Sep 29, 2022 | Clima
Buenos Aires, 29 septiembre (PR/22) — La perspectiva agroclimática de la Bolsa de Cereales de Buenos Aires consigna para los próximos siete días irrupción tardía de aire polar, luego ascenso de temperatura para finalizar con precipitaciones dispersas con focos sobre el norte y el sudoeste del área agrícola y valores escasos sobre el resto con nevadas tardías en toda la cordillera.
Al inicio del ciclo continuará la irrupción tardía de vientos polares, iniciada en los días precedentes, haciendo descender la temperatura, y causando heladas locales y generales en todo el oeste, el sudeste y el centro-este del área agrícola.
Los vientos del trópico retornarán rápidamente, incrementando la temperatura, con registros muy elevados sobre el norte del área agrícola, y valores más moderados sobre el centro y el sur, mientras el Litoral Atlántico recibirá una entrada de vientos marinos que producirán tiempo húmedo y fresco.
El proceso terminará con el paso de un frente de tormenta, que causará precipitaciones dispersas con focos sobre el sudoeste y el norte del área
agrícola, y registros escasos sobre el resto de su extensión, mientras la Cordillera observará nevadas en la mayor parte de su longitud.
Primicias Rurales
Fuente: Bolsa de Cereales de Buenos Aires
Sep 29, 2022 | Clima
Buenos Aires, 29 de septiembre (PR/22) .- Un estudio del Conicet y la Facultad de Agronomía de la UNCPBA, del que participó el INTA, confirmó que las noches cálidas aumentan el impacto negativo de Fusariosis de la espiga (FET), una de las enfermedades más destructivas de los cereales. Además, reduce los parámetros de calidad del grano y aumenta la concentración de micotoxinas de forma significativa. El desafío de producir cultivos en un mundo más cálido.
Considerada como una de las principales problemáticas, el cambio climático condiciona la producción de alimentos a corto y mediano plazo. Frente a esto, un equipo de investigación del Conicet y la Facultad de Agronomía de la Universidad Nacional del Centro de la Provincia de Buenos Aires (UNCPBA), con colaboración del INTA, evaluó cómo impacta el incremento de 3°C en la temperatura nocturna, sobre el rendimiento, la calidad y la seguridad alimentaria en la producción de cereales.
Los resultados no sorprendieron. En términos generales, las noches cálidas fueron más favorables al desarrollo de Fusariosis de la Espiga (FET) y aumentaron el impacto negativo en cebada y trigo. Se trata de una de las enfermedades más destructivas de los cereales que reduce los parámetros de calidad del grano y aumenta la concentración de micotoxinas de forma significativa.
Mauro Martínez –investigador de Conicet y de la Facultad de Agronomía de la Universidad Nacional del Centro de la Provincia de Buenos Aires (UNCPBA)– aseguró que “la relevancia de este trabajo radica en que es uno de los primeros en el mundo en desarrollarse bajo condiciones experimentales de campo”.
Entre los resultados obtenidos, reconoció que el aspecto más preocupante es que, “a partir del cambio climático, se incrementaría hasta en un 75 % la presencia de micotoxinas”. Y aseguró que este aspecto “pone en riesgo la inocuidad alimentaria y la calidad de los productos obtenidos a partir de dos cultivos clave como son el trigo y la cebada”.
Para llegar a este dato, contaron con la colaboración del INTA. “Articulamos con el Instituto de Tecnología de Alimentos (ITA) del INTA Castelar porque son de los pocos centros a nivel país que cuentan con tecnología HPLC para hacer este tipo de estudios, otorgando solidez y rigor científico a los resultados de su investigación”, subrayó Martínez.
En este punto, Dante Rojas –investigador del Laboratorio de Contaminantes Químicos del Instituto Tecnología de los Alimentos del INTA Castelar– dio un paso más y detalló esta tecnología: “La cromatografía líquida acoplada a un detector de espectrometría de masas (HPLC-MS) es una herramienta que nos brinda la seguridad de la identificación y cuantificación de las sustancias”.
Y agregó: “al trabajar de manera simultánea con la afinidad química y los espectros de masas de las sustancias, esta tecnología permite obtener información estructural de las moléculas, por esto es la técnica de referencia en la identificación de sustancias en el análisis de muestras complejas como en este trabajo”.
