Jun 6, 2021 | Columnas
Por Claudio Molina*.
Buenos Aires, 6 junio (Especial para NA) — El segmento de la industria de biodiésel que abastece al mercado interno enfrenta recurrentes cambios de reglas de juego desde agosto de 2012, los que se intensificaron a partir de 2019, y hasta la fecha.
A pesar de que la OMS alertó en 2012 sobre el alto riesgo de contraer cáncer de vejiga y pulmón por parte de los seres humanos que se expongan a las emisiones de gasoil, el biodiésel que lo complementa en las mezclas obligatorias, es resistido por los refinadores locales de petróleo.
Esto, a pesar del mandato establecido por la Ley 26.093 y normas complementarias, que vencerá el próximo 12 de julio, y actualmente llega un 10% de contenido de ese combustible biológico.
La Secretaría de Energía, como autoridad de aplicación de este régimen, no ha corregido los desvíos que se fueron produciendo y que afectaron muy negativamente a los productores de biodiesel, llevándolos en muchos casos, a la presentación de acciones judiciales –problema también verificado con los productores de bioetanol- y poniéndolos al borde de la bancarrota en varios casos.
Algunos de esos desvíos -violatorios de la normativa vigente-, derivan de errores u omisiones de la Autoridad de Aplicación, y son los siguientes:
1. Mezclas de gasoil con biodiesel muy por debajo del mandato legal. En este sentido, el nivel de corte promedio desde que asumió Alberto Fernández y hasta la fecha, resultó menor a un 5% de contenido biodiésel en el gasoil, problema que se potenció durante la actual pandemia, por la importante baja en la demanda de combustibles.
2. Falta de controles periódicos de calidad, hecho que perjudica indirectamente a los productores cumplidores.
3. Congelamientos y/o no publicación de los precios del biodiesel por largos períodos, acentuados en el segundo semestre de 2019, y entre diciembre de 2019 y octubre de 2020 respectivamente.
4. Determinación de precios oficiales para el biodiesel, que no cubren los costos de producción.
5. Imposición de plazos de pago por parte de YPF incompatibles con la alta inflación e inestabilidad cambiaria registradas.
6. Existencia de grupos económicos que solapados bajo la figura de pymes, paulatinamente van adquiriendo activos a precios de remate.
En estas condiciones, la capacidad ociosa de las pymes y de las empresas grandes no integradas productoras de biodiesel ha llegado a niveles imposibles de sostener, hecho potenciado por la existencia de bajos precios de venta. De esta forma, la oferta se redujo.
El proyecto de ley impulsado por diputados oficialistas, que durante el pasado mes de mayo obtuvo dictamen favorable y próximamente será tratado en el recinto de la Cámara de Diputados de la Nación, lejos está de defender a las pymes, incluso y muy llamativamente, este acrónimo no figura en el texto del mismo.
Por el contrario, al proponer una reducción de las mezclas a niveles mínimos del 3%, convalidará las prácticas antes enumeradas, generando un riesgo cierto de desaparición de varias empresas, y un proceso inevitable de concentración que favorecerá a los amigos del poder.
Aquél viola el principio de progresividad incluido en el Acuerdo de París –ratificado por Ley 27.270- y en el artículo 4 de la Ley Nacional Ambiental N° 25.675, por lo que es de prever que se presenten en el futuro, acciones judiciales para determinar su inconstitucionalidad u otras, que pondrán en riesgo la continuidad de las operaciones.
Del análisis de estadísticas oficiales se verifica una tendencia muy firme de caída en la actividad.
Es evidente que existe una receta no escrita que «orienta» la gestión pública en la materia, consistente en reducir al mínimo la oferta de biodiésel en el mercado local, a costa, inclusive, de llevar a la quiebra a una gran cantidad de empresas productoras del mismo.
Esa receta pareciera haber sido cumplida al pie de la letra por la Autoridad de Aplicación, desde el segundo semestre de 2019, hasta la fecha.
Si bien el biodiésel en promedio y desde 2010, computando la desgravación que goza ante los impuestos específicos a los combustibles, no resultó más caro que el gasoil con el que se mezcla, el mensaje oficial es que «debemos cuidar el bolsillo de los argentinos».
