La aceleración tecnológica y la irrupción de la inteligencia artificial requiere dejar atrás los modelos tradicionales de formación. La capacitación se transforma en un proceso continuo, flexible y estratégico, donde la adaptabilidad permanente y el microlearning marcan la diferencia, señalan expertos de Grupo Gestión.
Buenos Aires, 05 de marzo (PR/26) . – La capacitación y el desarrollo (L&D) atraviesan un cambio estructural. La velocidad de los ciclos de negocio y la incorporación de la IA llevan a repensar los modelos de formación: ya no alcanza con adquirir conocimientos, ahora la clave es la adaptabilidad permanente y la aplicación concreta de habilidades en entornos reales de trabajo.
De acuerdo con los expertos de Grupo Gestión, el foco debe estar en la capacidad de integrar nuevas herramientas y criterios de manera estratégica. Sin embargo, el recorrido es un reto. El Udemy 2026 Global Learning & Skills Trends Report revela que el 50% de los empleados no cree que sus líderes estén preparados para guiar la transformación con IA. El mismo informe muestra un crecimiento explosivo en la demanda de formación en herramientas específicas: el interés por GitHub Copilot aumentó un 13.500% interanual.
La paradoja es clara: aunque la inversión en tecnología es alta, apenas el 15% de los usuarios de IA generativa percibe beneficios significativos. Aquí, L&D se convierte en actor clave para desarrollar capacidades de criterio, toma de decisiones y comprensión profunda de las tecnologías, más allá del uso instrumental.
Las habilidades humanas ganan centralidad. Según Absorb LMS, el pensamiento estratégico y crítico lidera las prioridades de desarrollo para 2026 con un 56%, por encima de la fluidez digital (44%) y las habilidades de liderazgo (42%).
El tiempo es otro gran obstáculo. El TalentLMS 2026 L&D Report indica que el 53% de los empleados afirma que la carga laboral deja poco espacio en agenda para capacitarse, incluso cuando la formación es considerada necesaria. En respuesta, el aprendizaje digital y el flujo de trabajo se consolidan como alternativa: el 90% de las empresas ofrece capacitación digital, que demanda entre un 40% y un 60% menos de tiempo que los formatos presenciales.
Technicians brainstorming ways to use AI
Emergen tendencias como la personalización y el microlearning, con contenidos breves y accesibles desde dispositivos móviles, que facilitan el aprendizaje continuo sin interrumpir la operación diaria. El impacto es tangible: según AIHR, las organizaciones con programas sólidos de desarrollo de carrera tienen un 42% más de probabilidades de posicionarse como pioneras en la adopción de IA y presentan mejores indicadores de retención de talento (67% frente al 50%).
“Este escenario redefine el vínculo entre capacitación, empleabilidad y resultados: en un mercado donde los tiempos de aprendizaje se acortan y las habilidades se vuelven más dinámicas que los cargos, contar con esquemas de talento flexibles y alineados a las necesidades reales del negocio se vuelve clave”, señaló Cecilia Montes, Gerente de Capital Humano de Grupo Gestión. “La combinación entre formación en el flujo de trabajo y modelos de contratación adaptables permite a las organizaciones responder con mayor agilidad, sin resignar productividad ni calidad”, agregó.
Acerca de Grupo Gestión
Grupo Gestión es hoy la compañía referente en la prestación de Servicios Profesionales de búsqueda, selección y gestión de capital humano. Con un equipo de 500 profesionales y por medio de su red nacional de sucursales distribuidas en los principales polos productivos del país, la compañía brinda servicios de valor agregado a más de 700 empresas nacionales y multinacionales que operan en Argentina, en más de 25 industrias y actividades productivas.
Grupo Gestión es pionero en el desarrollo de metodologías y parámetros de gestión en tiempo real del mercado laboral, aspectos que garantizan la eficiencia y celeridad que requieren los clientes más exigentes al momento de resolver sus necesidades de capital humano.
Entrevista con el cardenal Secretario de Estado sobre lo que está ocurriendo en Oriente Medio: es peligroso el avance de un multipolarismo caracterizado por el primado de la fuerza.
Por Andrea Tornielli
Ciudad del Vaticano, jueves 5 marzo (PR/26) — «Es realmente preocupante este debilitamiento del derecho internacional: a la justicia la ha sustituido la fuerza».
cardenal Pietro Parolin, Secretario de Estado de la Santa Sede, habla con los medios vaticanos sobre la guerra en curso en Oriente Medio y observa con inquietud que «se está afirmando peligrosamente un multipolarismo caracterizado por el primado de la fuerza y la autorreferencialidad».