El estudio evaluó el incremento de 3°C en la temperatura nocturna, en la calidad y seguridad de la producción de cereales. En esta línea, Martínez se refirió a los estudios que aseguran una disminución del 7% sobre el rendimiento de grano en cebada y trigo por cada grado de aumento de la temperatura nocturna. Esto se asoció a una disminución del número de granos junto con una disminución del peso del grano. “A estas pérdidas ya estimadas, ahora hay que sumarle el impacto adicional de la FET en condiciones de campo”, indicó.
Esta enfermedad fúngica provoca muchas pérdidas cuantitativas en los cultivos de cereales, como la reducción del rendimiento, la disminución del peso de mil granos, junto con el menor poder germinativo del grano. Además, produce pérdidas cualitativas como la reducción del contenido de almidón de los granos, la degradación de las diferentes subunidades proteicas y una menor calidad de malteado y horneado.
Además, estudios recientes que utilizan modelos de predicción sugieren que tanto la temperatura como las precipitaciones aumentarán durante la fase de floración de la cebada y el trigo, coincidiendo con el periodo de infección de Fusarium spp. En consecuencia, esto provocaría disminuciones en el rendimiento y calidad del grano, así como un aumento del riesgo de contaminación por micotoxinas.
“Los modelos estimativos y los experimentos realizados en condiciones de campo advierten del efecto negativo del cambio climático sobre el rendimiento del grano en cereales como la cebada y el trigo”, advirtió Martínez.
Es que, según el especialista, las pérdidas de rendimiento de grano están asociadas a cambios ecofisiológicos causados por un desarrollo acelerado durante el periodo de calentamiento, una menor duración del periodo crítico, una menor intercepción de la radiación solar, una menor biomasa acumulada y, por tanto, una reducción de espigas por metro cuadrado.

Cambio climático: el mayor condicionante
Todos los escenarios de emisiones evaluados prevén que la temperatura global aumente entre 1 y 3,7 ?C para finales de este siglo, según datos del IPCC. Los modelos desarrollados para la región central de la Argentina predicen que la temperatura media aumentará entre 1,5 y 4,5 ?C. A esto, se le suma la alta probabilidad de ocurrencia de eventos climáticos extremos.
Según el trabajo, “los modelos de simulación estiman un mayor aumento de la frecuencia de las noches cálidas en los futuros escenarios climáticos que de los días cálidos”. Por esto, los especialistas consideran “trascendental” evaluar el impacto potencial del aumento de las temperaturas nocturnas sobre la producción de cultivos, las variables ecofisiológicas y las enfermedades de las plantas.
En la actualidad, las pruebas científicas apoyan la elevada presión de las enfermedades de las plantas en las condiciones climáticas futuras. El cambio climático implicaría una disminución significativa del rendimiento, ya que el aumento de la temperatura y de la concentración de CO2 podría influir en el desarrollo de las enfermedades de las plantas.
Estos cambios pueden modificar la fisiología del huésped y la morfología de las hojas, modificando, así, las condiciones micro climáticas del follaje del cultivo. Según las estimaciones, es probable que la temperatura mínima proyectada siga aumentando a finales de siglo, lo que podría implicar graves pérdidas cuantitativas y cualitativas en cultivos como la cebada y el trigo.
Conocer para anticiparse
Martínez ponderó este tipo de investigaciones y las consideró “muy importantes” dado que permiten “anticiparse al impacto del cambio climático y tomar decisiones a tiempo que permitan revertirlo o minimizarlo. Para Martínez, una de las herramientas “clave” es el mejoramiento genético de las variedades a fin de adaptarlas a los cambios que se vienen.
Por su parte, Dante Rojas –investigador del INTA Castelar–, señaló: “El cambio climático representa un verdadero desafío para la producción de cultivos y la seguridad alimentaria en todas las regiones del mundo”. En este sentido, reconoció que, “en un futuro próximo, las condiciones ambientales cambiarán y la temperatura será una de las variables más afectadas”.
Ambos investigadores coincidieron en que este tipo de estudios “contribuyen a diseñar futuras estrategias de manejo de los cultivos para anticiparse a los potenciales efectos adversos del cambio climático en la seguridad alimentaria”.