Y por lo tanto, dada la influencia que bajo esa óptica tiene el precio del biodiesel en los surtidores argentinos, hay que consumir menos de este producto.
Por el contrario, la realidad nos indica que si el precio del biodiésel se duplicara –hecho de baja probabilidad de ocurrencia a corto y mediano plazo-, manteniéndose sin cambios el precio del gasoil fósil que integra la mezcla respectiva, la incidencia de aquel aumento en el IPC del INDEC, será de tan sólo un 0,8% aproximadamente.
En cambio, el precio de los combustibles en surtidores sube indefinidamente, suceso que ocupa tapas de diarios.
Esa suba no está vinculada de manera principal al precio del biodiésel, sino a la variación del precio del petróleo crudo – que cotiza en dólares-, a la suba permanente del tipo de cambio y a la inflación doméstica, que el Gobierno no logra controlar.
Por encima de todos estos fundamentos, la receta que nos trata -que denomino «fantasma» porque no está escrita, pero pareciera que la Autoridad de Aplicación siempre la toma en cuenta- se aplica sin que ello importe la calidad del ambiente y de la salud de los argentinos.
Como así tampoco, los eventuales despidos masivos que se generarán como consecuencia de los posibles cierres masivos de empresas productoras de biodiésel.
La comunicación oficial en la materia se sostiene sobre hipótesis equivocadas, que resultan funcionales a lo que el oficialismo procura, y la que lamentablemente cuenta con el apoyo de un grupo minoritario de empresarios productores de biodiésel, los que obran, o bien por efectos de su desesperación ante su propio deterioro económico, o bien, por oportunismo.
Si no se rectifica el texto de esta iniciativa legal, la misma convalidará la recurrente mala praxis del Gobierno Nacional asociada con la política de biocombustibles.
A contrario sensu, la Agencia Internacional de Energía recomienda no invertir más en petróleo y gas, y la Comisión Nacional de Justicia y Paz de la Conferencia Episcopal Argentina emitió un reciente comunicado a favor de los biocombustibles, en el marco de las enseñanzas de la Encíclica Papal «Laudato Si» y en contra de aquel proyecto de ley.
(*) Asesor en Biocombustibles.
Primicias Rurales
May 22, 2021 | Columnas
Por Gabriel Levinas
Buenos Aires, 22 de mayo (PR/21) .– Voy a referirme a las características culturales de los
argentinos que nos han llevado al entuerto presente, con un cierre de exportaciones de carne que perjudica a los productores, y al país todo, y que no resolverá la inflación. Argentina era un país que tradicionalmente vivía del campo, cuya productividad la llevó a tener un poder enorme y a ser la quinta economía del mundo, con un PBI equivalente al de toda la América Latina sumada, antes de 1930. Era un país poderoso. Una potencia agroganadera.
El agricultor es alguien muy diferente de un cazador. Un aborigen wichi, por ejemplo, que se dedica a la caza, la pesca y la recolección, vive en la inmediatez. Él no hace planes, sino estrategias de caza: sabe que hay pesca en enero en el Pilcomayo y se desplaza hasta allí para pescar. El cazador vive al día y no planifica. Si se la da por ejemplo una ayuda de $100, $1000 o $1.000.000, lo más probable es que lo gaste en lo inmediato, porque el mañana no existe en su horizonte de vida.
La mentalidad del agricultor es completamente distinta. Planta y espera, por cuestiones biológicas y climáticas. Uno está en un lugar maravilloso donde la comida fluye de los árboles y el otro está en un lugar árido en el que necesita labrar la tierra para que ésta produzca.
El agricultor planta, espera unos meses y, mientras tanto, tiene que trabajar para que la semilla no sea atacada, por ejemplo, comida por las aves; luego para que la planta, recién crecida y por lo tanto frágil, no sea atacada por otro yuyo… Y cuando llega el tiempo de la cosecha, además de recolectar y preparar el producto para su venta, debe separar semillas, una parte para vender y otra para el año siguiente. Esto significa que el agricultor que, a su vez posee una serie de vaquitas a las que hizo servir para tener un ternero que vender a los tres años, tiene una cabeza más ordenada que la del cazador porque piensa en el largo plazo. Da lo mismo que el hombre tenga 10000 hectáreas o media hectarea de porotos; la cultura es la misma.
