En el Simposio Fertilidad 2025, especialistas de la salud y de la producción debatieron sobre la conexión entre suelos, alimentos y personas. Se centraron en el enfoque «Una salud» para una producción más sostenible y nutritiva. Enterate en esta nota cómo los suelos degradados afectan la nutrición y la salud humana.
Buenos Aires, domingo 18 mayo (PR/25) — Días atrás se llevó a cabo un encuentro de distintos profesionales que, en el marco del Simposio FERTILIDAD 2025, que organizó FERTILIZAR Asociación Civil bajo el lema “Nutrir el suelo, alimentar el futuro”. Allí compartieron información y distintos trabajos acerca del estado del suelo de nuestra región y de las distintas alternativas para abordar en cada una de las regiones donde se producen alimentos.
En uno de los paneles, “Una salud: nutriendo suelos, cultivos y personas”, se abordó el concepto one health, que impulsa la Organización Mundial de la Salud, que reconoce la interconexión entre la salud humana, la salud animal y el ser humano, y promueve la colaboración intersectorial para abordar los desafíos sanitarios desde una perspectiva sistémica.
En ese panel, que estuvo coordinado por el periodista Ricardo Bindi, abordaron este enfoque Miguel Taboada, de la Facultad de Agronomía de la UBA; Ana Posas, de la FAO; y el consultor médico Claudio Zin, quienes coincidieron en que el estado de los suelos incide directamente en la calidad de los alimentos y, por lo tanto, en la salud de las personas.
En este marco, Taboada propuso “superar la lógica de la productividad” para comprender el impacto que tiene la degradación de los suelos en la salud pública. El especialista enumeró los peligros que vuelven vulnerable al suelo, como la erosión, los desbalances de nutrientes y la contaminación por uso excesivo de pesticidas.
Taboada advirtió también sobre las consecuencias menos visibles, pero más graves, como la pérdida de micronutrientes esenciales en los cultivos. Puso el caso del zinc, cuya deficiencia no solo reduce la fertilidad del suelo, sino que compromete el valor nutricional de los alimentos. “Muchos cultivos han perdido entre 9 y 38% de sus niveles de nutrientes esenciales en las últimas décadas”, sostuvo. Por eso, destacó la importancia de prácticas como la biofortificación, el manejo responsable de fertilizantes según las 4R (por la palabra inglesa right: fuente correcta, dosis correcta, momento correcto y lugar correcto), la fijación biológica de nitrógeno y la medición periódica de suelos.
Desde la FAO, Ana Posas definió que el enfoque “Una salud” integra suelos, cultivos, animales y personas como eslabones de un mismo sistema. Subrayó que el 95% de los alimentos que consumimos depende del suelo, y que más del 99% de las calorías y el 93% de las proteínas que ingiere la población humana, provienen directa o indirectamente de cultivos que crecen en él. “El suelo es el origen de todo”, afirmó.
Según datos del organismo, más de 2.000 millones de personas sufren “hambre oculta”, una forma de malnutrición provocada por dietas que aportan calorías, pero carecen de nutrientes como hierro, zinc, yodo o vitamina A. Este problema afecta a cerca del 50% de los niños en todo el mundo y a dos tercios de las mujeres en edad reproductiva. “La malnutrición ya no es solo desnutrición u obesidad. Hoy también hablamos de personas que comen, pero no se nutren”, sostuvo Posas.
En este contexto, destacó la necesidad de promover una agricultura “sensible a la nutrición”, que priorice el contenido nutricional de los cultivos más allá del rendimiento. Y advirtió que “los fertilizantes son solo una parte de la solución: se necesita un enfoque ecosistémico que articule factores físicos, químicos y biológicos del suelo, marcos regulatorios, investigación científica y el compromiso de todos los actores de la cadena”.
El cierre del panel estuvo a cargo del reconocido médico, Claudio Zin, quien desmitificó el uso de suplementos como solución rápida a los problemas de salud. Según el especialista, la longevidad depende más del estilo de vida, la genética y, en parte, de la suerte, que del consumo de multivitamínicos.
