Con biotecnología buscan conservar el algarrobo blanco

Con biotecnología buscan conservar el algarrobo blanco

Un equipo de especialistas del INTA avanza en el desarrollo de microinjertos ‘in vitro’, una técnica que combina herramientas del injerto tradicional y el cultivo de tejidos vegetales para asegurar la multiplicación de uno de los árboles más emblemáticos de los ecosistemas del Gran Chaco y el Espinal.

 

Buenos Aires, miércoles 26 noviembre (PR/25) — En estos ecosistemas, el algarrobo blanco (Neltuma alba) es una especie clave, tanto por su función ecológica como por su valor económico y cultural.

Provee madera, frutos y sombra, y constituye un elemento estructural esencial de los bosques nativos. Sin embargo, la deforestación y la sobreexplotación redujeron drásticamente sus poblaciones naturales y dificultan su regeneración.

Frente a este panorama, la biotecnología se presenta como una herramienta estratégica para conservar y propagar la especie. Entre las técnicas más innovadoras se encuentra el microinjerto in vitro, que integra principios del injerto tradicional con el cultivo de tejidos vegetales en condiciones de laboratorio.

 

 

“El procedimiento consiste en utilizar plántulas jóvenes de apenas 12 días como portainjertos, sobre las cuales se colocan pequeñas yemas laterales recolectadas de ramas de árboles adultos”, explicó Edgardo Carloni, especialista del Instituto de Fisiología y Recursos Genéticos Vegetales (IFRGV) del INTA, y agregó: “En condiciones controladas de cultivo, estas estructuras se unen y comienzan a interactuar fisiológicamente, dando origen a nuevas plantas”.

El éxito del microinjerto depende de varios factores biológicos. El equipo del IFRGV determinó que la estación del año, el tipo de portainjerto y el uso de reguladores de crecimiento son determinantes para optimizar los resultados.

“Realizar los microinjertos en primavera triplica la probabilidad de brotación respecto al verano”, ejemplificó Carloni. Además, las plántulas cultivadas en oscuridad, utilizadas como portainjertos y conocidas como “etioladas” duplican la tasa de éxito frente a plántulas no etioladas. El uso de reguladores de crecimiento como el ácido indol-3-butírico (IBA) también aumenta significativamente la supervivencia de las plántulas durante la aclimatación.

 

Una alternativa con futuro

Los avances en microinjertación in vitro consolidan esta técnica como una alternativa prometedora para complementar los métodos tradicionales de propagación vegetativa del algarrobo blanco. Al garantizar la multiplicación de ejemplares adultos, se preservan los recursos genéticos de una especie clave para el equilibrio de los ecosistemas y con un fuerte arraigo cultural y productivo en el norte argentino.

 

 

“En un contexto de presión creciente sobre los bosques nativos, estas herramientas biotecnológicas ofrecen soluciones concretas para la recuperación de especies estratégicas para el territorio”, destacó Carloni.

Primicias Rurales

Fuente: INTA Informa

ACA-Agroexportación: La gema de la balanza comercial argentina

ACA-Agroexportación: La gema de la balanza comercial argentina

DIyEE – Bolsa de Comercio de Rosario  (BCR)
A fin de medir el desempeño del último eslabón de la cadena, el subíndice de exportaciones busca cuantificar la dinámica de las ventas externas de los complejos agropecuarios, influenciadas por los precios mundiales, la producción y las políticas internas.

Rosario, martes 25 noviembre (PR/25) — El subíndice de exportaciones agroindustriales (IACA – Agroexportación) da seguimiento a la actividad generada por las exportaciones mensuales de los principales complejos agropecuarios de nuestro país, a saber: complejo avícola, complejo carne y cueros bovinos, complejo cebada, complejo girasol, complejo lácteo, complejo maíz, complejo porcino, complejo soja y complejo trigo (para más información sobre su elaboración, se puede acceder al documento metodológico).

Debido a que para su elaboración se considera el valor de las exportaciones mensuales, su desempeño se ve fuertemente afectado por las fluctuaciones de los precios en el mercado internacional.

También impacta de manera directa las variaciones en la producción y el consumo interno, dado que determinan el saldo exportable, así como también las distintas variables de política económica aplicadas a lo largo de los años. Como resultado, se pueden distinguir diferentes etapas de acuerdo con su evolución tendencial desde el comienzo de la serie en enero de 2002.

La primera etapa muestra una notable tendencia alcista desde enero de 2002 hasta septiembre de 2011, cuando el índice de exportaciones de los complejos agroindustriales (EXPCA) registró un crecimiento promedio mensual del 1%. Sin embargo, durante el transcurso de casi una década se sucedieron eventos y políticas económicas que impactaron de forma diversa sobre las ventas externas del sector.

Hacia comienzos del período, se destaca la salida del sistema de convertibilidad y la gran crisis macroeconómica que afrontó nuestro país, que llevó a que se restituyeran los derechos de exportación (DEX) en febrero de 2002, los cuales habían sido reducidos e incluso eliminados para algunos productos en la década del ’90. Sin embargo, la medida que más se destacó en esta época fue sin duda el incremento en el tipo de cambio, que se posicionó en niveles más competitivos tras la salida del 1 a 1. A ello se le sumó un notable aumento de precios en el mercado internacional de materias primas, que causó una importante expansión de la producción agrícola, específicamente en cuanto a la producción intensiva de cultivos.

A inicios de 2006, se creó el Registro de Operaciones de Exportaciones (ROE) para la carne bovina, con el objetivo de restringir la cantidad de carne enviada al exterior, mientras que también comenzaron a implementarse restricciones cuantitativas a las exportaciones de otros productos, como fueron el trigo, el maíz y la leche.

En algunas ocasiones, el gobierno decidió incluso prohibir la exportación de algunos productos, como la carne bovina en 2006 y el trigo en 2007. Asimismo, en enero de 2007, se incrementaron nuevamente los DEX para el complejo soja, y meses más tarde se modificó todo el esquema.

Sin embargo, entre 2006 y 2008, los precios internacionales de los commodities agrícolas alcanzaron niveles tan elevados que provocaron lo que se denominó el “boom de la soja”, valorizando las exportaciones del sector agroindustrial hasta niveles sin precedentes. Esto resultó en valores históricamente elevados de las ventas externas hacia mediados de 2008.