Por eso, cuando se discutió la resolución 125, todo el campo se levantó contra esa arbitrariedad y luchó unido, porque lo que se estaba atacando era una cultura común a todos los productores. Se atacó al productor que planifica y el gobierno se convirtió en un gobierno de cazadores al que solo le importa la inmediatez y ver cómo resuelve el hambre de hoy. A esto se lo llama ser fundamentalistas de la coyuntura. Es decir, cuando ya no tienen nada que cazar dentro del Estado, no les queda otro recurso que ir a robarles las vacas y las gallinas -como cazadores que son- a los que tienen vacas y gallinas, porque el cazador no sabe producir ni planear. Si el cazador tiene hambre porque no hay más liebres a la redonda, irá por las vacas ajenas.
Esto es metafóricamente la síntesis de lo que estamos viviendo. La gente que trabaja para el Estado, ya sea nacional o provincial, vive de la caza. Por más que no trabajen, por más improductivos que sean, saben que van a cobrar de todos modos y que prácticamente están blindados contra los despidos. Luego vienen todos los beneficiarios de planes de la Argentina que también integran el grupo de cazadores y tampoco saben producir porque ya constituyen la tercera generación que nunca trabajó de modo regular. Por último, están los políticos que buscan perdurar en sus puestos para seguir gozando de privilegios, acomodar a su familia y premiar a la gente de su entorno con un trabajo en el Estado.
Los que vivían de la caza eran incluso más inteligentes que los políticos, porque sabían que de tanto en tanto debían desplazarse a otro hábitat, porque su actividad predadora iba agotando las posibles presas y un día ya no habría más animales que cazar. Sabían hasta qué punto podían presionar al medio ambiente, y viajaban para no quedarse sin alimento.
Pero hoy, si a los aborígenes no se les da un plan, se mueren de hambre porque sus hijos nunca fueron a cazar con el padre, ni con el abuelo. No saben ni siquiera cómo capturar un conejo. Convertimos a los grupos que tenían cierta eficiencia para vivir en su entorno también en gente que va a vivir del Estado.
Todas esas personas se han convertido en cazadores voraces que, para subsistir, lo único que les queda son las vacas del productor agropecuario.
Primicias Rurales
Fuente: infobae
May 18, 2021 | Columnas
Por José Calero.
Buenos Aires, 18 mayo (NA) — Tras la decisión del Gobierno de limitar los embarques de carne al exterior por 30 días, las entidades del agro salieron hoy a rechazar de plano la medida y anunciaron un «cese de comercialización» desde el jueves que, en principio, será por nueve días, hasta fines de mayo.
Los dirigentes de la Mesa de Enlace advirtieron, además, que el paro puede ser el inicio de «medidas más fuertes», si no hay respuestas al reclamo en contra del freno a las exportaciones.
Si bien el presidente Alberto Fernández ratificó el cierre temporal de las ventas de carne al exterior para intentar frenar el alza de precios, aún no había resolución en el Boletín Oficial: sólo un comunicado del Ministerio de Desarrollo Productivo indicando la medida en el marco de distintas iniciativas para tratar de frenar los precios.
Consultados en Desarrollo Productivo, insistieron en que las decisiones adoptadas forman parte de una instrumentación de «medidas de emergencia tendientes a ordenar el funcionamiento del sector, restringir prácticas especulativas, mejorar la trazabilidad de las exportaciones y evitar la evasión fiscal en el comercio exterior».
Mientras se terminan de implementar tales medidas, las exportaciones de carne vacuna estarán limitadas durante un período de 30 días, dijeron.
El presidente Fernández se las comunicó en persona a representantes del sector exportador de carnes enrolados en el consorcio ABC.
