El SENASA trabaja junto a los gobiernos provinciales y al sector privado para sostener el estatus sanitario diferenciado de la Patagonia, una condición que le abre las puertas a los mercados internacionales más exigentes.

 

 

 

 

 

Buenos Aires martes 7 julio(PR/26)–Con casi 1.800.000 kilómetros cuadrados de extensión, la Patagonia argentina tiene una identidad productiva propia. Peras, manzanas, cerezas, cebolla, salmónidos de criadero, pesca marítima y una ganadería ovina y bovina que crece año a año conviven en un territorio que, además, cuenta con algo que pocas regiones del mundo pueden mostrar: un estatus sanitario diferenciado, cuidado de cerca por el Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (SENASA).

 

 

Esa condición especial no es un dato menor. Se sostiene gracias a la barrera patagónica, un sistema de control que delimita y protege la zona, y que permite que la producción regional llegue a los mercados internacionales más exigentes con las mejores credenciales sanitarias.

 

Una cosecha que se hace notar

Durante 2025, el SENASA certificó exportaciones patagónicas por 337.835 toneladas de peras, 91.547 toneladas de manzanas y 5.295 toneladas de cerezas. Números que confirman a la región como uno de los polos frutícolas más importantes del país.

 

 

La cebolla también tiene un capítulo propio: Río Negro y el sur bonaerense concentran el 56% de las hectáreas dedicadas a este cultivo a nivel nacional, y aportan la mitad de toda la producción de cebolla del país, además de representar casi la totalidad de lo que Argentina exporta de este producto.

 

Ovejas, vacas y el mar: la otra Patagonia productiva

En el plano pecuario, la actividad ovina es la gran protagonista: la región reúne más de 6,5 millones de cabezas, destinadas principalmente a la producción de lana y carne.

 

 

En 2025 se certificaron 9.609,7 toneladas de carne ovina, de las cuales casi la mitad, 4.766,7 toneladas, tuvo como destino la exportación. La lana, por su parte, alcanzó las 28.000 toneladas certificadas, con una fuerte presencia en los envíos al exterior.

 

 

En Patagones, en el sur de la provincia de Buenos Aires, la ganadería bovina también tiene su lugar, con unas 270.000 cabezas. Y más al sur, el mar se convierte en el gran proveedor: langostino, calamar y merluza hubbsi lideran una actividad pesquera que sumó 380.000 toneladas certificadas en 2025, entre productos para exportación y consumo interno.

 

Libre de plagas y enfermedades: el gran activo sanitario

Lo que distingue a la Patagonia del resto del país es, sobre todo, su condición sanitaria. La región cuenta con el reconocimiento de zona libre de plagas como la mosca de los frutos y la Lobesia botrana, dos de las principales amenazas para la fruticultura mundial.

A esto se suma un logro que se sostiene desde 2002: el reconocimiento oficial de la Organización Mundial de Sanidad Animal (OMSA) como zona libre de fiebre aftosa sin vacunación.

 

 

También existe una zona libre de enfermedades de los salmónidos, autodeclarada ante el organismo internacional, que cubre los cuerpos de agua de la cuenca alta y media del río Limay hasta el embalse Piedra del Águila.

La lista se completa con la ausencia de anemia infecciosa equina, brucelosis caprina y, en Tierra del Fuego, tuberculosis y brucelosis bovina.

Ese conjunto de estatus sanitarios es, en definitiva, la llave que abre puertas comerciales. Para conservarlo, el SENASA aplica un sistema cuarentenario que combina controles zoofitosanitarios, tratamientos específicos y medidas para reducir riesgos, todo pensado para evitar que ingresen a la región plagas y enfermedades que hoy están ausentes.

 

Una barrera que protegen entre todos

Sostener estos logros no es tarea de un solo organismo. El SENASA trabaja de manera coordinada con los gobiernos provinciales, con la Fundación Barrera Patagónica (FUNBAPA) -que reúne a todas las provincias patagónicas y a Buenos Aires- y con el sector privado de las distintas cadenas productivas.

 

 

La barrera zoofitosanitaria se despliega en 12 puestos terrestres fijos y 3 móviles, además de los controles en puertos y aeropuertos de la región, donde se revisan tanto cargas comerciales como equipajes de viajeros.

 

 

Por eso, cada persona que viaja hacia la Patagonia también forma parte de este cuidado colectivo. Existen productos de origen animal y vegetal que no pueden ingresar a la región, así que la recomendación para quienes se dirijan hacia el sur es simple: informarse antes de viajar.

 

 

 

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Fuente: SENASA