Eminencia, ¿cómo está viviendo estas horas dramáticas?
Con gran dolor, porque los pueblos de Oriente Medio, incluidas las ya frágiles comunidades cristianas, han vuelto a caer en el horror de la guerra, que quiebra brutalmente vidas humanas, produce destrucción y arrastra a naciones enteras a espirales de violencia de desenlace incierto. El domingo pasado, en el Ángelus, el Papa habló de una «tragedia de proporciones enormes» y del riesgo de un «abismo irreparable». Son palabras más que elocuentes para describir el momento que estamos atravesando.
¿Qué piensa del ataque estadounidense e israelí contra Irán?
Considero que la paz y la seguridad deben cultivarse y buscarse a través de las posibilidades que ofrece la diplomacia, especialmente la ejercida en los organismos multilaterales, donde los Estados pueden resolver los conflictos de manera incruenta y más justa. Tras la Segunda Guerra Mundial, que causó alrededor de 60 millones de muertos, los padres fundadores, con la creación de la Organización de las Naciones Unidas, quisieron ahorrar a sus hijos los horrores que ellos mismos habían vivido. Por eso, en la Carta de la ONU establecieron indicaciones precisas sobre la gestión de los conflictos.
Hoy, esos esfuerzos parecen haberse desvanecido. Más aún, como recordó el Papa al Cuerpo Diplomático a comienzos de año, «a una diplomacia que promueve el diálogo y busca el consenso de todos, se está sustituyendo una diplomacia de la fuerza, de individuos o de grupos de aliados», y se piensa que la paz puede perseguirse «mediante las armas».
Cuando se habla de las causas de una guerra, es complejo determinar quién tiene razón y quién no. Lo que sí es seguro es que siempre producirá víctimas y destrucción, además de efectos devastadores sobre la población civil. Por eso, la Santa Sede prefiere insistir en la necesidad de utilizar todos los instrumentos que ofrece la diplomacia para resolver las disputas entre los Estados. La historia ya nos ha enseñado que solo la política, con el esfuerzo de la negociación y la atención al equilibrio de intereses, puede aumentar la confianza entre los pueblos, promover el desarrollo y preservar la paz.
La justificación del ataque ha sido impedir la fabricación de nuevos misiles, en definitiva, una “guerra preventiva”…
Como establece la Carta de la ONU, el recurso a la fuerza debe considerarse únicamente como última y gravísima instancia, después de haber utilizado todos los instrumentos del diálogo político y diplomático, tras evaluar cuidadosamente los límites de la necesidad y la proporcionalidad, sobre la base de verificaciones rigurosas y motivaciones fundadas, y siempre en el marco de una gobernanza multilateral.
Si se reconociera a los Estados el derecho a la «guerra preventiva», según criterios propios y sin un marco jurídico supranacional, el mundo entero correría el riesgo de verse envuelto en llamas. Es realmente preocupante este debilitamiento del derecho internacional: a la justicia la ha sustituido la fuerza; a la fuerza del derecho la ha reemplazado el derecho de la fuerza, con la convicción de que la paz solo puede nacer después de que el enemigo haya sido aniquilado.
¿Qué peso tienen las masivas manifestaciones de las últimas semanas en Irán, sofocadas en sangre? ¿Pueden olvidarse?
Ciertamente no; también esto ha sido motivo de profunda preocupación. Las aspiraciones de los pueblos deben ser tomadas en consideración y garantizadas dentro de un marco legal que permita a todos expresar libre y públicamente sus ideas, y esto vale también para el querido pueblo iraní. Al mismo tiempo, nos podemos preguntar si realmente se piensa que la solución puede llegar mediante el lanzamiento de misiles y bombas.
¿Por qué el derecho internacional y la diplomacia atraviesan hoy este punto de declive?
Se ha debilitado la conciencia de que el bien común beneficia verdaderamente a todos, es decir, que el bien del otro es también un bien para mí; por tanto, la justicia, la prosperidad y la seguridad se realizan en la medida en que todos puedan beneficiarse de ellas. Este principio está en la base de la creación del sistema multilateral o de un proyecto audaz como el de la Unión Europea. Esa conciencia se ha atenuado, dando lugar a un mayor apetito por los propios intereses.
