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1. Ámsterdam, Países Bajos
En primavera, Ámsterdam se transforma con los famosos campos de tulipanes y el bullicioso festival de flores. Un paseo en bicicleta por los canales y una visita al Keukenhof, el parque de tulipanes más grande del mundo, hacen de marzo y abril la temporada perfecta para descubrir la ciudad.
Además de sus jardines, Ámsterdam ofrece museos de renombre como el Rijksmuseum, con obras maestras del Siglo de Oro holandés, y el Museo Van Gogh, que permite adentrarse en la vida y obra del famoso pintor. El Barrio Rojo muestra una parte icónica y curiosa de la ciudad, mientras que el Mercado de Flores flotante y los pintorescos canales ofrecen experiencias culturales y fotogénicas.
Para complementar el recorrido, prueba la gastronomía local: los stroopwafels recién hechos, los quesos típicos como Gouda o Edam, los arenques frescos en puestos callejeros y otros bocados tradicionales como bitterballen o panecillos rellenos de chocolate, auténticos sabores holandeses que hacen del paseo una experiencia completa.

Ámsterdam: canales pintorescos y campos de tulipanes que llenan la ciudad de color y encanto primaveral.
2. París, Francia
París es ideal para un viaje de 5 días por Europa, especialmente en primavera, cuando sus jardines como Luxemburgo y Tuileries florecen. Pasear por el Sena permite disfrutar de sus emblemáticos puentes, como el Pont Neuf y el Pont Alexandre III. Recorrer el barrio de artistas de Montmartre invita a perderse entre calles empedradas, descubrir la Basílica del Sacré-Cœur y explorar plazas llenas de galerías y cafés bohemios.
Por su parte, el Museo del Louvre permite admirar obras maestras como la Mona Lisa y la Venus de Milo, sumergiéndose en siglos de arte y cultura. Todo esto se disfruta más con un clima templado y sin las multitudes del verano, haciendo que cada paseo sea tranquilo y memorable.
Un viaje a París en primavera se disfruta más allá de la Torre Eiffel. Los mercados al aire libre, como el Marché Bastille o el Raspail, se llenan de gente alegre, y las terrazas invitan a disfrutar de un café con clásicos parisinos como croissants, macarons y pain au chocolat. No pueden faltar platos clásicos como coq au vin o escargots au beurre persillé (caracoles preparados con mantequilla, ajo y perejil).



































