El domingo 28 de enero es el Día Mundial de la Acción Frente al Calentamiento Global, y en la búsqueda de soluciones para abordar el cambio climático y promover la sustentabilidad en la agricultura, Bayer ratifica los propósitos de su programa PRO Carbono. Se trata de una iniciativa que no solo se alinea con su compromiso global de sustentabilidad, sino que también se destaca por su enfoque en la agricultura regenerativa.
Buenos Aires, jueves 25 de enero (PR/24) .- En ese marco, la agricultura ocupa un lugar central en las conversaciones actuales sobre el cambio climático, ratifica Bayer en una comunicación referida a la celebración y a su compromiso. De acuerdo a los indicadores, representa alrededor del 25% de todas las emisiones globales de gases de efecto invernadero. Y en el otro extremo, los agricultores se ven afectados por condiciones meteorológicas extremas, como sequías, altas temperaturas, inundaciones y otros patrones climáticos en constante evolución.
La solución es productiva
Desde Bayer señalan que, no obstante, la agricultura no se limita a ser solo una fuente de emisiones y una víctima del cambio climático; también tiene el potencial de contribuir en la resolución de esta crisis medioambiental mediante la implementación de prácticas climáticamente inteligentes. Estas prácticas no solo tienen el impacto positivo de reducir las emisiones, sino que también contribuyen a la captura de carbono atmosférico.
La adopción generalizada de estas prácticas sustentables, basadas en la optimización de recursos, la eficiencia de las nuevas tecnologías y la digitalización podría orientarnos hacia un futuro agrícola neutral en carbono. Sin embargo, alcanzar este objetivo implica una transformación significativa en nuestra industria, que debe promover estas prácticas innovadoras que garantizan la sustentabilidad a largo plazo.
Hay numerosas iniciativas tendientes a este fin, y una de ellas es el programa PRO Carbono, lanzado por la empresa en Argentina en el 2021, cuyo objetivo central es lograr una agricultura carbono neutral.
En qué consiste PRO Carbono
PRO Carbono se dedica a evaluar las herramientas más efectivas para mejorar el equilibrio ambiental de cada lote sin comprometer su productividad. Trabaja con prácticas concretas de manejo sustentable que se efectúan directamente en el campo.
La iniciativa se enfoca en la implementación de prácticas regenerativas, como la siembra directa, la rotación de cultivos y la incorporación de cultivos de servicio. Busca aumentar la productividad de los cultivos, capturando más carbono y aportando biomasa al suelo.
Cuatro impulsores específicos guían este enfoque: genética y biotecnología avanzada, agricultura digital para la precisión, la optimización de la fertilización y la protección de cultivos en base al monitoreo.
Hand of male holding soil in the hands for planting.
“La pregunta es cómo somos más eficientes, cómo con menos hacemos más, a través de prescripciones de siembra, de fertilización, entendiendo cada uno de los ambientes que tenemos en nuestros campos”, afirmó Pablo Leguizamón, Líder de Operaciones PRO Carbono de Bayer.
El directivo pone el ejemplo de los fertilizantes, que en algunos casos llegan a representar hasta el 60% de las emisiones. “Es muy importante entender cuáles estamos usando, qué producto, y hacerlo de la manera lo más racional posible, tratando de devolverle al suelo todo lo que le quitamos con cada uno de los cultivos y en cada una de las cosechas”, remarcó.
Los desafíos
Luego de su primera fase y con resultados positivos en rentabilidad y captura de carbono, enfrenta el desafío de acelerar el mercado de carbono mediante tres ejes principales:
-Promoción entre los productores de una agricultura baja en carbono mediante prácticas sustentables que aumenten la captura de carbono.
-Metodologías de medición, reporte y verificación avaladas por organismos científicos que sean eficientes y aceptadas a nivel internacional.
-Adopción del mercado voluntario de carbono y apoyo a la regulación a nivel nacional e internacional (COP26).