Esto tiene otra consecuencia: el sistema de la diplomacia multilateral en las relaciones entre los Estados vive una crisis profunda, entre otras cosas por la desconfianza que estos sienten hacia los vínculos jurídicos que limitan su acción. Esta actitud representa la otra cara de la voluntad de poder: el deseo de actuar libremente, de imponer a otros el propio orden, evitando el dramático pero noble esfuerzo de la política, hecho de discusiones, negociaciones, ventajas para uno mismo y concesiones a los demás.
Se está afirmando peligrosamente un multipolarismo caracterizado por el primado de la fuerza y la autorreferencialidad. Lamentablemente, se vuelven a cuestionar principios como la autodeterminación de los pueblos, la soberanía territorial y las normas que regulan la propia guerra (ius in bello). Se pone en tela de juicio y se va dejando de lado todo el aparato construido por el derecho internacional en ámbitos como el desarme, la cooperación al desarrollo, el respeto de los derechos fundamentales, la propiedad intelectual y los intercambios y tránsitos comerciales.
Y sobre todo parece haberse perdido la conciencia de lo que ya escribió Immanuel Kant en 1795: «La violación del derecho en un punto de la Tierra se siente en todos los demás». Aún más grave, en ciertos aspectos, es invocar el derecho internacional según la propia conveniencia.
¿A qué se refiere?
Me refiero a que hay casos en los que la comunidad internacional se indigna y se moviliza, y otros en los que no lo hace o lo hace con mucha más tibieza, dando la impresión de que existen violaciones del derecho que deben sancionarse y otras que pueden tolerarse; víctimas civiles que deben deplorarse y otras que pueden considerarse como «daños colaterales».
No hay muertos de primera y de segunda categoría, ni personas que tengan más derecho a vivir que otras solo por haber nacido en un continente u otro o en un determinado país. Quisiera subrayar la importancia del derecho internacional humanitario, cuyo respeto no puede depender de las circunstancias ni de intereses militares o estratégicos.
La Santa Sede reitera con firmeza su condena de toda forma de implicación de civiles y de estructuras civiles -como residencias, escuelas, hospitales y lugares de culto- en operaciones militares, y pide que se proteja siempre el principio de la inviolabilidad de la dignidad humana y de la sacralidad de la vida.
¿Qué perspectivas a corto plazo ve para esta nueva crisis?
Espero y rezo para que el llamamiento a la responsabilidad que el Papa León XIV dirigió el domingo pasado sea acogido y logre tocar el corazón de quienes toman las decisiones. Deseo que cese pronto el estruendo de las armas y se vuelva a la negociación. No se debe vaciar de sentido el proceso negociador: es fundamental conceder el tiempo necesario para que pueda llegar a resultados concretos, actuando con paciencia y determinación.
Además, debemos reconocer que el orden internacional ha cambiado profundamente respecto al diseñado hace ochenta años con la creación de la ONU. Sin nostalgias del pasado, es necesario contrarrestar toda deslegitimación de las instituciones internacionales y promover el fortalecimiento de normas supranacionales que ayuden a los Estados a resolver pacíficamente sus disputas, mediante la diplomacia y la política.
¿Qué esperanza hay ante todo esto?
Los cristianos esperan porque confían en el Dios hecho Hombre, que en Getsemaní ordenó a Pedro envainar la espada y que en la Cruz vivió en primera persona el horror de la violencia ciega e insensata. Esperan también porque, a pesar de las guerras, las destrucciones, las incertidumbres y un extendido sentimiento de desconcierto, desde muchas partes del mundo siguen elevándose voces que reclaman paz y justicia.
¡Nuestros pueblos piden paz! Este clamor debería sacudir a los gobernantes y a quienes actúan en el ámbito de las relaciones internacionales, impulsándolos a multiplicar los esfuerzos por la paz.
n inquietud que «se está afirmando peligrosamente un multipolarismo caracterizado por el primado de la fuerza y la autorreferencialidad».
Eminencia, ¿cómo está viviendo estas horas dramáticas?
Con gran dolor, porque los pueblos de Oriente Medio, incluidas las ya frágiles comunidades cristianas, han vuelto a caer en el horror de la guerra, que quiebra brutalmente vidas humanas, produce destrucción y arrastra a naciones enteras a espirales de violencia de desenlace incierto. El domingo pasado, en el Ángelus, el Papa habló de una «tragedia de proporciones enormes» y del riesgo de un «abismo irreparable». Son palabras más que elocuentes para describir el momento que estamos atravesando.
