esa es la triste realidad de lo que verdaderamente pasó.

Aclarado esto, si uno quisiera resumir cuarenta y cuatro años de política argentina hacia el Atlántico Sur en una sola escena, no encontraría mejor paralelismo. Una convicción absolutamente sincera, absolutamente compartida, absolutamente conmovedora, que se despliega sola, por gravedad, sin que haya nadie encargado de sostenerla. Un sentimiento nacional sin dueño y sin estrategia.

Tres días después, el domingo, España nos ganó la final. Y seis días antes, el 13 de julio, el Reino Unido y la Unión Europea habían firmado el acuerdo que derriba la verja de Gibraltar. En una misma semana, España se llevó la copa y se llevó la frontera. Nosotros solo nos llevamos la bandera y el aplauso de la tribuna.

Con esta introducción, mi humilde opinión transita por una discusión sobre la diferencia entre tener razón y tener resultados.

En medio de todo ese ruido apareció Simon Jenkins en The Guardian. Un columnista británico de peso, con oficio y sin sospecha de simpatía peronista, escribiendo que las Falklands «no pueden seguir siendo británicas para siempre». El texto cayó en la Argentina como un milagro. Un inglés admitiendo algo que vale más que mil documentos propios.

Sin embargo, habría que leerlo con más cuidado. Jenkins es un buen periodista escribiendo un excelente artículo con tres argumentos que son impecables y están todos vencidos.

El primero es el costo: sesenta millones de libras al año le cuestan las islas al contribuyente británico. Es verdad, pero ese número, que en los setenta era el argumento decisivo del Tesoro para desprenderse del archipiélago, hoy compite contra otra columna del balance. La pesca —el calamar, sobre todo— explica el 63% del producto de las islas y el 92% de sus exportaciones.

Y a unos 220 kilómetros al norte del archipiélago, el proyecto Sea Lion pasó de promesa a decisión final de inversión, con Navitas Petroleum al frente y primer petróleo previsto para marzo de 2028.

Las Malvinas dejaron de ser un gasto imperial para convertirse en un activo. El argumento del costo no se refutó: se lo comió la contabilidad.

El segundo es la descolonización. Jenkins escribe recordando aquel momento en que Naciones Unidas empujaba a Europa a soltar los últimos restos del imperio, y Gran Bretaña ordenaba su retirada del Atlántico Sur. Isleños y la gente del continente se unían con lazos visibles e invisibles de intercambio con dos vuelos a Puerto Argentino desde Comodoro Rivadavia.

Sin embargo, el Protocolo de Madrid, que prohíbe la explotación minera en la Antártida, se vuelve revisable a partir de 2048. Faltan veintidós años. Un Estado que piensa en 2048 no discute descolonización en 2026.

Y el tercero es el «sentido común geográfico«: tarde o temprano, dice Jenkins, estas colonias se integrarán a sus continentes. Es una frase hermosa pero no mueve el amperímetro. La geografía no tiene sentido común y los Estados, jamás van a soltar nada de lo que otros van a querer.

Jenkins, en definitiva, no puso el dedo en una llaga. Lo puso en una cicatriz. Una llaga duele y obliga a actuar. Una cicatriz sólo recuerda que ahí hubo algo, hace mucho, y que el cuerpo siguió funcionando sin resolverlo. La respuesta de Downing Street lo confirmó con una brutalidad casi cómica: «Puede que el Mundial no sea nuestro, pero las Malvinas sin duda lo son». Contestaron con un chiste y se le contesta con un chiste a lo que no se considera un problema.}

 

El espejo de Gibraltar

 

Jenkins invoca Gibraltar como prueba de que estos nudos se desatan. Sin embargo, Gibraltar demuestra exactamente lo contrario de lo que se le hace decir.

¿Qué consiguió España después de décadas de negociación? Consiguió que se derribe la verja. Consiguió libre circulación de personas y mercancías, controles duales en el puerto y el aeropuerto, integración funcional plena. Y consiguió, sobre todo, mantener «intacta» su reclamación de soberanía. Intacta en este caso quiere decir guardada.

Quiere decir que España aceptó el mejor acuerdo práctico posible a cambio de estacionar indefinidamente el reclamo simbólico.

Pero hay además otra diferencia. Gibraltar se destrabó porque existió un tercero. El Brexit rompió un equilibrio y obligó a las partes a construir uno nuevo, con Bruselas empujando desde afuera.