Zin criticó con dureza el avance de los alimentos ultraprocesados, a los que responsabilizó del aumento de enfermedades crónicas. También se mostró a favor de gravar con impuestos a las empresas que utilizan azúcar en exceso en los alimentos procesados, tal como sucede con el tabaco. Y propuso una vuelta a lo simple: al consumo de frutas y verduras de estación, a los alimentos de baja industrialización y a la comida compartida: “Comer acompañado es parte de una alimentación saludable, no solo por lo que se come, sino por cómo se comparte”.
En el Simposio Fertilidad 2025 se analizó la nutrición de forrajes para la producción ganadera con cuestionamientos a las prácticas actuales, explorando nuevas estrategias de fertilización de forrajeras, y enfatizando en los nutrientes estratégicos en pasturas de las zonas productivas.
Rosario, mates 13 mayo (PR/25) — El Simposio FERTILIDAD 2025, realizado en Rosario bajo el lema «Nutrir el suelo, alimentar el futuro», reunió durante dos días en Rosario a destacados especialistas para debatir sobre la nutrición en sistemas de producción ganadera. En el Panel de forrajes, se presentaron María Alejandra Marino, Gonzalo Berhongaray y Cristian Álvarez.
Marino presentó los resultados de una encuesta realizada a 300 productores ganaderos. Los datos revelaron “una tendencia de baja o nula aplicación de fertilizantes en pastizales naturales, que constituyen la base forrajera de la producción ganadera” (90% de los productores respondió que nunca los fertiliza), situación “que genera un círculo vicioso de improductividad”.
En cuanto a las pasturas perennes, como la alfalfa, el relevamiento indicó que el 50% de los productores que las utilizan fertilizan solo al momento de la siembra, a pesar de reconocer una vida útil promedio de 6 años para estas pasturas. “Esto sugiere una estrategia de fertilización inicial que no se acompaña de aportes de nutrientes a lo largo del ciclo productivo”.
En contraste, los cultivos forrajeros anuales o verdeos muestran una mayor adopción de la fertilización, con al menos el 50% de los encuestados afirmando fertilizarlos anualmente. “Esta práctica se asocia a la búsqueda de una alta producción de forraje en un corto período”.
Al analizar el uso de fertilizantes por nutriente, se observó que los fertilizantes fosfatados representan aproximadamente la mitad del volumen utilizado, seguidos por los nitrogenados (46%). Solo un 4% corresponde a fertilizantes azufrados y un 1% a otros nutrientes.
Los principales motivos reportados para no fertilizar incluyen la percepción de no observar una respuesta significativa (casi 60%) y la creencia de tener suelos con suficiente fertilidad (30%). Solo una minoría (menos del 10%) lo atribuye a la falta de recursos económicos.
Finalmente, Marino destacó que, si bien los productores consideran la recomendación técnica, subyace una baja convicción en la respuesta a la fertilización en recursos forrajeros. Concluyó que la ganadería pastoril argentina tiene un enorme potencial de crecimiento, pero sus recursos forrajeros se encuentran en una condición de subnutrición generalizada, lo que representa un desafío y una oportunidad para mejorar las prácticas de manejo y nutrición.
Gustavo Berhongaray, de la facultad de Ciencias Agrarias de la UNL abordó el manejo de fertilización en sistemas pastoriles, planteando en principio que “fertilizar una pastura no siempre significa producir más pasto, y producir más pasto no siempre es necesario ni rentable, a diferencia de los cultivos de grano”. En este sentido dijo que para el tambero “el objetivo no es solo producir más, sino aprovechar mejor lo que se produce”.
Berhongaray derribó el mito de que los suelos de los tambos están naturalmente bien nutridos. Tras analizar 17 establecimientos pastoriles con suelos vírgenes y agrícolas, se vio que los niveles de materia orgánica, fósforo, nitrógeno, azufre, magnesio y otros nutrientes estaban muy por debajo de los valores de referencia, incluso en profundidad (hasta 60 cm). Y la distribución de nutrientes no era homogénea. “En los sectores donde se concentra la suplementación, como los piquetes, hay una acumulación excesiva, mientras que en los lotes más alejados las concentraciones de fósforo, por ejemplo, caen a valores críticos”, describió.
Ante este diagnóstico, Berhongaray avanzó con una revisión de más de 200 ensayos de fertilización de verdeos de invierno (centeno, triticale, trigo, avena y raigrás) para construir una herramienta de recomendación. Si bien solo 10% de los ensayos incluían análisis de suelo, se trabajó con respuestas promedio y eficiencia agronómica como indicador clave: kilos de materia seca producida por kilo de nitrógeno aplicado.