Considero que la paz y la seguridad deben cultivarse y buscarse a través de las posibilidades que ofrece la diplomacia, especialmente la ejercida en los organismos multilaterales, donde los Estados pueden resolver los conflictos de manera incruenta y más justa. Tras la Segunda Guerra Mundial, que causó alrededor de 60 millones de muertos, los padres fundadores, con la creación de la Organización de las Naciones Unidas, quisieron ahorrar a sus hijos los horrores que ellos mismos habían vivido. Por eso, en la Carta de la ONU establecieron indicaciones precisas sobre la gestión de los conflictos.
Hoy, esos esfuerzos parecen haberse desvanecido. Más aún, como recordó el Papa al Cuerpo Diplomático a comienzos de año, «a una diplomacia que promueve el diálogo y busca el consenso de todos, se está sustituyendo una diplomacia de la fuerza, de individuos o de grupos de aliados», y se piensa que la paz puede perseguirse «mediante las armas».
Cuando se habla de las causas de una guerra, es complejo determinar quién tiene razón y quién no. Lo que sí es seguro es que siempre producirá víctimas y destrucción, además de efectos devastadores sobre la población civil. Por eso, la Santa Sede prefiere insistir en la necesidad de utilizar todos los instrumentos que ofrece la diplomacia para resolver las disputas entre los Estados. La historia ya nos ha enseñado que solo la política, con el esfuerzo de la negociación y la atención al equilibrio de intereses, puede aumentar la confianza entre los pueblos, promover el desarrollo y preservar la paz.
La justificación del ataque ha sido impedir la fabricación de nuevos misiles, en definitiva, una “guerra preventiva”…
Como establece la Carta de la ONU, el recurso a la fuerza debe considerarse únicamente como última y gravísima instancia, después de haber utilizado todos los instrumentos del diálogo político y diplomático, tras evaluar cuidadosamente los límites de la necesidad y la proporcionalidad, sobre la base de verificaciones rigurosas y motivaciones fundadas, y siempre en el marco de una gobernanza multilateral.
Si se reconociera a los Estados el derecho a la «guerra preventiva», según criterios propios y sin un marco jurídico supranacional, el mundo entero correría el riesgo de verse envuelto en llamas. Es realmente preocupante este debilitamiento del derecho internacional: a la justicia la ha sustituido la fuerza; a la fuerza del derecho la ha reemplazado el derecho de la fuerza, con la convicción de que la paz solo puede nacer después de que el enemigo haya sido aniquilado.
¿Qué peso tienen las masivas manifestaciones de las últimas semanas en Irán, sofocadas en sangre? ¿Pueden olvidarse?
Ciertamente no; también esto ha sido motivo de profunda preocupación. Las aspiraciones de los pueblos deben ser tomadas en consideración y garantizadas dentro de un marco legal que permita a todos expresar libre y públicamente sus ideas, y esto vale también para el querido pueblo iraní. Al mismo tiempo, nos podemos preguntar si realmente se piensa que la solución puede llegar mediante el lanzamiento de misiles y bombas.
¿Por qué el derecho internacional y la diplomacia atraviesan hoy este punto de declive?
Se ha debilitado la conciencia de que el bien común beneficia verdaderamente a todos, es decir, que el bien del otro es también un bien para mí; por tanto, la justicia, la prosperidad y la seguridad se realizan en la medida en que todos puedan beneficiarse de ellas. Este principio está en la base de la creación del sistema multilateral o de un proyecto audaz como el de la Unión Europea. Esa conciencia se ha atenuado, dando lugar a un mayor apetito por los propios intereses.
Esto tiene otra consecuencia: el sistema de la diplomacia multilateral en las relaciones entre los Estados vive una crisis profunda, entre otras cosas por la desconfianza que estos sienten hacia los vínculos jurídicos que limitan su acción. Esta actitud representa la otra cara de la voluntad de poder: el deseo de actuar libremente, de imponer a otros el propio orden, evitando el dramático pero noble esfuerzo de la política, hecho de discusiones, negociaciones, ventajas para uno mismo y concesiones a los demás.