Argentina y el Reino Unido no tienen Bruselas.

En cambio, en el C-24 reunido en Nueva York en junio pasado, en este 2026, con el canciller Pablo Quirno denunciando la militarización y la explotación unilateral de recursos, aprobó por consenso una nueva resolución que pide la reanudación del diálogo bilateral, en línea con la Resolución 2065 de 1965.

Dicho de otro modo, sesenta y un años después de aquella resolución fundante, la Argentina solo ganó por consenso una Resolución donde nadie está obligado a nada.

Mi primera conclusión presumo que no gustará a nadie. Si uno traduce ese modelo gibraltareño al Atlántico Sur —vuelos, comercio, cooperación pesquera, integración práctica, soberanía congelada— el resultado es que la política argentina ya lo declaró inaceptable.

 

El precedente que nadie cita

 

Si algo hay que mirar, no es Gibraltar. Es Chagos. En 2019 la Corte Internacional de Justicia emitió una opinión consultiva —pedida por la Asamblea General de la ONU— declarando ilegal la separación del archipiélago de Chagos de Mauricio. Seis años después, el Reino Unido firmó la transferencia de soberanía.

También es cierto que entregó la soberanía y se quedó con la base de Diego García bajo un arrendamiento de larga duración. Soberanía para uno, instalación militar para el otro.

Esa idea, ya se venía conversando con los isleños a fines de los setenta, soberanía argentina, administración británica, garantías de autonomía. Sin embargo, esa idea se hizo pedazos el 2 de abril de 1982, cuando una dictadura en decadencia mandó a morir a chicos de dieciocho años a una isla para estirar su propia agonía.

 

Reconocido periodista inglés publicó que «las Malvinas no pueden ser británicas para siempre» y desató la polémica en el Reino Unido

 

Fuera de todo esto, la enseñanza es que la vía existe, y es jurídica antes que diplomática. Si bien la opinión consultiva de la Corte no obliga, cambia el precio político de no negociar. Argentina nunca la intentó en serio.

Ahora la pregunta que importa sería la siguiente: ¿la política argentina firmaría eso? ¿Qué presidente sobrevive a la tapa del diario que dice «cedió la base»?

 

Un reclamo no es una política

 

Hay que decir algo sin eufemismos.

La Argentina tiene un reclamo, no tiene una política. Un reclamo es una posición jurídica que se repite. Una política es una secuencia de decisiones que producen efectos.

Nosotros tenemos lo primero en cantidades industriales y lo segundo casi en ninguna.

Tenemos un mandato constitucional que ordena recuperar los territorios respetando el modo de vida de sus habitantes por medios pacíficos, es decir, un mandato que ordena ganar una partida sin usar ninguna de las piezas que la ganan.

El gobierno de Javier Milei encarna esa contradicción. Es la administración más alineada con Washington y con Occidente de la historia democrática argentina, y esa alineación le dio algo que ningún gobierno anterior tuvo: un guiño de la Casa Blanca respaldando a la Argentina en la polémica de la bandera, después de que el Departamento de Estado ratificara en mayo su neutralidad formal.

Milei dice que las Malvinas son argentinas y que se recuperarán «en el plano diplomático». Lo que no dice, porque nadie lo dice, es con qué.

Cuando Quirno conversa con los kelpers, los excombatientes del CECIM le responden que está validando la estrategia británica de convertir a los isleños en sujetos de autodeterminación. Y tienen razón.

 

 El comodoro (R) con más salidas y llegadas tuvo a la flota británica con su Sky Hawk A B

 

Ese es exactamente el mecanismo con el que Londres transformó una disputa entre dos Estados en una consulta a mil quinientos diecisiete votantes, el 99,8% de los cuales eligió el statu quo en 2013.

Pero los excombatientes también describen la trampa completa: si hablar con los isleños los legitima, y no hablar con los isleños los aleja para siempre, entonces la Argentina eligió hace décadas una posición en la que cualquier movimiento es una derrota. Ignorarlos durante cuarenta años no los volvió más argentinos. Los volvió más británicos, más ricos y autosuficientes.

Los ex combatienete se preguntan si el sacrificio valió la pena.

