Tras vencer a la muerte en el sepulcro, el Salvador dedicó sus primeras horas como resucitado a aparecerse y consolar a sus seguidores, interpretar las profecías y cimentar la fe de la Iglesia naciente.
Buenos Aires, lunes abril (PR/26) — El lunes de la octava de Pascua, conocido también como el lunes de ángel, marca un tiempo de transición profunda en la historia de la salvación. Tras el impacto del domingo, Jesús resucitado comenzó una misión de cuarenta días en la tierra con un objetivo claro: demostrar que estaba verdaderamente vivo y preparar a sus discípulos para la llegada del Espíritu Santo.
Durante esta jornada, Jesús se enfocó en fortalecer la fe de sus seguidores, quienes todavía se encontraban bajo el peso del miedo, la confusión y el trauma de la crucifixión.
No se trató solo de apariciones místicas, sino de encuentros tangibles donde el Señor comió con ellos, como en Galilea el pescado, y permitió que tocaran sus heridas, confirmando la realidad física de su triunfo sobre la muerte.
La pedagogía de la resurrección
Uno de los pilares de su actividad en estos días posteriores fue la enseñanza continua. Jesús utilizó estos encuentros para explicar cómo los sucesos de su pasión y muerte eran el cumplimiento exacto de las escrituras.
El consuelo a los discípulos: Jesús se apareció de diversas formas para transformar la tristeza en una alegría incontenible, asegurándose de que el mensaje de la vida eterna fuera comprendido por todos.
La apertura de la inteligencia: Al igual que en el camino a Emaús, donde «les abrió los ojos», el Señor continuó instruyendo a sus allegados sobre la naturaleza del reino de Dios.
Un testimonio masivo: La tradición, apoyada en los escritos de San Pablo, menciona que el resucitado llegó a presentarse ante más de quinientos hermanos a la vez, creando una base de testigos que sería el motor de la evangelización mundial.
Consolidando el triunfo sobre la muerte
En el marco de la octava de Pascua, la Iglesia vive cada día como si fuera el mismo domingo de resurrección. Jesús pasó este tiempo consolidando su victoria y extrayendo a sus amigos de su escondite en el cenáculo para convertirlos en misioneros.
En resumen, el lunes posterior a la Pascua fue un día de misericordia y enseñanza, donde Cristo comenzó a tejer la red de fe que sostendría a sus seguidores antes de su ascensión al cielo.
Fue el inicio de una preparación intensiva para que aquellos hombres y mujeres asustados se convirtieran en los pilares de la Iglesia primitiva.
Es una oración con una estructura muy sencilla, y no hay católico que no se sepa de memoria su letra.
Fuente de la imagen,Jakub Porzycki/NurPhoto via Getty Images. Pie de foto, La frase «ruega por nosotros» del Ave María evoca el papel de María como madre intercesora.
Buenos Aires, lunes 6 abril (PR/26) — La oración del Ave María, cuyo texto actual fue adoptado oficialmente hace cinco siglos, se remonta a la época medieval y se popularizó principalmente porque, en aquellos tiempos de educación limitada y religiosidad basada en el latín, la gran mayoría de la gente no podía seguir las lecturas bíblicas.
Esta fascinante historia surge de la combinación de pasajes del Evangelio con una segunda parte que se originó como una manifestación de fe entre la gente común y corriente y que, alentada por figuras religiosas, terminó extendiéndose, especialmente en Europa, hasta que fue reconocida oficialmente por la jerarquía católica en un documento firmado por el papa Pío V (1504-1572) en 1568.
«El Ave María no nació de repente. Se fue formando progresivamente en el seno de la Iglesia», explica a BBC News Brasil Rodrigo Natal, sacerdote y autor del libro «San Carlos Acutis: Un camino a la salvación».
Según el investigador José Luís Lira, fundador de la Academia Brasileña de Hagiología y profesor de la Universidad Estatal Vale do Acaraú en Ceará, es «una de las fórmulas de devoción cristiana más extendidas».
