Es imposible seguir así

Es imposible seguir así

Buenos Aires, 1 de setiembre (PR/21) .– El Gobierno nacional dispuso prorrogar el cierre de exportaciones de carne vacuna, esta vez por sesenta días, desoyendo todo señalamiento de la realidad y tan solo para rapiñar algunos votos con un mensaje parcial y fraudulento.

El Gobierno cree que cerrando exportaciones crece el empleo y la inversión.

El Gobierno piensa que así no se rompen, ni mercados ni compromisos comerciales.

El Gobierno piensa que no destruye empleo en plantas frigoríficas y en la cadena cárnica.

El Gobierno relativiza o ignora los efectos en el precio al productor, que genera el cierre de exportaciones.

El Gobierno piensa que no necesitamos dólares provenientes de exportación porque nuestra economía, desfalleciente, no los necesita.

El Gobierno cree que la política económica actual, nos sacará de la crisis social en que vivimos.

El Gobierno cree, que lo único que importa son las elecciones, es decir garantizar su supervivencia como casta, sin importar lo que se haga en el día a día, como si ello no tuviera consecuencias futuras.

El Gobierno no aprendió del cierre de exportaciones del Gobierno kirchnerista anterior, ni registró la caída del stock ni tampoco registró el aumento del precio de la carne por baja de oferta.

El Gobierno cierra exportaciones y aumenta presión fiscal sobre el sector productor y cree que ello no tiene límites.

El Gobierno, nos entretiene con un supuesto plan ganadero, verdadero ejercicio de corta y pegue para distraer y no para generar una política pública sostenida en el tiempo.

El Gobierno, con su presidente a la cabeza, promete rectificaciones que luego no cumple.

El Gobierno carece de gestión real en el Ministerio de Agricultura.

El Gobierno se niega a dialogar con las entidades de productores y busca marginarlas reemplazándolas por entidades no representativas.

El Gobierno quiere llevarnos a la confrontación permanente, con la convicción ideológica de crear un enemigo.

El Gobierno agrede, lastima, desprestigia e ignora al campo.

El Gobierno se encierra en su discurso de contradicciones y falacias.

La paciencia es un acto de inteligencia, de mesura, de autocontrol, pero también tiene límites, desde CRA expusimos ideas, llevamos propuestas y demostramos una paciencia, que no debe entenderse como inacción.

Nos han empujado con pésimas decisiones y mentiras a defender nuestros derechos, a sostenernos como productores y a expresar la verdad de lo que sucede, lejos de toda cuestión electoral, porque no está en juego una elección, lo que está en juego es el futuro de la República.

Primicias Rurales

Cuando el miedo gobierna

Cuando el miedo gobierna

Por Marianela De Emilio I Analista del Mercado de Granos y Docente de Agroeducación

Buenos Aires, 25 de agosto (PR/21).– Una de las emociones más destructivas, si no es bien utilizada, es el miedo, y los mercados, formados por personas/empresas/grupos económicos, etc., son vulnerables a los efectos del miedo, técnicamente descripto como aversión al riesgo, lo que puede ocasionar decisiones que resulten en fuertes cambios de rumbo, que destruyen valor en el camino, afectando a los mercados más frágiles.
El miedo o aversión al riesgo tiene hasta índices en los mercados bursátiles, para ser medido, y, luego de atravesar más de la mitad del 2021 con mercados internacionales en alza, principalmente de granos (trigo, soja, maíz, girasol, etc.), comienzan a sonar voces que activan alarmas, y grandes capitales comienzan a moverse hacia lo que se considera mercados más seguros que el mercado de granos. Veamos algunos de los argumentos más escuchados, y el efecto temido sobre los mercados en general, y los agrícolas en particular.