Durante ese mismo año, no obstante, se desató una profunda crisis en el sector agropecuario, signada principalmente por el conflicto de lo que se conoció como “la Resolución 125”, que buscaba implementar un sistema móvil de derechos de exportación para trigo, maíz y los complejos de soja y girasol, elevando la carga tributaria hasta niveles insólitos.

Esto impactó por completo en la dinámica comercial del sector, con una paralización de la comercialización de granos por aproximadamente 120 días. Adicionalmente, en mayo de ese mismo año, se implementó el ROE Verde (ROE de granos y subproductos agrícolas), que funcionaba como un régimen de licencias de exportación con autorización previa, el cual requería la acreditación de un contrato de venta externa en firme.

El conjunto de estas medidas económicas tuvo sin dudas un enorme impacto en las intenciones de producción, lo que se vio incluso agravado por la gran sequía de la campaña 2008/09 y con la crisis internacional que contrajo los precios mundiales de los alimentos y de las materias primas. Como resultado, el valor de las exportaciones de los principales complejos agropecuarios se desplomó durante el año 2009.

Luego de este episodio las exportaciones lograron recuperarse, impulsadas por una producción agrícola que logró incrementarse más del 50%, dejando atrás la sequía. De esta manera, la normalización climática y el repunte de los precios agrícolas mundiales, que rebotaron tras la crisis, permitieron una recuperación rápida.

El índice retornó entonces a niveles previos a la caída, aunque la tendencia de largo plazo comenzó a aplanarse hacia 2013, reflejando los límites de expansión bajo un marco de política comercial con diversas intervenciones.

En este sentido, a partir del año 2011, la tendencia de largo plazo de las exportaciones se lateralizó, intercalando períodos a la baja y al alza, pero sin un patrón claro. Entre octubre de 2011 y agosto de 2018, la variación mensual promedio del índice EXPCA fue de -0,7%. Posteriormente, hasta abril de 2022, la tasa de crecimiento mensual promedio fue del 1,4%, alcanzando un máximo histórico en aquel mes, producto de un fuerte incremento en el precio de las materias primas tras desatarse la guerra entre Rusia y Ucrania.

Desde entonces hasta el último mes con datos disponibles, la tasa mensual promedio volvió a posicionarse en terreno negativo, siendo del -0,6%.

Durante este período que se extiende por casi 15 años, se intercalaron sucesivamente diversas políticas económicas que no lograron definir un rumbo claro.

Por un lado, hasta el año 2015, se destacó la persistencia de cupos y permisos de exportación, las retenciones y la pérdida de competitividad cambiaria. Hacia fines de 2015 se produjo un giro en la política agroexportadora con la asunción de un nuevo gobierno: se eliminaron los ROE, se redujeron e incluso eliminaron los DEX, y se liberalizaron los mercados.

Esto generó una recomposición del flujo exportador, particularmente en cereales y carne bovina.

Sin embargo, en 2018, una fuerte sequía recortó la cosecha de granos y una nueva crisis en el mercado cambiario impulsó el retorno de los DEX generalizados, impactando en la comercialización de materias primas.

A pesar de ello, hacia fines de 2019 y una vez transcurrida la sequía, la producción logró normalizarse y los volúmenes exportados volvieron a crecer, acompañados principalmente por el auge de la demanda china de carne bovina y porcina.

Posteriormente, la pandemia de COVID-19 generó disrupciones logísticas, aunque el comercio agroindustrial argentino se mantuvo operativo y mostró una rápida adaptación de la cadena exportadora.

Los precios internacionales inicialmente cayeron, pero a partir del segundo semestre de 2020 comenzaron a recuperarse con fuerza, apuntalando el valor de las ventas. A la par, se registró un fuerte incremento de los envíos de carne bovina, con China absorbiendo cerca del 75% del total.

Pero a finales de 2021, el gobierno anunció la implementación de volúmenes de equilibrio para el trigo pan y el maíz en grano, con el objetivo de asegurar la mercadería para satisfacer la demanda interna, lo que moderó el crecimiento en las exportaciones.

Algunos meses más tarde, en febrero de 2022, la guerra entre Rusia y Ucrania, dos grandes proveedores de materias primas a nivel mundial, impulsó una suba extraordinaria de los precios internacionales por miedo al desabastecimiento, llevando al índice de exportaciones de complejos agroindustriales a alcanzar niveles sin precedentes.

Pero el ciclo 2022/23 volvió a marcar un retroceso profundo, cuando tres años consecutivos de lluvias por debajo de la media provocaron un inmenso recorte de la producción agrícola, reduciendo las exportaciones agroindustriales a mínimos en años. A esto se sumó el impacto sanitario de la influenza aviar, que interrumpió temporalmente el comercio exterior de productos avícolas.

A partir del 2024, la regularización del régimen de lluvias dio paso a cosechas más favorables, y con ello, el índice muestra una recuperación, aunque aún lejos de los máximos históricos. En este sentido, los derechos de exportación sobre granos y derivados continúan afectando la competitividad relativa de los complejos agropecuarios, con vaivenes comerciales que dificultan la toma de decisiones a largo plazo.

A pesar de ello, el complejo agroindustrial continúa siendo el responsable de 60% del ingreso de divisas al país la base estructural del comercio exterior argentino.

Primicias Rurales

Fuente: BCR Informativo Semanal

Las reglas de juego cambiantes impuestas por los diferentes gobiernos a lo largo de las últimas décadas tuvieron un duro impacto en el sector agropecuario productivo y eso se siente ahora

Las reglas de juego cambiantes impuestas por los diferentes gobiernos a lo largo de las últimas décadas tuvieron un duro impacto en el sector agropecuario productivo y eso se siente ahora

Evolución histórica del Índice de Actividad de la Cadena Agropecuaria de la Bolsa de Comercio de Rosario
DIyEE – Bolsa de Comercio de Rosario (BCR)
El IACA-BCR recorre tres décadas del sector agropecuario argentino, identificando períodos de crecimiento sostenido, desaceleración y tramos de alta volatilidad, donde inciden el contexto internacional, el clima y las políticas macroeconómicas.

