Termina un año que nadie olvidará. Esperamos un 2023 en que la política nos dé respuestas y soluciones

Termina un año que nadie olvidará. Esperamos un 2023 en que la política nos dé respuestas y soluciones

Por Carlos Achetoni (*)

Buenos Aires, 29 diciembre (PR/22) — Culmina un año que nadie olvidará. Para todos los argentinos, con la satisfacción de que nuestra Selección Nacional logró ganar el Mundial, después de tantos años fue una alegría que compartimos todos por igual. Sin embargo, para los pequeños y medianos productores este 2022 no tiene mucho más para festejar. Todo lo contrario.

Cuando miramos hacia atrás, nos encontramos con que parece que atravesamos una carrera de obstáculos. Que nos pusieron una traba tras otra, en un camino en subida, que no sabemos adónde nos lleva, pero sabemos que nos castiga sin piedad. Por supuesto, esto se sumó a todo lo que atravesamos en la pandemia, que tantos perjuicios nos generó, pues pese a que pudimos trabajar al ser considerados esenciales, tuvimos múltiples problemas que enfrentar. Además, en el plano internacional, sufrimos también los coletazos de la guerra entre Ucrania y Rusia, que impactó en el sector.

Sin embargo, los golpes más fuertes que recibimos fueron de dos fuentes: la política y el clima.

En cuanto a la política, comenzó el año con una serie de medidas dispuestas de manera unilateral e inconsultas por parte del gobierno para el sector, que implicaron intervenciones arbitrarias en los mercados de trigo y maíz. A la inacción del gobierno para contener la inflación creciente, se le sumó otra que derivó en la ausencia de gasoil en diversos puntos del país, con los consecuentes sobreprecios que impusieron los aprovechadores de siempre, en detrimento de los productores. Al respecto, cabe señalar que a principio de año decidieron modificar el corte de biodiesel, y habíamos alertado que no era una buena decisión; no nos escucharon y sufrimos las consecuencias.

Luego, al momento en que se desató la guerra entre Rusia y Ucrania, funcionarios del gobierno deslizaron la posibilidad de subir retenciones a la soja, nuevamente esgrimiendo excusas falsas, como el cuidado de la mesa de los argentinos. Rápidamente salimos al cruce de estas versiones, que finalmente no se concretaron, pero generaron una nueva oleada de incertidumbre en el ya complejo escenario en que producimos.

Este año renunció el ministro de Economía, Guzmán. En ese momento se aceleró el dólar blue, impactando rápidamente en los precios de los alimentos. Luego asumió en su lugar Batakis, quien duró 24 días en el cargo y fue destituida, mientras estaba en misión oficial con el FMI. Así, llegó al cargo Sergio Massa, al frente de un “superministerio”. En el mismo acto se degradaba el Ministerio de Agricultura, Ganadería y Pesca a una secretaría, mostrándose con éste acto de gobierno, una vez más, que el sector agropecuario no es prioridad en el diseño de una política de desarrollo de nuestra actividad. Mientras tanto, más del 55% de los argentinos quedaron sumidos en la pobreza, dependiendo de planes y clientelismo, y muchos otros en la indigencia. Cuán importante sería promover la actividad que no solo produce alimentos, sino que genera desarrollo de toda la comunidad.

Padecimos los vaivenes de un gobierno que un día nos convocaba a dialogar, y al otro nos acusaba de “sentarnos sobre los dólares”. En medio de lo que luego se dio a llamar “discurso de odio”, nos señalaron como los responsables de todos los males, padecimos escarnio público y rotura de silobolsas, por ejemplo. En este escenario en julio convocamos junto a la Comisión de Enlace a la “Jornada de demanda de responsabilidad a la clase política”, para hacer visible todo lo que estábamos atravesando.

Pocos días después se implementó el denominado “dólar soja”, supuestamente para que los productores vendieran su producción e ingresaran dólares al país. Rápidamente dijimos que eso era una trampa, que una vez más se beneficiaba a los concentrados y exportadores, en detrimento de los productores genuinos, en especial los más chicos, que ya casi no tenían qué vender. Otra vez una transferencia de recursos de los más débiles a los poderosos, socios y amigos del gobierno. Dijimos que no era el camino, que había que alentar la producción y no generar más incertidumbre; unificar el tipo de cambio y no seguir inventando nuevos, que perjudicaría a todas las otras producciones. Desgraciadamente no nos equivocamos. Pero para el gobierno, la medida fue un éxito, porque lograron que les adelantaran dólares que no tendrán el año próximo, tal como acordaron con las exportadoras.

Desde su asunción, mantuvimos diversas reuniones con el mismo Massa, para explicar nuestras preocupaciones, y necesidades. Y luego de escuchar cómo sería el dólar soja, que era la prioridad del gobierno, le dijimos que a los productores nos urgía que se avanzara con respuestas para todos los productores, en especial los pequeños y medianos y los de economías regionales. Días después del anuncio, el BCRA impediría que quienes se hubieran beneficiado con el dólar soja pudieran comprar dólares a precio oficial. En ese momento reiteramos el perjuicio de todas esas medidas para tamberos, porcicultores, productores avícolas o dueños de feedlots que vieron empeorar en horas su condición, además de que la medida no alcanzaba a productores de economías regionales.