Cambio climático: Fue titulado como “alerta roja para la humanidad”, las conclusiones del secretario general de Naciones Unidas (ONU), respecto de un informe publicado el pasado 9 de agosto por ese organismo, sobre cambio climático. Es el informe más completo hasta la fecha, y presenta números concretos respecto a la influencia humana sobre el calentamiento global, el aumento del nivel del mar, y la evolución probable de acontecimientos, de no tomar cartas en el asunto. Los científicos se muestran esperanzados acerca de reducir las emisiones de gases de efecto invernadero, que causa el aumento de temperatura, para lo que una de las principales metas es reducir el uso de energías fósiles, es decir, todo lo derivado del petróleo. Una de las principales expectativas esta puesta sobre vehículos que funcionen con energía eléctrica u otras formas de energía, que suplanten al combustible convencional. En este punto, la respuesta se verá en bajas sostenidas del precio internacional del petróleo, y por derrame, los biocombustibles recibirán el mismo impacto, así como los precios de los cultivos usados para biocombustibles (soja, maíz, caña de azúcar, etc.). Esto no ocurrirá de un día para el otro, pero los mercados comienzan a tomar esta información, como amenaza en menor demanda de granos y baja de precios. En noviembre de este año se hará la cumbre climática global COP26, y el informe emitido por la ONU tendrá gran peso en ese evento, a partir del que podrían surgir decisiones internacionales que afecten los mercados en el corto y mediano plazo.

Resurgimiento de amenaza sanitaria global: El miedo por informes de una nueva cepa de coronavirus, que afectaría de manera global, y escuchar que el cierre de ciudades o países vuelve a ser una alternativa a considerar, para evitar su propagación, genera impactos de corto plazo en los mercados del mundo, que reaccionan escapando de mercados riesgosos, como los de granos, y apostando por mercados más seguros, como bonos del tesoro americano, oro, entre otros. La quita de capitales del mercado de granos, resulta en bajas de precios internacionales.
Quita de incentivos económicos en Estados Unidos: El pasado 19 de agosto se reunieron los directivos de la Reserva Federal de Estados Unidos (FED), para consensuar sobre la quita de estímulos económicos que vienen entregando a través de diferentes mecanismos, a la población y empresas estadounidenses. Si bien, hasta fin de año, no se espera suspender estos estímulos, está en agenda que, más temprano que tarde hay que reducirlos y/o eliminarlos, ante la recuperación de la economía estadounidense, y la necesidad de limitar la inflación en ese país, cuya meta es no superar el 2% anual. El efecto de esto sería una revaluación del Dólar estadounidense, y resultaría en baja de precios de los granos, ya que, para que Estados Unidos pueda ser competitivo con sus exportaciones de granos, baja sus precios para compensar el mayor valor del Dólar que deberán pagar los países que le compran cereal u otras materias primas. Sabemos que, de pasar esto, los precios internacionales impactaran en nuestros precios de granos, con bajas.
Clima en los principales exportadores de granos: Uno de los eventos más temidos los últimos meses, fue la sequía en Estados Unidos, considerando que este país siembra cuando Argentina cosecha, y viceversa, la sequía y las altas temperaturas de muchos estados productores de soja y maíz durante junio y julio, podía resultar en fuertes recortes productivos para este gran exportador, y sostuvo los precios internacionales en niveles altos. Sin embargo, el pasado 20 de agosto, finalizó un clásico recorrido agrícola en USA, el profarmer tour 2021, que, después de visitar campos y monitorear el estado de los cultivos, midiendo potenciales rendimientos, informó que las pérdidas de cosecha por sequía, de algunos estados productores, podrían ser compensadas por los excelentes rendimientos de otros estados, que recibieron lluvias y temperaturas óptimas durante su ciclo productivo. Esto quita del medio un condimento de miedo, hacia no disponer de mercadería, por parte de los compradores de materias primas, y los precios tienden a bajar. Lo que viene es Sudamérica, y la amenaza de sequía en Brasil y Argentina, que ya comienzan con tareas de siembra, y grandes superficies de suelo productivo, no disponen de humedad suficiente, mientras los pronósticos de lluvias hasta noviembre 2021 no son nada prometedores, con la consecuente amenaza productiva, y la continuidad de bajante del Río Paraná, vía de salida del mayor volumen de exportaciones agroindustriales del país. Esto sostendrá a los mercados internacionales con temor de menor producción, y en el mediano plazo, según la evolución del clima, sostendrá o no los altos precios internacionales.