A partir del comportamiento del IACA-BCR, se pueden distinguir tres períodos en la evolución del sector agroindustrial en Argentina durante los últimos 30 años.

 

 

1.    Primer período: 1993 – 2002

Esta primera etapa muestra un crecimiento sostenido de la actividad agropecuaria en nuestro país, evidenciado por un incremento promedio mensual del 0,5% del IACA, el cual puede atribuirse a diversos factores.

Uno de ellos refiere a la introducción en nuestro país, a partir de 1991, de organismos genéticamente modificados (OGM) de soja, maíz, girasol y algodón. Las principales características introducidas fueron la tolerancia a herbicidas y la resistencia a insectos, lo que implicó un abaratamiento de los costos de producción y la consecuente expansión del área cultivada.

Otro aspecto fundamental de la década de 1990 fue la introducción de la siembra directa, una práctica que en nuestro país tiene su máxima expresión. La siembra directa permitió producir sin degradar el suelo, mejorando en muchos casos las condiciones físicas, químicas y biológicas del mismo, mientras logró hacer un uso más eficiente del agua.

La combinación de la práctica de siembra directa y la implantación de semillas genéticamente modificadas permitió maximizar el potencial productivo de las semillas, logrando elevar y extender la frontera agropecuaria.

En esta época se destaca asimismo la introducción del silo bolsa, un desarrollo importantísimo en lo que refiere a la conservación de forrajes y granos. Este innovador sistema de almacenamiento permitió atender lo que no se lograba cubrir con almacenaje fijo, posibilitando que el productor mejore los tiempos de venta de su producción, a un costo relativamente bajo. Además, el uso del silo bolsa permitió un ahorro de fletes, evitando contratar transporte en épocas de fuerte estacionalidad.

En materia de transporte y logística, en la década de 1990 esta Bolsa de Comercio de Rosario impulsó el concesionamiento de las tareas de dragado y señalización del canal de navegación troncal del Paraná, en el tramo comprendido entre Santa Fe y la zona de aguas profundas del Río de la Plata, logrando que el Poder Ejecutivo Nacional lanzara una licitación internacional y se adjudicara en 1995.

Como consecuencia, las mejoras en la navegación se tradujeron en importantes inversiones en el Complejo Industrial Oleaginoso y sus terminales portuarias y ante todo en menores fletes marítimos, favoreciendo ampliamente la operatoria de los puertos fluviales y permitiendo que las cargas ganaran competitividad.

Todo ello tuvo un beneficio directo para los productores de bienes exportables, principalmente de materias primas agrícolas y manufacturas de origen agropecuario, dado que representaban la mayor parte de los embarques fluviales.

En materia tributaria, se destaca que durante la década de 1990 se eliminaron los derechos de exportación (DEX) sobre todos los cereales y la carne bovina, de la mano de una política de total apertura de la economía.

Únicamente la soja y el girasol continuaron alcanzados por una alícuota del 3,5% a lo largo de toda la década, con un diferencial arancelario del 1% en favor de las harinas y aceites.

Es importante destacar que, en esta década, también hubo un retraso paulatino en el tipo de cambio y bajos precios internacionales de carnes y granos, lo que trajo como consecuencia un fuerte endeudamiento bancario y comercial de los pequeños y medianos productores agropecuarios.

Por otra parte, la disolución de la Junta Nacional de Granos y la liberación del comercio de granos, impulsaron notablemente la actividad del mercado físico de granos de Rosario, lugar donde se concentra gran parte de la producción y exportación del país.

La liberación del comercio de granos y de la negociación, compensación y liquidación de los contratos en dólares, producto de la convertibilidad, impulsó asimismo una recuperación de los mercados de futuros.

Como consecuencia, todas estas medidas llevaron a que la agricultura se expandiera con rapidez en campos previamente dedicados a la producción pecuaria, trasladando la ganadería desde la zona pampeana hacia otras regiones de menor productividad.

Se estima que aproximadamente 13 millones de hectáreas dedicadas a la ganadería y lechería fueron volcadas a la agricultura, debido principalmente a la mayor rentabilidad que ofrecía esta última actividad y una mayor simplicidad en las explotaciones, especialmente en los cultivos extensivos. (Passaniti, 2011)

Finalmente, hacia finales de este período bajo análisis, con la salida del sistema de convertibilidad y la gran crisis macroeconómica que afrontó nuestro país, se restituyeron los DEX en febrero de 2002 con un fuerte aumento en el tipo de cambio.

 

2.    Segundo período: 2003 – 2007

Esta segunda etapa también advierte un importante crecimiento para el sector agropecuario, en la cual el IACA muestra un incremento promedio incluso superior a la etapa anterior, que asciende al 0,8% mensual. En este período se destaca que, a partir del año 2003, Argentina se benefició de precios relativos favorables en el mercado internacional de materias primas y de un tipo de cambio más alto en términos relativos, lo que causó una expansión de la producción agrícola, específicamente en cuanto a producción intensiva de cultivos.

Entre 2006 y 2008, los precios internacionales de los commodities agrícolas alcanzaron niveles récords, provocando un fenómeno que se denominó el “boom de la soja”, el cual generó en la región de Rosario un excedente de riqueza importante.

Esta sustancial mejora en las cotizaciones respondió a varios factores: una demanda mundial que superaba la oferta de varios productos, un crecimiento del consumo de China y países del sudeste asiático, la suba del precio del petróleo que aumentó el interés por los combustibles alternativos (entre ellos, los biocombustibles), la actuación de los fondos especulativos que encontraron en las materias primas agrícolas un refugio para sus inversiones, entre otras.

Todo esto generó una suba de precios que treparon a niveles elevados, pero que comenzaron a deteriorarse cuando los principales actores que impulsaron las subas se retiraron del mercado a raíz de la crisis financiera internacional.

Adicionalmente, en la primera década del siglo, se hicieron más visibles diversos cambios que venían advirtiéndose desde hacía años en la producción agropecuaria argentina y en el sistema de comercialización propiamente dicho.