A la semana, el secretario Bahillo nos convocó para abrir una agenda de trabajo para buscar soluciones para los pequeños y medianos productores. Luego nos reunimos nuevamente para analizar sus propuestas en apoyo a los pequeños productores de soja y maíz. Le pedimos que revisaran algunas de las condiciones propuestas por el gobierno, para que fuera más inclusivo. Lamentablemente, lo anunciaron días después, sin escuchar nuestras sugerencias. Más tarde llegarían los anuncios de Massa, en Mendoza, que indicó que buscaban proteger las economías regionales a través de la implementación del denominado dólar economías regionales, frente a lo que indicamos que no les serviría a los productores. También prometió ANR y créditos a tasa 0 y a tasa subsidiada y nada de eso se ha cumplido, conjuntamente con la exportación sin retenciones. Posteriormente, instauró una segunda edición del dólar soja, en connivencia con exportadoras y cerealeras, con los mismos fines recaudatorios.

En síntesis, aplicaron una serie de políticas públicas específicas para ingresar divisas al país, cometiendo errores que sólo favorecieron la concentración y complicaron a los productores más chicos. No parecen querer darnos alternativas, sólo que asistamos como espectadores a anuncios que ya tienen preparados o que aplaudamos medidas que nos complican. Realmente es incomprensible, porque comprometen no sólo nuestro futuro sino también la producción de alimentos para los argentinos, el arraigo y la supervivencia de los pueblos del interior.

Además, este año también se trataron en la Cámara de Diputados los proyectos de ley de Humedales. Dijimos “no se trata de seguir generando leyes, rápido y mal, sino que existen al menos 5  leyes que permiten abordar incendios y proteger los humedales, por lo que el foco debería estar puesto en hacer cumplir las normas vigentes”. Y acompañamos la manifestación de los productores e isleños, en el puente Rosario – Victoria.

Asimismo, al enviar el proyecto de ley de presupuesto para 2023 al Congreso, el gobierno deslizó en el artículo 95 la prórroga de la delegación de facultades del Congreso para modificar las alícuotas de las retenciones. Desde la entidad pedimos a los legisladores que no permitieran ese avasallamiento, a través del envío de notas a cada uno de ellos. Finalmente, en la sesión los diputados del oficialismo accedieron a quitar del tratamiento ese artículo, que fue también cuestionado por legisladores de otros partidos políticos.

En síntesis, en este diciembre se cumplen tres años de un gobierno que no nos ha dado ninguna solución ni respuesta a los productores genuinos. Que nos dio la espalda y sonrió al beneficiar a quienes nos llevan a la desaparición, mientras nos asfixia con impuestos, nos deja solos ante la emergencia y nos trata mal ante la sociedad. Accedimos siempre al diálogo, pero nunca nos escucharon. Por eso ahora en diciembre hemos reiterado, sin respuesta positiva, el tratamiento y respuestas urgentes sobre las consecuencias de la sequía. Ya no se puede culpar a la pandemia, ni a la guerra, ni a los “malos y especuladores”. Las respuestas tienen que provenir de las políticas en materia agropecuaria y económica, es una responsabilidad indelegable de quienes conducen nuestros destinos.

En cuanto al clima, ya en los inicios del 2022 alertábamos sobre el fuerte impacto de fenómenos como sequía, intensas lluvias, granizos y vientos huracanados en diversas zonas que habían causado graves daños en distintas zonas, afectando los rindes y las cosechas, al tiempo que destacábamos la gran desidia de las políticas agropecuarias, que no sólo no enfrentan de ningún modo eficaz el cambio climático, ni mitigan sus consecuencias, sino que tampoco modifican los alcances del obsoleto fondo previsto por la Ley de Emergencia y/o Desastre Agropecuario. Tristemente, durante el año esto se profundizó, comenzando con los incendios que devastaron la provincia de Corrientes. La sequía continuó, con consecuencias gravísimas para la producción presente y futura, así como también las heladas tardías, los vientos y el granizo hicieron perder gran parte de la producción de muchas economías regionales. Y la política sigue llegando (si llega) tarde y mal. Al momento, seguimos sin contar con un seguro multiriesgo ni con otra herramienta de ese tipo, para mitigar los efectos de estas inclemencias climáticas.

Como entidad, hemos participado de todas las instancias de diálogo a la que nos han convocado, con el convencimiento de que era el camino. Sin embargo, los funcionarios no han brindado las soluciones esperadas, luego de tanta espera. Casi siempre utilizaron esas mesas para anunciarnos medidas que no consensuaron y pese a nuestras advertencias o pedidos de modificación, prosiguieron en caminos que sabíamos eran incorrectos.