Cambio climático global, amenaza de resurgimiento de crisis sanitaria y Dólar estadounidense más fuerte, pone a los agentes del mercado muy susceptibles al riesgo, y el temor gobierna parte de las decisiones, quitando capital del mercado de granos y subproductos, impactando en baja de precios. Para comprender como estas noticias tan globales afectan a nuestro país, repasemos que Argentina necesita imperiosamente ingreso de divisas, que casi 70% de las divisas que ingresan de las exportaciones, provienen de productos primarios y manufacturas de origen agropecuario, más específicamente, 43% de las exportaciones provienen de los complejos de soja, maíz y trigo. En los siguientes gráficos puede verse el volumen exportado del complejo sojero (grano, harina y aceite) entre enero y junio del 2020 y 2021, que prácticamente no cambió, ya que la sumatoria de productos sumó 19,25 millones de toneladas exportadas en 2020 y 19,58 millones en 2021, pero vemos el precio promedio que recibió el país por esas exportaciones, y, mientras en 2020 fue U$S 375,5/TN, en 2021 fue U$S 556,5/TN. Es decir que Argentina recibió un precio casi 50% superior en sus exportaciones del complejo de soja en el primer semestre del 2021 versus el 2020. Algo similar ocurrió con el complejo maicero (grano y aceite), y el triguero (grano y harina), en los tres se observa un notable incremento de precios, que resultó en mayor ingreso de divisas al país.

Fuente: Elaboración propia en base a datos del MAGYP
En el último gráfico tenemos la sumatoria de divisas que ingresaron por estos tres complejos agroindustriales, en el primer semestre del 2020 y 2021, y, a pesar del menos volumen exportado de maíz y trigo, en suma, ingresaron más de U$S 4.000 millones de Dólares que el año pasado.

Conclusiones: De los cuatro grandes aspectos analizados, para comprender donde se enfocan los mercados internacionales, el único elemento que permitiría potenciales subas, es el clima en América, Estados Unidos, Argentina y Brasil principalmente. No obstante, eso nos perjudicaría por menor volumen potencial de exportaciones, en caso que haya un quebranto productivo en la próxima cosecha. Más del 40% de las divisas que ingresan al país, provienen de tres cultivos muy amenazados por los mercados internacionales. Vemos este año como el mayor ingreso de divisas se logró gracias a las subas internacionales ¿qué ocurrirá si el miedo golpea a los mercados y los precios bajan?
Nuestro mercado exportador, nuestro potencial ingreso de divisas, es muy frágil y vulnerable a cambios de rumbo en los mercados internacionales. Conocer y asumir esta realidad, tiene que ser la chispa que encienda propuestas para fortalecer nuestras debilidades, lo que solo se logrará con desarrollo de alternativas de agregado de valor y valentía para abrir caminos construyendo calzadas y no barreras. Cuando el valor supera al miedo, las decisiones se ponen en movimiento.

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Los cultivos que ganan terreno en Norpatagonia