“Por un lado, tenemos que empezar a trabajar en cómo medimos y cómo reducimos esas emisiones en la agricultura, y por otro lado tenemos algo que es casi único: la posibilidad de capturar carbono en los suelos”, explicó Leguizamón.
10 años de experimentación
El programa PRO Carbono ha estado analizando variables en un campo experimental durante diez años, utilizando datos observados en 50 puntos en todo el país. A través de asesores y consultores, se evalúa la adaptación de las recomendaciones de manejo a las situaciones específicas de los productores y sus áreas productivas.
La digitalización desempeña un papel crucial en este proceso, permitiendo la recolección y análisis de datos para calcular y verificar la huella de carbono de manera más eficiente. Aunque la agricultura actualmente representa solo el 0,4% de los mercados de bonos de carbono, la oportunidad de expandir estas prácticas sustentables es enorme, según Leguizamón: “La conexión de toda la cadena, desde el productor hasta la demanda del consumidor, es un desafío crucial en este camino hacia la sostenibilidad agrícola”.
“Como sector, desempeñamos un papel clave al ofrecer soluciones y contribuir a la sostenibilidad. Nuestro objetivo es forjar un futuro más sostenible al reducir la huella de carbono en la agricultura, beneficiando a productores, consumidores y al planeta”, cerró.
El aumento de la temperatura en aproximadamente 2ºC de media, el rápido aumento en la concentración de CO2 y el aumento de la sequía y episodios de clima extremo puede tener consecuencias impredecibles sobre las plagas y enfermedades de los cultivos.
Buenos Aires, martes 23 de enero (PR/24) .- Los hemípteros, vectores de aproximadamente el 70% de los patógenos de plantas transmitidos por insectos, son muy susceptibles a cambios de temperatura ya que generalmente tienen un ciclo biológico muy corto y requieren de una gran capacidad para dispersarse, reproducirse y adaptarse a nuevos hábitats. Desde 1960 se ha producido un desplazamiento de más de seiscientas plagas y enfermedades hacia los polos a una media de 2,7 km/año; en el caso de los hemípteros, ese desplazamiento ha resultado ser mucho mayor (13,7 km/año).
El impacto del cambio climático en la biología y poblaciones de las plagas y su control protagoniza parte del Encuentro Internacional Desafíos de la Sanidad Vegetal ante el Futuro: Marco Legal Europeo y Cambio Climático, que se celebra el 13 y 14 de junio en Valencia y está organizado por Phytoma-España con la colaboración de la Consellería de Agricultura, Medio Ambiente, Cambio Climático y Desarrollo Rural de la Generalitat Valenciana y LINCGlobal, Laboratorio Internacional en Cambio Global. El objetivo es presentar las últimas investigaciones sobre el impacto del cambio climático en este campo y las estrategias a seguir para la adopción de medidas de adaptación y mitigación, así como analizar el próximo marco legal que regulará la sanidad vegetal dentro de este contexto.
Los principales grupos de insectos vectores de virus tales como los pulgones, moscas blancas y trips son muy susceptibles a cambios de temperatura, viento y precipitación. Por ejemplo, un incremento en la temperatura media invernal incrementa la tasa de crecimiento poblacional de muchos de estos insectos vectores, expandiendo sus poblaciones a nuevas áreas y adelantando sus vuelos migratorios en primavera. “Las previsiones indican que ante el nuevo escenario de cambio climático los vuelos primaverales de pulgones se adelantaran una media de ocho días en los próximos cincuenta años. Todo ello irá previsiblemente acompañado de una mayor incidencia de virus transmitidos por pulgones, como es el caso de los potyvirus y los luteovirus, muchos de ellos causantes de enfermedades graves en varios cultivos. El aumento de 2ºC de temperatura también desplazaría la mosca blanca Bemisia tabaci hacia mayores latitudes, afectando especialmente a países de clima mediterráneo”, advierte el entomólogo Alberto Fereres, profesor de investigación del Instituto de Investigación de Ciencias Agrarias ICA-CSIC y uno de los directores científicos de este encuentro, además de ponente.