En este orden dijo que además de mejorar la producción de forraje, la fertilización también impacta en la calidad. En los ensayos recopilados, la aplicación de nitrógeno elevó el contenido de proteína bruta del 16,2 al 18,4%, lo que representa un incremento de más de 600 kilos de proteína por hectárea.
Finalmente, Cristian Álvarez, técnico del INTA Anguil, planteó los números de la producción forrajera para ganadería de carne, con foco “en la reina de las pasturas”, la alfalfa. “No tenemos la misma producción que hace 20 años, y sin embargo la genética ha avanzado muchísimo. Las alfalfas antes duraban cinco o seis años; hoy, en algunos sistemas, apenas llegan a tres, y en otros, a dos”.
Además, aparecieron problemas en los suelos como compactación, falta de estructura, baja porosidad, pH inadecuado en profundidad y estratificación de nutrientes. “Cerca del 40% de los lotes analizados muestran este tipo de limitantes”.
Citando una serie de casos, indicó que un ensayo realizado con una alta dosis de superfosfato triple -800 kilos por hectárea- se dieron incrementos de hasta 80% en biomasa respecto al testigo, aunque no se pudo precisar qué nutriente —fósforo o azufre— fue el más determinante.
También el azufre se destacó por su impacto positivo sobre la alfalfa. En algunos ambientes, solo con la aplicación de este nutriente se logró un aumento del 24% en la producción.
En otro orden alertó que el balance de nutrientes demostró ser muy negativo. “En sistemas donde se realizan cortes mecánicos, el 90 a 100% de los nutrientes se extraen y no se reponen”.
En sus conclusiones apuntó que, si bien hubo avances en la genética y en el manejo forrajero, muchos sistemas siguen perdiendo capacidad productiva por no tener en cuenta la nutrición y las condiciones físicas del suelo. “El descuido de variables como la compactación o la proporción de cationes nos está generando conflictos importantes, no solo en producción, sino en persistencia y calidad. No es solo cuestión de poner fertilizante, sino de entender qué se lleva el sistema en cada corte y qué hay que reponer”, cerró Álvarez.
Con el consenso de pensar el Simposio como fuente de información y conocimiento para motivar la innovación, culminó su 17° edición “Nutrir el suelo, alimentar el futuro”, con la participación de 3.000 asistentes, entre presenciales y vía streaming.
Buenos Aires, 11 de mayo (PR/25) .- Al cierre del evento, que tuvo lugar en Rosario, María Fernanda González Sanjuan, Fernando García y Esteban Ciarlo realizaron un repaso por los principales conceptos de los paneles, se entregó el Premio Estímulo Néstor A. Darwich al “Mejor Poster de Investigador Joven” en su 1ra Edición, y se sorteó un dron entre los asistentes acreditados.
Como ya es tradición, esta edición también dejó 10 mensajes claves como visión del trabajo realizado desde la última edición en 2023, y como prospectiva de los desafíos para los próximos años. Esta vez como un mensaje global que expresa el espíritu del Simposio, Fernando García y Esteban Ciarlo, los coordinadores académicos del encuentro, destacaron que “de estas jornadas no te vas a llevar una solución para aplicar en un lote, porque sabemos que no hay recetas mágicas, pero sí generamos un espacio para la generación de información y conocimiento para motivar la innovación”.
En cuanto a las 10 frases de esta edición, García detalló:
1. Los suelos muestran agotamiento de nutrientes, monitorear es clave.
2. Las brechas de aplicación explican significativamente las brechas de rendimientos.
3. VER el Fósforo, VER es Diagnosticar para identificar el problema.
4. Salud del suelo es Salud humana, Nutrición del suelo es Nutrición humana.
5. Sostenibilidad, nuestros manejos impactan nuestros suelos … y mucho más allá del lote.
6. ¡Big data e IA son herramientas claves y ya están disponibles! Educarnos y prepararnos para trabajos abiertos y colaborativos.
