Durante más de un siglo, arqueólogos e investigadores han rastreado el destino final de los apóstoles de Jesús. Estos son los lugares donde, según la ciencia y la tradición cristiana, descansan hoy sus restos.
Buenos Aires, domingo 26 julio (PR/26)–El avance de disciplinas como la arqueología reavivó el interés por el pasado, sobre todo entre quienes buscan respuestas sobre los orígenes del cristianismo.
En el último siglo y medio, investigadores del ámbito científico y religioso ampliaron lo que se sabía sobre el primer impulso apostólico y sobre quienes lo protagonizaron.
Este recorrido repasa los lugares donde reposarían los restos de los doce apóstoles, cruzando hallazgos arqueológicos, fuentes históricas y la tradición cristiana.}
Los doce elegidos
El Evangelio los nombra con precisión: Simón, llamado Pedro, y su hermano Andrés; Santiago y Juan, hijos de Zebedeo; Felipe y Bartolomé; Tomás y Mateo el publicano; Santiago, hijo de Alfeo, y Tadeo; Simón el Cananeo, y Judas Iscariote (Mt 10, 2-4).
San Pedro, bajo el altar mayor del Vaticano
Hacia el año 64, San Pedro fue crucificado cabeza abajo por orden del emperador Nerón, en la colina romana donde hoy se levanta el Vaticano.
Miembros de la comunidad cristiana rescataron su cuerpo y lo enterraron cerca. Años más tarde, Constantino levantó allí una gran basílica en su honor.

Con el paso de los siglos y las sucesivas reconstrucciones, se perdió de vista el lugar exacto del sepulcro, aunque la tradición sostenía que sus huesos seguían bajo el altar mayor.
En 1939, unos obreros que cavaban para la tumba de Pío XI toparon con una cámara subterránea: un mausoleo del siglo II.
La excavación reveló una necrópolis romana completa, ubicada exactamente debajo del altar mayor. Allí apareció una tumba con los huesos de un hombre robusto y anciano, junto a una inscripción griega: “Pedro está dentro”.
Tras años de estudio, el papa Pablo VI confirmó en 1968 que esos restos pertenecían a San Pedro.
San Juan, la tumba vacía de Éfeso
La tradición ubica la muerte de San Juan Evangelista en Éfeso, actual Turquía, hacia el año 100.
Sobre su tumba se construyó primero una capilla y luego, en el siglo VI, una gran basílica ordenada por el emperador Justiniano. El templo terminaría destruido en 1402.
En la década de 1920, arqueólogos griegos y austríacos hallaron la tumba entre las ruinas, pero estaba vacía. Hasta hoy no se sabe qué ocurrió con los restos del apóstol.
San Andrés, de Patras a Amalfi
San Andrés, hermano de Pedro y primer llamado por Jesús, llevó el Evangelio hacia las actuales Rusia y Ucrania antes de morir martirizado en Patras, Grecia.
Sus reliquias pasaron por Constantinopla y en 1204 fueron saqueadas por cruzados italianos, que las llevaron a Amalfi, en el sur de Italia, donde permanecen.
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En 1964, Pablo VI devolvió gran parte de esas reliquias a la Iglesia ortodoxa griega, donde hoy se veneran en un templo construido sobre su tumba original.
Santiago el Mayor, el camino hasta Compostela
Santiago el Mayor fue el primero de los apóstoles en morir martirizado, en Jerusalén, en el año 44.
La tradición asegura que su cuerpo fue trasladado milagrosamente hasta el norte de España, tierra que él mismo había evangelizado.

Sus restos permanecieron olvidados hasta el año 814, cuando un ermitaño llamado Pelayo los halló guiado por una estrella. Hoy descansan en la Catedral de Santiago de Compostela, bajo la cual se descubrió un cementerio cristiano del siglo I.
Santiago el Menor y San Felipe, juntos en Roma
Santiago el Menor, primer obispo de Jerusalén, murió apedreado tras ser arrojado desde lo alto del templo. Fue enterrado cerca, en el Monte de los Olivos.
Sus reliquias viajaron después a Constantinopla y finalmente a Roma, donde hoy se veneran junto a las de su compañero apostólico, San Felipe, en la Iglesia de los Doce Apóstoles.

En 2011, arqueólogos hallaron en Turquía lo que creen era la tumba original de Felipe, un sarcófago del siglo I dentro de una iglesia dedicada a él.
El sarcófago apareció vacío, lo que refuerza la idea de que sus restos ya estaban, desde hacía siglos, en la cripta romana.
Santo Tomás, el apóstol que llegó a la India
Santo Tomás habría llevado el Evangelio más lejos que ningún otro apóstol: hasta la India, donde murió atravesado por una lanza.
Parte de sus restos se veneran hoy en la Basílica de Santo Tomás en Chennai, mientras que la mayoría fue trasladada a Mesopotamia y, en 1258, a Ortona, Italia, donde permanecen en un cofre de oro.
San Bartolomé y San Mateo, de Armenia y Etiopía a Italia
San Bartolomé fue desollado vivo en Armenia. Sus reliquias pasaron por Lipari antes de llegar a Benevento y a una iglesia romana construida en su honor sobre la isla Tiberina.
San Mateo, el antiguo recaudador de impuestos, predicó y murió en lo que hoy es Etiopía. En 954 sus restos fueron llevados a Salerno, Italia, donde hoy se veneran en la cripta de su catedral.
San Judas Tadeo, San Simón y San Matías
San Judas Tadeo y San Simón predicaron juntos en Persia, donde murieron martirizados. Hoy sus reliquias descansan bajo un altar de la Basílica de San Pedro, muy visitado por peregrinos.

San Matías, elegido para reemplazar a Judas Iscariote, tuvo su tumba en Jerusalén hasta que, hacia el año 326, Santa Elena envió sus restos a Tréveris, Alemania, donde se veneran en la Basílica de San Matías.
San Pablo, el Apóstol de los gentiles
Aunque no integró el grupo original de los Doce, San Pablo se ganó el título de “Apóstol de los gentiles”. Según la tradición, murió decapitado el mismo día en que Pedro fue crucificado.

Constantino construyó una basílica sobre su tumba, en la Vía Ostiense de Roma. En 2009, el papa Benedicto XVI anunció que los arqueólogos vaticanos confirmaron, tras años de estudio, que los restos hallados bajo el altar mayor de la Basílica de San Pablo Extramuros son suyos.
Una prueba de carbono, realizada por expertos que desconocían el origen de los huesos, determinó que pertenecieron a una persona que vivió entre los siglos I y II, lo que reforzó la tradición sobre el destino final del apóstol.
Primicias Rurales
Fuente: ACI Prensa

