En el año hemos realizado diversas asambleas y reuniones en distintas regiones del país. Y quiero destacar el encuentro que llevamos adelante, junto a las entidades de la Comisión de Enlace, en el espacio conmemorativo del Grito de Alcorta, donde definimos un plan de acción gremial. Luego de eso, realizamos una ronda de reuniones en el Congreso de la Nación, con representantes de las distintas fuerzas políticas, para que conocieran nuestras necesidades y propuestas, convencidos de que la política agropecuaria debía ser motorizada por el Parlamento. Lamentablemente, cierra el 2022 sin que esto haya sucedido. De hecho, ha habido muy pocas reuniones de Comisiones, con agendas de trabajo que en nada reflejan las necesidades y urgencias de los productores genuinos.

Desde FAA les pedimos a los legisladores poder avanzar con una reforma impositiva integral; con la ley de semillas, con el retiro de retenciones desde abajo para proteger a los pequeños y medianos productores y elevación del piso del mínimo no imponible de impuesto a las ganancias para que tuviera progresividad y escalonamiento. Además, que se adecuara la ley de arrendamientos, de modo de garantizar la permanencia de los pequeños y medianos productores en la producción, que minimice el ingreso de capitales por fuera del sector y la especulación. También que se formulara una ley de economías regionales que permitiera estimular y reactivar esas producciones, conteniendo el entramado socio productivo de cada región, así como también que se buscara algún mecanismo de generación de precios de referencias en producciones que no lo tienen, para evitar la distorsión entre lo que reciben los productores y lo que pagan los consumidores. Reiteramos la necesidad de avanzar con la reglamentación de la Ley de Agricultura Familiar que brinde herramientas eficaces para su promoción, desarrollo y arraigo de la familia rural. Finalmente, pedimos que se le diera forma a un plan arraigo de mujeres, hombres y jóvenes, que contemple condiciones económicas y sociales, de infraestructura para la regeneración del entramado rural del interior del país.

Como entidad, este año pudimos “volver a la normalidad”. Realizar las asambleas zonales para luego concluir en nuestro 108° Congreso Anual Ordinario, donde nos reencontramos para debatir y definir la agenda gremial para el período que se iniciaba en septiembre, así como también reelegir autoridades. Hubo debate e intercambios, de los que creo que hemos salido fortalecidos como entidad, en base a nuestra heterogeneidad. Luego pudimos retomar las giras gremiales, realizando reuniones y asambleas en distintos distritos, escuchando como equipo a los productores de primera mano.

El panorama para el 2023 no se ve muy alentador. El gobierno ya gastó a cuenta los dólares de las cosechas, que no tendrá en un año electoral. No sabemos cómo generarán los ingresos que necesitarán para salir adelante como país ni cómo resolverán la tormenta perfecta que pareciera que se avecina, con altísima inflación, un escenario político poco claro y crecientes demandas sociales, consecuencia de la profundización de la pobreza.

Como entidad, no vamos a bajar los brazos y lucharemos con los productores para lograr lo que necesitamos. Sabemos todo lo que hace falta y queremos para poder seguir produciendo con nuestras familias en las chacras, en los campos y en las fincas. No queremos dádivas, queremos que se nos den condiciones para trabajar. En este sentido, sería deseable contar con créditos por producción, que se puedan implementar mecanismos de compras públicas y de mercados de cercanía, que beneficien a los productores de la agricultura familiar; también que se pueda quitar el IVA a productos de la canasta básica, que impacte en el poder adquisitivo de los argentinos. También hemos pedido que se modifique el sistema impositivo, por uno progresivo y distributivo. En cuanto a las retenciones a la soja, pedimos que se eliminen, y que hasta llegar a cero se establezca un mínimo no imponible desde abajo hacia arriba, desde las primeras toneladas de producción. Además, pedimos que se levante el cepo a la carne vacuna. Se deben frenar las medidas públicas que solo han favorecido la concentración, generando una expulsión de más de 5000 productores por año, así como también el deterioro de los pueblos del interior. También hay que frenar la inflación, que deteriora nuestro poder adquisitivo, golpeándonos a los que menos tenemos, por acción de algunos pocos pícaros, sin que el Estado cumpla su rol de contralor.

Ojalá la política reflexione y termine la fiesta financiada por los que trabajamos. Que quienes ejercen el poder se den cuenta de las crecientes necesidades de tantos millones de argentinos y nos escuchen. Nosotros continuaremos con nuestras banderas en alto, defendiendo a los productores, como venimos haciendo a lo largo de estos 110 años de vida y tal como lo hicieron nuestros pioneros de Alcorta. Nuestra fuerza de trabajo está intacta. Nuestros ideales y principios también, por lo que comenzaremos este 2023 con la esperanza de poder ir logrando esas respuestas, para poner fin a tantas necesidades y para hacer realidad nuestros sueños, que son los de nuestros pioneros, de poder continuar dándole vida a los pueblos del interior, produciendo alimentos y aportando en familia para construir un futuro mejor para nuestros hijos y nietos. Muy felices fiestas y un mejor 2023 para todos los argentinos.