Primicias Rurales
Fuente: INTA
Sep 27, 2022 | Clima
Buenos Aires, 27 septiembre (PR/22) — Considerada como una de las principales problemáticas, el cambio climático condiciona la producción de alimentos a corto y mediano plazo. Frente a esto, un equipo de investigación del Conicet y la Facultad de Agronomía de la Universidad Nacional del Centro de la Provincia de Buenos Aires (UNCPBA), con colaboración del INTA, evaluó cómo impacta el incremento de 3°C en la temperatura nocturna, sobre el rendimiento, la calidad y la seguridad alimentaria en la producción de cereales.
Los resultados no sorprendieron. En términos generales, las noches cálidas fueron más favorables al desarrollo de Fusariosis de la Espiga (FET) y aumentaron el impacto negativo en cebada y trigo. Se trata de una de las enfermedades más destructivas de los cereales que reduce los parámetros de calidad del grano y aumenta la concentración de micotoxinas de forma significativa.
Mauro Martínez –investigador de Conicet y de la Facultad de Agronomía de la Universidad Nacional del Centro de la Provincia de Buenos Aires (UNCPBA)– aseguró que “la relevancia de este trabajo radica en que es uno de los primeros en el mundo en desarrollarse bajo condiciones experimentales de campo”.
Entre los resultados obtenidos, reconoció que el aspecto más preocupante es que, “a partir del cambio climático, se incrementaría hasta en un 75 % la presencia de micotoxinas”. Y aseguró que este aspecto “pone en riesgo la inocuidad alimentaria y la calidad de los productos obtenidos a partir de dos cultivos clave como son el trigo y la cebada”.
Para llegar a este dato, contaron con la colaboración del INTA. “Articulamos con el Instituto de Tecnología de Alimentos (ITA) del INTA Castelar porque son de los pocos centros a nivel país que cuentan con tecnología HPLC para hacer este tipo de estudios, otorgando solidez y rigor científico a los resultados de su investigación”, subrayó Martínez.
En este punto, Dante Rojas –investigador del Laboratorio de Contaminantes Químicos del Instituto Tecnología de los Alimentos del INTA Castelar– dio un paso más y detalló esta tecnología: “La cromatografía líquida acoplada a un detector de espectrometría de masas (HPLC-MS) es una herramienta que nos brinda la seguridad de la identificación y cuantificación de las sustancias”.
Y agregó: “al trabajar de manera simultánea con la afinidad química y los espectros de masas de las sustancias, esta tecnología permite obtener información estructural de las moléculas, por esto es la técnica de referencia en la identificación de sustancias en el análisis de muestras complejas como en este trabajo”.
El estudio evaluó el incremento de 3°C en la temperatura nocturna, en la calidad y seguridad de la producción de cereales. En esta línea, Martínez se refirió a los estudios que aseguran una disminución del 7% sobre el rendimiento de grano en cebada y trigo por cada grado de aumento de la temperatura nocturna. Esto se asoció a una disminución del número de granos junto con una disminución del peso del grano. “A estas pérdidas ya estimadas, ahora hay que sumarle el impacto adicional de la FET en condiciones de campo”, indicó.
Esta enfermedad fúngica provoca muchas pérdidas cuantitativas en los cultivos de cereales, como la reducción del rendimiento, la disminución del peso de mil granos, junto con el menor poder germinativo del grano. Además, produce pérdidas cualitativas como la reducción del contenido de almidón de los granos, la degradación de las diferentes subunidades proteicas y una menor calidad de malteado y horneado.
Además, estudios recientes que utilizan modelos de predicción sugieren que tanto la temperatura como las precipitaciones aumentarán durante la fase de floración de la cebada y el trigo, coincidiendo con el periodo de infección de Fusarium spp. En consecuencia, esto provocaría disminuciones en el rendimiento y calidad del grano, así como un aumento del riesgo de contaminación por micotoxinas.
“Los modelos estimativos y los experimentos realizados en condiciones de campo advierten del efecto negativo del cambio climático sobre el rendimiento del grano en cereales como la cebada y el trigo”, advirtió Martínez.
Es que, según el especialista, las pérdidas de rendimiento de grano están asociadas a cambios ecofisiológicos causados por un desarrollo acelerado durante el periodo de calentamiento, una menor duración del periodo crítico, una menor intercepción de la radiación solar, una menor biomasa acumulada y, por tanto, una reducción de espigas por metro cuadrado.