Se está afirmando peligrosamente un multipolarismo caracterizado por el primado de la fuerza y la autorreferencialidad. Lamentablemente, se vuelven a cuestionar principios como la autodeterminación de los pueblos, la soberanía territorial y las normas que regulan la propia guerra (ius in bello). Se pone en tela de juicio y se va dejando de lado todo el aparato construido por el derecho internacional en ámbitos como el desarme, la cooperación al desarrollo, el respeto de los derechos fundamentales, la propiedad intelectual y los intercambios y tránsitos comerciales.
Y sobre todo parece haberse perdido la conciencia de lo que ya escribió Immanuel Kant en 1795: «La violación del derecho en un punto de la Tierra se siente en todos los demás». Aún más grave, en ciertos aspectos, es invocar el derecho internacional según la propia conveniencia.
¿A qué se refiere?
Me refiero a que hay casos en los que la comunidad internacional se indigna y se moviliza, y otros en los que no lo hace o lo hace con mucha más tibieza, dando la impresión de que existen violaciones del derecho que deben sancionarse y otras que pueden tolerarse; víctimas civiles que deben deplorarse y otras que pueden considerarse como «daños colaterales».
No hay muertos de primera y de segunda categoría, ni personas que tengan más derecho a vivir que otras solo por haber nacido en un continente u otro o en un determinado país. Quisiera subrayar la importancia del derecho internacional humanitario, cuyo respeto no puede depender de las circunstancias ni de intereses militares o estratégicos.
La Santa Sede reitera con firmeza su condena de toda forma de implicación de civiles y de estructuras civiles -como residencias, escuelas, hospitales y lugares de culto- en operaciones militares, y pide que se proteja siempre el principio de la inviolabilidad de la dignidad humana y de la sacralidad de la vida.
¿Qué perspectivas a corto plazo ve para esta nueva crisis?
Espero y rezo para que el llamamiento a la responsabilidad que el Papa León XIV dirigió el domingo pasado sea acogido y logre tocar el corazón de quienes toman las decisiones. Deseo que cese pronto el estruendo de las armas y se vuelva a la negociación. No se debe vaciar de sentido el proceso negociador: es fundamental conceder el tiempo necesario para que pueda llegar a resultados concretos, actuando con paciencia y determinación.
Además, debemos reconocer que el orden internacional ha cambiado profundamente respecto al diseñado hace ochenta años con la creación de la ONU. Sin nostalgias del pasado, es necesario contrarrestar toda deslegitimación de las instituciones internacionales y promover el fortalecimiento de normas supranacionales que ayuden a los Estados a resolver pacíficamente sus disputas, mediante la diplomacia y la política.
¿Qué esperanza hay ante todo esto?
Los cristianos esperan porque confían en el Dios hecho Hombre, que en Getsemaní ordenó a Pedro envainar la espada y que en la Cruz vivió en primera persona el horror de la violencia ciega e insensata. Esperan también porque, a pesar de las guerras, las destrucciones, las incertidumbres y un extendido sentimiento de desconcierto, desde muchas partes del mundo siguen elevándose voces que reclaman paz y justicia.
¡Nuestros pueblos piden paz! Este clamor debería sacudir a los gobernantes y a quienes actúan en el ámbito de las relaciones internacionales, impulsándolos a multiplicar los esfuerzos por la paz.
Un consejo de San Ignacio de Loyola es: “Cuando estás caído, no dudes en compartirlo con las personas que te aman. No dudes en pedir consejo, no dudes en ir a confesarte, porque él gana cuando nos quedamos encerrados”, asegura.
Buenos Aires, jueves 5 marzo (PR/26) — Comenzó la Cuaresma y con ella un “tiempo de combate”, afirma el sacerdote uruguayo Juan Andrés Verde en un video en el que presenta tres consejos para luchar contra el mal espíritu, inspirados en las enseñanzas de San Ignacio de Loyola.
“Con el mal espíritu no se dialoga”, afirmaba el santo y recuerda el sacerdote, exhortando a conocer tres maneras en las que se mueve el enemigo.
1. Como caudillo rival
En primer lugar, el sacerdote explica que el mal espíritu actúa “como un caudillo rival”. “Conoce cuál es nuestro talón de Aquiles. Cuando quiera atacarnos, sabe por dónde va a entrar. No lo hará por donde tenemos la guardia alta, por donde estamos firmes, sino por donde vos y yo ‘hacemos agua’”, señala, aludiendo a nuestras debilidades.