«Su desarrollo no se produjo de manera unitaria ni simultánea, sino a través de un proceso dentro de la liturgia y la piedad popular», declaró a BBC Brasil.
«Podemos decir que el Ave María es un ejemplo de una tradición cristiana que tiene su origen en las Sagradas Escrituras, crece en la liturgia, madura en la teología y se consolida en la piedad popular».
Oración del Ave María
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo. Bendita tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
En la fórmula establecida, la oración tiene dos partes diferenciadas. «La primera es bíblica, tiene un origen definido.
La segunda es eclesial [es decir, relacionada con la Iglesia]», explica a BBC Brasil el teólogo Vinícius Paiva, especialista en Mariología y miembro del consejo directivo de la Academia Mariana de Aparecida, donde también es profesor.
Más de 2,8 millones de personas se movilizaron por el país, un 5,6% más que el año pasado, aunque el gasto real se desplomó un 18,9%.
Según CAME, el turista de 2026 fue “más prudente”: priorizó escapadas cortas, destinos cercanos y experiencias gratuitas. Foto: Agencia NA/Redes.
Buenos Aires, domingo 5 abril (PR/26) – El fin de semana extra largo de Semana Santa 2026 dejó un balance agridulce para el sector turístico argentino. Si bien la cantidad de viajeros creció un 5,6% respecto al año anterior, alcanzando los 2,85 millones de turistas, el impacto económico sufrió una fuerte caída en términos reales.
Según el informe de la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME), el gasto total de $808.198 millones representó una baja del 18,9% al descontar el efecto de la inflación, reflejando un perfil de consumo mucho más austero y gasolero. «El turista ajustó su consumo y priorizó experiencias de menor costo», señalaron desde la entidad.
La tendencia hacia la «escapada corta» se consolidó con una estadía promedio de 2,6 noches, un 16,1% menor que en 2025. El gasto diario por persona se ubicó en $108.982, lo que implica una caída real del 8,4%. Este comportamiento prudente obligó a los destinos a diversificar su oferta, apostando por actividades culturales y religiosas gratuitas para sostener el flujo de visitantes.
Mar del Plata, Bariloche, Salta e Iguazú se mantuvieron como los polos más elegidos, aunque localidades emergentes de Catamarca y La Rioja ganaron terreno gracias a propuestas más accesibles y tranquilas, según pudo saber la Agencia Noticias Argentinas.
Un factor determinante en la planificación fue el costo: un estudio de la UADE (Ineco) reveló que una familia tipo necesitó, en promedio, más de $1,1 millones para veranear estos días, lo que equivale al 69% de un sueldo medio.
Esta presión sobre el bolsillo hizo que el 54% de los argentinos se volcara a las redes sociales y a las recomendaciones de amigos (52%) para cazar ofertas y elegir destinos que no dinamitaran el presupuesto mensual. La tecnología también jugó su parte: un 19% de los viajeros ya utiliza inteligencia artificial para optimizar sus itinerarios y costos.
Una familia tipo necesitó más de $1,1 millones para viajar, lo que representa casi el 70% de un salario promedio. Foto: Agencia NA/Redes.
En lo cualitativo, Tucumán fue la gran sorpresa al recibir el Premio Patrimonio y Turismo Urbano AANBA Oro 2025-26, consolidándose como un destino de turismo cultural de élite gracias a su arquitectura Art Nouveau.
El informe de CAME concluye que, pese al contexto económico desafiante, la sinergia entre el sector público y privado permitió que este tercer fin de semana largo del año sumara un acumulado de 6,9 millones de turistas en lo que va de 2026, demostrando que, aunque con menos presupuesto, las ganas de viajar de los argentinos siguen intactas.
En el Credo de los Apóstoles, los católicos profesamos que Jesús luego de morir, “descendió a los infiernos”. ¿Qué sucedió en ese momento? Una gran beata mística tuvo una visión y esto fue lo que “se le reveló”.
Por Abel Camasca
Buenos Aires, domingo 5 abril (PR/26) — En la web de santos corazones.org, administrado por las Siervas de los Corazones Traspasados de Jesús y María, se dan algunos extractos de las visiones.