 

El peine tenía petróleo

 

Borges dijo que Malvinas era la pelea de dos calvos por un peine. Fue una frase brillante, feroz, y con el tiempo se volvió falsa. El peine tenía calamar, tenía hidrocarburos, tenía una ruta hacia la Antártida y tenía una base aérea. Borges se burló de la vanidad y no vio el mapa.

¿Qué desenlaces quedan entonces, mirando los tableros reales de cada país?

El primero, nada se rompe, nada se acuerda, y cada año que pasa las islas son un poco más viables sin la Argentina. El día que el archipiélago se autofinancie del todo, el reclamo argentino no habrá sido derrotado, habrá sido vuelto irrelevante. No perdemos las islas. Nos volvemos innecesarios para su futuro.

El segundo es el Gibraltar criollo: soberanía compartida, o diferida, o arrendada, envuelta en integración práctica. Requiere simultáneamente un gobierno británico con capital político para gastar y un gobierno argentino capaz de sobrevivir a la firma. Las dos cosas al mismo tiempo no ocurrieron nunca.

El tercero es la vía jurídica. Empujar en la Asamblea General una opinión consultiva de la Corte Internacional de Justicia, como hizo Mauricio. Es lenta, es incierta, no obliga a nadie y es —justamente por eso— la única carta seria que la Argentina tiene sobre la mesa y no juega.

Y el cuarto, el que nadie quiere nombrar, es la disolución del problema por absorción.

Un Atlántico Sur donde el archipiélago deja de ser una disputa bilateral para convertirse en una casilla dentro de un tablero mucho más grande, con flotas chinas en el borde de la milla, con la Antártida entrando en zona de revisión y con potencias decidiendo entre ellas quién controla el corredor austral.

En ese escenario la Argentina no discute con el Reino Unido. Mira.

En mi humilde conclusión, lo que vimos en el Mundial, es que la bandera cayó de la tribuna y el mundo entero la vio. Fue un instante hermoso y fue completamente gratuito. No costó una negociación, no costó un voto, no costó una decisión difícil, no le costó a nadie su carrera política. Por eso pudimos desplegarla todos juntos, sin discutir.

Lo otro, tiene la forma exactamente inversa. Es feo, es técnico, es largo, dura más que un mandato, no se filma, no se canta, se firma con la mano temblando y probablemente lo haga alguien a quien vamos a acusar de traidor.

Puede ser que tarde o temprano un gobierno del Reino Unido tendrá el coraje de volver a negociar. Puede ser. La pregunta, es si ese día llega, ¿quién sostiene la bandera de este lado?

 

 

 

 

 

Primicias Rurales
Por Sergio Mammarelli, especial para Primicias Rurales
Malvinas

Malvinas

En esta columna, Jorge Fontevecchia analiza la Causa Malvinas, cuestiona la visión presidencial sobre la soberanía y detalla una estrategia geopolítica, militar y económica para lograr su recuperación por vías pacíficas en el futuro.

 

Foto: TN

Buenos Aires, sábado 25 abril (PR/26) — En su libro Biografía del poder, Alberto Lederman, con su amplia experiencia en la materia, explica que –aunque no en todos los casos– es un patrón frecuente que muchos líderes busquen el poder para compensar carencias afectivas tempranas e inseguridades profundas.

A nuestro presidente su visión centrada en sí mismo le impide la comprensión del punto de vista ajeno, careciendo de empatía y autoconsciencia, atributos especialmente necesarios en la conducción. La causa de Malvinas dejó más expuesta esa falencia

La recuperación de las islas Malvinas no sólo está en la Constitución argentina, sino en el corazón de sus ciudadanos, quienes no estarían dispuestos a intercambiarlas por ventajas económicas.

 

Las Malvinas están profundamente arraigadas en la cultura nacional generación tras generación al igual que el igualitarismo democrático que la batalla cultural que promueve el Presidente aspira a remover sin éxito. Fracaso con el que también se choca cada vez que aspira a desmalvinizar.

 

Su presencia está en los libros de texto de los colegios desde hace más de un siglo, sumando la traducción del libro de Paul Groussac: Les Iles Malouines: nouvel exposé d’un vieux litige, los mapas oficiales siempre incluyéndolas como territorio nacional, monumentos, calles, plazas, escuelas con el nombre Islas Malvinas y a partir de la guerra en la que fuimos derrotados, los cantos en las tribunas, sentimiento que pasó a la música profesional y ante la falta de capacidad militar la rivalidad desplazada al terreno del fútbol, donde la Argentina tiene mayores competencias.