En ese encuentro en la Rosada estuvieron el lunes por la noche el ministro de Desarrollo Productivo, Matías Kulfas; la secretaria de Comercio Interior, Paula Español; y los representantes del sector exportador de carnes Mario Ravettino, Carlos Alberto Rusech, Gustavo Kahal y Martín Costantini. El único ausente fue el ministro de Agricultura, Luis Basterra.
Durante la reunión, según supo la agencia NA, también se evaluaron diferentes acciones a implementar con el objeto de restringir prácticas especulativas, mejorar la trazabilidad en el comercio exterior y combatir prácticas de evasión fiscal.
Fuentes oficiales indicaron que algunas de esas medidas ya han sido adoptadas y otras serán implementadas en los próximos días.
El Presidente prometió a los representantes del consorcio ABC que ese período podrá verse reducido en el caso de que la implementación de las medidas genere «resultados positivos», al tiempo que se habilitarán mecanismos de «excepción» para operaciones en curso.
Esto dio pie a insistentes versiones en el mercado cárnico de que se podría abrir un espacio de negociación para terminar evitando un cierre que podría hacerle perder espacios en mercados claves a la Argentina, frente a las competencias de frigoríficos de Brasil y Uruguay.
Para la Mesa de Enlace del agro, la ausencia del ministro de Agricultura en esa reunión se debe a que existe una «interna» en el Gobierno entre Basterra, quien no estaría de acuerdo con el cierre de exportaciones de carne, y Kulfas, quien intenta mantener a raya los precios.
La medida, que mereció también el rechazo de toda la cadena cárnica y generó preocupación entre los frigoríficos por la imposibilidad de cumplir contratos comerciales, fue defendida por el Presidente en persona durante la mañana en una salida radial.
«No podemos seguir viendo cómo la carne aumenta sin ningún justificativo, esto se desmadró», alertó el jefe de Estado.
También se quejó de que hay empresarios del sector alimenticio que «se hacen los distraídos» y les reprochó que lo único que hacen es siempre reclamar rebajas impositivas.
«La mejor solución que me ofrecen para que no sigan subiendo los precios es que bajemos los impuestos», reprochó.
Daniel Pelegrina, presidente de la Sociedad Rural, manifestó el rechazo del sector: «Estamos muy disgustados. Se pierden miles de puestos de trabajo, se pierde riqueza», alertó.
La Mesa de Enlace, que engloba -además de a la Rural-, a CRA, Federación Agraria y Coninagro, acusó al Gobierno de estar tomando medidas «similares» a la 125.
Aludió así a la resolución de 2008 por retenciones móviles a la soja que disparó en cuatro meses de enfrentamientos de alto calibre con cortes de ruta incluidos, entre la entonces presidenta Cristina Kirchner y el sector.
«Creo que las medidas que están tomando son muy similares a la 125, muy similares. No queremos llegar a mayores», advirtió Jorge Chemes, presidente de Confederaciones Rurales Argentinas (CRA).
Y disparó, casi enigmático: «Si termina o no en una 125, no lo sabremos».
El dirigente de la entidad más combativa del campo pegó donde más le duele al oficialismo: el intento de aplicar retenciones móviles terminó hace 13 años con un duro revés del gobierno kirchnerista.
En aquella época el jefe de Gabinete era justamente quien hoy es presidente de los argentinos.
Primicias Rurales
NA
May 14, 2021 | Columnas
Por Alfredo Sesé – Julio Calzada – Pablo Ybañez
Buenos Aires, 14 de Mayo de (PR/21). –El cumplimiento de las normas sanitarias condujo a mermas en los recursos humanos disponibles y aumentos en el costo operativo. Además, cayó el transporte no granario y los conflictos gremiales en terminales del Gran Rosario condicionaron la actividad.
