Ago 9, 2026 | Desarrollo Humano, Especial, Malvinas
El artista Javier de Aubeyzon pintó “Nevada eterna”, un óleo inspirado en la bandera que la Selección exhibió tras vencer a Inglaterra en el Mundial. La obra funde fútbol, historia y memoria en un mismo campo de batalla.
Daniel Gigena
Buenos Aires, domingo 9 agosto (PR/26)–La escena es conocida: los jugadores de la Selección argentina levantaron una bandera con la leyenda “Las Malvinas son argentinas” tras eliminar a Inglaterra en las semifinales del Mundial. Aquel gesto, cargado de historia, no tardó en multiplicarse.
Ahora ese símbolo llegó al arte. El arquitecto y pintor Javier de Aubeyzon, reconocido por su obra sobre la Guerra de Malvinas, tomó esa imagen como punto de partida para una nueva pieza: un óleo y lápiz sobre tela titulado “Nevada eterna”.

El cuadro, de 1,50 por 1,30 metros, muestra la bandera junto al capitán Lionel Messi, arrodillado y de espaldas, en medio de cascos de soldados y copos de nieve. El fondo representa el estrecho de San Carlos, con el agua teñida de rojo.
“El agua está roja por la sangre derramada en el desembarco”, explicó el artista a LA NACION, al describir el sentido de cada detalle de la composición.
El deporte como otra forma de épica
Para De Aubeyzon, la cancha y el campo de batalla comparten un mismo espíritu. “Gestas de guerreros y héroes, así en el campo de batalla como en el juego, se libran de distinta forma pero con igual intensidad”, sostiene el artista.
El pintor cuestiona además la idea de que deporte y política deban mantenerse separados. Recuerda que los propios Juegos Olímpicos nacieron en Grecia como un pacto de paz, capaz de transformar la fuerza guerrera en competencia.

“La épica, la mística y el sacrificio se apoderan de quienes defienden a su país en la gesta deportiva”, agrega, y señala que cada partido se vive como un enfrentamiento simbólico por la propia identidad.
La obra se suma a una serie sobre Malvinas
“Nevada eterna” se encuentra hoy en el taller del artista, en La Lucila. Hasta el 10 de septiembre, De Aubeyzon expone además una serie de pinturas en el Museo Malvinas e Islas del Atlántico Sur, sobre la calle Santiago Calzadilla.
“Es parte de una producción que intenta mantener vivo el homenaje y el reclamo”, destaca. Y define su trabajo con una frase contundente: “El arte es una poderosa arma pacífica, en una causa que está en lo más profundo de la sociedad”.

Javier de Aubeyzon junto al héroe de Las Malvinas Comodoro Pablo Carballo
El artista también dejó una reflexión sobre la propia final del Mundial, jugada con un hombre menos y un rendimiento irregular, que dejó al equipo cerca de forzar los penales. “Lo ocurrido es ya irreversible, pero las dudas permanecerán en el imaginario colectivo”, opina.
Su conclusión resume el espíritu de la obra: “Si un simple trapo costó una Copa del Mundo, fue el precio de la dignidad… La gloria deportiva es efímera; las Malvinas son eternas”.
Primicias Rurales
Fuente: La Nación
Ago 1, 2026 | Actualidad, Malvinas
La Comisión Disciplinaria del organismo investigará a la Asociación del Fútbol Argentino, a cuatro integrantes de la delegación albiceleste y al español Gavi por lo ocurrido durante el torneo, especialmente en la semifinal ante Inglaterra y en los incidentes tras la final ante España.
Buenos Aires, sábado 1 agosto (PR/26)–La FIFA confirmó la apertura de un procedimiento disciplinario contra la AFA por distintos episodios registrados durante el Mundial 2026. El detonante principal fue la bandera con la leyenda «Las Malvinas son argentinas» que los jugadores mostraron tras vencer a Inglaterra en semifinales.
La escena, que ya había generado polémica en mundiales anteriores, volvió a poner a la delegación argentina bajo la lupa del organismo. Según indicó la Comisión Disciplinaria, se investigan posibles manifestaciones políticas, conductas inadecuadas y hasta actos discriminatorios.
Los nombres propios de la investigación
Además del expediente institucional contra la AFA, la FIFA abrió causas individuales contra Leandro Paredes, Thiago Almada y Nahuel Molina. También quedó incluido Roberto Ayala, ayudante de campo de Lionel Scaloni, señalado por un altercado tras la final.