Pero de todos los testimonios los cuerpos de los 237 soldados argentinos que yacen en el cementerio de Darwin, construido por un argentino: Eduardo Eurnekian, marcan permanente presencia en nuestro territorio.

 

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EL CEMENTERIO DE DARWIN. De los 649 combatientes argentinos que murieron en la guerra de Malvinas, 237 de ellos fueron enterrados allí, en territorio argentino. | cedoc

 

 

Cómo recuperarlas. No es imposible ni improbable su recuperación. Primero, haciendo lo contrario a Milei, quien siendo candidato ya tuvo un llamado de atención del presidente de la Corte Suprema, Horacio Rosatti, quien dijo: “Hay gente que tiene o quiere tener responsabilidades públicas y no ha leído la Constitución. No se puede decir cualquier cosa de Malvinas. No se pueden alquilar, no se pueden vender, porque lo dice la Constitución. Y la cláusula es transitoria porque creemos que vamos a recuperar las Malvinas; hay que hacerlo por vías pacíficas”.

Que sea por vía pacífica no quiere decir que no sea necesario aumentar la fuerza militar. En Epitoma rei militaris en el siglo IV antes de Cristo Flavio Vegecio escribió la célebre frase: “Quien desee la paz que prepare la guerra”. Para sentar a Inglaterra a negociar es necesario aumentar el costo de su defensa militar de las islas ampliando el uso de nuestra fuerza como elemento disuasorio.

La Argentina debería invertir en su Armada porque fue la inferioridad marítima lo que determinó la derrota en 1982, lo mismo que en 1833, cuando barcos ingleses las invadieron echando a nuestros pobladores locales.

Paralelamente los veinticuatro aviones F-16 recientemente incorporados son un salto importante en la modernización, pero su venta no fue vetada por Inglaterra porque no modifica el equilibrio estratégico. Las futuras inversiones en la Fuerza Aérea deberán orientarse a aviones que sí tuvieran capacidad disuasoria frente a nuestro adversario.

Y como enseñan las recientes guerras en Ucrania e Irán, potencias militares inferiores a Rusia y Estados Unidos respectivamente tuvieron una capacidad militar muy superior a la proporcionalidad de sus recursos gracias a elementos tecnológicos de menor costo, entre ellos los drones. La Argentina debería orientar su conocimiento científico-tecnológico al intensivo desarrollo de drones.

La capacidad económica de Ucrania es inferior a la de la Argentina, nuestro producto bruto es más de tres veces mayor. También es sensiblemente mayor el producto bruto de la Argentina que el de Irán, es el doble, lo que demuestra que la economía no es todo, lo que no quita que hay un punto donde Milei sí tiene razón: para recuperar las Malvinas precisamos tener un país económicamente pujante, solo resta por ver si su camino para lograr el desarrollo es correcto.

Pero a Inglaterra le va económicamente casi tan mal como a nosotros. El producto bruto de Inglaterra sigue siendo alrededor de seis veces mayor que el de la Argentina, igual que en 1982, durante la guerra de Malvinas. Siendo la Argentina uno de los países que menos creció en el último medio siglo, Inglaterra lo acompaña como uno de los países desarrollados con peor desempeño económico.

Paralelamente, nuestra población creció más: en 1982 los habitantes de Inglaterra eran el doble que los de la Argentina y hoy son solo el 50% más, y todo indica que nuestro país tiene más posibilidades de crecimiento por sus recursos naturales puestos en valor en los últimos años.

Y al tema económico y militar se agrega el diplomático. Mientras que desde 1982 Inglaterra perdió parte de sus aliados saliéndose hace una década de la Unión Europa, la Argentina se incorporó al Mercosur. Sumar a Brasil a nuestra causa, como hizo Lula repetidamente, sosteniendo que es inadmisible un enclave colonial en las Malvinas, sumado a estar resueltos todos los conflictos limítrofes continentales con Chile: su apoyo a Inglaterra no es el mismo que en época de Pinochet, a quien Thatcher protegió en Londres cuando se pidió su detención internacional.

En síntesis, en una década se podrían modificar las condiciones de posibilidad para que la aspiración de recuperar el territorio de las Malvinas no resulte una utopía. Tomar las decisiones correctas depende de nosotros.

 

 

Primicias Rurales
Fuente: Perfil