7. La inversión en tiempo y recursos para caracterizar la heterogeneidad y trabajar con precisión es una buena decisión.
8. Los bioestimulantes, las especialidades: mejor con adopción basada en evidencia científica.
9. Las brechas de nutrición de los sistemas forrajeros son aún más pronunciadas que las de la producción de granos.
10. No hay una receta única para todas las zonas agrícolas, sólo buena agronomía.
Al final de la jornada, González Sanjuan entregó el Premio Estímulo Néstor A. Darwich al “Mejor Poster de Investigador Joven” en su 1ra Edición, explicando que por “la cantidad de participantes y la calidad de sus trabajos, el jurado decidió otorgar una mención, un segundo y un primer premio”.
La mención fue para Paula Iglesias, que presentó un póster sobre “Gestión del nitrógeno en maíz: balance entre productividad y sostenibilidad”; el 2do Premio fue para Juan Rompani, cuyo trabajo se basó en “Modelos para apoyar el manejo sitio-específico de la fertilización nitrogenada en trigo en el centro oeste bonaerense”.
Finalmente, el 1er Premio se lo llevó Oscar Ávila, con su póster sobre “Calibración de métodos de diagnóstico de potasio basados en el análisis de suelo”.
Cabe recordar que el jurado estuvo conformado por el Dr. Flavio Gutiérrez Boem (FAUBA y CONICET), el Ing. Agr. Andrés Grasso (Representante de la firma RECUPERAR S. A.) y el Ing. Agr. Valentín Bastini (Representante de la firma RIZOBACTER).
El afortunado ganador del sorteo entre los presentes al cierre del Simposio fue Walter Fabbro, oriundo de Rafaela, quien se llevó un dron de última generación.
Reconocimientos a la trayectoria
Como en cada edición del Simposio, se dedicó un espacio especial a reconocer a referentes del sector, aquellas personas y profesionales que, a través de su recorrido, transmitieron conocimientos, inculcaron el apego a la ciencia y a la evidencia, enseñaron que es importante compartir la información, pero por sobre todas las cosas, contagiaron la PASION por la ciencia del suelo y la nutrición de cultivos.
En esta oportunidad, los reconocidos fueron Alberto Quiroga, Ingeniero Agrónomo (UNLPam), Magíster y Doctor en Agronomía (UNSur), quien actualmente se desempeña como profesional consulto del INTA Anguil, continuando su gran labor como extensionista, acercando sin descanso de manera práctica y sencilla, los resultados académicos de las prácticas agropecuarias relacionadas al manejo de los suelos.
El segundo reconocimiento fue para Agustín Sanzano, Ingeniero Agrónomo egresado de la Universidad Nacional de Tucumán. Es Master en Ciencias del Suelo de la Universidad de Buenos Aires, Investigador Principal y Jefe de la Sección Suelos y Nutrición Vegetal en la Estación Experimental Agroindustrial Obispo Colombres de Tucumán.
Asimismo, Norma Arias y Juan José de Battista fueron homenajeados en el evento. Son dos apasionados de la agronomía que dejaron una huella imborrable en el INTA Concepción del Uruguay.
Sin duda el Simposio FERTILIDAD 2025 constituye el evento de carácter técnico y comercial especializado más importante del sector, trazando una agenda de trabajo y reuniendo a los referentes científicos y empresarios en jornadas que literalmente nutren el conocimiento para lo que se viene en manejo estratégico de los sistemas productivos.
El Simposio contó con la cobertura de más de 90 medios periodísticos y con el apoyo de las siguientes empresas: Agritec Global, Asociación de Cooperativa Argentina Coop. Ltda, Afital, Amauta Agro, Bertotto Boglione, Bunge Argentina, Clarion, Cofco Internationals Argentina, Compo Expert Argentina, Crucianelli, Duraplas Argentina, Easyagro, Fertilab, Jacto, Laboratorios NOVA, Louis Dreyfus Company Argentina, Microessentials, Nitron Group, Nutrien AG Solutions Argentina, OCP, Profertil, Puerto San Nicolás, Timac Agro, Recuperar, Rizobacter Argentina, Spraytec Argentina, SR Industria Metalúrgica, Stoller, Suelo Fértil, Yara e YPF Agro.
Rosario, sábado 10 mayo (PR/25) — Expertos en agronomía digital mostraron cómo el uso de Big Data e Inteligencia Artificial está revolucionando la nutrición de cultivos: desde modelos predictivos de rendimiento y calidad, hasta “gemelos digitales” que simulan escenarios en tiempo real para optimizar decisiones agronómicas.