Del lado español, el mediocampista Gavi tampoco escapó a la lupa disciplinaria. El futbolista fue notificado por su participación en los empujones y discusiones que se vivieron apenas terminó el partido decisivo.
Una final que terminó con tensión y polémica
El partido, disputado en el MetLife Stadium de Nueva Jersey, se definió 1 a 0 a favor de España, con un gol de Ferran Torres en el alargue. Pero lo que quedó grabado también fueron los empujones y las discusiones al final del encuentro.
Qué puede pasar de ahora en más
Por el momento, la FIFA no adelantó plazos ni posibles sanciones. El proceso recién comienza y todavía deberá reunir pruebas, informes arbitrales y los descargos de cada una de las partes involucradas.

La noticia ya generó repercusión tanto en Argentina como en España. Según cómo concluya la investigación, podrían aplicarse multas económicas, suspensiones a los jugadores o hasta sanciones institucionales para ambas federaciones.
Primicias Rurales
Fuente: minutouno
Jul 30, 2026 | Actualidad, Malvinas
Pintada a mano por un grupo de hinchas en Atlanta, la bandera con la leyenda «Las Malvinas son argentinas» dejó de ser un gesto futbolero para convertirse en una causa nacional. Hoy la lucen clubes, deportistas y hasta un tatami de jiu-jitsu.
Buenos Aires, jueves 30 julio (PR/26)–Todo empezó con un impulso visceral. Un grupo de jóvenes de Villa Luro pintó, a mano y sobre una simple sábana de hotel, una bandera con la leyenda «Las Malvinas son argentinas». Nadie imaginaba que ese trapo terminaría dando la vuelta al mundo.

La imagen quedó grabada para siempre en la memoria colectiva. Los jugadores de la Selección Argentina la desplegaron en Atlanta tras eliminar a Inglaterra en las semifinales del Mundial, y desde ese instante el símbolo dejó de pertenecerle solo a la Scaloneta.
De la Scaloneta a las canchas de todo el país
El gesto encontró eco inmediato en el fútbol argentino. Belgrano de Córdoba fue el primer club de la Liga Profesional en exhibir la réplica, en la fecha inaugural del torneo. Después se sumaron Tigre, Argentinos Juniors, Sarmiento y Boca Juniors.

El fenómeno también cruzó fronteras. Hinchas de Cienciano de Perú y Palestino de Chile llevaron la pancarta a sus estadios, mientras que en el patín artístico, Sabrina Gagliano y Bruno Gastaldi posaron con su propia versión como homenaje a los excombatientes.
La bandera incluso inspiró el diseño gráfico. Nació así «Malvinas Sans», una tipografía digital y gratuita basada en la caligrafía original del trapo pintado en Atlanta, disponible para que cualquiera la use.
Del verde césped al tatami: una marca permanente
En las últimas semanas, el símbolo dio un salto inesperado: llegó al deporte de contacto. En la academia Vieyra Jiu-Jitsu, que funciona dentro del Club Atlético San Telmo, la bandera no fue una visita pasajera. Llegó para quedarse.
Siguiendo el mismo método artesanal —sábana y pintura—, los profesores pintaron una réplica y la fijaron de forma permanente en el tatami. La comisión directiva del club respaldó la iniciativa, con la participación activa de docentes y alumnos.
Un tatami de jiu-jitsu es una superficie de suelo especial diseñada para absorber impactos, evitar lesiones y dar buen agarre. Está formado por materiales como goma EVA o espuma de alta densidad