Cambio climático: el mayor condicionante
Todos los escenarios de emisiones evaluados prevén que la temperatura global aumente entre 1 y 3,7 ?C para finales de este siglo, según datos del IPCC. Los modelos desarrollados para la región central de la Argentina predicen que la temperatura media aumentará entre 1,5 y 4,5 ?C. A esto, se le suma la alta probabilidad de ocurrencia de eventos climáticos extremos.
Según el trabajo, “los modelos de simulación estiman un mayor aumento de la frecuencia de las noches cálidas en los futuros escenarios climáticos que de los días cálidos”. Por esto, los especialistas consideran “trascendental” evaluar el impacto potencial del aumento de las temperaturas nocturnas sobre la producción de cultivos, las variables ecofisiológicas y las enfermedades de las plantas.
En la actualidad, las pruebas científicas apoyan la elevada presión de las enfermedades de las plantas en las condiciones climáticas futuras. El cambio climático implicaría una disminución significativa del rendimiento, ya que el aumento de la temperatura y de la concentración de CO2 podría influir en el desarrollo de las enfermedades de las plantas.
Estos cambios pueden modificar la fisiología del huésped y la morfología de las hojas, modificando, así, las condiciones micro climáticas del follaje del cultivo. Según las estimaciones, es probable que la temperatura mínima proyectada siga aumentando a finales de siglo, lo que podría implicar graves pérdidas cuantitativas y cualitativas en cultivos como la cebada y el trigo.
Conocer para anticiparse
Martínez ponderó este tipo de investigaciones y las consideró “muy importantes” dado que permiten “anticiparse al impacto del cambio climático y tomar decisiones a tiempo que permitan revertirlo o minimizarlo. Para Martínez, una de las herramientas “clave” es el mejoramiento genético de las variedades a fin de adaptarlas a los cambios que se vienen.
Por su parte, Dante Rojas –investigador del INTA Castelar–, señaló: “El cambio climático representa un verdadero desafío para la producción de cultivos y la seguridad alimentaria en todas las regiones del mundo”. En este sentido, reconoció que, “en un futuro próximo, las condiciones ambientales cambiarán y la temperatura será una de las variables más afectadas”.
Ambos investigadores coincidieron en que este tipo de estudios “contribuyen a diseñar futuras estrategias de manejo de los cultivos para anticiparse a los potenciales efectos adversos del cambio climático en la seguridad alimentaria”.
Primicias Rurales
Fuente: INTA Informa
Sep 27, 2022 | Agricultura, Clima
Buenos Aires, 27 seotiembre (PR/22) –El escenario de sequía que vive la Argentina, aunque comenzó a aliviarse muy levemente con algunas precipitaciones caídas en los últimos días luego del inicio de la primavera, aún está lejos de revertirse.
Con La Niña haciéndose presente por tercera campaña consecutiva, en un fenómeno que hace más de 20 años no ocurre, las proyecciones para el trigo son cada vez peores.
La sequía en Argentina no da tregua: ya afecta a 10 millones de hectáreas
El Servicio Meteorológico Nacional destacó que las áreas más afectadas son NOA y NEA, en donde hace dos años que la falta de agua viene impactando en los niveles productivos.
La Bolsa de Comercio de Rosario (BCR) actualizó su proyección de cosecha a nivel nacional de trigo y la ubicó en 16,5 millones de toneladas: esto es 1,2 millones de toneladas menos que el cálculo de agosto (17,7 millones) y un 28% o 6,5 millones menos que en el ciclo 2021/22 (23 millones), que –vale mencionarlo– fue récord para este cultivo.
De esta manera, el trigo va camino a su peor cosecha en siete campañas, de acuerdo con las perspectivas de la entidad rosarina.
NO SOLO LAS LLUVIAS
Según la Guía Estratégica para el Agro (GEA) de la BCR, septiembre transcurrió casi sin lluvias en buena parte de la región pampeana, tal como había ocurrido en agosto y julio.
Pero a eso se sumó una amplitud térmica letal para los cultivos: “las sucesivas heladas de setiembre intercaladas por temperaturas que han llegado a superar los 30°C en un ambiente de bajísima humedad relativa han agravado la condición del trigo y bajan las expectativas productivas nacionales”, explicó.
Desde Rosario estiman que hay 2,5 millones de hectáreas—el 40% del trigo sembrado— en condiciones regulares a malas.
