En el Ángelus de este domingo, León XIV comparó el Reino de Dios con un tesoro escondido y una perla preciosa, capaz de reunir a personas distintas en una sola familia. También advirtió sobre una sociedad de consumo que “envenena el corazón”.
Buenos Aires lunes 27 julio (PR/26)–Desde la Plaza de la Libertad en Castel Gandolfo, el Papa León XIV ofreció este domingo 26 de julio su reflexión previa al rezo del Ángelus, centrada en el Evangelio del XVII domingo del Tiempo Ordinario.
El Pontífice explicó que en el corazón de la enseñanza de Jesús está el misterio del Reino de Dios, al que el Evangelio compara con una perla y un tesoro escondido en un campo.
Según el Papa, las parábolas describen la sorpresa de encontrar algo inesperado, tanto que dejarlo todo por ese hallazgo ya no se siente como una renuncia, sino como una verdadera ganancia.
Un llamado urgente y libre
León XIV recordó que, desde las primeras páginas del Evangelio, los evangelistas presentan el llamado de Jesús como algo irresistible: libre, pero también urgente, capaz de provocar una respuesta inmediata movida por el deseo.

El encuentro con el Reino, dijo, es un punto de inflexión que amplía la vida, no que la limita. Si algo cambia a partir de ese encuentro, es siempre para tener más posibilidades, nunca menos.
El tesoro que iguala a todos
El Papa señaló que quien halla el tesoro escondido en el campo suele ser un campesino, mientras que la perla es reconocida por su valor por un comerciante, quizás un viajero. Dos figuras distintas, unidas por el mismo hallazgo.

También recordó otras parábolas del Reino: una mujer que amasa harina, otra que ordena la casa, un rey que planea la guerra, un hombre que diseña una torre, administradores, pastores y agricultores.Para León XIV, estas imágenes muestran que el Reino de Dios llama a todos: hombres y mujeres, jóvenes y adultos mayores, pobres y ricos, hacia una misma y profunda renovación.
La Iglesia, una comunión de diferentes
El Pontífice subrayó que, incluso hoy, la Iglesia es una comunión de personas diferentes en origen, cultura, capacidades y responsabilidades, pero todas llamadas a reconocerse como «uno» en Jesucristo.
Él es, explicó el Papa, el tesoro escondido, la perla preciosa y la red que recoge a quien está disperso, sin importar de dónde venga.Recordó además que Jesús, desde el inicio, reunió a su alrededor a personas que de otro modo jamás se habrían conocido, demostrando así que Dios no hace distinción de personas.
Esa elección, dijo el Papa, es una predilección preferencial por los pequeños y los descartados, los que suelen quedar al margen de toda mirada.
Una advertencia sobre el consumismo
León XIV lanzó una advertencia clara: la industria del consumo altera el gusto, crea necesidades nuevas todo el tiempo y después vende respuestas que no sacian y, a veces, envenenan el corazón.
Frente a eso, invitó a aprender a reconocer lo que realmente importa: el tesoro de la relación con Dios, que abre a la alegría y mejora los vínculos entre las personas.Finalmente, el Papa pidió el don de identificar la perla de gran valor, saber reconocer aquello por lo que realmente vale la pena dejarlo todo.

Cerró su reflexión encomendando el deseo de vida de todos a la intercesión de María, Sede de la Sabiduría, para que ese deseo se oriente hacia Jesús y se realice en plenitud.
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Fuente: Vatican News

