(*) Presidente de Federación Agraria Argentina

 

Primicias Rurales

Fuente: FAA

Mientras el gobierno va por los stocks, el clima amenaza los flujos del 2023

Mientras el gobierno va por los stocks, el clima amenaza los flujos del 2023

Buenos Aires, 1 de diciembre (PR/22) .- El Decreto 787/2022 reestablece el Programa de Incremento Exportador para el complejo sojero (Dólar Soja II), ofreciendo nuevamente un tipo de cambio superior a quienes ingresen al programa ($230 hasta fin de año). El incentivo ofrecido es importante, se pagará por dólar exportado un 38% más que lo que se estaba pagando a fines de noviembre ($167), siendo de esperar por tanto que las ventas de las existencias de soja se aceleren, tal como sucediese en la primera edición.

Si el programa lograse que la comercialización llegue a fines de año con un patrón similar al normal histórico, el flujo de ventas podría estar entre los 3,5 y 5,3 millones de toneladas (según se tome como referencia las últimas 3 o 10 campañas), y si en diciembre se realizasen ventas que habitualmente se hacen en enero, el flujo podría ubicarse entre los 5,3 y 7,0 millones de toneladas. Como referencia, el gobierno espera que el programa genere USD 3.000 millones que, a precios de exportación, equivale a unos 5,1 millones de toneladas vendidas, lo que parece factible de lograr.

En cuanto al nuevo cambio de reglas de juego, un tipo de cambio más alto sólo para un conjunto de productos y en forma temporaria genera obvias inequidades y distorsiones, además de configurar un escenario más complejo para la toma de decisiones. Por lo pronto, resulta poco equitativo al interior del propio sector agropecuario, entre productores y producciones, y fuera del sector, en relación a otras actividades. En el plano de la eficiencia, se genera una nueva distorsión de precios relativos, y la toma de decisiones respecto a inversiones y asignación de recursos se hace más difícil. La soja es unidad de cuenta en muchas transacciones, por lo que el dólar diferencial genera fricciones entre partes (mientras dura), e introduce un nuevo elemento a considerar, la posibilidad de operar bajo un esquema en el que los costos y los ingresos son impactados por diferentes tipos de cambio. Las distorsiones se extienden al interior de la propia cadena, por caso, aguas abajo, en granjas de animales o industrias de transformación no alcanzadas por el beneficio cambiario pero afectadas en sus costos, penalización que se exacerba si además rige sobre algunas de estas producciones algún tipo de control de precios en el mercado interno.

Mientras el gobierno procura acelerar la venta de los stocks, los flujos productivos del 2023 lucen cada vez más amenazados. El desarrollo de los cultivos de verano del ciclo 22/23 (maíz, soja) sigue fuertemente desafiado por la continuidad de un clima muy adverso, creciendo día a día la probabilidad de tener una campaña pobre en cuanto a volúmenes (por demora en la siembra, falta de lluvias a tiempo y la muy probable menor inversión en tecnología e insumos). A los efectos de ir planificando la macro 2023, se construyen tres escenarios productivos, uno que podría considerarse optimista (y poco probable), otro moderado (más realista de lo sucedido hasta el momento) y un tercero más pesimista (supone la continuidad de la sequía por varias semanas más) pero que tiene probabilidad de ocurrencia.

Con precios hoy esperados en los mercados de futuros, se estiman y valúan las exportaciones en los tres escenarios productivos definidos. En el escenario moderado las exportaciones asociadas a la cosecha 22/23 (ciclo comercial) tendrían un valor de USD 36,4 mil millones, con una caída de USD 6,6 mil millones respecto a las del ciclo previo. En el escenario pesimista, se ampliaría la caída a USD 10,4 mil millones, mientras que en el optimista se reduciría a USD 1,6 mil millones.

En Foco 1 – Jorge Vasconcelos y Maximiliano Gutiérrez

El Dólar Soja II no alcanza a esquivar el dilema entre reservas escasas y cada vez más emisión monetaria

El impacto monetario de la experiencia del “dólar soja I” fue gigantesco. En septiembre la autoridad monetaria terminó emitiendo ARS 1.533 mil millones contra la venta de granos de los productores y retirando de circulación ARS 387 mil millones por la derivación de divisas a importadores al dólar oficial. La emisión neta se ubicó en los ARS 1.145 mil millones (28% de la base monetaria de finales de ese mismo mes) y el tipo de cambio al que se acumularon 5,0 mil millones de dólares de reservas terminó siendo cercano a los ARS 230 por dólar.

Con el “dólar soja II”, si el BCRA terminara con compras netas por USD 1.950 millones, el impacto monetario vendría dado por una emisión neta de ARS 510 mil millones, equivalente a 11,5% de la base monetaria. A su vez, el tipo de cambio implícito entre los dólares acumulados y los pesos emitidos sería de ARS 261,4 por dólar, un 52% superior al dólar mayorista oficial promedio, que rige para el resto de las operaciones de comercio exterior.