En este sentido, se destaca el auge de la agricultura de escala y las innovaciones en las formas de producción y gestión de la empresa agrícola, que derivaron en una concentración del número de explotaciones, con un fuerte crecimiento de las áreas sembradas, principalmente en el norte del país.

En este mismo período, después de la crisis de 2001, se produjo una expansión del stock ganadero, así como un aumento de la producción de carne bovina. No obstante, en el año 2005, los precios de la carne bovina registraron un súbito aumento, producto de la fiebre aftosa en Brasil y del mayor consumo interno. Con el fin de frenar este incremento de precios en las góndolas, ese mismo año el gobierno decidió aumentar los DEX de un 5% a un 15%, mientras que fijó precios sugeridos desde abril de 2006 hasta mayo del 2007 para los 12 cortes de mayor consumo popular.

Al mismo tiempo, a inicios de 2006, se creó el Registro de Operaciones de Exportaciones (ROE) para la carne bovina, con el objetivo de restringir la cantidad de carne enviada al exterior, mientras que también comenzaron a implementarse restricciones cuantitativas a las exportaciones de otros productos, como fueron el trigo, el maíz y la leche

En algunas ocasiones, el gobierno decidió incluso prohibir la exportación de algunos productos, como la carne bovina en 2006 y el trigo en 2007. Asimismo, en enero de 2007, se incrementaron nuevamente los DEX para el complejo soja, y meses más tarde se modificó todo el esquema.

 

3.    Primer período: 2008 – actualidad

Este último período muestra un estancamiento en la actividad del sector agropecuario, evidenciado por una tasa de cambio mensual promedio del 0,07% del IACA. Este comportamiento responde a una serie de políticas económicas que, si bien comenzaron a aplicarse a partir de 2002, se intensificaron desde 2008.

En este sentido, quizás lo más destacable de este período se relaciona con la modificación del esquema de los DEX, que tuvo lugar en marzo de 2008 y se conoció como “la Resolución 125”. Esta modificación consistía en un sistema móvil de derechos de exportación para trigo, maíz y los complejos de soja y girasol, que en el momento de su anuncio elevaba la carga tributaria hasta niveles insólitos: 48,7% para la soja, 41,2% para el girasol, 36,4% para el maíz y 28,8% para el trigo.

Su aplicación motivó la paralización de la comercialización de granos por aproximadamente 120 días, luego de los cuales el Senado resolvió derogar la Resolución 125 y el Ministerio de Economía restableció el régimen de DEX fijos, con los aranceles vigentes a marzo de 2008.

Hacia finales de 2008, incluso, el gobierno resolvió reducir la carga sobre el trigo y el maíz, en medio de una severa sequía que afectó gravemente la producción.

En mayo de ese mismo año, se implementó el ROE Verde (ROE de granos y subproductos agrícolas), que funcionaba como un régimen de licencias de exportación con autorización previa, el cual requería la acreditación de un contrato de venta externa en firme.

Este instrumento buscaba garantizar un excedente del consumo doméstico, por lo que una vez estimado ese consumo, las autoridades emitían permisos para la exportación del excedente. Esto supeditó la apertura o cierre de ventas al exterior de productos agropecuarios a formas de cálculo que fueron variando tanto en lo que respecta al cupo que le correspondía a cada empresa como a la forma de su determinación para la cosecha presente o la futura.

La introducción del ROE Verde trajo aparejado gran incertidumbre en las transacciones, lo que, combinado con el efecto de los DEX, generó presión sobre los precios de los productores, desencadenando una menor producción en los años siguientes. Debido a la combinación de estas políticas junto con la gran sequía de la campaña 2008/09, los datos del IACA indican una contracción de la actividad agropecuaria del 27,4% entre febrero de 2008 y mayo de 2009.

En lo que respecta al sector ganadero, las políticas implementadas desde el año 2005 con el fin de garantizar precios bajos para el consumo interno generaron desincentivos a la producción de carne. De hecho, durante 2008 y 2009, los precios de la hacienda en Argentina fueron tan bajos comparados con otros países del Mercado Común del Sur (MERCOSUR) que terminó generando una rentabilidad negativa para el sector.

Como consecuencia, en 2009 se aceleró la liquidación de cabezas, lo que provocó una consiguiente caída del stock bovino.

Posteriormente, en el año 2012 se creó el Registro Único de Operadores de la Cadena Comercial Agropecuaria (RUCA), que convirtió al registro en una matrícula para ejercer el comercio.

Debido a que las restricciones a la comercialización y exportación de productos agropecuarios tomaron más fuerza aquel año, en los primeros seis meses de 2012 el IACA registra una importante contracción, en torno al 13%.

De esta manera, las mencionadas políticas aplicadas hasta 2015, entre las que se puede añadir también los controles al tipo de cambio, generaron una fuerte presión en el sector que impactó en la rentabilidad y en el ingreso de los productores, reduciendo los incentivos para la inversión y adopción de nuevas tecnologías.

En diciembre de 2015, la llegada de un nuevo gobierno introdujo grandes cambios en la política agrícola.

Entre ellos, se destaca la eliminación de las restricciones a la exportación y la desregularización del mercado cambiario, así como la eliminación de las retenciones a las exportaciones de todos los productos, a excepción de la soja y los subproductos, cuya alícuota iría descendiendo un 0,5% mensual a partir de enero de 2017.

A partir de aquel año, se destaca un notable incremento de la exportación de carne bovina, principalmente a China, de la mano de un crecimiento sostenido de la producción de carne debido al aumento del peso de faena.

No obstante, luego de una fuerte volatilidad en el mercado cambiario a finales de agosto de 2018, el gobierno suspendió la reducción progresiva de retenciones al complejo sojero y se restauraron los DEX sobre los demás productos. Posteriormente, en diciembre de 2019, una nueva gestión en el gobierno nacional elevó los DEX.

En marzo de 2020, a través del Decreto 230/2020, se incrementó nuevamente la alícuota para los DEX del complejo soja, mientras que se redujeron los DEX sobre gran parte de los productos agroindustriales referentes a las denominadas economías regionales.

Se implementó asimismo una “redistribución solidaria” mediante reintegros a los pequeños productores de soja, con cosechas menores a las 1.000 toneladas.