En el Simposio Fertilidad 2025, el panel sobre “Big Data e Inteligencia Artificial para mejorar la nutrición” reunió a referentes internacionales en el tema, como el argentino Ignacio Ciampitti, investigador de la Universidad de Purdue, y Esteban Tronfi, de la empresa Ravit.
Ciampitti inició con la premisa de que “la tecnología avanza más rápido que la ciencia” y planteó que además de contar con datos hay que integrarlos y darles valor para la toma de decisiones. “La agricultura digital no es nueva, pero aún estamos aprendiendo a usarla bien”. En este sentido recordó que hay herramientas disponibles desde hace décadas -como los monitores de rendimiento- pero recién ahora se usan de forma efectiva “por el desarrollo de plataformas que permiten procesar y transformar esos datos en prescripciones de manejo”.
El profesor universitario planteó la necesidad de construir modelos predictivos a partir de múltiples fuentes de información. Puso como ejemplo a los modelos probabilísticos que permiten ajustar la densidad óptima de plantas según condiciones climáticas, como años secos o húmedos. También ejemplificó con el uso de imágenes satelitales para monitorear cultivos, predecir rendimiento y estimar estados fenológicos. Apuntó que, en ensayos realizados en Estados Unidos y Brasil, el equipo de Purdue logró predecir rendimientos de maíz y trigo con altos niveles de precisión, utilizando índices espectrales de satélites como Sentinel. “Una imagen satelital por semana es suficiente para tomar buenas decisiones”.
Ciampitti compartió avances en colaboración con la NASA, donde a partir de vuelos con sensores hiperespectrales en aviones lograron estimar concentraciones de nitrógeno en maíz y construir curvas de dilución de nutrientes. “Lo que buscamos es saber, en cada momento, cuánta biomasa hay y cuánta concentración de nitrógeno, para ajustar la nutrición de forma dinámica”, explicó.
En una línea más ambiciosa, también mostró avances en la predicción de calidad de cultivos. Con un trabajo basado en más de 300 lotes de productores en Estados Unidos, desarrollaron modelos que permiten mapear proteína y aceite en soja a partir de imágenes satelitales y algoritmos de inteligencia artificial. “La idea es construir una secuencia de datos que conecte satélites, cultivos y modelos de machine learning (aprendizaje automático) para hacer predicciones útiles y transferibles. La imagen satelital sin interpretación agronómica no sirve”, cerró.
Posteriormente, Tronfi, fundador de la Red Agropecuaria de Vigilancia Tecnológica- Ravit-, se refirió a la experiencia de agronomía aumentada: “los gemelos digitales” para aprender y decidir mejor la nutrición de sistemas complejos. Estos modelos de toma de decisión implican “empoderar a quien toma las decisiones, dotarlo de más capacidades”. Para ello -dijo- “necesitamos unir el mundo de las decisiones con el mundo de la realidad”.
“Entendíamos que en la tecnología que manejábamos, los puntos que fundamentaban las decisiones estaban bien, lo que había cambiado era el contexto”. Por eso, dijo que ahora “si queremos aprender de la realidad, tenemos que trabajar en una red de realidades que permitan abordar toda esa complejidad”.
Así con el propósito de trasladar esa red de experiencias reales a la toma de decisiones “con datos anclados”, en la Ravit se propusieron construir “3 convergencias”: de la experiencia a partir de los agricultores; la de la inteligencia colectiva con la integración técnica y científica; y la tecnológica con IA y Big Data.
“A partir de estas convergencias desarrollamos modelos regionales con relación entre el ambiente, las decisiones de manejo y los resultados, conformando 750.000 nodos que llamamos tokens”, detalló Tronfi. “Queríamos llegar al decisor en el lote y dentro del lote en los diversos ambientes, así aparecieron los gemelos digitales”, agregó.
De ahí definió que “un gemelo digital es la representación del lote, es el intermediario entre los datos del lote y el conocimiento científico para la interpretación”, similar a una pantalla de simulación “donde se pueden plantear diferentes situaciones en base a datos reales, como la oferta hídrica y establecer variables de rendimiento y alternativas de fertilización nitrogenada en función de los posibles mapeos”.