Un panorama muy parecido es el que reporta al Bolsa de Cereales de Buenos Aires, que afirma que el 42,4% de los cuadros en pie muestra una condición entre regular y mala.
Esta situación se da principalmente sobre el norte del país y en sectores del centro del área agrícola como el Centro-Norte de Córdoba y ambos Núcleos, donde el porcentaje de lotes con malas perspectivas llega al 90%, y ya se estiman mermas de hasta el 60% sobre el rendimiento potencial.
El diagnóstico de la entidad porteña es similar: además de las heladas, el aumento de las temperaturas continúa acortando el ciclo del cereal e incrementando las hectáreas perdidas.
RINDES EXIGUOS
Tal es así, que en estas zonas más desfavorecidas están proyectando rindes de apenas entre cuatro y ocho quintales por hectáreas, a la vez que se incrementan la cantidad de lotes que directamente se barbecharían para ser sembrados con algún cultivo de gruesa.
Hacia el centro del área agrícola, las perspectivas mejoran un poco, pero tampoco son tan halagüeñas: hay pronósticos de apenas cinco quintales por hectárea en zonas que suelen superar fácilmente los 20 o 30.
“Finalmente, en el sur del área agrícola, se observan mejoras de la condición sobre todo en el margen oeste. No obstante, aún se relevan demoras en el desarrollo por bajas temperaturas y focos de enfermedades foliares”, completa la Bolsa de Buenos Aires.
EN CÓRDOBA, UN DESPLOME
En simultáneo, la Bolsa de Cereales de Córdoba también actualizó su información sobre el trigo en esa provincia, la segunda mayor productora del país por detrás de Buenos Aires, y los datos son preocupantes.
De movida, se sembraron solo 880.000 hectáreas, la superficie más baja en nueve años, de las cuales se terminarían cosechando solo 800.000. Y de estas, más de la mitad (56%) tiene estrés hídrico por falta de agua, estrés térmico por heladas y sufre ataques de plagas y enfermedades.
“En términos generales, el cereal fue sembrado con escasa humedad en los perfiles del suelo y en este momento las reservas hídricas son mínimas o nulas, traducidas en estrés hídrico, al cual se le sumó estrés térmico debido a la ocurrencia de heladas”, coincide también la Bolsa cordobesa.
Y añade: “Al encontrarse el cultivo comenzando su periodo crítico y dado el contexto climático y sanitario, es de esperar que la situación impacte negativamente en los rendimientos y, por ende, en la producción provincial”.
Primicias Rurales
Fuente: Infocampo
Sep 27, 2022 | Clima
Por Melissa Renwick y Clare Baldwin
Buenos Aires, 27 de septiembre (PR/22) .- Los miembros de la comunidad de Nain se reúnen para ver y participar en los Juegos de Pascua, en el puerto de Nain, Terranova y Labrador, Canadá, el 19 de abril de 2022. Los Juegos de Pascua son un acontecimiento anual de una semana de duración que se celebra en Nain y que reúne a la comunidad para participar en una variedad de juegos para adultos y niños, como carreras de skidoo, partidos de tiro al blanco, carreras de raquetas de nieve, carreras de transporte de troncos, entre muchos otros.
NAIN, Terranova, – Rex Holwell ha pasado su vida en el hielo marino que se forma cada invierno frente a la costa de Terranova y Labrador, en el este de Canadá. Como otros inuit, aprendió a cazar focas y a pescar de su padre y de otros hombres. Primero se desplazaban por el hielo marino en trineos tirados por perros y luego, cuando Holwell empezó a acompañarles, en patinetes con motor de gasolina. Holwell quiere esta vida -y la libertad- para sus hijos.
El cambio climático está a punto de ponerlo todo patas arriba.
«Será una pérdida de cultura», dice Holwell. «Se identificarán como inuit y también lo harán sus hijos, pero no tendrán las mismas experiencias».
Mientras las sequías duran más y las olas de calor, las inundaciones y las tormentas se intensifican en un mundo cada vez más cálido, los inuit hacen lo que siempre han hecho: adaptarse.