En un artículo publicado en nuestro informativo semanal el día 19 de marzo de 2021 titulado: “En 2020 la carga por ferrocarril fue de 20 millones de toneladas. Crecen los ferrocarriles operados por el Estado Nacional” informábamos que se había dado una disminución en el volumen total de cargas transportadas por las empresas concesionadas en el año 2020 respecto del 2019. Como casi siempre sucede con las estadísticas tomadas en forma literal y de manera fría, las cifras -por lo general- no revelan los verdaderos factores y causas que provocan las caídas o subas en un determinado proceso o hecho económico. En este caso nos referimos a los volúmenes de mercaderías y bienes transportados por ferrocarril a lo largo del todo el territorio nacional. La clave para entender lo sucedido es la siguiente: la particularidad de un año como el 2020 donde la economía argentina y mundial sufrieron el letal golpe causado por la pandemia del Covid 19 que afectó y sufrió la humanidad en su totalidad, generando impactos económicos negativos y enormes dificultades a nivel productivo y concretamente en el transporte de cargas.
Relevamientos que hemos efectuado de cómo estos problemas incidieron en la operatoria del transporte de cargas ferroviarias de nuestro país en el año 2020, nos muestran las importantes dificultades que tuvieron las empresas producto de un año terriblemente difícil y complejo. De manera breve y sintética, mencionaremos algunos de ellos seguidamente:
a) Mermas en la dotación de recursos humanos disponibles por la pandemia.
En efecto, las empresas sufrieron importantes reducciones en sus planteles de personal debido a las restricciones impuestas por la emergencia sanitaria. Se trata de una actividad donde uno de los factores determinantes para la oferta ferroviaria es la disponibilidad de maquinistas. Las firmas disponían a inicios de 2020, de una dotación activa y suficiente de conductores de las formaciones ferroviarias como para atender una demanda superior a la registrada en el 2019. Pero las bajas registradas por el aislamiento preventivo antes mencionado llegaron a alcanzar -en alguna de las firmas- hasta el 20% de la dotación, principalmente para resguardar y cuidar la salud del personal por razones de edad y por enfermedades prexistentes de alto riesgo ante el escenario COVID.
Especialistas en el tema ferroviario siempre advierten que la incorporación de personal de conducción no es algo que pueda resolverse rápidamente dado que implica un plan de capacitación de largo plazo (mínimo 3 años), no existiendo mecanismos de formación y entrenamiento alternativos, fuera del propio sistema. Es un tema ciertamente delicado y complejo.
Consultada una de las firmas, nos indicaron que en condiciones normales, con una indisponibilidad de maquinistas como la registrada en el año 2020, el volumen transportado debería haber retrocedido aproximadamente en un 20%. Sin embargo, la caída efectivamente registrada en el volumen transportado –evidenciada por las estadísticas oficiales- fue de tan sólo el 6% en dicha empresa. Esto significa que se hicieron fuertes esfuerzos en materia logística y de administración interna para superar el problema citado, a tal punto que si se analiza la carga transportada en relación a los recursos humanos disponibles en el 2020 se podría estar observando un crecimiento del 14% respecto del año anterior (nos referimos al indicador carga transportada por dotación total de maquinistas disponibles).
b) Importantes aumentos en los costos producto de la pandemia para cumplir las normas sanitarias.
Otro tema relacionado al anterior que ha sido fuente de preocupación de las firmas en general, y de los concesionarios del transporte de cargas en particular, fueron los importantes extra costos que implicó la necesidad de adecuar la operatoria a todas las restricciones y al cumplimiento de las nuevas normas sanitarias implementadas en el marco de la pandemia. Las empresas asumieron fuertes desembolsos para no generar una reducción drástica en la oferta de transporte. Por otra parte se mantuvieron los programas de mantenimiento e inversión previstos sobre los bienes concesionados, con el fin de sostener la plena operatividad del sistema.
c) Caídas en el transporte de cargas no granarias en algunos concesionarios producto de la pandemia que se vieron reflejadas en las estadísticas oficiales.
Es importante consignar que respecto de la baja en el tonelaje registrado durante el año 2020 en todo el sistema, los concesionarios que no solo transportan granos y que tienen una mayor diversificación en los productos trasladados se vieron perjudicados por la caída en la demanda de transporte de muchos de estos bienes. Nos referimos a productos tales como materiales para la construcción, insumos para distintas para industrias, bobinas de acero, etc. Estos bienes se vieron seriamente afectados durante el año 2020, dado que se trata de insumos para actividades que inicialmente no habían sido declaradas como esenciales y, por tanto, llegaron a no tener actividad alguna durante varios meses de la pandemia.
d) Conflictos gremiales en las terminales portuarias y fábricas del Gran Rosario en los meses de noviembre y diciembre de 2020 y otros factores.
