Descubre la magia de la mítica Ciudad del Doncel, un fascinante rincón alcarreño donde la historia cobra vida entre imponentes catedrales fortificadas, callejuelas empedradas de tres culturas y un majestuoso alcázar del siglo XII convertido en un parador de auténtico lujo.
Bueno Aires domingo 21 de junio (PR/26)–Los pueblos medievales poseen un magnetismo único que nos invita a desconectar de la rutina y viajar en el tiempo.
En España abundan estos tesoros arquitectónicos, pero hay un destino en la provincia de Guadalajara, Castilla-La Mancha, que destaca con luz propia por encima del resto. Hablamos de Sigüenza, conocida popularmente como la Ciudad del Doncel. Perderse a pie por sus rincones es una experiencia inolvidable que fusiona historia, misticismo y la oportunidad exclusiva de alojarse en una fortaleza real.
El Castillo-Parador: Dormir entre murallas del siglo XII
Coronando lo más alto de la localidad se alza el impresionante Castillo-Parador de Sigüenza, una imponente fortificación cuyos orígenes se remontan a una antigua alcazaba árabe.
Tras la reconquista en el año 1124, este bastión pasó a manos cristianas y se transformó en la señorial residencia eclesiástica de los obispos durante siglos. Hoy en día, totalmente rehabilitado y convertido en un espectacular hotel de lujo, ofrece a los viajeros una atmósfera mágica de salones de piedra y patios señoriales.
Un templo fortificado y el eterno descanso del Doncel
A media ladera encontramos la imponente Catedral de Santa María, un singular templo-fortaleza que vigila el horizonte con sus dos imponentes torres almenadas, concebidas originalmente con fines militares.
En su interior se custodia el tesoro más célebre de la villa: la bellísima estatua funeraria del Doncel. Esta obra cumbre de la escultura gótica representa al joven noble Martín Vázquez de Arce, quien falleció en la reconquista de Granada y aparece retratado leyendo recostado, un símbolo eterno de sabiduría y curiosidad.
Plazas con solera y el encanto de la vida palaciega
El corazón de la vida social se concentra en la bellísima Plaza Mayor, una joya de estilo castellano mandada a construir en el siglo XV por el cardenal Mendoza para albergar el mercado semanal.
Presidida por un ayuntamiento renacentista, sus galerías porticadas albergan animadas terrazas perfectas para descansar. Desde allí se accede a la emblemática Calle Mayor, un eje vital que conduce a la majestuosa Casa del Doncel, un palacio gótico civil restaurado que esconde en su interior deslumbrantes arcos mudéjares policromados.
Dulces conventuales y el susurro de tres culturas
Para los amantes de los placeres sencillos, una parada obligatoria es el Monasterio de Santa María de los Huertos, una antigua iglesia gótico-renacentista habitada por monjas clarisas, donde se pueden adquirir exquisitas trufas de chocolate artesanales.
Finalmente, adentrarse en el misterioso barrio de Las Travesañas supone recorrer el tejido urbano primigenio donde convivieron judíos, musulmanes y cristianos en perfecta armonía cultural, completando una escapada perfecta que culmina con las panorámicas infinitas del Mirador del Cid.
Primicias Rurales

