“Con esos mapeos se establecen diversas alternativas de manejo con una proyección muy acertada y con un margen de anticipación que puede funcionar en los diferentes escenarios”, concluyó Tronfi.
El Simposio FERTILIDAD 2025 reunió a especialistas para explorar las últimas tendencias en nutrición vegetal, desde el uso de bioestimulantes hasta estrategias para mejorar la eficiencia en el uso de nutrientes.
Buenos Aires, 9 de mayo (PR/25) .- El Simposio FERTILIDAD 2025 abordó las innovaciones en nutrición vegetal, con presentaciones de destacados expertos como el belga Patrick Du Jardin, Fernando Salvagiotti y Nahuel Reussi Calvo en un panel que fue moderado por César Quintero, de la facultad de Ciencias Agropecuarias de la UNER.
Du Jardin de la Université de Liége, experto en fisiología y nutrición vegetal, se centró en los bioestimulantes y su rol en la innovación de la nutrición de cultivos. Destacó la importancia de comprender cómo los bioestimulantes pueden mejorar la nutrición vegetal, definiéndolos como productos que estimulan los procesos de nutrición de las plantas, independientemente de su contenido en nutrientes.
El especialista enfatizó que los bioestimulantes son distintos de los fertilizantes en su capacidad para promover el crecimiento de las plantas incluso cuando se aplican en pequeñas cantidades. Pueden ejercer sus efectos a través de la actividad hormonal y la estimulación de antioxidantes en las plantas.
El profesor aportó que los bioestimulantes se definen por sus «declaraciones» o funciones que cumple, más que por su composición o mecanismos de acción. Señaló además que los bioestimulantes se categorizan por separado en microbianos y no microbianos.
Habló del uso de mezclas de bioestimulantes orgánicos (incluidos extractos de algas marinas, ácidos húmicos y aminoácidos) para promover el crecimiento de las plantas al tiempo que se reducen los insumos de fertilizantes. En una investigación se demostró que los bioestimulantes pueden mejorar la eficiencia en el uso de nutrientes, en lugar de suministrar nutrientes directamente.
Du Jardin citó análisis que demuestran el beneficio promedio en el rendimiento de los cultivos por el uso de bioestimulantes no microbianos en 17,9 % y de los bioestimulantes microbianos en 16,2 %.
El especialista belga remarcó la importancia de utilizar los bioestimulantes de manera estratégica, señalando que «no son soluciones universales» y que su efectividad depende de comprender el problema específico que se busca resolver. En este sentido, destacó su potencial para mejorar la eficiencia en el uso del nitrógeno, o complementar las estrategias de fertilización actuando sobre la fisiología de la planta, la arquitectura radicular y promoviendo el establecimiento de simbiosis microbianas.
Seguidamente, el investigador del INTA Oliveros, Fernando Salvagiotti, planteó una mirada agronómica integral para abordar el manejo de los nutrientes y el rol de las tecnologías biológicas en los sistemas productivos, así como advirtió sobre los límites que aún tienen algunos productos biológicos cuando se evalúan a campo.
“Trabajamos a nivel de cultivos y sistemas de producción. Si bien hay muchos efectos positivos en condiciones controladas, como cambios fisiológicos o morfológicos de las plantas, eso no siempre se traduce a campo si no lo entendemos dentro de una escala más elevada”, explicó.
De ahí que remarcó “los desafíos actuales no pasan solo por aumentar la producción, sino también por optimizar el uso de los recursos, evitar la erosión, reducir la contaminación y lograr un aporte nutricional eficiente”.
Salvagiotti alertó que uno de los problemas estructurales que se repiten en la región pampeana es la baja disponibilidad de nutrientes: “Tenemos deficiencia de fósforo, bajos contenidos de materia orgánica y cambios de pH que afectan el valor nutricional del suelo. Eso limita el rendimiento potencial y profundiza las brechas productivas”.
En ese contexto, destacó que el manejo de tecnologías, incluidos los productos biológicos, debe hacerse” con una base agronómica sólida”. Ejemplificó con los casos de la soja, arveja y maíz y las demandas de nitrógeno. “Cada uno responde en función de su fisiología y de las fuentes disponibles del nutriente”, ya sea por vía sintética, simbiótica o biológica.