Se contempla un segundo escenario en el que, frente a las liquidaciones de granos por 3,0 mil millones de dólares, el saldo neto a favor del Central resulte del 50% de esa cifra. Es decir, habría menos acumulación de reservas y menos emisión monetaria, a cambio de un alivio algo más significativo para la demanda insatisfecha de divisas para los importadores.

Atender la cuestión de las importaciones es mucho más acuciante en diciembre que en setiembre, para evitar que se generalicen las suspensiones temporales de actividad en las plantas industriales: en lo que va del año, se ha incrementado el uso del crédito comercial externo por importaciones impagas por una cifra de USD 7.860 millones y no es esperable que este pasivo se siga incrementado a ese ritmo.

Desde el punto de vista de la gobernabilidad, hay un nuevo paso explícito a favor de mantener abierto el crédito del FMI, pero sin poder evitar la continuidad de las presiones inflacionarias que surgen de la emisión monetaria, lo cual impide cerrar la brecha cambiaria, que es “parte del problema” del sector externo. Obsérvese que, durante la experiencia de setiembre, el “dólar libre” se mantuvo estable en los primeros días de vigencia de la norma, pero después recuperó tendencia alcista en términos nominales.

Para diciembre, a la emisión de pesos neta que depare la experiencia del “dólar soja II” hay que computarle factores recurrentes, como el ascendente pago de intereses de las Leliq, que ya representa el 11,6 % de la Base Monetaria cada treinta días; la cobertura del déficit fiscal con transferencias, que este mes podrían alcanzar a 470 mil millones de pesos, junto con las latentes intervenciones en el mercado secundario de deuda en pesos, con vencimientos en el mes en manos de privados estimados en 350 mil millones.

En Foco 2 – Vanessa Toselli y Paula González

El dato regional de la semana: En 15 de las 24 provincias mejoró la transparencia a nivel municipal (respecto a 2021)

En la región Pampeana, el índice promedio de transparencia alcanzó los 39 puntos, mejorando 10 puntos respecto de la situación del año 2021. A su interior, se observa que CABA sigue siendo la localidad más transparente del país. En cuanto a los cambios respecto del año anterior, se tiene que Córdoba y la Provincia de Buenos Aires fueron las que lograron mayores mejoras (entre 28 y 14 puntos) respecto de 2021.

Cuyo, resulta la segunda región en cuanto al nivel de transparencia, con una puntuación de 64 puntos, con mejora de 9 puntos respecto de 2021. Destaca el caso de San Juan, cuyos municipios mejoraron significativamente en el período, mientras que en Mendoza hubo un retroceso de 16 puntos en el promedio de las localidades consideradas. San Luis mantuvo el desempeño de sus municipios en torno a la región, mejorando en 9 puntos respecto de 2021.

En materia de transparencia sigue la región Noreste, con una puntuación promedio de 66 puntos (sobre 100), siendo Misiones la provincia con mejor performance en el año, en lo que hace a la evolución interanual. Por otro lado, Chaco y Corrientes lograron una mejora interanual de 8 puntos. Por el contrario, los municipios de Formosa (Ciudad de Formosa, Clorinda y Pirané) obtuvieron calificación 100 (el mínimo de transparencia registrado) en los ejes de Autoridades, Órganos de Gobierno, Rendición de Cuentas y Presupuesto.

La Patagonia argentina presentó un nivel de transparencia medio / medio-bajo, ya que en tres de las cinco provincias que la componen empeoró la situación respecto del año 2021. Los municipios de Río Negro fueron los más transparentes, logrando una puntuación promedio de 59 puntos, 17 mejor que el año 2021. Le sigue Tierra del Fuego, con una puntuación promedio de 71 en los municipios más poblados, con una mejora interanual de 9 puntos.

En la región Noroeste, la transparencia empeoró en 4 de las provincias que la componen; se mantuvo sin cambios en una de ellas (Jujuy) y mejoró solamente en La Rioja. En la provincia de Catamarca – donde se analizaron los municipios de San Fernando del Valle de Catamarca, Santa María y Valle Viejo – se registró una calificación de 100 (mínimo de transparencia).

Primicias Rurales

Fuente: IERAl

Y ahora…, ¿quién podrá ayudarme????

Y ahora…, ¿quién podrá ayudarme????

Escribe Susana Merlo

Buenos Aires, 1 de diciembre (PR/22) .- Recreando la frase del famoso Roberto Gomez Bolaño, “Chespirito”, en uno de sus sketches más conocidos, que antecedía a la irrupción del Chapulín Colorado, “Y ahora… ¿quién podrá ayudarme??”, hoy tal vez el campo necesitaría del famoso personaje ante la situación ya desesperante que se vive en cantidad de regiones, a causa de la prolongada sequía.