Más de dos años después, con el Decreto 131/2022 de marzo del 2022, se eliminó el diferencial de DEX para los subproductos industriales del complejo soja hasta que, a principios de 2023, el decreto perdió vigencia y se volvió al esquema tributario previo.

En medio de estas modificaciones, en diciembre de 2021, el entonces Ministerio de Agricultura, Ganadería y Pesca (MAGyP) anunció la implementación de volúmenes de equilibrio para el trigo pan y el maíz en grano, con el objetivo de asegurar la mercadería para satisfacer la demanda interna.

Adicionalmente, entre septiembre de 2022 y diciembre de 2023, en un contexto de control del tipo de cambio, el gobierno anunció sucesivos “Programas de Incremento Exportador”, que consistían en establecer tipos de cambio diferenciales para el sector agropecuario.

No obstante, cada programa era por tiempo limitado y se diferenciaba del anterior en términos de alcance y tipo de régimen: los primeros establecían un tipo de cambio fijo más alto que el oficial, en tanto que desde septiembre de 2023 en adelante el esquema pasaba a ser variable según la cotización del dólar oficial y el dólar financiero.

Finalmente, tras la asunción de un nuevo gobierno en mayo de 2024, se estableció un “dólar exportador”, permitiendo a los exportadores liquidar el 80% de sus divisas al tipo de cambio oficial y el restante 20% al contado con liquidación (CCL), abarcando a todos los productos con Nomenclatura Común del Mercosur (NCM).

Esta medida tuvo lugar hasta abril de 2025, cuando la introducción de un nuevo esquema cambiario de flotación entre bandas unificó el tipo de cambio. El gobierno entrante, asimismo, dio por terminado el sistema de volúmenes de equilibrio para el trigo y el maíz.

Más tarde, en febrero de 2025, a través del Decreto 38/2025, estableció la baja temporal de retenciones hasta junio de 2025 y la eliminación definitiva de las retenciones a las economías regionales. Sumado a ello, hacia finales de septiembre de 2025 el Decreto 682/2025 eliminó temporalmente las retenciones a los granos y subproductos hasta el 31 de octubre del mismo año o hasta acumular USD 7.000 millones en DJVE, de manera que el mismo tuvo vigencia únicamente dos días.

Paralelamente, el Decreto 685/2025 redujo a 0% las retenciones para animales vivos y productos cárnicos hasta el 31 de octubre de 2025.

Otro punto por destacar de este período tiene que ver con dos severas sequías que atravesó nuestro país en la última década.

En el primer caso, se trata de la campaña 2017/18, en la cual la escasez de agua dejó como saldo una reducción del 25% en la producción de granos, según estimaciones propias.

La segunda gran sequía se registró durante la campaña 2022/23, con una reducción del 38% en la producción de granos, equivalente a un recorte de 50 Mt, luego de registrarse tres años consecutivos de lluvias por debajo de la media.

Estos sucesos se ven reflejados en el IACA, que evidencia una caída del 23,4% entre julio de 2017 y abril de 2018, en tanto la contracción es del 31,5% entre noviembre de 2021 y mayo de 2023. La contracara de la última gran sequía fue una faena récord en junio de 2023, impulsada por la escasez de pasturas y granos para forraje.

En resumen, el sector agropecuario de nuestro país ha estado sujeto a una política cambiante a lo largo de las últimas décadas, en las que se han alternado períodos de apertura comercial y estabilidad macroeconómica, con otros de fuertes restricciones al comercio.

Las reglas de juego cambiantes impuestas por los diferentes gobiernos a lo largo de las últimas décadas tuvieron un claro impacto en el sector, afectando la producción, la rentabilidad y las inversiones de los productores.

Primicias Rurales

Fuente: BCR Informativo Semanal

Los productos que lideran la generación genuina de divisas de la economía argentina son los más castigados

Los productos que lideran la generación genuina de divisas de la economía argentina son los más castigados

Valor Soja por Valor Soja

En primer lugar se ubicó la harina de soja, que tiene un derecho de exportación del 24,5%, mientras que el segundo lugar fue para el poroto de soja, que es castigado con una retención del 26,0%. Y el tercero fue para el aceite de soja, que está gravado con una alícuota del 24,5%.

Ese solo dato –insólito para un extranjero que habita un país normal– bastaría para explicar el problema recurrente de crisis cambiarias que experimenta la Argentina.

En los primeros diez meses de 2025 la balanza comercial de la Argentina generó un superávit de 6846 millones de dólares, lo que representa una cifra limitada no sólo con respecto al potencial exportador del país, sino también en cuanto a las necesidades urgentes de recomposición de las reservas internacionales del Banco Central (BCRA).

El sector agroindustrial en general y el oleaginoso en particular no sólo lideran el ranking de exportaciones, sino también el del balance cambiario del BCRA, dado que –a diferencia de otros sectores exportadores– consume muy pocas divisas.

El balance cambiario neto del sector “oleaginosos y cereales” en los primeros nueve meses de 2025 (último dato oficial disponible) fue de 29.323 millones de dólares, mientras que el del rubro minero fue de 4832 millones y el de la industria automotriz de -7465, es decir, consumió más divisas de las que generó.

Entre enero y septiembre de este año el sector de petróleo y gas registró una balanza cambiaria de 8039 millones de dólares, cifra que, si bien tiene posibilidades de seguir creciendo, se encuentra muy lejos de la capacidad de generación de divisas del agro.

La exportación de petróleo tiene una retención móvil que se ubica en cero cuando el precio internacional del barril es de 45 dólares y en 8,0% cuando supera los 60 dólares, como sucede en la actualidad. Recientemente el gobierno de Javier Milei firmó un acta acuerdo con la provincia hidrocarburífera de Chubut en el cual se compromete a revisar ese impuesto.

Primicias Rurales

Fuente: Valor Soja

Tras el récord de 2019, clima y vaivenes macro limitaron el crecimiento sostenido

Tras el récord de 2019, clima y vaivenes macro limitaron el crecimiento sostenido

DIyEE – Bolsa de Comercio de Rosario (BCR)
Rosario, domingo 23 noviembre (PR/25) — La producción de cultivos en Argentina muestra avances productivos, shocks climáticos y cambios regulatorios a lo largo de las últimas décadas. Su evolución muestra la capacidad del sector para crecer, pero también las limitaciones para sostenerlo.