Uno de los puntos centrales de su exposición fue el análisis de los inoculantes microbianos. “Un inoculante es una herramienta agronómica basada en microorganismos vivos seleccionados, que pueden aportar nutrientes o promover el crecimiento de las plantas. Pero los efectos a escala de campo suelen ser moderados: rendimientos que suben entre 7 y 10%, con mejoras más visibles en la biomasa radicular durante los estados vegetativos”, precisó.
Finalmente, Salvagiotti mostró un análisis global de los aportes relativos de nitrógeno por fijación biológica. “Una simbiosis como la de rizobios con leguminosas puede aportar hasta 130 kilos de nitrógeno por hectárea al año. Pero otros microorganismos asociados, como los de vida libre o aquellos que habitan en la rizósfera, contribuyen mucho menos, entre 5 y 10 kilos. Por eso es clave entender el impacto agronómico real de cada tecnología”.
En las conclusiones, el investigador del INTA sostuvo que los biológicos no deben ser vistos como soluciones mágicas, sino como herramientas complementarias dentro de un manejo agronómico bien fundamentado. “Este es el campo de juego sobre el que tenemos que trabajar”.
El panel lo cerró Reussi Calvo, de la facultad de Ciencias Agrarias de la Uiniversidad de Mar del Plata, quien encaró la cuestión de los “Fertilizantes de eficiencia mejorada” centrándose en las innovaciones para aumentar la eficiencia del uso del nitrógeno, incluyendo las «4R» de la nutrición, los fertilizantes de liberación lenta y controlada, los fertilizantes estabilizados y los bioestimulantes.
“Son formulados para aumentar la disponibilidad de nutrientes, reduciendo pérdidas por volatilización, lixiviación o desnitrificación”, explicó. Su uso, remarcó, cobra sentido en ambientes con condiciones predisponentes a esas pérdidas.
A nivel global, apuntó que estas tecnologías reducen emisiones de óxido nitroso, pero advirtió, no generan incrementos significativos en el rendimiento. Sin embargo, al medir la intensidad de emisión (cuánto se emite por unidad de producto), sí se observa una mejora.
“Cuando se habla de fertilizantes de eficiencia mejorada en Argentina, aparecen dos grupos: los escépticos totales y los optimistas del gol. Pero la verdad está en el medio”, afirmó. En el país, los cultivos -especialmente el maíz- muestran severas brechas de nutrientes, con dosis ajustadas por debajo de lo necesario. “Ya estamos siendo muy eficientes porque producimos con lo que nos da el suelo, pero eso no significa que estemos bien. Estamos degradando nuestros suelos”, acusó.
En el análisis de la huella de carbono de los fertilizantes, mostró cómo prácticas como fraccionar la aplicación de nitrógeno o utilizar inhibidores pueden reducir las emisiones indirectas sin afectar el rendimiento. “Cuando integramos tecnologías de insumos con tecnologías de procesos, como el manejo del momento y la forma de aplicación, la huella de carbono baja aún más”.
Con la visión puesta en combinar estrategias mecánicas y biológicas para que el suelo exprese su mejor versión
Rosario, viernes 9 mayo (PR/25) — “Sostenibilidad de nuestros sistemas: Suelos y más allá”, fue la temática que abordaron Silvia Imhoff, Alberto Quiroga y Rodolfo Bongiovanni, expositores moderados por Mirta Toribio de FERTILIZAR AC, en la tarde de la primera jornada del Simposio FERTILIDAD 2025.
Con un abordaje integrado desde diversos enfoques, como la composición del suelo, las estrategias de manejo y las oportunidades de agregar valor ambiental, los expositores del panel “Sostenibilidad de nuestros sistemas: Suelos y más allá” brindaron un panorama de las herramientas y tecnologías disponibles que permiten avanzar en el camino para lograr un mayor valor ambiental.
Silvia Imhoff se refirió a la salud física del suelo y a su capacidad continua para funcionar como un ecosistema vivo que sustenta la vida. La investigadora de la FCA de la UNL- CONICET señaló que, como ecosistema complejo, el suelo tiene 4 limitantes importantes desde el aspecto físico: temperatura, impedimento mecánico, oxígeno, cantidad de agua/potencial hídrico. Todos actúan en interdependencia, pero el último es el que condiciona el agua junto con los nutrientes disponibles para la absorción por parte de la planta.