Fondo de reserva permanente de los distintos gobiernos que habitualmente apelaron a la producción agropecuaria para fondear los variados desfases económicos y financieros del país, tanto internos como internacionales, fueron muy pocas las veces que la cadena de la agroindustria, y más especialmente el primer escalón, los productores, recibieron ayudas efectivas oficiales en momentos de crisis.
En realidad, tampoco lo pidieron y, más vale, el reclamo histórico pasó mayoritariamente por reglas de juego clara, igualdad de trato con los restantes sectores, estabilidad, seguridad jurídica, respeto por la propiedad privada, etc. Es decir, nada del otro mundo, o que no sea la base mínima, corriente, para cualquier rubro productivo, e inversores, en los países “normales”, desde los emblemáticos “desarrollados”, hasta los más modestos, como buena parte de los vecinos del Mercosur que gracias a ese tipo de políticas, se fueron desarrollando y creciendo en las últimas décadas, despegándose cada vez más de la Argentina, y su estancamiento.
Sin embargo, mientras en los momentos críticos del país, siempre “el campo” pareció ser el que estaba más a mano, y al cual indefectiblemente se apelaba, en la situación inversa las ayudas en general se caracterizaron por lo magras, y por la demora en llegar, cosa que más de una vez ni siquiera se efectivizó.
Temas tan variados como la defensa (constitucional) de la propiedad privada, que recrudeció exponencialmente con los casos del sur del país y en los que muchos productores quedaron librados prácticamente a su suerte; o los feroces incendios del año pasado que desnudaron, una vez más, la falta de previsión, y preparación, del Gobierno nacional para afrontar estas situaciones y, mucho menos, para aplicar una ayuda efectiva tras los siniestros, son apenas dos de los casos recientes más fuertes, aunque hay muchos otros de inseguridad, de ataques a la propiedad privada, de postergación de obras y servicios públicos para poner a la población rural en un pie de igualdad con las zonas urbanas, y muchos ejemplos más.
El caso ahora es que tras 3 años de sequía, de una “Niña” que parece no querer irse, la situación general del campo hoy es desesperante, no solo en la agricultura y con el fuerte recorte que sufrirá la cosecha anual; sino también en la fruticultura, la ganadería, y el tambo que desploman sus producciones día a día, mientras que los costos de mantenimiento, en el caso de la hacienda, trepan a cifras extraordinarias con el agravante de la falta de algunos insumos por la restricción a las importaciones, y el aumento de otros esenciales, como los combustibles, directamente excluyentes si se quiere evitar, no ya la caída de la producción, sino directamente la mortandad de los animales, algo que comenzó a producirse.
Por supuesto que suponer que ahora se van a derivar partidas, para dirigirlas a una ayuda estratégica para el sector cuando, justamente, se está tratando de recaudar el máximo posible de lo que queda del último ciclo, es más parecido a un acto de voluntarismo, que a una posibilidad real.
Pero si no llueve, además, algo que los pronosticadores prevén ahora recién sobre el arranque del año próximo, encima de los daños extra que se acumulan con cada día de seca, está la posibilidad, para nada remota, de que se vuelvan a extender los incendios, igual que ocurrió el año pasado, aunque ahora ya no está la coartada de que “no se sabía”….
Por eso, sería interesante saber cual es el esquema oficial de previsiones, que pueda permitir que la producción continúe, aún después de semejantes pérdidas, las que van a repercutir tanto el año que está punto de comenzar, como en el 2024 cuando tendrá que hacerse cargo, el nuevo gobierno (sea del signo que fuere). 

Primicias Rurales

Fuente: Campo 2.0

El campo argentino, atrapado en “La doble Nelson”

El campo argentino, atrapado en “La doble Nelson”

Por Agustín Sánchez Sorondo, director de operaciones de Agrology.

Buenos Aires, 28 noviembre (PR/22) — El sector agropecuario está definido por dos tiempos que actúan en simultáneo: los biológicos, que a su vez están inmersos en variables económicas y política. Esto convierte al campo en un negocio muy interesante, amado, complejo y demandante, en el que existen muchos factores que escapan del control del productor y que terminan incidiendo en el famoso margen bruto por hectárea.

En esa línea, las condiciones de la campaña 2022-2023 se parecen mucho a una técnica usada en la lucha libre y conocida popularmente como “La Doble Nelson”, una posición en la cual el ejecutor inmoviliza al rival para causarle dolor e inducirlo a la rendición, trabándole el cuello, la muñeca y un brazo. Así se siente hoy el productor agropecuario argentino, acorralado por variables macroeconómicas, políticas y climáticas que no puede manejar y que ponen a su rentabilidad en una situación asfixiante.

Las dos campañas previas al 2022-2023 habían sido de buenos rindes y costos directos competitivos, lo cual generó precios de alquileres en alza. Los productores siguieron apostando al contexto internacional favorable y los buenos precios de los commodities, entendiendo que estos dos factores ayudarían a solventar los costos sin mayores problemas.