La Beata Emmerick señala que cuando Jesús murió en la cruz, vio que el alma del Señor, en forma luminosa, entró en la tierra. Lo acompañaban el Arcángel Gabriel y muchos otros ángeles.
En un lugar especial, que describe como tres mundos, estaban los patriarcas que precedieron a Abraham y, en otra parte, los que vivieron desde Abraham hasta San Juan Bautista.
Jesús era llevado triunfante por los ángeles y se dirigió hasta donde estaban Adán y Eva. De acuerdo a la visión, Cristo conversó con “los primeros padres” y ellos lo adoraron felices.
Cristo crucificado / Extracto de una hoguera. | Crédito: Dominio Público-Wikimedia Commons; Dirk Ingo Franke (CC BY 3.0)-Wikimedia Commons.
Cabe precisar que lo que la Beata Ana Catalina Emmerick (1774-1824) contó sobre este hecho no es dogma de fe.
Según el relato de la beata, el Señor fue luego a ver a los patriarcas antes de Abraham, quienes tenían poco conocimiento del Mesías. Los ángeles mandaron a abrir las puertas y los malos espíritus que atormentaban a algunos de ellos fueron encadenados. Cristo se dio a conocer ante las almas de este lugar y lo alabaron.
Luego todos ellos se fueron con Jesús al lugar de Abraham. Allí se mostró ante los santos de Israel, entre ellos los patriarcas, jueces, reyes, profetas y Moisés. Asimismo, Cristo vio a sus parientes: Joaquín, Ana, José, Zacarías, Isabel y Juan. La felicidad se tornó indescriptible.
Después, indica la beata vidente, toda esa gran multitud se fue con Cristo a la zona de los “paganos piadosos”, quienes tuvieron “un presentimiento de la verdad y la desearon”. Estaban junto a malos espíritus quienes los habían engañado con ídolos. Entonces, aquellas almas adoraron al Señor.
Posteriormente, continúa el relato, Jesús puso un rostro severo y se fue al abismo del infierno, donde reina la ira, la desesperación, la injuria, el sufrimiento, el disgusto y el terror. Ejércitos enteros de demonios fueron arrojados en este lugar. Además, todos los enemigos tuvieron que adorar a Cristo con mucho suplicio. Lucifer terminó encadenado en el centro del infierno.
La Beata Emmerick concluye este relato señalando que vio a muchas almas salir del purgatorio e ir al cielo. También dice que Cristo fue a diversos lugares, como liberando a toda la creación, mientras que los demonios huían y se iban al abismo.
Además, cuenta que Jesús fue al sepulcro de Adán, que quedaría debajo del Gólgota, lugar donde se elevó la Cruz. Asimismo, observó que Cristo explicó con cariño el cumplimiento de la ley a las almas de muchos profetas y del rey David.
Lo que enseña el Catecismo
El Catecismo de la Iglesia Católica, entre sus numerales 631 y 637 explica lo que quiere decir que Jesús bajó a los infiernos y que guarda cierta relación con lo contado por la Beata Emmerick.
En resumen, el Catecismo señala que “Cristo muerto, en su alma unida a su persona divina, descendió a la morada de los muertos. Abrió las puertas del cielo a los justos que le habían precedido”.
Ciudad del Vaticano, domingo 5 abril (PR/26) –El Papa anunció este domingo, tras celebrar la Misa de la Pascua de Resurrección, la convocatoria de una vigilia de oración por la paz que, según dijo, se celebrará el próximo sábado 11 de abril en la Basílica de San Pedro.
Durante su mensaje antes de impartir la bendición «Urbi et Orbi» (a la ciudad y al mundo), el Papa hizo un llamamiento explícito a la conversión del corazón y a la paz inspirada en Cristo. «¡Convirtámonos a esa paz de Cristo! ¡Hagamos oír el grito de paz que brota del corazón!», exhortó.
Asomado al balcón central de la Basílica de San Pedro, el Pontífice animó asimismo a vivir la Pascua como un tiempo de reconciliación, dejando atrás enfrentamientos y ambiciones personales.