Durante los últimos tres años, Holwell, de 47 años, ha ayudado a dirigir un programa de vigilancia del hielo marino para los inuit. A diferencia de otros esfuerzos de información climática, éste se centra completamente en las necesidades de la comunidad local. El programa se llama SmartICE y combina los conocimientos tradicionales de los inuit con boyas de recogida de datos y sensores electromagnéticos para ofrecer a las comunidades del norte mediciones en tiempo real del grosor del hielo marino a lo largo de sus «autopistas» de hielo a través de una página web, una aplicación telefónica descargable o Facebook. Destaca las zonas con hielo más grueso y las que tienen hielo más fino.
Más de 30 comunidades inuit utilizan SmartICE. La idea es utilizar la tecnología para rellenar los lugares en los que el cambio climático ha hecho que los conocimientos tradicionales sean menos fiables o ha creado condiciones a las que los inuit no se habían enfrentado antes.
Holwell cree que herramientas como SmartICE pueden ampliar el tiempo que les queda a los inuit en el hielo marino antes de que desaparezca. Un nuevo análisis publicado en Nature Communications Earth and Environment en agosto mostró que el Ártico se calentó casi cuatro veces más rápido que la media mundial entre 1979 y 2021, mucho más rápido que las dos o tres veces de la media mundial que se suele citar
Modelos separados realizados por expertos del Reino Unido, Canadá y Estados Unidos muestran que, tan pronto como en 2035, el hielo marino del Ártico podría caer por debajo de un millón de kilómetros cuadrados durante el verano. Los científicos registraron el mínimo de hielo marino de este año el 18 de septiembre, lo que supuso el décimo mínimo registrado.
Extensión diaria del hielo marino del Ártico
Los inuit son prácticos cuando se trata de nuevas tecnologías. Utilizan el GPS, pero siguen enseñando a sus hijos cómo los vientos dominantes hacen que los bancos de nieve se inclinen y señalen el camino de vuelta a casa si las baterías del aparato se agotan. Los skidoos, también conocidos como motos de nieve, han sustituido en su mayoría a los trineos tirados por perros y han comprimido las cacerías de una semana en excursiones de un día. Los rifles han sustituido a los arpones.
El SmartICE es otra herramienta. Y así, con un skidoo negro y rojo, un rifle y un sensor electromagnético, Holwell ofrece una visión de la supervivencia que une lo viejo y lo nuevo.
«Tenemos que adaptarnos al cambio climático», dice. «Vamos a necesitar más herramientas como SmartICE».
COMIDA Y LIBERTAD
Si hace buen tiempo, un avión Twin Otter de 19 pasajeros vuela a Nain, la ciudad natal de Holwell. No se permite llevar equipaje de mano. Si una maleta pesa más de 23 kg, puede dejarse para el siguiente vuelo, o el siguiente si los aviones tienen sobrepeso. No hay descongelador en Nain -ni en ninguna de las comunidades inuit de la costa de Labrador-, por lo que los aviones suelen quedarse en tierra. Una pareja de ancianos que se quedó atrapada en Goose Bay a mediados de abril dice que lo máximo que han esperado por un vuelo han sido tres semanas. Los retrasos son especialmente graves en primavera, cuando la niebla puede ser espesa e imprevisible, dicen.
En Nain, los coches y los camiones permanecen en los patios delanteros cubiertos de nieve, mientras los skidoos recorren las calles cubiertas de nieve recogiendo a los niños de la escuela y llevando a los adultos al trabajo. Sólo hay un hotel en la ciudad, el Hotel Atsanik, que es también el único restaurante de la ciudad. El papel higiénico, que viene en paquetes de 30 rollos, cuesta 40 dólares canadienses (29 dólares).
Más que el propio Nain, el paisaje que lo rodea es su hogar, dice Jim Anderson.
«Eso es algo que la gente no entiende», dice Anderson, de 70 años. «Tenemos un choque cultural en cuanto salimos. Nos perdemos. (No estamos) acostumbrados a cuando se ven todas las casas: casas de punta a punta sin espacios abiertos».
Por 60 dólares canadienses de gasolina, un cazador puede matar una foca y alimentar a una familia durante tres o cuatro días, además de hacer guantes, botas y otras prendas con la piel del animal. El envío de una cantidad equivalente de comida comprada en una tienda cuesta 300 dólares canadienses y la ropa no está incluida. El hielo marino hace la vida más asequible.