Pero en el horizonte se asomó la tormenta perfecta. Así como el mundo nos ofrece precios de commodities en alza post pandemia, otras variables como la guerra de Ucrania, los problemas logísticos internacionales y el disparo del precio de fertilizantes (insumo clave en el agro argentino), entre otras circunstancias, comenzaron a comprimir cada vez más el Margen Bruto por hectárea.

Como si fuera poco, el clima no ayudóLas lluvias acumuladas a noviembre de 2022 llegan a tan solo un 45% del promedio histórico para la zona productora del país. Los cultivos de fina (Trigo y Cebada) en casi toda la zona productiva están comprometidos. La campaña pasada, la bolsa de Cereales de Rosario pronosticó en esta fecha 23 millones de toneladas, y este año llevamos tan solo 11.8 millones de toneladas, es decir, la mitad.

Cuando nos preguntamos cuánto afecta la lluvia en esta época, podemos tomar la siguiente regla lógica. En los lugares donde llovió 30 mm, se puede asumir que ese cultivo podrá mejorar 500 kg/ha. A precios de hoy, equivale a una sobre facturación entre 150 a 180 usd/ha (aproximadamente 5 usd el mm de agua). Es evidente que las lluvias juegan un papel decisivo sobre los márgenes.

Analizando los datos de Agrology, la comunidad que aglomera a más de 5 millones de hectáreas agrícolas en Argentina, el productor promedio invirtió en esta campaña 600 usd/ha para el trigo y cebada en insumos y labores, siendo el fertilizante el insumo más importante, llegando a los 350 usd/ha. Si a esa inversión le agregamos un alquiler promedio de 300 usd/ha, más un costo de cosecha de USD 60/ha llegamos a unos costos directos de 960 usd/ha. Tomando el precio de Trigo a 300 usd/tn, el productor debe tener un rendimiento de 3.200 kilos/ha para cubrir sus gastos directos (lo llamamos rinde de indiferencia).

Los primeros datos de rendimiento promedio en Agrology están rondando los 2000 kilos/ha, y más de 50.000 hectáreas que están siendo pastoreadas o quemadas porque directamente no pueden cosecharse. Sale más caro cosechar que el rendimiento que se puede obtener.

En el siguiente gráfico puede observarse la evolución de la relación Insumo – Producto entre el precio de la urea y el precio del trigo, fuente de la comunidad Agrology de los 3 últimos años, y claramente notamos que este año llegamos a la siembra con la peor relación de la historia (con picos de 4,5), y aunque ahora notemos ciertas mejoras, la falta de precipitaciones termina acentuando esta problemática. Tomamos al fertilizante por su alto peso especifico en los costos directos.

 
 

Para resumir, el productor argentino no controla precio de venta, no controla precio de compra, solo puede ser eficiente en la producción. Pero el año que no llueve y sin amortiguadores de parte del Estado, el negocio queda muy comprometido, no todos lo resisten y los más chicos son los más perjudicados. Es por eso que este año el campo argentino fue víctima de La Doble Nelson, en un contexto donde encima la siembra gruesa viene muy retrasada en avance y las perspectivas de lluvias para las próximas semanas tampoco son muy alentadoras.

Primicias Rurales

El 2022 está dejando en evidencia todo lo bueno, lo malo y lo feo de la economía argentina

El 2022 está dejando en evidencia todo lo bueno, lo malo y lo feo de la economía argentina

Jorge Vasconcelos jvasconcelos@ieral.org

Buenos Aires, 8 noviembre (PR/22) — La Argentina necesitó once años para superar el récord de exportaciones de 2011, y lo está logrando en 2022, con un estimado de ventas al exterior de 89,0 mil millones de dólares, pero lo está haciendo no por volumen sino por extraordinarios precios internacionales y, pese a esto, el Banco Central está terminando el año sin haber podido recuperar reservas externas, con un valor neto que a diciembre podría estar en 3,0 mil millones de dólares, equivalente a medio mes de importaciones.

Hace años se había descubierto el potencial de Vaca Muerta, y esto queda en evidencia ahora que retornan las inversiones a Neuquén, por lo que el incremento de la producción de gas y petróleo del país habrá de superar el 10 % interanual este año, pero la falta de reglas de juego apropiadas ha demorado todo el proceso, por lo que en 2022, por la suba de precios internacionales, estaremos batiendo el récord de importaciones energéticas, con una cifra del orden de los 12,0 mil millones de dólares.

En cada pliegue de la economía del país es posible encontrar valiosos ejemplos de todo lo que se podría hacer para progresar y prosperar y, al mismo tiempo, de todo lo que impide que se aprovechen las oportunidades.

De un modo u otro, la economía argentina está atrapada en un statu quo por el que aparece condenada al estancamiento, con exportaciones que no despegan, salvo cuando hay buenos precios internacionales y con un mercado interno que sólo puede crecer de modo vegetativo, al ritmo de la variación de la población.