Los cultivos que ganan terreno en Norpatagonia

Por Darío Martín*.
Buenos Aires, 22 agosto (Especial para NA) — En la última década, la superficie cultivada con nogales, avellanos y almendros fue ganando terreno en la Norpatagonia.
A raíz de su rentabilidad y gran demanda, el interés en la producción de frutos secos se expande en los valles irrigados de los ríos Negro, Limay y Neuquén, con alrededor de 3.770 hectáreas.
La explicación del interés creciente en la región por la actividad está en el potencial productivo y la rentabilidad, tanto por la demanda del mercado internacional y del consumo local, como por perecedero de los frutos, lo cual facilita su postcosecha y comercialización.
Pese a ser el almendro el fruto seco que menor superficie ocupa en la región, es el que más creció en el último tiempo.
Actualmente está en unas 287 hectáreas, lo cual representa un aumento del 420% en los últimos 10 años.
Recientemente, en el INTA Valle Inferior iniciamos la evaluación de tres variedades de almendros autofértiles y de floración extra tardía en las condiciones agroclimáticas de la región.
Al tener en cuenta el impacto de las heladas primaverales en el cultivo, consideramos pertinente utilizar sistemas activos de control de heladas y elegir variedades que florezcan lo más tarde posible, para reducir el riesgo de pérdidas.
Las plantaciones de almendro se localizan en las zonas de los Valles del Río Negro y Neuquén con 212 y 75 hectáreas, respectivamente.
En cuanto a las variedades, la más empleada es la Guara, caracterizada por su floración tardía, aunque las nuevas plantaciones están constituidas por otras de floración extra tardías, siendo una de la más frecuentes la Marinada.
El cultivo con mayor superficie productiva es el nogal, con unas 2.800 hectáreas.
Su producción se extiende en el Valle Inferior de Río Negro -con 940 has-, el Valle Medio y Alto Valle del Río Negro -con 1.300 y 252 has-, y los valles neuquinos, con 310 hectáreas.
La variedad más extendida es Chandler, con buenos atributos productivos que aseguran mayor rendimiento y calidad de fruto, aunque ante la ocurrencia de heladas tardías y pérdidas por bacteriosis y carpocapsae tiene ciertos condicionantes.
Sin embargo, esta variedad alcanza altos rendimientos -entre los 4.000 y 5.000 kilos por hectárea (kg/ha)- y es de excelente calidad.
El destino es principalmente el consumo interno y, en menor medida, el mercado externo.
En los últimos años, no obstante, los volúmenes exportados tuvieron tendencia creciente a raíz de nuevos actores, como productores y empresas, que incursionaron en diversos mercados internacionales y realizaron hasta exportaciones conjuntas entre productores de los diferentes valles.
Los valles Norpatagónicos se han convertido en la principal zona productora de avellanas en Argentina.
Con 690 hectáreas, en su mayoría en el Valle Inferior, el área cultivada del avellano creció el 29 % en los últimos 10 años.
Y con respecto a las variedades, la más cultivada es la Tonda di Giffoni, con muy buenos atributos industriales, seguida por la Barcelona, cuyo fruto es más apto para el consumo de mesa.
Estas se destinan sobre todo a exportación, a través de una empresa instalada en Valle Inferior, la cual compra y exporta la producción propia y de terceros. El mercado interno también es atractivo, a raíz del incremento del consumo en los últimos años y de la preferencia por las avellanas locales en relación con las importadas de origen español o turco, que son menor tamaño.
En la región, el sector cuenta con el Clúster de Frutos Secos, en el cual participan instituciones públicas y privadas de Río Negro y Neuquén, entre las que se destacan organizaciones de productores de los diferentes valles, las universidades de Río Negro y Comahue, el INTA, el Centro PyME ADENEU, el Ministerio de Producción de Río Negro, CREAR e IDEVI.
La conformación del clúster facilitó la concreción de diferentes proyectos en áreas estratégicas del sector en lo que respecta a tecnología de producción, formación de recursos humanos, mercados, la instalación de centros de acondicionamiento y de valor agregado, lo que permitió el desarrollo de la actividad y el posicionamiento de la región como proveedora de frutos secos.
(*) Especialista del área de fruticultura del INTA Valle Inferior.