Por eso, recuerda el consejo de San Ignacio: “Conócete. No tengas miedo de profundizar, no tengas miedo de descubrir cuáles son nuestras verdades más profundas”.
2.Como novio fugitivo de la doncella
En segundo lugar, compara la acción del enemigo con la figura del “novio fugitivo de la doncella”, expresión utilizada por el santo. “Es ese que dice: ‘Shhh, no le digas a nadie, vas a quedar como un tonto’. Se mete por la ventana y susurra: ‘Esto es entre vos y yo, no le cuentes a tu padre’”, describe.
De modo similar —advierte— actúa el mal espíritu cuando una persona cae en una falta: “Te dice: ‘¿Con quién lo vas a hablar? ¿Con tus padres? ¿Con tus amigos? ¿Con el sacerdote? Se le va a caer la imagen que tiene de vos’. Y así nos ‘come la oreja’ y quedamos encerrados en nosotros mismos”.
Ante estas situaciones, el consejo de San Ignacio de Loyola es: “Cuando estás caído, no dudes en compartirlo con las personas que te aman. No dudes en pedir consejo, no dudes en ir a confesarte, porque él gana cuando nos quedamos encerrados”, asegura.
3. Como persona histérica.
Finalmente, el sacerdote señala que el mal espíritu también actúa “como una persona histérica”. “Cuando está alterada, te avanza, te avanza, te avanza. Y el único remedio es plantarse y decirle: ‘Hasta acá llegaste’”, explica.
En esa línea, subraya la importancia de la firmeza interior: “Es necesario tomar coraje y fortalecer la voluntad para decir: ‘No voy a caer en esto otra vez’”, afirma.
Ante estas diferentes formas de “atacar” que encuentra el mal espíritu, el P. Verde aconseja pedirle al Señor “la gracia de descubrir en este tiempo de Cuaresma que Él está con nosotros, ver el final de la película y saber que Él triunfa”.
Mientras tanto, a nosotros, asegura, “nos toca entrar a la cancha y pelearla con todo”, teniendo en cuenta los tips de San Ignacio de Loyola “para que no nos durmamos en los laureles”, concluye.
Fuente: ACI Prensa
Julieta Villar
Soy periodista, licenciada en comunicación por la Universidad Nacional de La Matanza en Argentina. Corresponsal de ACI Prensa en Argentina y otros países.
La Arquidiócesis de San Juan de Cuyo, Argentina, recuperó reliquias del Lignum Crucis extraviadas desde el terremoto de 1944, que serán restituidas a la Catedral San Juan Bautista en una misa presidida por Mons. Jorge Lozano.
Buenos Aires, jueves 5 marzo (PR/26) — La Arquidiócesis de San Juan de Cuyo (Argentina) recuperó unas reliquias de la Santa Cruz que se encontraban perdidas desde hace décadas y regresarán a la catedral el viernes 6 de marzo.
Se trata de unas reliquias que habían sido donadas a la catedral local en 1908, y habían desaparecido en 1944, cuando un terremoto destruyó el templo, de acuerdo con investigaciones citadas por medios locales.
Las reliquias —dos astillas en forma de cruz dentro de un relicario— fueron encontradas por autoridades del Colegio Santa Rosa de Lima, detrás de un mueble ubicado en la sacristía de la capilla del colegio.
Tras encontrarlas, comenzaron a investigar para descubrir qué contenía el relicario y verificar la autenticidad, como también averiguar a quién pertenecían.
El párroco de la catedral San Juan Bautista, P. Andrés Riveros, explicó al Diario de Cuyo que, tras consultas a especialistas y buscar en los inventarios de la Arquidiócesis, “se supo que ese relicario, denominado Lignum Crucis, perteneció a la Iglesia Catedral de San Juan”.
“Había llegado hacia el año 1908 por gestiones del obispo de aquel momento, Mons. Sansierra”, detalló, y consta de la certificación que desde Roma valida esta pieza “como una auténtica reliquia astilla de la cruz de Cristo custodiada en la Basílica de la Santa Cruz, de Roma”. añadió.
“Es una buena noticia que nos llega en tiempo de Cuaresma”, expresó.
“Para la alegría de todos y para el aumento de la devoción del pueblo sanjuanino y de quienes visitan a diario nuestra iglesia catedral”, expresó el sacerdote, las reliquias serán restituidas al templo el próximo viernes durante la Misa de las 9:00 horas, que será presidida por el arzobispo local, Mons. Jorge Lozano.