La inauguración oficial se realizó durante el último entrenamiento, con la presencia de Eduardo Vieyra, múltiple campeón nacional de la disciplina, quien viajó especialmente desde Paraná para el emotivo acto.
El impacto no se detuvo ahí. Otras disciplinas del club, incluido el equipo de fútbol representativo, ya pidieron llevar la bandera a sus propias competencias antes de que sea enmarcada de forma definitiva en las paredes de la institución.
Primicias Rurales
Fuente: Varios
Jul 28, 2026 | Actualidad, Malvinas, Opiniones
El reconocido y veterano periodista inglés de The Guardian, Simon Jenkins, escribió una nota diciendo que Las Malvinas no podrán estar en manos inglesas indefinidamente. Tocó una herida abierta que no se convirtió todavía en cicatriz. La diferencia entre una cosa y la otra explica por qué Malvinas no se resuelve, y por qué el obstáculo ya no está solamente en Londres.
Por Sergio Mammarelli
Abogado laboralista, especialista en negociación colectiva. Ex Titular de la Catedra de Derecho del Trabajo y Seguridad Social de la Universidad Nacional de la Patagonia. Autor de varios libros y Publicaciones. Ex Ministro Coordinador de la Provincia del Chubut.
«La Nación Argentina ratifica su legítima e imprescriptible soberanía sobre las Islas Malvinas, Georgias del Sur y Sandwich del Sur… La recuperación de dichos territorios y el ejercicio pleno de la soberanía, respetando el modo de vida de sus habitantes y conforme a los principios del Derecho Internacional, constituyen un objetivo permanente e irrenunciable del pueblo argentino.»
— Disposición Transitoria Primera de la Constitución Nacional, 1994
Buenos Aires, martes 28 julio (PR/26) — La bandera que nadie sostenía. La bandera con la leyenda «Las Malvinas son argentinas» no bajó al campo de juego por decisión de un dirigente, ni por una operación de prensa, ni por un plan de la Cancillería.
Cayó.
Se soltó de una tribuna del estadio, la levantaron manos que no la habían llevado hasta ahí, y terminó desplegada frente a las cámaras del mundo por jugadores que dos minutos antes sólo pensaban en una final. Esa es la triste realidad de lo que verdaderamente pasó.
Aclarado esto, si uno quisiera resumir cuarenta y cuatro años de política argentina hacia el Atlántico Sur en una sola escena, no encontraría mejor paralelismo. Una convicción absolutamente sincera, absolutamente compartida, absolutamente conmovedora, que se despliega sola, por gravedad, sin que haya nadie encargado de sostenerla. Un sentimiento nacional sin dueño y sin estrategia.
Tres días después, el domingo, España nos ganó la final. Y seis días antes, el 13 de julio, el Reino Unido y la Unión Europea habían firmado el acuerdo que derriba la verja de Gibraltar. En una misma semana, España se llevó la copa y se llevó la frontera. Nosotros solo nos llevamos la bandera y el aplauso de la tribuna.
Con esta introducción, mi humilde opinión transita por una discusión sobre la diferencia entre tener razón y tener resultados.
En medio de todo ese ruido apareció Simon Jenkins en The Guardian. Un columnista británico de peso, con oficio y sin sospecha de simpatía peronista, escribiendo que las Falklands «no pueden seguir siendo británicas para siempre». El texto cayó en la Argentina como un milagro. Un inglés admitiendo algo que vale más que mil documentos propios.
Sin embargo, habría que leerlo con más cuidado. Jenkins es un buen periodista escribiendo un excelente artículo con tres argumentos que son impecables y están todos vencidos.
El primero es el costo: sesenta millones de libras al año le cuestan las islas al contribuyente británico. Es verdad, pero ese número, que en los setenta era el argumento decisivo del Tesoro para desprenderse del archipiélago, hoy compite contra otra columna del balance. La pesca —el calamar, sobre todo— explica el 63% del producto de las islas y el 92% de sus exportaciones.
Y a unos 220 kilómetros al norte del archipiélago, el proyecto Sea Lion pasó de promesa a decisión final de inversión, con Navitas Petroleum al frente y primer petróleo previsto para marzo de 2028.
Las Malvinas dejaron de ser un gasto imperial para convertirse en un activo. El argumento del costo no se refutó: se lo comió la contabilidad.
El segundo es la descolonización. Jenkins escribe recordando aquel momento en que Naciones Unidas empujaba a Europa a soltar los últimos restos del imperio, y Gran Bretaña ordenaba su retirada del Atlántico Sur. Isleños y la gente del continente se unían con lazos visibles e invisibles de intercambio con dos vuelos a Puerto Argentino desde Comodoro Rivadavia.
Sin embargo, el Protocolo de Madrid, que prohíbe la explotación minera en la Antártida, se vuelve revisable a partir de 2048. Faltan veintidós años. Un Estado que piensa en 2048 no discute descolonización en 2026.