Primicias Rurales

Fuente: NA

Poner el foco en el sistema perverso de las retenciones

Poner el foco en el sistema perverso de las retenciones

Por Pablo Adreani*.
Buenos Aires, 15 agosto (Especial para NA) — Tener una agroindustria de soja competitiva que pueda realmente competir con los tres principales países procesadores de soja del mundo, China, Estados Unidos y Brasil, necesita de un sistema arancelario que no perjudique el agregado de valor.
Y principalmente que no perjudique a los productores, quienes son los responsables del primer eslabón de la cadena.
Y aquí es donde hay que poner en foco, no en las retenciones sobre la soja, los aceites y los subproductos, sino en el impacto de las mismas sobre el margen bruto de los productores.
Como dato de la realidad, el año de la fuerte baja en el precio internacional de la soja, 2018-2019, el gobierno de los Estados Unidos otorgó a los farmers americanos un subsidio directo no reintegrable de US$ 9.000 millones.
El actual sistema de retenciones que se calculan sobre el precio FOB implica que buena parte del impuesto recae sobre costos extras, como impuestos internos, sellados, inspecciones Senasa, controles AGP y finalmente sobre el costo de elevación en la terminal portuaria.
Para cuantificar este sobrecosto que no tiene relación con el precio de la soja, podemos estimar un costo operativo de exportación de US$ 12 la tonelada y con las retenciones a la soja del 33% el Gobierno se lleva US$ 4 adicionales, por gravarse los mismos sobre costos e impuestos.
A nivel del perjuicio económico para el productor, las retenciones sobre el precio FOB, por ejemplo 535 US$/ton , equivalen a 176 US$/ton.
En un campo que rinde 4.000 kilos por hectárea (ha) de soja, la exacción que sufren los productores por el 33% de retenciones, equivale a 704 US$/ha.
Esta cifra supera el costo de producción por hectárea, que incluye labores, semillas, agroquímicos, fertilización y cosecha.
En la realidad los productores de Argentina tienen un costo de producción que duplica el costo de producción de sus pares americanos, brasileros, uruguayos, paraguayos y bolivianos.
Cuesta creer que el productor argentino pueda competir en estas condiciones, y si lo hace es por el alto nivel tecnológico y las bondades de la Pampa Húmeda.
Analizando el negocio hasta la tranquera, al aplicarse las retenciones sobre el precio bruto de la soja, en este caso los precios FOB son letales en aquellos casos donde el productor tuvo un problema climático y menor producción o en los casos de fuerte baja en el precio del mercado.
Ejemplo sencillo: con un rinde de 4.000 kg/ha el productor con un precio de soja de 330 US$/ton tiene un ingreso bruto de 1.320 US$/ha, descontado costos fijos y variables por 450 US$/ha, tiene un ingreso neto de 870 US$/ton.
A esto habría que descontar los gastos de estructura y los impuestos locales y provinciales.
Mientras tanto el gobierno recauda 704 US$/ha en concepto de retenciones.
Si el productor tiene un problema climático y el rinde baja a 2.000 kg/ha, el ingreso bruto es de 660 US$/ha y el ingreso neto es negativo, pero el Gobierno sigue recaudando 352 US$/ha.
Y este es el caso donde el productor se funde, y el Estado sigue recaudando por las retenciones. Lo mismo sucede si el precio de la soja baja.
En el caso de las retenciones al complejo agroindustrial, la soja tributa el 33% y el aceite y la harina de soja el 31% en cada caso.
Existe un preconcepto y error conceptual por parte de algunos grupos minúsculos de productores, que este diferencial del 2% es el que les permite ganar plata a los industriales aceiteros.
Nada más alejado de la realidad y grave error de análisis, que es producto del desconocimiento de cómo funciona el sistema impositivo.
Este diferencial del 2% le permite a la industria aceitera pagar 10 US$/ton más de lo que podría pagar el exportador de soja como grano, sin valor agregado, pero además el diferencial tiene como principal objetivo igualar el trato tributario entre los exportadores de grano de soja y los procesadores exportadores de aceite y harinas de soja.
Y si alguien pensara que igualando las retenciones del aceite y la harina, llevando las mismas al 33% igual que la soja grano, implica esto que el productor recibirá mas precio por su soja, se esta equivocando.
Por ejemplo, el 33% sobre el precio del aceite de soja, 1250 US$/ton equivale a un sobrecosto para la industria de 25 US$/ton.
En el caso de la harina de soja, a un precio FOB de 400 US$/ton, el sobrecosto es de 8 US$/ton.
Si ponderamos los dos sobrecostos considerando el rinde industrial del proceso del poroto de soja, que produce el 18% de aceite y el 78% de harina, llegamos a un sobre costo de producción neto de 10,74 US$/ton.
Este 2% de diferencial es una cuestión de equidad tributaria para poner en igualdad condiciones al exportador de poroto de soja y a la industria aceitera, que exporta valor agregado, aceite y harina de soja.
Volvemos entonces a repetir, «es un error conceptual pensar que el 2% es un beneficio para la industria, se trata de igualar las condiciones tributarias de ambos sectores, exportadores e industriales».
En otro orden, la demanda de poroto de soja se concentra en apenas tres meses posteriores a la cosecha, una vez que la demanda de exportación cumple sus compromisos de ventas, los exportadores se retiran del mercado, mientras que la industria aceitera compra durante los 12 meses del año.
Poder tener una industria procesadora de soja es también una ventaja para los productores, en años como el 2018 cuando hubo serios problemas de calidad en el grano por factores climáticos previos y durante la cosecha, la industria aceitera flexibilizó las condiciones de recibo bonificando más del 50% los descuentos por tablas.
Esta bonificación nunca podría haber sido aplicada por los exportadores de poroto, pues la condición de los contratos de exportación es calidad de soja Grado 2 o mejor de acuerdo a estándares internacionales.
Mientras que las aceiteras compran condición de recibo fábrica, lo que les permite ser mucho más flexibles que los exportadores de soja, a la hora de recibir el grano en sus plantas de procesamiento o en sus puertos.
Por todo esto consideramos que los productores y la industria aceitera deben ser aliados, y no considerarse enemigos.
Si le va bien al productor, le va bien a la industria, y si le va bien a la industria, le va bien a los productores.
Ambos tienen que trabajar para aumentar la producción de soja en Argentina, y que podamos conquistar y ampliar nuevos mercados.
Este debe ser el objetivo común y no discutir posiciones individualistas e ideológicas que terminan en el reclamo del diferencial del 2% que ha sido demostrado que no resulta en ningún beneficio directo para la industria.
Es el sistema perverso de las retenciones lo que confunde donde hay que poner el foco de la discusión.
(*) Consultor. Ingeniero agrónomo.