A los factores anteriores, se sumaron los problemas que se suscitaron en la comercialización de granos durante el año 2020, que afectaron la producción industrial de harinas, disminuyendo el tonelaje industrial transportado de dichos productos.
Pero lo más relevante fueron los conflictos laborales suscitados en los meses de noviembre y –principalmente- diciembre del 2020 en las terminales portuarias y fábricas aceiteras del Gran Rosario que generaron una paralización de actividades y la reducción del transporte ferroviario de granos y subproductos a dicho nodo portuario. Este fenómeno quedó fuertemente reflejado en las estadísticas oficiales de cargas ferroviarias. Para tener una idea y magnitud del problema, informes de nuestra Dirección evidenciaban la mercadería que faltaba despachar en Buques desde el Gran Rosario al 31.12 2020 producto del conflicto. Textualmente nuestro informe indicaba en aquel entonces:
• Cebada: Al 31 de diciembre, restan embarcar 117.000 toneladas que estaban programadas para diciembre. Se despacharon 32.000.
• Maíz: Al 31 de diciembre, restan embarcar 815.000 toneladas que estaban programadas para diciembre. Se despacharon 870.000 tn.
• Trigo: se embarcó menos de la mitad de lo que hay programado (561.000 vs 1,17 Mt)
• Harina/pellets de soja: se han embarcado solo 587 mil tn y quedan pendientes 1,8 Mt.
• Aceite de soja: se embarcó 70.000 toneladas. Falta embarcar: 508.000 tn.
TOTAL: 4,4 Mt entre maíz, trigo y cebada en grano más productos del complejo soja programados para embarcar en diciembre permanecen pendientes al 31/12. (Valor: US$ 1.720 millones)
• Según información de la agencia marítima NABSA al 31/12/2020 había un total de 162 buques en espera para acceder al tramo que va desde recalada hasta los amarres en terminales portuarias del up-river. De ellos, 17 estaban ya amarrados en puerto, 38 en ruta a las terminales portuarias y 107 en recalada. Se estima, según programaciones de carga, que estos navíos deben cargar 3,4 millones de toneladas de diferentes productos agroindustriales.
Aspectos positivos alcanzados pese a la pandemia
Conforme relevamientos realizados surgen aspectos importantes que se lograron en el sistema pese a los problemas presentados por la pandemia. Ellos fueron:
a) Preocupación por mejorar la eficiencia: una de las empresas reporta la implementación de mejoras de eficiencia y productividad en distintas etapas del proceso, a través de la aplicación de programas de mejora continua para no afectar la calidad y frecuencia de los servicios.
b) Mejoro la complementación público- privada mediante la firma de distintos acuerdos operativos estratégicos con las empresas estatales SOF S.E. -a quien se le contrató personal de conducción- y con Trenes Argentinos Cargas (BCYL) -con quien se suscribieron acuerdos comerciales para la realización de tráficos compartidos entre ambas compañías. Se avanzó en programas de trabajo conjunto entre privados y el Estado Nacional.
c) Se atendieron a los clientes, sin reclamos por demandas insatisfechas o incumplimientos graves, a pesar de la complejidad del problema sanitario.
Primicias Rurales
Fuente: Bolsa de Comercio de Rosario
Abr 19, 2021 | Columnas
Por: Dr Daniel Urcía, presidente de Fifra
La economía está en una situación crítica desde hace décadas y en ese marco el sector productivo se desenvuelve, por eso se requieren señales claras y que fomente el crecimiento del sector y del país
Hemos iniciado abril y lejos de despejar dudas con señales claras, que impulsen las decisiones de inversión en la actividad pecuaria, comercial e industrial, continúan las dudas sobre posibles intervenciones o regulaciones al comercio.