El cambio climático inducirá alteraciones en la morfología y fisiología de los cultivos que tendrán implicaciones en la durabilidad y nivel de resistencia genética frente a vectores de virus. “Previsiblemente, aparecerán con mayor frecuencia virosis emergentes transmitidas por vectores que se expandirán a nuevas áreas y resultará más difícil aplicar medidas de control debido a las dificultades para predecir la respuesta de los vectores y virosis frente a los nuevos escenarios de cambio climático”, subraya Fereres, al que acompañarán en el bloque dedicado a plagas el entomólogo Alberto Urbaneja, profesor de Investigación del Centro Protección Vegetal y Biotecnología del IVIA; James Bell, del centro de investigaciones agrarias Rothamsted Research (Reino Unido); Enrique Quesada, del Departamento de Ciencias y Recursos Agrícolas y Forestales de la Universidad de Córdoba; y Pablo Bielza, catedrático de Entomología Agrícola de la Universidad Politécnica de Cartagena y presidente de la Sociedad Española de Entomología Aplicada.
Este encuentro analizará, además, la repercusión del cambio climático en las enfermedades de los cultivos y en las poblaciones de malas hierbas, el uso sostenible de productos fitosanitarios cinco años después de la entrada en vigor de los Reales Decretos 1702/2012 y 1311/2012, la comercialización de medios de defensa y producción y el nuevo Reglamento Europeo sobre fertilizantes y bioestimulantes.
Buenos Aires, 23 de enero (PR/24) .- Las condiciones de vida de las plagas que transcurren parte de su ciclo en el suelo varían, de acuerdo con el déficit o el exceso de lluvias, según sea un año Niña o Niño. Frente a la alta variabilidad climática registrada en el país, un equipo de investigación del INTA Marcos Juárez, Córdoba, subrayó la importancia de realizar un monitoreo específico, según la condición ambiental de cada cultivo.
Las temperaturas y las precipitaciones afectan directamente el comportamiento, la tasa de reproducción y los hábitos alimentarios de los insectos plaga. En especial, aquellos que transcurren parte de su ciclo en el suelo. Frente a la gran variabilidad climática que registra nuestro país, con regiones más afectadas por las abundantes precipitaciones, mientras que, en otras, aún persisten las condiciones de déficit hídrico, son clave los monitoreos, según cada ambiente.
“Los factores climáticos modulan la biología de los organismos en forma diferencial dependiendo de su extensión”, aseguró Emilia Balbi -especialista en el manejo de insectos en cultivos extensivos del INTA Marcos Juárez, Córdoba-.
En este sentido, explicó que “la comunidad de insectos depende no sólo de la frecuencia de eventos climáticos significativos, sino de cuánto tiempo se repiten esas condiciones en un periodo”.
Es que, en ambientes bajo condiciones climáticas de El Niño, se registrará un aumento de precipitaciones y, como consecuencia de ello, de la recarga del perfil edáfico. “Este ambiente podría dar lugar a un cambio en la abundancia y el accionar de hongos controladores de insectos que viven en el suelo”, indicó Balbi.
Además, podría aumentar la presencia de hongos entomopatógenos que causan descensos poblacionales de importancia en orugas desfoliadoras como ocurre con frecuencia con Nomuraea spp. “La mejora en las condiciones de los cultivos asociadas a un mayor aporte de agua de lluvia respecto a ciclos anteriores permitirá compensar, en caso de que suceda, el daño de insectos en hojas siempre y cuando las densidades poblacionales se mantengan por debajo de un cierto umbral aplicado por el profesional agrónomo”, detalló la especialista de Córdoba.
Frente a esto, subrayó: “El monitoreo de insectos en los cultivos, acompañado del conocimiento de sus ciclos biológicos y su potencial de daño son herramientas indispensables para la toma de decisión en pos de lograr mejores rendimientos y productos que alcancen la calidad comercial deseada”.
En contrapartida, el déficit hídrico registrado de la mano del fenómeno climático La Niña afectó la fluctuación poblacional de insectos plaga en la región.