«En este día de fiesta, dejemos a un lado toda voluntad de disputa, de dominio y de poder, e imploremos al Señor que conceda su paz al mundo asolado por las guerras y marcado por el odio y la indiferencia, que nos hacen sentir impotentes ante el mal», aseveró.
Recordó además que la paz cristiana no se limita a la ausencia de violencia armada ni simplemente a “silenciar las armas» sino que «toca y transforma el corazón de cada uno de nosotros».
En este contexto, el Santo Padre lanzó un firme llamamiento dirigido a los responsables políticos y militares: «¡Que quienes tienen armas en sus manos las abandonen! ¡Que quienes tienen el poder de desatar guerras, elijan la paz!».
Al lado del Papa se encontraba el Cardenal albanés Ernest Simoni, considerado un mártir vivo de la cruenta persecución comunista en Albania durante la era de Enver Hoxha, de 97 años. Como ya hizo el día de Navidad, el 25 de diciembre, el Pontífice dirigió los saludos de Pascua en varios de idiomas, entre ellos chino, árabe, español y portugués.
Tras la bendición Urbi et Orbi, que el Papa imparte dos veces al año —al final de la Semana Santa y en Navidad—, el Pontífice reafirmó su deseo de una paz que no esté «impuesta por la fuerza, sino mediante el diálogo». «No con la voluntad de dominar al otro, sino de encontrarlo», manifestó ante más de 50.000 fieles.
El Papa impartió la bendición apostólica «Urbi et Orbi». Crédito: Daniel Ibañez/EWTN News
A diferencia de años anteriores, en los que el Papa Francisco solía enumerar los conflictos abiertos en el mundo durante esta bendición, el Pontífice ha optado por un estilo sobrio y de perfil bajo, evitando mencionar guerras o líderes concretos.
No obstante, León XIV advirtió contra el riesgo de la indiferencia ante el sufrimiento humano. «Nos estamos acostumbrando a la violencia, nos resignamos a ella y nos volvemos indiferentes. Indiferentes ante la muerte de miles de personas. Indiferentes ante las secuelas de odio y división que siembran los conflictos. Indiferentes ante las consecuencias económicas y sociales que estos desencadenan y que, sin embargo, todos percibimos», denunció.
Recuerdo cariñoso del Papa Francisco
El Papa alertó también de una creciente «globalización de la indiferencia», retomando una expresión frecuente del Papa Francisco, a quien recordó con afecto. «Hace justo un año, desde esta logia, dirigió al mundo sus últimas palabras, recordándonos: ‘Cuánta voluntad de muerte vemos cada día en los numerosos conflictos que afectan a diferentes partes del mundo'», citó, en referencia al mensaje Urbi et Orbi del 20 de abril de 2025, un día antes del fallecimiento del Pontífice argentino.
El Papa explicó también el significado de la Pascua, que definió como una «victoria» de la vida sobre la muerte y del amor sobre el odio, al señalar que desde hace siglos «la Iglesia canta con júbilo el acontecimiento que es el origen y el fundamento de su fe».
«La fuerza con la que Cristo resucitó no es violenta»
«Esta fuerza, este poder, es Dios mismo, Amor que crea y engendra, Amor fiel hasta el final, Amor que perdona y redime», afirmó.
Asimismo, subrayó que «la fuerza con la que Cristo resucitó no es violenta». La comparó «a la de un grano de trigo que, al marchitarse en la tierra, crece, se abre paso entre los terrones, brota y se convierte en una espiga dorada», y la relacionó con el corazón humano que, herido por una ofensa, «rechaza el instinto de venganza y, lleno de bondad, reza por quien le ha ofendido».
Jesús —remarcó— «recorrió hasta el final el camino del diálogo, no sólo con las palabras, sino con los hechos: para encontrarnos a nosotros, los perdidos, se hizo carne; para liberarnos a nosotros, los esclavos, se hizo esclavo; para darnos vida a nosotros, los mortales, se dejó morir a manos de sus verdugos en la cruz».