En ese contexto, el P. Riveros agradeció “la generosidad de las hermanas dominicas y las autoridades del colegio Santa Rosa”.
Estas reliquias, precisó, “pertenecen al ámbito de lo que la Iglesia denomina sacramentales, aquellos signos sagrados por los cuales la Iglesia dispensa la gracia de Dios a quienes con fe y con una vida acorde al Evangelio, se disponen a vivir en la voluntad de Dios”.
De este modo, durante este tiempo de Cuaresma, este sacramental recorrerá las calles de San Juan el Viernes Santo en el viacrucis, para luego ser entronizado detrás del presbiterio de la catedral, anticipó.
En un mensaje al V Congreso Latinoamericano de CEPROME, el Papa subraya que la reparación exige conversión real, responsabilidad pastoral y una escucha auténtica de las víctimas.
Sebastián Sansón Ferrari – Ciudad del Vaticano
Ciudad del Vaticano, miércoles 4 marzo (PR/26) — “El camino de reparación al que la Iglesia está llamada no puede reducirse a una serie de cumplimientos formales. Exige, por el contrario, una verdadera conversión en la justicia: personal, pastoral e institucional”.
Con estas palabras, el Papa León XIV se dirige a los participantes en el V Congreso Latinoamericano del Centro de Investigación y Formación Interdisciplinar para la Protección del Menor (CEPROME Latinoamérica), que tiene lugar del 3 al 5 de marzo en San José de Costa Rica.
Bajo el lema “Reparar el daño: entre la fe que sostiene, el cuidado que acompaña y la justicia que restaura”, el encuentro reúne a especialistas, autoridades eclesiales, académicos y profesionales de América Latina, Estados Unidos y Europa. Todos comparten un mismo objetivo: fortalecer la cultura del cuidado, prevenir los abusos y garantizar la protección integral de menores y personas vulnerables en la Iglesia católica.
Un compromiso que interpela a toda la Iglesia
En su mensaje, fechado el 6 de enero, el Pontífice saluda el camino emprendido, “que toca una de las heridas más profundas y dolorosas del Cuerpo de Cristo”. Este itinerario, afirma, es “un signo auténtico de renovación” y un compromiso concreto con las víctimas y con la propia Iglesia.
“No se trata de un ámbito especializado, reservado a unos pocos expertos, sino de una dimensión esencial de la misión evangelizadora de la Iglesia, que interpela la conciencia de cada pastor y de cada comunidad eclesial.”
El Papa agradece especialmente a la Conferencia Episcopal de Costa Rica, presente con representantes de sus distintas diócesis, por su testimonio de comunión, corresponsabilidad y cercanía pastoral.
Conversión, no formalismos
León XIV insiste en que la reparación no puede limitarse a normas y protocolos.
Requiere una conversión profunda. En este proceso, los responsables de las Iglesias locales tienen una “responsabilidad particular e indelegable”: no solo deben garantizar procedimientos adecuados, sino asumir personalmente una cultura del cuidado capaz de prevenir abusos, escuchar a las víctimas y dar testimonio de la ternura de Cristo, “transformando las heridas en rendijas de esperanza”.
Las lecciones aprendidas en los últimos años, acota el Santo Padre, demuestran que cuando obispos y superiores mayores integran este compromiso en su ministerio, la Iglesia se vuelve “más creíble, más humana y más evangélica”.
Escuchar para sanar
Uno de los puntos centrales del mensaje es la escucha. “Escuchar a las víctimas no es un gesto opcional, sino un acto de justicia y de verdad”. De esa escucha -afirma el Santo Padre- nacen políticas creíbles, procesos integrales de reparación, estructuras de responsabilidad y mecanismos de rendición de cuentas.
“La reparación, en la Iglesia, no puede separarse ni de la misericordia ni del respeto a la ley, pero tampoco reducirse solo a ellos. Requiere una visión eclesial clara, fundada en la verdad, la asunción de responsabilidades y el acompañamiento perseverante en el tiempo.”
El Sucesor de Pedro reconoce que se trata de un camino exigente, que reclama decisiones valientes y sostenidas con constancia. Pero recuerda que cada paso auténtico hacia la verdad y la reparación es ya un signo de esperanza para la Iglesia y para el mundo.