Condiciones ambientales con temperaturas máximas y medias elevadas, baja humedad relativa y de suelo, favorecieron a varias especies del orden Coleoptera entre los que encontramos a los gusanos blancos, al siete de oro y al gorgojo del macollo de trigo, que aumentaron sus poblaciones llegando a niveles poco frecuentes en la región núcleo agrícola.
A su vez, -explicó la investigadora- las polillas y sus estados inmaduros también se vieron afectadas por La Niña, con un periodo de baja presencia de desfoliadoras claves como la oruga medidora de soja, pero con aumentos de población y daños de la oruga bolillera.
“Dentro de este orden taxonómico se destacaron también las orugas cortadoras, que aumentaron su frecuencia de daño con el pasar de las campañas. Las plagas típicas asociadas a sequía como ser el pulgón ruso del trigo, la arañuela roja y los trips en soja también fueron protagonistas”, aseguró Balbi.
Chaco, viernes 19 de enero (PR/24) .- El dato surge de una investigación del INTA que asegura que la provincia tiene, en promedio, 55 toneladas por hectárea de carbono orgánico en el suelo hasta los 30 centímetros de profundidad. Esta información resulta una herramienta clave para la toma de decisiones respecto al desarrollo productivo sustentable.
Considerado un componente fundamental de la materia orgánica del suelo, el carbono orgánico es el principal indicador de la calidad del suelo y su potencial productivo. Es decir, interviene directamente en la capacidad que tienen los suelos de brindar diversos servicios ecosistémicos esenciales para producir alimentos, fibra, combustible, y materias primas, así como para mantener los sistemas climáticos y terrestres.
Para Julieta Rojas -especialista en suelos del Área de Recursos Naturales del INTA Sáenz Peña, Chaco-, “es fundamental conocer la cantidad de carbono orgánico del suelo (COS) para la planificación agropecuaria y el cuidado ambiental de este importe recurso natural”.
Es que, según detalló, “el suelo es el reservorio más grande de carbono en la superficie continental, de hecho, contiene más que la atmósfera y la biosfera juntos”. Y dio un paso más y subrayó: “El carbono es el combustible para todos los procesos microbianos y fisiológicos de vegetales y de microorganismos del suelo”.
Rojas, una de las autoras del libro de Ediciones INTA “Mapa de Almacenamiento de Carbono en los suelos de la República Argentina”, no dudó en asegurar que, “cuanto más carbono orgánico tengamos en el suelo, mejor calidad tendrá y, probablemente, absorba más agua, sufra menos la erosión y pueda ser más productivo, más diverso y pueda sostener mejor los procesos ecológicos”.
Puntualmente para Chaco, el estudio reveló que tiene, en promedio, 55 toneladas por hectárea de carbono orgánico en el suelo. Este valor se toma hasta los 30 centímetros de profundidad. “Analizamos diversos sistemas productivos en distintas situaciones naturales y observamos que, hasta los 30 centímetros de profundidad, podemos tener entre 20 a 100 toneladas de carbono por hectárea, esto depende mucho del manejo; por eso es importante manejar cuidadosamente el suelo”, detalló la especialista.
Y agregó: “Este valor promedio nos da una guía, un norte para poder apuntar a mejorar el carbono”, al tiempo que reconoció que “depende mucho, también, del material original del suelo, ya que los que son arenosos, por su propia genética, no van a poder captar tanto carbono como los de textura más fina: francos, limosos o arcillosos”.
Para Rojas, estos datos son un “insumo muy importante para la toma de decisiones respecto al desarrollo productivo sustentable”. Es que, según explicó, “las producciones siempre deberían estar orientadas a que estos valores aumenten o se mantengan y tratar de capturar, a través de la biomasa vegetal, dióxido de carbono de la atmósfera, por medio de la fotosíntesis. Para, luego, manejar los suelos y los sistemas productivos de forma que ese carbono en los suelos no se pierda, sino que aumente o se conserve”.