El anuncio del Presidente del inicio de negociaciones con Méjico para que la carne argentina pueda volver a ingresar en ese Mercado y la presentación de la Agenda de Trabajo de Cancillería esta semana, fueron claras señales de una decisión de Gobierno de fortalecer la actividad productiva y exportadora de carnes, pero, luego aparecieron expresiones de otros funcionarios que ponen en duda que realmente ése sea el verdadero espíritu de la gestión de Gobierno.
Hemos sostenido insistentemente desde este espacio que la mejor forma de ayudar al país y a nuestros conciudadanos es aumentando la producción y para eso se necesita generar el ambiente de inversión que permitirá luego generar empleo. Para construir ese ambiente de inversión se necesita dar señales claras e inequívocas, desde el Consejo Agroindustrial Argentino (CAA) se viene trabajando desde hace casi un año, sin mayores avances en lograrlo. Si las señales claras no aparecen entraremos en un letargo que no ayudará a la recuperación del país, cada uno buscará salvarse individualmente, sin darnos cuenta que el final es el empobrecimiento de todos.
La economía está en una situación crítica desde hace décadas y en ese marco el sector productivo se desenvuelve, la pandemia mundial no hizo otra cosa que agregar otro factor de presión, agregó costos a los ya numerosos factores que se deben hacer cargo. Indudablemente la única forma de recuperar el gasto es a través de los precios de venta.
Aun cuando decimos que producir en Argentina es caro, por la presión fiscal y la escasa competitividad, debemos decir también, que las carnes en Argentina son las más económicas de la región y eso permite que los argentinos ostentemos el mérito de ser los mayores carnívoros del planeta.
En este contexto de precariedad institucional, económica y social, flaco favor le hacen al país cuando algunos analistas sensacionalistas salen a decir que tenemos “el menor consumo de carnes del siglo”. Esos títulos, está claro, preocupan a intereses políticos y generan sobreactuación. El argentino promedio en 2020 aumentó el consumo de carnes, hay que comprender que el argentino del siglo XXI prefiere una dieta diversificada de carnes, el consumo de carne avícola y de carne porcina está instalado no solamente por precios, también lo es por preferencia de los consumidores y por ende, aunque nos pese, el único consumo que va a disminuir es el consumo de carne vacuna. Ahora, ¿los mecanismos de medición de precios, están diseñados para acompañar y reflejar los cambios de hábitos de la sociedad?
El mercado doméstico está muy bien abastecido de todas las carnes y los precios son el reflejo de oferta y demanda en su expresión más trasparente de competitividad. Las regulaciones con objetivo de pretender intervenir en su composición lamentablemente solo conseguirán generar distorsiones, fomentar marginalidad y disminuir la producción.
En esta semana y pese al clima de incertidumbre, el sector arribo a un acuerdo con la Federación de la Carne acordando la actualización paritaria hasta el mes de Diciembre con un importante aumento del 15% entre Abril y Mayo. Demostramos así nuestro compromiso para asegurar el trabajo y el normal abastecimiento al mercado.
Primicias Rurales
Fuente: Fifra
Abr 1, 2021 | Columnas
Escribe Susana Merlo
Es lo que se dice, en idioma de la calle, para referirse a la mala suerte: “llueve sopa, y yo con un tenedor en la mano!!!”….
Pues este sería el caso hoy de la Argentina: Con precios internacionales para sus principales productos de exportación considerados extraordinarios (por lo altos), pero con relativamente poco para vender (por la seca y porque no crece), y con una proyección de área de siembra similar para el año que viene excepto, tal vez, en el trigo.
El país está prácticamente estancado en su producción global desde hace más de 10 años, y poco importaron las condiciones climáticas, o los precios internacionales, ni siquiera la fuerte corriente de demanda de alimentos que comenzó hace alrededor de un lustro, con el último despegue económico de China que termino arrastrando a todos los mercados.
Entonces, ¿que fue?
Simple y llanamente, la inestabilidad económica, la inseguridad jurídica, la falta de regla de juego claras, o los embates contra la propiedad privada, entre otras cosas.