Y el tercero es el «sentido común geográfico«: tarde o temprano, dice Jenkins, estas colonias se integrarán a sus continentes. Es una frase hermosa pero no mueve el amperímetro. La geografía no tiene sentido común y los Estados, jamás van a soltar nada de lo que otros van a querer.
Jenkins, en definitiva, no puso el dedo en una llaga. Lo puso en una cicatriz. Una llaga duele y obliga a actuar. Una cicatriz sólo recuerda que ahí hubo algo, hace mucho, y que el cuerpo siguió funcionando sin resolverlo. La respuesta de Downing Street lo confirmó con una brutalidad casi cómica: «Puede que el Mundial no sea nuestro, pero las Malvinas sin duda lo son». Contestaron con un chiste y se le contesta con un chiste a lo que no se considera un problema.}
El espejo de Gibraltar
Jenkins invoca Gibraltar como prueba de que estos nudos se desatan. Sin embargo, Gibraltar demuestra exactamente lo contrario de lo que se le hace decir.
¿Qué consiguió España después de décadas de negociación? Consiguió que se derribe la verja. Consiguió libre circulación de personas y mercancías, controles duales en el puerto y el aeropuerto, integración funcional plena. Y consiguió, sobre todo, mantener «intacta» su reclamación de soberanía. Intacta en este caso quiere decir guardada.
Quiere decir que España aceptó el mejor acuerdo práctico posible a cambio de estacionar indefinidamente el reclamo simbólico.
Pero hay además otra diferencia. Gibraltar se destrabó porque existió un tercero. El Brexit rompió un equilibrio y obligó a las partes a construir uno nuevo, con Bruselas empujando desde afuera.
Argentina y el Reino Unido no tienen Bruselas.
En cambio, en el C-24 reunido en Nueva York en junio pasado, en este 2026, con el canciller Pablo Quirno denunciando la militarización y la explotación unilateral de recursos, aprobó por consenso una nueva resolución que pide la reanudación del diálogo bilateral, en línea con la Resolución 2065 de 1965.
Dicho de otro modo, sesenta y un años después de aquella resolución fundante, la Argentina solo ganó por consenso una Resolución donde nadie está obligado a nada.
Mi primera conclusión presumo que no gustará a nadie. Si uno traduce ese modelo gibraltareño al Atlántico Sur —vuelos, comercio, cooperación pesquera, integración práctica, soberanía congelada— el resultado es que la política argentina ya lo declaró inaceptable.
El precedente que nadie cita
Si algo hay que mirar, no es Gibraltar. Es Chagos. En 2019 la Corte Internacional de Justicia emitió una opinión consultiva —pedida por la Asamblea General de la ONU— declarando ilegal la separación del archipiélago de Chagos de Mauricio. Seis años después, el Reino Unido firmó la transferencia de soberanía.
También es cierto que entregó la soberanía y se quedó con la base de Diego García bajo un arrendamiento de larga duración. Soberanía para uno, instalación militar para el otro.
Esa idea, ya se venía conversando con los isleños a fines de los setenta, soberanía argentina, administración británica, garantías de autonomía. Sin embargo, esa idea se hizo pedazos el 2 de abril de 1982, cuando una dictadura en decadencia mandó a morir a chicos de dieciocho años a una isla para estirar su propia agonía.
Reconocido periodista inglés publicó que «las Malvinas no pueden ser británicas para siempre» y desató la polémica en el Reino Unido
Fuera de todo esto, la enseñanza es que la vía existe, y es jurídica antes que diplomática. Si bien la opinión consultiva de la Corte no obliga, cambia el precio político de no negociar. Argentina nunca la intentó en serio.
Ahora la pregunta que importa sería la siguiente: ¿la política argentina firmaría eso? ¿Qué presidente sobrevive a la tapa del diario que dice «cedió la base»?
Un reclamo no es una política
Hay que decir algo sin eufemismos.
La Argentina tiene un reclamo, no tiene una política. Un reclamo es una posición jurídica que se repite. Una política es una secuencia de decisiones que producen efectos.
Nosotros tenemos lo primero en cantidades industriales y lo segundo casi en ninguna.
Tenemos un mandato constitucional que ordena recuperar los territorios respetando el modo de vida de sus habitantes por medios pacíficos, es decir, un mandato que ordena ganar una partida sin usar ninguna de las piezas que la ganan.
El gobierno de Javier Milei encarna esa contradicción. Es la administración más alineada con Washington y con Occidente de la historia democrática argentina, y esa alineación le dio algo que ningún gobierno anterior tuvo: un guiño de la Casa Blanca respaldando a la Argentina en la polémica de la bandera, después de que el Departamento de Estado ratificara en mayo su neutralidad formal.
Milei dice que las Malvinas son argentinas y que se recuperarán «en el plano diplomático». Lo que no dice, porque nadie lo dice, es con qué.
Cuando Quirno conversa con los kelpers, los excombatientes del CECIM le responden que está validando la estrategia británica de convertir a los isleños en sujetos de autodeterminación. Y tienen razón.