Ante la Resurrección de Cristo, que el Papa definió como «el comienzo de la nueva humanidad», León XIV describió las distintas actitudes posibles ante el sepulcro vacío. «Podemos llenarnos de esperanza y asombro, como los discípulos, o de miedo, como los guardias y los fariseos, obligados a recurrir a la mentira y al engaño para no reconocer que aquel que había sido condenado verdaderamente ha resucitado», afirmó.
No podemos resignarnos al mal
«Todos tenemos miedo a la muerte y, por miedo, volteamos hacia otro lado, preferimos no mirar. ¡No podemos seguir siendo indiferentes! ¡No podemos resignarnos al mal!», advirtió.
Por último, citó a san Agustín, quien enseña en uno de sus sermones: «Si el morir te causa espanto, ama la resurrección». Y animó a los fieles a amar la Resurrección, «que nos recuerda que el mal no tiene la última palabra, porque ha sido vencido por el Resucitado».
Con esta bendición Urbi et Orbi (a la ciudad y al mundo), León XIV concluyó su primera Semana Santa como Papa. En 2025, este acto significó la última aparición del Papa Francisco, un día antes de su muerte el 21 de abril.
Hoy es domingo, y no es un domingo más: es el día en que la esperanza vuelve a levantarse.
Buenos Aires, domingo 5 abril (PR/26) — Hoy es Domingo de Resurrección, el cierre de la Semana Santa y el corazón mismo de la fe cristiana. En esta jornada se recuerda el momento en que Nuestro Señor Jesucristo, después de haber sido crucificado, vuelve a la vida, cumpliendo la promesa que había hecho a sus discípulos: que al tercer día resucitaría.
La escena inicial es tan simple como poderosa: un sepulcro vacío.
Allí donde se esperaba encontrar muerte, aparece el signo más grande de vida nueva. El Evangelio lo expresa con una pregunta que atraviesa siglos: “¿Por qué buscan entre los muertos al que vive? No está aquí, ha resucitado” (Lc 24, 5-6). Esa frase no sólo anuncia un hecho, sino que transforma la mirada del mundo.
La resurrección no es apenas un regreso físico, sino el triunfo definitivo sobre el pecado, el dolor y la muerte. Es la confirmación de que el sacrificio en la cruz no fue el final, sino el comienzo de algo más grande: una promesa de vida eterna para todos.
Según los relatos evangélicos, las primeras en descubrir este misterio fueron María Magdalena y otras mujeres que se acercaron al sepulcro.
Ellas, movidas por el amor y la fidelidad, se convirtieron en las primeras testigos de la noticia más importante: Cristo vive. Más tarde, Jesús se aparece a sus discípulos, quienes, entre dudas y asombro, reconocen en Él al maestro que creían perdido.
Uno de los momentos más profundos ocurre en el encuentro con Pedro, narrado en el Evangelio de Juan. Allí, Jesús le pregunta tres veces: “¿Me amas?” (Jn 21, 15-17), y tras cada respuesta le confía una misión: cuidar, guiar, sostener. No hay reproche por la negación pasada, sino una enseñanza clara: el amor siempre puede recomenzar.
El Domingo de Pascua deja una enseñanza central: que incluso en medio del dolor más oscuro, la vida puede abrirse paso. Que la fe no es negar el sufrimiento, sino atravesarlo con la certeza de que no tiene la última palabra. Y que la presencia de Cristo no desaparece, sino que se transforma: “Yo estoy con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo” (Mt 28, 20).
Este día invita a mirar hacia adentro. A preguntarse qué cosas necesitan resucitar en la propia vida: la esperanza, el perdón, la confianza. Porque la Pascua no es sólo memoria, es también una invitación a renacer.
En muchas comunidades del mundo, este domingo se celebra con alegría, luces y cantos. Es el paso del silencio del Viernes Santo a la proclamación jubilosa: “¡El Señor ha resucitado!” (Lc 24, 34). Y en ese anuncio se resume todo: la fe, la historia y la esperanza.