En la década de estanflación iniciada a fin de 2011, se intentó utilizar el gasto público de las tres jurisdicciones (nación, provincias y municipios) como instrumento de crecimiento, pero el fracaso de este enfoque se percibe en los dos extremos, con una tasa de pobreza que estará terminando el año en torno al 38%, e indigencia en el 10 % y, por el otro lado, con el grueso de las actividades productivas agobiadas por los impuestos y las regulaciones.

Al haberse superado los límites del gasto público financiable en forma genuina, se ha cristalizado una macroeconomía sumamente inestable, ya que el déficit fiscal ha llevado a endeudamiento, pérdida del crédito externo y emisión monetaria. El estado pasó a buscar atajos para financiarse y aparecieron los cepos al cambio y al comercio exterior, que permiten a los gobiernos “cazar en el zoológico” los pesos atrapados e intentar “durar” con trabas a exportaciones e importaciones que intentan disimular la pérdida de competitividad del país.

 

Primicias Rurales

Fuente: IERAL Fundación Mediterránea

 

 

Y ahora…, ¿quién podrá ayudarme????

¿Ajuste por precio, o por cantidad?

Escribe Susana Merlo

Buenos Aires, 1 de noviembre (PR/22) .- ¿Ajuste por precio, o por cantidad? Es la pregunta del millón para la próxima cosecha. Es que al margen de lo que ocurra en la Argentina con los cultivos, y los negativos efectos de la sequía, ahora es el mundo en general, y nuestros compradores en particular, los que también están sufriendo los efectos de una recesión cuyos alcances aún son indefinidos.

Es cierto que aunque menores a los máximos de hace algo más de un año, los valores que aún se pagan por los granos están todavía por sobre la media, pero también vale reconocer que los costos de producción crecieron casi en forma proporcional.

Por otra parte, fue la singular caída de lo stocks lo que le dio sostén a aquellos precios, y se sabía que cuando comenzaran a entrar mejores cosechas, tales valores se iban a ir normalizando.

Por supuesto que en medio apareció la pandemia, que en su primer año demolió la demanda, y cuando esto comenzaba a normalizarse irrumpió una inexplicable guerra entre Rusia y Ucrania que alteró el estratégico comercio en el Mar Negro, además del hecho para nada menor de que el conflicto es entre dos de los principales productores de trigo y girasol.

Así las cosas, la economía mundial comenzó a acusar recibo de los terribles costos que implicó el Covid para todo el mundo, y la emisión forzosa que conllevó la enfermedad, que derivó en un fuerte salto inflacionario mundial que aún no se sabe ni cuando, ni como terminará.

¿Por qué está breve y simplificada síntesis?, porque hay que tener absolutamente claro que hay menos plata en el mundo (en realidad, hay más plata, pero con menor valor) y que, por lo tanto, si no se produce otro hecho inesperado, es probable que las cotizaciones de los productos vayan bajando paulatinamente, siempre con cierto sostén, porque aún falta para la recomposición de los stocks mundiales.

Ahora bien, no es fácil tratar de definir un panorama hoy en plena cosecha estadounidense, una de las más importantes del mundo, y que también sufrió algunos daños por el clima. Sin embargo, pareciera que esos fueron algo menores a los previstos hace 2-3 meses atrás, lo que constituye un factor bajista.

Sin embargo, los problemas de clima en Sudamérica, y más aún, el reciente empeoramiento de la situación en el Mar Negro, son alcistas, lo que seguramente se irá comprobando en los próximos días.

Es que ante el refortalecimiento de la posición ucraniana, y el retroceso de las fuerzas soviéticas, el presidente ruso Vladimir Putin acaba de denunciar el acuerdo que permitía la circulación alimentaria, especialmente de granos y sus derivados por el Mar Negro, lo que seguramente volverá a tensar la situación de los mercados, a pesar del debilitamiento relativo que está registrando la demanda internacional.

Para completar el complejo panorama, habrá que ver cuál es el accionar de Brasil, el principal socio del Mercosur y comprador de Argentina, a partir del nuevo periodo Presidencial de Lula Da Silva.

De hecho, ya se sabe que en esta campaña el país vecino comprará trigo de Estados Unidos, probablemente de Canadá, y también de Rusia, lo que deja expuesto el fracaso de la cosecha argentina de trigo, y el deterioro irreversible que le provocó la sequía de este año.

Ahora bien, aunque es cierto que en esta campaña 22/23 la cosecha local va a fracasar limitando sensiblemente el tonelaje de exportación, que pasará en los próximos ciclos?, Brasil volverá a la Argentina, o aprovechará para mantener la diversificación de su oferta dejando de lado las preferencias Mercosur???.

Para los productores argentinos, en plena campaña y momento de decisiones, las perspectivas de corto y mediano plazo son cada vez más dudosas. Para colmo, la cosecha de la gruesa ya se va a hacer en tiempo de descuento de las PASO ( si se hacen), y a muy pocos meses de las presidenciales, cuando habitualmente el “ populismo” está en todo su apogeo….

En estas condiciones, hay algún otro sector que se anime a enterrar dólares por seis meses o un año???

 

 

Primicias Rurales

Fuente: Campo2.0