El subíndice de producción de granos (IACA – Cultivos), que da seguimiento a la actividad generada por la producción primaria de granos en Argentina (para más información sobre la elaboración, se puede acceder al documento metodológico), evidencia diferentes etapas de acuerdo con su evolución tendencial.

Desde enero de 1993 a enero del 2001, la tasa de cambio promedio mensual de todo el período se ubica en 0,7%, dando cuenta del notorio dinamismo que exhibió el sector. Los primeros años de la década de 1990 constituyeron un punto de inflexión estructural para el sector agroindustrial argentino, caracterizado por una fuerte desregulación y la privatización de la infraestructura.

Uno de los hitos desregulatorios más trascendentales en la comercialización fue la disolución de la Junta Nacional de Granos en 1991 (Decreto 2.284). Esta medida, junto con la liberación total del comercio de granos y la casi desaparición de los derechos de exportación (a excepción de un 3.5% para soja y girasol), tuvo como consecuencia directa un crecimiento notable en la actividad de producción primaria.

Paralelamente, se consolidó la transformación logística. La sanción de la Ley de Puertos (Ley 24.093) en 1992 proporcionó la estabilidad jurídica necesaria para el desarrollo masivo de terminales privadas. La inversión en infraestructura portuaria fue considerable, con el Gran Rosario emergiendo como el centro agroexportador más importante de Argentina. Como reflejo de esta modernización, la capacidad de despacho de los puertos del país se disparó, pasando de aproximadamente 15.000 toneladas por hora en 1990 a cerca de 93.800 toneladas por hora en 2011.

A nivel productivo, esta década fue definida por dos innovaciones tecnológicas interconectadas. Primero, la adopción y difusión de los cultivos genéticamente modificados (OGM). Segundo, la adopción de la siembra directa. Esta técnica, que permite producir sin degradar el suelo y optimiza el uso del agua, se convirtió en el método de labranza imperante. La sinergia entre los cultivos GM y la siembra directa fue clave para elevar el rendimiento promedio y extender la frontera agropecuaria.

Un resultado crucial de estos cambios fue el auge sin precedentes de la soja. Desde fines de los sesenta, y particularmente desde los setenta, la soja había ganado terreno, popularizándose rápidamente en la región centro-sur de Santa Fe, sur-este de Córdoba y norte de Buenos Aires en el esquema de doble cultivo (trigo-soja).

Sin embargo, fue fundamentalmente a partir de la década de los ’90 en que el cultivo exhibe una expansión notoria: la superficie sembrada se duplica entre 1990 y el 2000.

Este incremento productivo fue acompañado de la consolidación de un polo de demanda fundamental para la oleaginosa, al desarrollarse la industria aceitera en el Gran Rosario (principalmente) en paralelo al crecimiento de la soja.

Tras la crisis de 2001, la política comercial interna dio un giro radical, pasando de una liberalización casi total a una fuerte intervención estatal. En el plano local, el primer gran cambio fue la reaparición de los Derechos de Exportación en febrero de 2002. A partir de ese entonces el sector operó bajo políticas que incluyeron altos impuestos, límites a la exportación y controles cambiarios.

Sin embargo, a pesar del que los mercados agrícolas en Argentina sufrieron numerosas intervenciones durante el período, la coyuntura internacional permitió maquillar la pérdida de eficiencia que esto supuso, ya que los precios internacionales de los granos ingresaron en un “superciclo” alcista, con una primera suba notoria en 2003-2004 y una segunda de mayor magnitud a partir de 2007 hasta mediados de 2008.

Este fenómeno permitió dar continuidad a la expansión de la producción primaria a pesar de que la coyuntura interna ya no proveía los mismos incentivos que en la década previa. De hecho, entre enero 2002 y diciembre 2007, la tasa de cambio mensual promedio del indicador fue de 0,6%, prácticamente idéntica al período 1993-2001.

No obstante, el punto culminante de esta intervención fue la Resolución 125 en marzo de 2008, que pretendía establecer un sistema móvil de DEX para los principales granos, llevando la carga tributaria para la soja al 48,7%. La aplicación de esta resolución paralizó la comercialización granaria durante unos 120 días, hasta que el Senado resolvió dejarla sin efecto. Esto a su vez coincidió con la severa sequía 2008/09, que le pega el primer revés importante al indicador.

Asimismo, en los primeros años de la década pasada se rigidizaron los límites a la exportación de cereales, particularmente del trigo y del maíz, lo que atentó contra el crecimiento de la producción de estos cultivos y puso freno a la tendencia que el indicador exhibiendo hasta ese momento.

Además, entre 2012 y 2014, el Poder Ejecutivo implementó el sistema electrónico “Certificación y Liquidación de Granos” de la AFIP, regulando electrónicamente las operaciones de depósito, transferencia y compraventa. Este sistema, junto con el Sistema de Información Simplificado Agrícola (SISA), que unifica registros y califica la conducta fiscal de los operadores, estableció un control más estricto sobre la cadena de comercialización de granos.

Entre esta sucesión de cambios estructurales que implicaron mayor intervención, implicaron un cambio en la tendencia de crecimiento de la producción primaria: entre enero de 2008 y mayo de 2015, el indicador arroja una tasa de cambio promedio mensual nula (0,0%), marcando un claro período de estancamiento.

A partir de 2016, con la eliminación de los DEX para la gran mayoría de los productos, la eliminación de las restricciones físicas a la exportación y la reducción de las alícuotas de DEX para la soja se observa un nuevo impulso en el indicador, que alcanza su máximo histórico en abril de 2019 de la mano de la cosecha récord de Argentina.

Desde ese máximo histórico, el indicador exhibe el impacto que ha sufrido la producción primaria de las sucesivas sequías de los años 2021-2023, que culminó con la histórica 2022/23 y dejó al indicador en niveles equiparables a los de la 2008/09.

La salida de ese desastre productivo volvió a apuntalar al índice en para dejarlo apenas por debajo de su máximo histórico con la producción de la campaña 2023/24, pero el impacto de la “chicharrita” del maíz tardío se registraron caídas en el segundo semestre del año último.