“Cuando el suelo se compacta la humedad a capacidad de campo en términos de aire y poros se reduce”, indicó Imhoff. Es decir, puede haber agua, pero la planta no puede aprovecharla porque no puede crecer debido a la compactación.
Al respecto mencionó ensayos en campos de Santa Fe con suelos hipercompactados con el uso de la maquinaria disponible sin adaptar. La experiencia general arrojó que, a menor compactación, mayores rendimientos. Además, la investigadora comentó que estos componentes asociados con otros, por ejemplo, el aporte de calcio (como sulfato e hidróxido) mejoraron también los niveles de ph y de zinc.
“La interacción entre la estructura del suelo y los nutrientes es directamente proporcional”, precisó Imhoff. De hecho, “en este sistema complejo con características físicas, biológicas y químicas del suelo, todo está conectado”, agregó.
Desde un enfoque del manejo de los suelos, el consultor Alberto Quiroga, planteó el interrogante ¿Qué hacemos mal, qué hacemos bien?. Para pensar en los sistemas de producción y la influencia del manejo de los suelos. “El suelo es lo que es porque se relaciona con lo que hicimos”, sentenció.
En este análisis que recupera un bagaje histórico Quiroga destacó la biomasa de raíces en términos de índice de rotación (IR) y la secuencia de cultivos como un parámetro bastante estable. Otro parámetro de referencia es el tiempo de ocupación (TO), o sea el porcentaje del ciclo productivo en que el suelo está cubierto.
“En lo que respecta a la biomasa de raíces vemos que un buen promedio son las 8 ton/ha., mientras que un buen índice de TO estaría por encima del 60%”, detalló el consultor. Sin embargo, reveló que en los últimos 20 años el IR pasó de 8tn/ha. a 4 tn/ha., y el TO se redujo de 70% a 42%. Entonces “¿cómo mantener los nutrientes si hemos bajado el volumen y el tiempo de raíces activas en el suelo?”, consultó Quiroga al auditorio colmado.
Para él, la estrategia es pensar en combinaciones estratégicas de manejo del suelo, por ejemplo, en la falta de macro porosidad hay 5 factores que entran en juego, hay que identificar cuáles son los que interactúan en cada caso y diseñar la estrategia en base a ello, advirtió.
Según el consultor, “en general, los trabajos de descompactación no se están haciendo bien”, afirmó. Y agregó que eso no requiere grandes inversiones, sino mejor conocimiento del suelo, sostuvo el especialista.
A su turno, Rodolfo Bongiovanni (EEA INTA Manfredi), brindó detalles sobre la Huella de C en sistemas agropecuarios, como práctica de base para pensar en la mitigación de emisiones de GEI.
A nivel mundial, la actividad que más gases con efecto invernadero (GEI) produce es la energética, principalmente el uso de combustibles fósiles. En Argentina, a esta actividad le sigue la agricultura. “En 2018 representaba un 39% del total de GEI y pasó en 2020 al 45%, es decir un aumento de 2,7%, diferencia impulsada por la pandemia”, reveló.
Bongiovanni recomendó informarse sobre las herramientas existentes y la información disponible para evaluar, reducir, secuestrar el carbono de los sistemas. En este sentido, destacó la importancia de contar con información local, ya que los informes europeos, aplican métodos y parámetros que no son viables o representativos para todas las regiones argentinas por igual, por ejemplo, el índice de deforestación.
En esta línea, el referente de INTA señaló que, para los sistemas productivos argentinos, la siembra directa ya no es suficiente, “necesitamos mecanismos que brinden mayor secuestro de C”, sostuvo Bongiovanni.
Dentro de las recomendaciones, además de establecer la huella de carbono, a través de calculadores online desarrollados por INTA/INTI y el programa de las bolsas PACN y otras, el especialista mencionó la importancia de comenzar a secuestrar C mediante protocolos y métodos disponibles, como el de FAO (GSOC MRV) o el test IPCC, que son perfectibles a partir de datos locales.
Otra alternativa son los bonos de carbono (capturado o evitado), mercado voluntario del que ya participan 170 actores. Del mismo modo, Bongiovanni recomendó conocer sobre las certificaciones y trazabilidad como oportunidades de agregar valor ambiental.