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Fuente: NA

Patrimonio y algo más

Patrimonio y algo más

Por Néstor Roulet*.
Buenos Aires, 8 agosto (Especial para NA) — Con la excusa de que la tierra tiene una renta «extraordinaria», el Estado se queda con el 57% de los dólares que ingresan de una hectárea de soja, quedándole al productor sólo el 7%, tras descontar costos de producción, infraestructura e impositivos.
Así, con un resultado final de 131,89 de dólares por hectárea (U$S/ha) un productor agropecuario necesita -a un valor de 12.000 U$S/ha- 90 años para comprar una hectárea de campo.
Estos números nos dan una rentabilidad del 1,01% por hectárea, lo que nos obliga a preguntarnos ¿Es realmente el campo merecedor de estas expresiones «ideológicas»?.
Este bajo ingreso -con rindes promedios altos y rezando que llueva todos los días- ha convertido al sector en un negocio de alto riesgo, donde la meta en definitiva es obtener sólo una renta financiera.
¿Cuál es la causa para que esto suceda? Este Gobierno necesita del dinero -del campo, de los jubilados, del Banco Central- para lograr su objetivo de dependencia económica y social de la población y convertirse en un Estado paternalista.
Esto sumado al debilitamiento de las instituciones republicanas y al fortalecimiento ideológico, proponiendo enemigos del sistema, forman un esquema ideal para la instalación de un Gobierno populista.
De ahí el planteo a la sociedad de «la renta extraordinaria de la tierra», sin antes asegurarse que sean otros los que arriesguen y trabajen para luego quedarse -si llueve y todo va bien- con la mayor parte de las ganancias.
En definitiva, no le importa si los que producen pueden soportar esta presión tributaria o si el sistema tiene sustentabilidad técnica y social. Simplemente le interesa que se produzca para quedarse con la plata.
Esta acción incentiva la concentración productiva en el país, ya que la presión tributaria deja sin competitividad al pequeño y mediano productor dejándolo desprotegido ante grupos económicos que entran al negocio con expectativas financieras, quedándose con su medio productivo, destruyendo un sistema de vida que es «producir viviendo en el interior».
Lo increíble de historia, es que mientras el productor agropecuario de la provincia de Buenos Aires necesita 90 años para recuperar la «inversión tierra», el Estado con lo que recauda por esta hectárea de soja – 1.020,23 U$S/ha-, sin riesgo y siendo socio sólo en las ganancias, en tan sólo 12 años se queda con el valor de estas tierras.
No sólo despoja al productor agrícola de una renta necesaria para seguir invirtiendo en innovación y tecnología, sino que ese dinero no queda en las localidades del interior, lo que redundaría en un mejor bienestar económico.
Por ejemplo, teniendo en cuenta que en el partido de Pergamino donde se siembran alrededor de 155.000 hectáreas de soja, el Estado Nacional recauda U$S 93 millones de retenciones y U$S 56 millones de impuestos coparticipables, de los cuales U$S 27 millones quedan en sus arcas, sumando un total de U$S 120 millones, alrededor de 12.000 millones pesos.
¿Cuál es el Presupuesto aprobado para el partido de Pergamino para el 2021? Unos 3.000 millones de pesos.
Es decir, el Estado Nacional se lleva, solo con el cultivo de la soja, 4 presupuestos anuales de ese partido.
Esta política extractiva desalienta el federalismo y degrada la institucionalidad del país.
Lo que deben entender en el Gobierno Nacional es que cuando se queda con el dinero del «interior productivo» devolviéndole sólo migajas, y condicionadas al sometimiento de gobernadores e intendentes, se está quedando no sólo con parte del progreso de nuestros pueblos, y con nuestro patrimonio productivo y social, sino con la dignidad de los mismos.
(*) Ex vicepresidente de CRA y ex secretario de Agregado de Valor durante la administración Macri.