Ya adentrándonos en el final de la serie, se aprecia una recuperación de la mano del ingreso de la cosecha 2024/25, que fue aceptable pero quedó lejos del máximo, pero marca un retroceso en los últimos meses ante la baja producción de maíz tardío esta campaña, que fue desplazado de los planes de siembra por parte de los productores ante el temor generado por la “chicharrita” la campaña previa.

En resumen, desde 1990 hasta la actualidad, la producción de granos pasó por varias etapas, con un fuerte impulso en la década de los ’90 de la mano de la liberalización y desregulación y un envión por parte de los precios internacionales en la primera etapa de los 2000, impulsado por el boom de la soja, la eficiencia portuaria e industrial del Gran Rosario y la adopción de tecnologías como la siembra directa y el silo bolsa.

Sin embargo, ya desde la última década se observa que el crecimiento promedio mensual merma significativamente, y si bien la serie alcanza un máximo en abril de 2019 de la mano de la mayor producción primaria de granos de Argentina, hace ya más de 6 años que no puede romper ese techo.

Primicias Rurales

Fuente: BCR Informativo Semanal

La actividad de la cadena agropecuaria creció 4% en un año

La actividad de la cadena agropecuaria creció 4% en un año

DIyEE – Bolsa de Comercio de Rosario (BCR)
El IACA-BCR mostró en octubre un crecimiento interanual del 4%, aunque se posiciona 0,2% por debajo de septiembre. La actividad agroindustrial se mantiene en niveles récords y la dinámica del sector exportador creció 0,6% respecto al mes anterior.

1.    IACA-BCR: ÍNDICE GENERAL

En el mes de octubre, el Índice de Actividad de la Cadena Agropecuaria (IACA-BCR) que estima la Bolsa de Comercio de Rosario se ubica un 4% por encima del nivel de octubre del año pasado, aunque registra una leve disminución del 0,2% respecto a septiembre por la caída momentánea en el avance en la superficie que se siembra con soja. En lo que va del 2025, la recuperación de la actividad de la cadena agropecuaria alcanza el 1,7%, midiendo puntualmente enero con octubre del 2025.

De las 12 series que componen el índice, cuatro registraron una variación mensual positiva en octubre, en tanto las ocho restantes marcaron un retroceso. Cabe mencionar que todas las series analizadas fueron filtradas por estacionalidad y valores irregulares extremos, de manera que resulte válido realizar comparaciones intermensuales. Así, se estima que el principal incremento mensual se registró en la serie de molienda de trigo, la cual se habría ubicado 1,7% por encima de septiembre. Adicionalmente, se evidencia un crecimiento en la faena de porcinos, mientras que la producción de leche avanzó 0,5%, continuando una racha positiva de 19 meses consecutivos. El último eslabón de la cadena, esto es, las exportaciones de los principales complejos agropecuarios también crecieron por quinto mes al hilo, mostrando una tasa de cambio mensual del 0,6%.

En contraposición, el avance mensual de labores agrícolas marcó en octubre una caída del 0,4% respecto a septiembre, lo que resultó de gran incidencia en el índice general, siendo que es la serie de mayor ponderación. Esta caída se sustenta principalmente en la menor superficie sembrada con soja, cuya implantación determina en gran medida la actividad del sector agrícola primario en el mes de octubre. La faena aviar y la faena de porcinos, por su parte, retrocedieron 0,4% y 0,5% en el décimo mes del año, respectivamente, mientras que se estima que las series de molienda de cebada, girasol y soja cayeron 1,3%, 0,6% y 0,2%. Finalmente, la producción de biodiésel y de bioetanol registraron caídas del 7,6% y del 3,3%, respectivamente, durante el mes de octubre.

2.    SUBÍNDICES

2.1.    IACA – Cultivos: Actividad de la producción de granos

La actividad de producción de granos, medida a través del avance mensual de labores agrícolas (AMLA) y que compone el subíndice IACA – Cultivos, registró en octubre una variación mensual desestacionalizada del -0,4%, hilando cuatro meses consecutivos en terreno negativo. Este indicador, que muestra la evolución de las labores de siembra y cosecha de los principales cultivos de Argentina para cada mes, recoge en octubre el avance en la siembra de soja, maíz, sorgo y girasol, así como también la recolección de trigo.

Por un lado, las condiciones hídricas marcaron el ritmo de siembra de los cultivos de verano, ya que la combinación de excesos de humedad y lluvias intermitentes generó demoras en algunas zonas productivas del país a lo largo del mes. A pesar de ello, en sectores con buena transitabilidad se registró un buen progreso. Por el lado del maíz, hacia finales de octubre se alcanzó un 35% del área sembrada, el registro más alto desde 2021, lo que, combinado una superficie proyectada de siembra por encima del promedio de los últimos cinco años, deja como resultado un gran número de hectáreas trabajadas durante el último mes. En términos similares, el progreso de implantación de girasol resultó del 58%, el dato más elevado desde 2018, junto con la mayor área estimada de siembra desde la campaña 2007/08. Asimismo, el avance de la siembra de sorgo fue del 12%, ubicándose levemente por encima del promedio de los últimos cinco años.

Por el contrario, durante el décimo mes del año se dio comienzo a las implantaciones de soja en varias provincias del país, como Buenos Aires, Córdoba, Santa Fe, Entre Ríos y San Luis. Si bien lo reportado por la Secretaría de Agricultura, Ganadería y Pesca (SAGyP) advierte que el ritmo porcentual de avance resultó similar al de años previos, la caída en el área estimada de siembra se traduce en un menor volumen de hectáreas trabajadas.

Finalmente, en lo que respecta a la cosecha de trigo, durante octubre la misma se concentró principalmente en las provincias del norte del país. Las lluvias hacia el final del mes en estas provincias resultaron beneficiosas para los cultivos, pero provocaron ligeras demoras en las labores de recolección. A pesar de ello, debido al incremento en el área sembrada del cereal para la campaña 2025/26 pronta a comenzar, se registró una elevada superficie trabajada durante el último mes.

