Especialistas de Canadá y Brasil advirtieron que el mejoramiento genético de la soja, basado durante años en cruzar siempre a los mismos materiales élite, achicó peligrosamente su base genética. La respuesta, dicen, está en volver a mirar hacia China, el lugar donde todo empezó.
Buenos Aires domingo 5 julio(PR/26)–Durante décadas, la soja fue una historia de éxito casi ininterrumpido. Cada nueva generación de variedades rendía más, se adaptaba mejor y resistía con más fuerza a las plagas.
Pero ese mismo camino, que llevó al cultivo a convertirse en uno de los pilares de la agricultura mundial, hoy empieza a mostrar una grieta: la pérdida de diversidad genética, un problema que los propios mejoradores reconocen y que ya está marcando la agenda de investigación para los próximos años.

El diagnóstico quedó planteado con claridad en el Seminario ACSOJA 2026, realizado en la Bolsa de Comercio de Rosario, durante el panel «Innovación sin fronteras: mejoramiento genético y genómica», donde dos referentes internacionales, Istvan Rajcan, de la Universidad de Guelph (Canadá), y Ricardo Vilela Abdelnoor, de Embrapa Soja (Brasil), compartieron una misma preocupación: el futuro del cultivo depende de recuperar genes que quedaron en el camino.
Un problema que se repite en todo el mundo
El razonamiento de los mejoradores parece, a primera vista, de sentido común: si un material funciona bien, ¿por qué no volver a usarlo?
El problema es que esa lógica, repetida generación tras generación, terminó concentrando el mapa genético de la soja en muy pocos ancestros.
Rajcan lo explicó sin vueltas: los programas de mejoramiento suelen cruzar siempre a los mejores materiales disponibles, y eso, con el tiempo, reduce la variabilidad genética y limita la llegada de nuevos genes vinculados al rendimiento y a la resistencia frente a enfermedades emergentes.

Los números que presentó Abdelnoor sobre Brasil son elocuentes: de los 26 ancestros que participaron en el desarrollo de las variedades modernas, apenas cuatro explican más de la mitad de la base genética que se usa hoy. En Estados Unidos la foto es parecida: solo 17 ancestros representan cerca del 75% de la diversidad genética de los cultivares comerciales. «Brasil tiene una diversidad genética muy restringida», resumió Abdelnoor, una definición llamativa si se piensa que ese país produce alrededor de 180 millones de toneladas de soja y la cultiva prácticamente en todo su territorio.
La vuelta a China: buscar respuestas en el origen
Frente a este panorama, una de las estrategias que están ensayando los equipos de investigación es, literalmente, volver al principio: China, el centro de origen de la soja.
Rajcan contó que su equipo incorporó germoplasma proveniente de esa región para rescatar genes que habían quedado afuera de los procesos tradicionales de selección, evaluando alrededor de 200 genotipos con estudios de asociación genómica (GWAS), una técnica que permite identificar qué regiones del ADN están vinculadas a características agronómicas puntuales.

Los resultados sorprendieron para bien. El equipo detectó nuevos marcadores genéticos asociados al rendimiento, especialmente en el cromosoma 14, y confirmó que tanto los materiales canadienses como los chinos aportan alelos favorables para seguir elevando la productividad.
Más importante aún: el germoplasma asiático trajo variantes genéticas que prácticamente habían desaparecido de los programas modernos de mejoramiento.
Más diversidad, mejores defensas contra las enfermedades
Recuperar diversidad genética no es solo una cuestión de rendimiento: también es una herramienta clave para enfrentar enfermedades que hoy amenazan al cultivo.
Rajcan mostró avances concretos en la búsqueda de nuevas fuentes de resistencia al nematodo del quiste de la soja, considerado el patógeno más destructivo del cultivo a nivel mundial. Es un enemigo silencioso: ataca las raíces, reduce la absorción de agua y nutrientes, y muchas veces provoca pérdidas de rendimiento sin mostrar ningún síntoma visible en la parte aérea de la planta.
El equipo canadiense logró identificar un nuevo marcador genético asociado a la resistencia en materiales derivados de germoplasma chino, una alternativa que podría reemplazar a las fuentes tradicionales, cuya eficacia viene bajando después de décadas de uso.
En Brasil, el desafío tiene otra cara. Abdelnoor explicó que la expansión de la soja hacia regiones tropicales obligó a seleccionar variedades capaces de adaptarse a condiciones ambientales muy distintas, pero eso también las expuso a nuevas enfermedades, plagas y malezas.
Por eso, para el investigador brasileño, sumar nuevas fuentes de variabilidad genética será determinante para desarrollar cultivares capaces de adaptarse a escenarios productivos cada vez más complejos.
La próxima generación de variedades
Aunque trabajan en realidades climáticas y productivas muy distintas, Rajcan y Abdelnoor llegaron a la misma conclusión: el próximo gran salto del mejoramiento genético de la soja ya no va a depender solo de elegir a los mejores materiales disponibles, sino de animarse a ampliar de nuevo la diversidad genética del cultivo.
Buscar genes en materiales ancestrales o poco utilizados aparece hoy como una de las estrategias más firmes para sostener el crecimiento de los rendimientos y fortalecer la resistencia frente a las enfermedades que van a marcar la agricultura de las próximas décadas.
Las exposiciones de Rajcan y Abdelnoor formaron parte de las actividades previas a la Conferencia Mundial de Investigación en Soja, que se realizará del 4 al 7 de abril de 2027 en Rosario y reunirá a los principales referentes internacionales del cultivo.
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Fuente: TodoAgro
















