¿Es posible aumentar los kilos de faena de forma sostenible? Un estudio clave del INTA analiza cómo influye la genética del tamaño corporal en la rentabilidad de nuestros campos.
La creciente demanda global nos exige hoy producir animales cada vez más pesados para abastecer con éxito los mercados más exigentes de exportación en todo el mundo.
Sin embargo, buscar este crecimiento sin una planificación adecuada puede golpear la eficiencia y la rentabilidad de todo nuestro sistema ganadero pastoril actual.

Un equipo de especialistas del prestigioso INTA Cuenca del Salado decidió evaluar a fondo el impacto real de incorporar genética de mayor tamaño físico.
El foco del ensayo estuvo en analizar si usar toros más grandes realmente ayuda o si termina perjudicando al rodeo de cría y a la productividad de las futuras madres.
El dilema del tamaño y el plato de comida
Elegir genética de gran porte genera novillos pesados, pero también nos deja vacas con mayores requerimientos nutricionales para poder mantener su gran estructura corporal.
Si el campo no cubre esta demanda extra de pasto, la precocidad sexual y la preñez de las futuras madres de nuestro rodeo se verán gravemente afectadas.

Los números del estudio son contundentes: por cada 100 kilos adicionales en la vaca, su consumo de materia seca diario aumenta aproximadamente unos 1,7 kilogramos.
Aunque este incremento genera terneros al destete entre 10 y 20 kilos más pesados, la relación de eficiencia productiva no siempre resulta favorable.
Eficiencia vs. Tamaño: la balanza productiva
Las vacas de gran tamaño destetan proporcionalmente menos kilos de ternero en relación a su propio peso corporal y demandan mucho más forraje para lograrlo.
No se trata de producir el animal más grande del mapa, sino de encontrar el biotipo ideal de equilibrio para la realidad climática y de recursos de cada campo.
Los novillos pesados rinden muy bien en la faena, pero pasan más días comiendo en el engorde y elevan los costos operativos generales del ciclo completo.
La salida inteligente: curvas de crecimiento tempranas
Por suerte, la genética local nos da herramientas para seleccionar toros con curvas de crecimiento muy intensas hasta alcanzar la edad clave de los 18 meses.
Esto permite lograr novillos pesados rápidamente sin trasladar ese aumento al tamaño de la vaca adulta, protegiendo la fertilidad y adaptación al ambiente.

El verdadero éxito ganadero está en equilibrar las exigencias comerciales con el pasto disponible y los márgenes reales de rentabilidad de cada establecimiento.
Primicias Rurales
Fuente: INTA Cuenca del Salado