El comodoro (R) con más salidas y llegadas tuvo a la flota británica con su Sky Hawk A B
Ese es exactamente el mecanismo con el que Londres transformó una disputa entre dos Estados en una consulta a mil quinientos diecisiete votantes, el 99,8% de los cuales eligió el statu quo en 2013.
Pero los excombatientes también describen la trampa completa: si hablar con los isleños los legitima, y no hablar con los isleños los aleja para siempre, entonces la Argentina eligió hace décadas una posición en la que cualquier movimiento es una derrota. Ignorarlos durante cuarenta años no los volvió más argentinos. Los volvió más británicos, más ricos y autosuficientes.
Los ex combatienete se preguntan si el sacrificio valió la pena.
El peine tenía petróleo
Borges dijo que Malvinas era la pelea de dos calvos por un peine. Fue una frase brillante, feroz, y con el tiempo se volvió falsa. El peine tenía calamar, tenía hidrocarburos, tenía una ruta hacia la Antártida y tenía una base aérea. Borges se burló de la vanidad y no vio el mapa.
¿Qué desenlaces quedan entonces, mirando los tableros reales de cada país?
El primero, nada se rompe, nada se acuerda, y cada año que pasa las islas son un poco más viables sin la Argentina. El día que el archipiélago se autofinancie del todo, el reclamo argentino no habrá sido derrotado, habrá sido vuelto irrelevante. No perdemos las islas. Nos volvemos innecesarios para su futuro.
El segundo es el Gibraltar criollo: soberanía compartida, o diferida, o arrendada, envuelta en integración práctica. Requiere simultáneamente un gobierno británico con capital político para gastar y un gobierno argentino capaz de sobrevivir a la firma. Las dos cosas al mismo tiempo no ocurrieron nunca.
El tercero es la vía jurídica. Empujar en la Asamblea General una opinión consultiva de la Corte Internacional de Justicia, como hizo Mauricio. Es lenta, es incierta, no obliga a nadie y es —justamente por eso— la única carta seria que la Argentina tiene sobre la mesa y no juega.
Y el cuarto, el que nadie quiere nombrar, es la disolución del problema por absorción.
Un Atlántico Sur donde el archipiélago deja de ser una disputa bilateral para convertirse en una casilla dentro de un tablero mucho más grande, con flotas chinas en el borde de la milla, con la Antártida entrando en zona de revisión y con potencias decidiendo entre ellas quién controla el corredor austral.
En ese escenario la Argentina no discute con el Reino Unido. Mira.
En mi humilde conclusión, lo que vimos en el Mundial, es que la bandera cayó de la tribuna y el mundo entero la vio. Fue un instante hermoso y fue completamente gratuito. No costó una negociación, no costó un voto, no costó una decisión difícil, no le costó a nadie su carrera política. Por eso pudimos desplegarla todos juntos, sin discutir.
Lo otro, tiene la forma exactamente inversa. Es feo, es técnico, es largo, dura más que un mandato, no se filma, no se canta, se firma con la mano temblando y probablemente lo haga alguien a quien vamos a acusar de traidor.
Puede ser que tarde o temprano un gobierno del Reino Unido tendrá el coraje de volver a negociar. Puede ser. La pregunta, es si ese día llega, ¿quién sostiene la bandera de este lado?
Primicias Rurales
Por Sergio Mammarelli, especial para Primicias Rurales