2.2.    IACA – Agroindustria: Actividad agroindustrial

En cuanto a la actividad del sector agroindustrial, se advierte que la misma permaneció estable en octubre, con una tasa de cambio de apenas -0,04% mensual, sosteniéndose en niveles máximos históricos. La actividad agroindustrial se mide a través del desempeño de los sectores de molienda, faena, lechería y biocombustibles.

Llevando la mirada al interior de cada sector, se estima un avance del 0,1% en la molienda de los principales cereales y oleaginosas durante octubre, registrando una racha de crecimiento de seis meses consecutivos. Este incremento se ve impulsado por un importante volumen de crushing de soja, que si bien se estima que marcó una leve caída del 0,2% en octubre, acumula un crecimiento del 18% en lo que va de la campaña, alcanzando volúmenes mensuales históricos. La molienda de girasol también traccionó el índice al alza durante el último año, alcanzando los volúmenes mensuales más elevados en el siglo, respaldado por la gran producción de la campaña 2024/25 que emerge como la segunda mayor cosecha de los últimos 25 años. Como resultado, el subíndice de molienda se posicionó en octubre muy cerca del máximo histórico.

En lo que respecta a los cereales, por el contrario, la molienda de cebada cervecera registra seis meses consecutivos de retroceso, permaneciendo entre los valores más bajos de los últimos 10 años. Si bien la producción de la actual campaña se mantuvo en línea con el promedio, la caída en la industrialización del cereal refleja principalmente una menor demanda interna para la producción de cerveza. En términos similares, la molienda de trigo, destinada casi en su totalidad al mercado interno, mostró sucesivas caídas mensuales durante el último año, aunque se estima que en octubre habría logrado una recuperación del 1,7%.

Por su parte, el subíndice de faena mostró una leve retracción del 0,3% durante octubre, principalmente por la caída desestacionalizada observada en la faena de bovinos. Esta baja responde a una oferta restringida y a una mayor permanencia de la hacienda a campo, favorecida por las excelentes condiciones de las pasturas primaverales en gran parte de las regiones ganaderas. Con buena provisión de forraje y en un contexto de precios en suba, disminuyen los incentivos a apurar la salida a faena. Sumado a ello, en las regiones donde las lluvias resultaron excesivas, limitaron la disponibilidad de ganado para comercializar, incluyendo la imposibilidad de sacar terneros en zonas inundadas.

Por el lado de los precios, en octubre la cotización promedio del novillo en el mercado agroganadero registró un aumento mensual del 3,7%, lo que implica una ganancia real frente al índice de precios al consumidor (IPC) que, en el mismo mes, aumentó un 2,3%. Al deflactar por el IPC, el precio real del kilogramo vivo de novillo se ubica en el máximo de los últimos 20 meses, lo cual, sumado al buen estado general de las pasturas mencionado previamente, incentiva el agregado de peso en los esquemas de recría, restringiendo coyunturalmente la oferta.

En cuanto a la carne aviar, se advierte cierta estabilidad en los niveles de faena durante los últimos años. En lo que respecta al último mes, octubre operó como mes de transición en el frente externo, luego de que Argentina recuperara el estatus de país libre de influenza aviar a inicios del 2025. Por el contrario, en lo que respecta al sector porcino, se advierte una clara tendencia creciente en la faena desde principios de siglo, impulsada principalmente por una demanda interna que se mantiene firme, traccionando el subíndice de faena al alza.

En lo que respecta al sector lechero, durante el mes de octubre la producción de leche habría registrado un nuevo incremento respecto al mes anterior, evidenciando 19 meses consecutivos al alza. Este aumento se ve impulsado por las buenas condiciones climáticas para la producción durante el último año, que han permitido un importante crecimiento de pasto, mejorando su participación en las dietas. Asimismo, el consumo per cápita en los primeros nueve meses del año registró un repunte del 14%, según datos del Observatorio de la Cadena Láctea (OCLA), traccionando la demanda.

No obstante, las relaciones de precio favorables que se venían observando hasta mitad del año en curso a causa de la caída en la cotización de los granos parece haberse revertido en los últimos meses. Como consecuencia, se estima que un litro de leche, en promedio, podría comprar 1,87 kg de maíz y 0,98 kg de soja en octubre. En el caso del cereal, la relación de referencia suele ser de 2, es decir, un litro de leche debería poder comprar 2 kg de maíz, mientas que en lo que respecta a la soja, la relación de referencia suele ser de 1. De esta manera, el precio relativo del litro de leche por kilo de soja y maíz se ubicó por debajo de los precios de referencia durante el último mes.

Finalmente, se estima que la producción conjunta de biocombustibles, medida a través de la elaboración de biodiesel y bioetanol a base de maíz, registró una baja mensual del 5,4% durante octubre. Esta caída se enmarca en un panorama de tendencia bajista de largo plazo desde hace varios años.

En lo que respecta al biodiesel, la producción habría marcado una fuerte caída en octubre, impactada principalmente por una paralización total de 25 plantas productoras en reclamo por un atraso del precio regulado. A ello se le suma una menor demanda internacional, considerando que en lo que va del año el comercio exterior de este biocombustible da cuenta de los menores niveles de exportaciones desde la existencia de la industria. Mientras tanto, se estima que la producción de bioetanol también registró una variación mensual negativa durante el décimo mes del año, aunque la tendencia de largo plazo se posiciona al alza, con un crecimiento neto del 2,8% en lo que va de 2025.

2.3.    IACA – Agroexportación: Actividad de la agroexportación

Finalmente, analizando el último eslabón de la cadena, se advierte que las exportaciones de los complejos agroindustriales marcaron un avance mensual del 0,6% en octubre, encadenando cinco meses al alza. Entre los complejos que impulsaron este incremento, se destaca el complejo girasol, ante el mencionado crecimiento productivo y de molienda. Sobresalen asimismo las exportaciones del complejo trigo, debido a una mayor oferta exportable respecto del ciclo previo, así como también las ventas externas del complejo carne y cueros bovinos, en el marco de la suspensión temporal de derechos de exportación desde finales de septiembre hasta el 31 de octubre. Por el contrario, durante el mes de octubre se advirtieron retrocesos en las exportaciones del complejo cebada y del complejo avícola.

Primicias Rurales
Fuente: BCR Informativo Semanal