CEPROME, espacio de convergencia
En este horizonte, CEPROME está llamado a ser no sólo un centro de formación, sino un verdadero espacio de convergencia eclesial, capaz de acompañar a las Iglesias particulares en un proceso continuo de maduración. En este sentido, el Pontífice destaca la importancia de la colaboración con el CELAM y la CLAR, uniendo la responsabilidad pastoral de los obispos, la riqueza carismática de la vida consagrada y las competencias interdisciplinarias.
El Congreso: reflexión, formación y acción
El V Congreso se presenta como un espacio de reflexión, formación y diálogo para promover una Iglesia más segura, responsable y comprometida con la justicia y la reparación.
Entre los temas destacados figuran la teología de la reparación en un tiempo de heridas, la posibilidad y el sentido de reparar un abuso en la Iglesia, el acompañamiento y la restauración, la pastoral del consuelo, y los fundamentos teológicos y jurídicos del derecho a la reparación.
Paralelamente, se desarrollan simposios sobre atención integral a las víctimas, aspectos legales -civiles y canónicos- y el papel de las comunidades y redes de apoyo. También se realiza la II Expo de Buenas Prácticas y mesas redondas especializadas.
El Obispo de Roma concluye encomendando los trabajos al Espíritu Santo, animando a los participantes a no desanimarse ante las dificultades y confiando el camino de cuidado y de renovación a Nuestra Señora de los Ángeles, patrona de Costa Rica.
Un sacramento dador de vida es la Confesión y acercarse con frecuencia permite que el alma reciba muchos frutos espirituales que Dios le regala
España, miércoles 4 marzo (PR/26) — No hay nada más reconfortante que una buena confesión. Y aunque lo sepamos, el miedo nos paraliza y lo pensamos mucho antes de volver a reconciliarnos con el Señor. Sin embargo, para quien se confiesa con cierta frecuencia los frutos espirituales que Dios le regala le ayudan a caminar con paso firme hacia la santidad.
El perdón de los pecados
Nuestro Señor Jesucristo murió en la cruz para rescatarnos del abismo en el que nos tenía el pecado. Su sacrificio es único y se actualiza en cada sagrada Eucaristía. También es verdad que, quien crea en Él se salvará. Pero, ojo, la salvación es un don gratuito que Dios otorga a quien pone todo de su parte.
Y también es cierto que, nuestra debilitada condición humana está pronta para pecar, por eso es necesario pedir perdón a Dios. Jesús mismo dejó para eso el sacramento de la Reconciliación (Jn 20, 21-23).
El Catecismo de la Iglesia católica dice:
«Los que se acercan al sacramento de la penitencia obtienen de la misericordia de Dios el perdón de los pecados cometidos contra El y, al mismo tiempo, se reconcilian con la Iglesia, a la que ofendieron con sus pecados. Ella les mueve a conversión con su amor, su ejemplo y sus oraciones» (CEC 1422).
Los frutos espirituales
Ahora bien, no es necesario tener pecados mortales para confesarnos. Quien se confiesa con regularidad recibe muchos beneficios que redundan en frutos espirituales como estos:
1. Nos unimos más a la Iglesia porque el mismo Cristo nos reintegra a la comunidad:
«a los pecadores que son perdonados los vuelve a integrar en la comunidad del pueblo de Dios, de donde el pecado los había alejado o incluso excluido» (CEC 1443) .
2. Recuperamos la gracia perdida, pero también «nos libera y facilita nuestra reconciliación con los demás» (CEC 1455).
3. «La confesión habitual de los pecados veniales ayuda a formar la conciencia, a luchar contra las malas inclinaciones, a dejarse curar por Cristo, a progresar en la vida del Espíritu» (CEC 1458).
4. Nos sentimos impulsados a ser misericordiosos:
Cuando se recibe con frecuencia, mediante este sacramento, el don de la misericordia del Padre, el creyente se ve impulsado a ser él también misericordioso (CEC 1458)
5. Al devolvernos la gracia, el perdón de Dios «nos une con Él con profunda amistad» , además «tiene como resultado la paz y la tranquilidad de la conciencia, a las que acompaña un profundo consuelo espiritual» (CEC 1468).
6. Y algo más: cada vez que nos confesamos aumenta en nosotros «el acrecentamiento de las fuerzas espirituales para el combate cristiano» (CEC 1496).