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Fuente: NA

 

En un mercado intervenido, se reducen fuerte las exportaciones de carne bovina

En un mercado intervenido, se reducen fuerte las exportaciones de carne bovina

Por Juan Manuel Garzón*  

Buenos Aires, 5 agosto (PR/21) — En el mes de junio las exportaciones de carne bovina se ubicaron en 34,1 mil toneladas (peso producto), retrocediendo un 45% respecto de las colocaciones del mes previo (INDEC).

La intervención del gobierno, primero vía suspensión de envíos, luego estableciendo un cupo a los volúmenes, castigó con fuerza el comercio exterior de la cadena.

El pobre desempeño argentino contrasta con lo sucedido en países vecinos, también productores y exportadores, donde las exportaciones crecieron tanto en Brasil (+11%) como en Uruguay (+2%) en el mismo período

Tomando como referencia los volúmenes exportados en el 2020 según tipo de operaciones (afectadas y no afectadas por el nuevo marco normativo) y los precios internacionales de últimos meses, se estima que las nuevas reglas sobre el comercio exterior tienen un costo anualizado en términos de exportaciones no realizadas de aproximadamente 1.100 millones de dólares; este monto probablemente subestima el real costo de la medida considerando la posibilidad perdida de colocar este año mayores volúmenes en un contexto de recuperación de la economía global y del consumo de carne bovina.

El cepo sobre las exportaciones castiga con particular intensidad al productor ganadero.

En los últimos dos meses el novillo se valorizó entre un 4% y 10% en los países vecinos (animal en pie, en USD / kilo), mientras que en Argentina acumula una caída del 8%.

Finalmente, en lo que hace a precios consumidor, la carne aumentó 8% en junio respecto del mes previo (IPCVA, canasta 18 cortes), un movimiento contrario a lo que esperaba el gobierno tras su intervención al mercado.

Estos precios que paga el consumidor deberían, en principio, empezar a estabilizarse (e incluso bajar en términos reales) considerando la baja estacional que suele tener la demanda en los meses del invierno y el re-direccionamiento de carne desde el mercado externo hacia el interno que está forzando el gobierno, aunque esto dependerá también de cómo evolucionen la producción de carne y la recuperación de la economía argentina.

Debe recordarse que el gobierno intervino el mercado de exportación a mediados del mes de mayo, suspendiendo primero operaciones por 30 días (Resolución MAGyP Nº75/2021) y luego restringiendo envíos a una cuota equivalente al 50% de los volúmenes del segundo semestre del año pasado (Decreto PEN Nº408/2021), dejando afuera de este límite sólo operaciones realizadas con países que otorgan acceso preferencial a Argentina (envíos UE Cuota Hilton, Cuota UE 481 y Cuota Estados Unidos, básicamente).

Bajo el nuevo marco regulatorio, en cada operación los frigoríficos deben presentar una Declaración Jurada de Exportación que es autorizada en la medida que ésta cumpla con la restricción de volúmenes definida por la nueva normativa.

Como era de esperar el mercado destino más afectado por la medida adoptada por el gobierno argentino está siendo China, principal comprador de carne bovina congelada en los últimos años, y quien concentra mayoritariamente las operaciones que caen bajo la nueva regulación; los envíos de junio al gigante se redujeron 47,4% respecto a los del mes previo (un ajuste de 24,5 mil toneladas).
También se observa una caída significativa de ventas en otros mercados (-54,0% Chile, – 48,6% Brasil, etc.), que no son tan relevantes en el consolidado de envíos (como sí lo es el país asiático), pero que pueden ser muy importantes para valorizar algunos cortes de carne y/o facilitar el proceso de integración (comercialización de toda la res) que deben realizar los frigoríficos que operan en la exportación. Los envíos a países de la UE y a Estados Unidos también ajustan, aunque en este caso el retroceso debería responder a cuestiones estacionales u otros factores (¿Anticipos de ventas en mayo por motivo
precautorio? ¿Agotamiento de las cuotas? ¿Demoras en las autorizaciones?), dado que como antes se mencionase se trata de operaciones a priori liberadas.

Primicias Rurales

(*) Economista jefe IERAL Fundación Mediterránea