El hielo marino también significa libertad. La mayoría de la gente no puede permitirse un barco, así que en verano su mundo se encoge literalmente y se vuelve hostil con los bichos. Pero en invierno y primavera, cuando el hielo marino está congelado, la gente puede pescar, cazar, conseguir madera y visitar sus cabañas.
Maria Merkuratsuk, que se crió en una cabaña al norte de Nain, dice que siente un «cosquilleo» cuando está en el hielo. «Me siento en paz, puedo respirar… si tengo muchas cosas en la cabeza, mi cuerpo puede tomar el control… (puedo) simplemente conducir y conducir y pensar en cosas», dice.
Isaac Kohlmeister, una de las dos últimas personas de Nain que dirigen un equipo de trineos tirados por perros, dice que estar en el hielo le ha ayudado a echar raíces.
«Cuando los perros corren, puedes sentirlo todo», dice. «Puedes sentir los peces bajo el hielo, incluso».
Las comunidades inuit con las que trabaja Holwell para SmartICE han empezado a recopilar sus propias listas de palabras en inuktitut para los distintos tipos de hielo marino. En Nain, han elaborado 37, que piensan publicar en un folleto el año que viene.
BOYAS Y TRINEOS
El programa SmartICE consta de dos partes. La primera son las «SmartBUOYs», de 2,75 metros de altura, que se colocan en agujeros perforados en el hielo marino al principio de la temporada y se retiran al final de la misma. Las boyas están llenas de termistores, que pueden utilizarse para medir la temperatura y registrar datos en lugares específicos. El espesor del hielo marino se calcula a partir de la diferencia de temperatura entre la atmósfera, la nieve, el hielo y el agua salada.
La segunda parte del programa son los trineos «SmartKAMUTIK» tirados detrás de skidoos. El trineo lleva una caja de madera contrachapada con un sensor electromagnético. Cuando el skidoo tira del trineo, el sensor envía impulsos electromagnéticos para inducir una corriente y medir el espesor de la nieve y el hielo. Holwell suele hacer un recorrido del SmartKAMUTIK una vez a la semana para comprobar el grosor de las «autopistas» de hielo marino de Nain.
La tecnología que utilizan los inuit es la misma que utilizan algunos científicos del clima, pero las preguntas son diferentes. Los científicos se plantean sobre todo preguntas a nivel de sistema, como qué pasará con el planeta; los inuit tienen preocupaciones más inmediatas, como si se caerán a través del hielo si van a cazar o a visitar a amigos y parientes. Los inuit necesitan datos más detallados y lugares de muestreo que pueden ser diferentes de los que elegirían los científicos. Pero cada vez son más los proyectos que abordan ambas escalas de preocupación los que encuentran apoyo.
Katie Winters, de 54 años, que vive en Nain y ayudó a traducir el acuerdo de reclamación de tierras de los inuit en Labrador, dice que aunque el hielo marino es más grueso este año, ha sido uno de los peores en cuanto a caídas de personas a través del hielo. Nombra inmediatamente a cinco personas y dos skidoos que han caído a través del hielo este año, pero dice que hay más. Por suerte, nadie ha muerto.
Un comité de gestión de la comunidad indica a Holwell dónde deben ir los SmartBUOY, y cuando las temperaturas se calientan en primavera, utiliza el SmartKAMUTIK para comprobar cuidadosamente los lugares que se sabe que son peligrosos.
Holwell entrena a cualquier persona que esté interesada en realizar los recorridos del SmartKAMUTIK y enseña a los adolescentes a construir los SmartBUOY durante la temporada baja de verano. El equipo publica cada carrera en el sitio web y la aplicación del programa SIKU, y en Facebook. No está claro hasta qué punto la gente de la comunidad confía en los datos, pero le dan «me gusta» y comentan las publicaciones.
Para las personas que no tienen conexión a Internet, Holwell imprime mapas con las mediciones del espesor del hielo y, como todo el mundo caza, marca los mapas con símbolos donde se han visto o capturado animales.
SmartICE obtuvo 400.000 dólares canadienses (293.000 dólares) de financiación inicial del Arctic Inspiration Prize, el mayor premio anual de Canadá. También ha ganado otros premios, y poco a poco ha ido ganando reconocimiento internacional.
El orgullo de Holwell por el proyecto es evidente. «Somos una planta de producción en tierras inuit, con gente inuit que construye la tecnología para otros inuit», dice.
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