A su vez, la investigadora del INTA Sáenz Peña dio un paso más y se refirió al cambio climático y la acción humana: “Hay un marcado aumento de dióxido de carbono en la atmósfera, por lo que captarlo mediante las plantas y acumularlo en el suelo es una gran forma de mitigar el cambio climático”
Buenos Aires, miércoles 17 enero (PR/24) — La perspectiva agroclimática semanal de la Bolsa de Cereales de Buenos Aires prevé para los próximos siete días aumento de la temperatura, con lluvias sobre el margen occidental y el nordeste del área agrícola.
El comenzará con temperaturas algo bajo lo normal, debido al paso de un frente frío en los días precedentes, pero los vientos del norte retornarán rápidamente, provocando temperaturas muy elevadas en el norte y el oeste del área agrícola, con registros moderados hacia la Costa Atlántica.
Paralelamente, se producirá el paso del frente de tormenta, produciendo lluvias abundantes sobre el centro del NOA y Cuyo, mientras el norte de la Región Pampeana, la Mesopotamia y el Uruguay recibirán aportes moderados, y el resto del área agrícola observará registros escasos a nulos.
Junto con el frente arribará una vigorosa masa de aire polar que provocará temperaturas bajo lo normal en la mayor parte del área agrícola, con posibles heladas localizadas en las Serranías Bonaerenses, a excepción de su extremo centro-norte, que continuará bajo la influencia de los vientos del trópico, mostrando registros elevados.
Rosario, miércoles 17 enero (PR/24) — Con una participación sin precedentes, la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR) cerró recientemente las inscripciones para la cuarta edición de BCR Startup Network, una iniciativa que busca impulsar y colaborar con startups argentinas que tienen la ambición de llevar sus negocios al siguiente nivel.
En esta oportunidad, uno de los diferenciales fue la inclusión de la vertical Climatech, lo que no solo ayuda a entender el éxito de la convocatoria sino que también resalta el compromiso de la BCR con la innovación y la sostenibilidad.
Climatech, una fusión de tecnología y cambio climático, se centra en desarrollar soluciones tecnológicas para enfrentar los desafíos climáticos en la agricultura. Desde la predicción del clima y la gestión del agua hasta el reciclaje y la economía circular, esta nueva vertical promete revolucionar las prácticas agrícolas tradicionales.
El sector agrícola, vital para la economía global, enfrenta desafíos sin precedentes debido al cambio climático. Las tecnologías Climatech ofrecen una luz de esperanza, proporcionando herramientas para una agricultura más eficiente y sostenible. Las soluciones van desde sistemas avanzados de monitoreo climático hasta innovaciones en la captura y almacenamiento de carbono, ofreciendo un abanico de opciones para mejorar la resiliencia y eficiencia del sector.
La reciente convocatoria de la BCR Startup Network ha sido testimonio del creciente interés y potencial en el ámbito de Climatech. El récord de participación registrado no solo refleja la necesidad de soluciones innovadoras en la agricultura, sino también el compromiso de la comunidad empresarial y científica para abordar los retos ambientales.
Durante las próximas semanas se realizará un análisis de las propuestas presentadas y un jurado de expertos seleccionará aquellas que pasarán a formar parte de la red coordinada por la BCR. Aquellas que la integren tendrán una serie de ventajas estratégicas, incluyendo acceso a eventos de alto impacto, conexiones con socios estratégicos, oportunidades para internacionalizar proyectos, y la posibilidad de presentar soluciones a inversores, socios estratégicos y usuarios.
Además, las startups participantes recibirán apoyo en su posicionamiento proporcionado por la BCR, así como la oportunidad de conectarse con empresas líderes del sector agroindustrial interesadas en la innovación.
Una de las ventajas más destacadas de unirse a BCR Startup Network es el acceso a créditos en Amazon Web Services para el alojamiento y la escalabilidad de los negocios. Además, las startups tendrán acceso a espacios de trabajo en el Espacio Maker del Polo Tecnológico de Rosario y a programas de internacionalización.