Por eso, mientras hasta nuestros vecinos, como Uruguay o Paraguay, crecían sostenidamente transformándose, incluso, en exportadores, Argentina seguía perdiendo mercados que sistemáticamente ocupaban los socios del Mercosur. Hasta Brasil, sin dudas un gigante, se transformó en uno de los más importantes exportadores de alimentos, incluyendo la ¡carne vacuna! que logró transformar en muy poco tiempo el cebú magro, en cortes de primera para los principales mercados internacionales, donde antes habían estado los, hasta ese momento, “inigualables novillos de las increíbles pampas argentinas”.
No hace falta hablar de Chile que en algo más de dos décadas a principios de este siglo XXI, ya había logrado insertarse en el mundo como proveedor de vinos, frutas, conservas, o pescados, ya que su geografía de pequeños valles entre la montaña y el mar, le impiden producciones extensivas. Así sustituyeron, con creces, la caída de los ingresos del cobre.
El tren ahora vuelve a pasar.
Con China como locomotora, salvo algún “cisne negro”, desgraciado hecho fortuito, se estima que al menos en los próximos 4-5 años, la demanda de granos y derivados (pellets, harinas, etc.), va a continuar muy firme, pero también la carne, la leche, y hasta las frutas.
Es más, con el paraguas del ambientalismo, y la creciente presión social, también la transformación de los vehículos a híbridos, y luego directamente a eléctricos, está imponiendo una demanda extra de granos, como el maíz y la soja, y también de caña de azúcar, para transformarlos en biocombustibles que, aunque imperfectos, contaminan mucho menos que los combustibles fósiles; y que consolidan más aún la demanda de este rubro.
Pero, ante esta realidad, ¿Qué viene haciendo la Argentina y, por lo que se ve, va a profundizar en el corto y mediano plazo?
Pues exactamente lo opuesto a lo que se necesita para liberar la potencia productiva local. Más vale, la está “amordazando”.
Retenciones (impuestos a la exportación), impuesto a la riqueza; leyes para impedir la adquisición de tierras por parte de extranjeros; subsidios/reintegros para los combustibles fósiles (vs retenciones para el campo); cepos a los mercados de todo (desde el dólar, hasta los precios al consumo, pasando por restricciones a la exportación), etc.
Este combo ya determinó que, a pesar de las cotizaciones, la Argentina hoy tenga un stock ganadero menor al de 1970, o que la cosecha de granos solo ronde los 125- 130 millones de toneladas cuando, tecnología mediante, ya debería haber superado holgadamente las 160 millones de toneladas. Sigue cayendo el volumen de frutas (y más aún, la cantidad de productores), mientras la lechería sigue estancada en alrededor de 11.000 millones de litros como antes del 2.000.
En medio, según el Censo Agropecuario de 2018-19, solo quedan alrededor de 220.000 productores, unos 70.000 menos que el registro anterior.
Para los países que enfrentan problemas agroclimáticos para producir alimentos, un verdadero desperdicio de posibilidades, de conocimiento, y de ¡¡riqueza!!.
De acuerdo a datos del especialista Gustavo López, las cotizaciones actuales de la soja “ganaron” en los últimos 8 meses, U$S 190 por tonelada ( + 58%), pero la cosecha actual será 14-15 millones de toneladas menor a la de hace 6 años atrás (14/15).
En maíz, por su parte, la diferencia de cotización desde agosto pasado a la fecha es de U$S 81 por tonelada (+ 62%), pero la cosecha será casi 10 millones más chica que el año pasado.
También la leche está ahora a U$S 4.000 la tonelada en el mundo, pero el país sigue en sus 11.000 millones de litros de producción.
Aunque lo más grave de todo esto es que, casi con seguridad, el nuevo ciclo agropecuario que está comenzando será muy similar al actual. No va a haber una fuerte reacción productiva que, al menos, lleve a la Argentina a sus máximos históricos y, mucho menos, a su verdadero potencial.
¿Hasta cuando se puede seguir perdiendo???
Fuente: Caqmpo 2.0
Primicias Rurales