El desafío de los obsoletos

El desafío de los obsoletos

Por Salvador Di Stefano

Caba, 13 de noviembre (PR/20) .-  El COVID-19 generó un cambio económico global de dimensiones poco conocidas. Pasaremos de una economía con estancamiento secular, exceso de ahorro que generaba poca inversión y escaso crecimiento, a una economía en donde los cambios estructurales obligarán a realizar inversiones, cambiar la dirección del dinero y apuntar a negocios con potencialidad de crecimiento.

Estamos en un escenario de desglobalización, en donde las cadenas de suministros se van a alinear por regiones y no a escala global. Los países con altos niveles de deuda deberán realizar un gran esfuerzo por reducirlas u optar por la monetización de las mismas, lo que implicaría más inflación futura, esto traería como correlato la devaluación de muchas monedas a escala global, comenzando por el dólar.

Nos enfrentamos a un mundo en donde la demografía es clave, las regiones con mayor población tendrán un gran potencial, de cada 5 habitantes, uno es chino, otro indio, otro africano y los otros 2 representan al resto del mundo.

La digitalización de los negocios hace que vendamos productos sin verle la cara a quien los recibe, transamos mercadería sin conocernos, la tecnología y las redes, que en los últimos años estaban al servicio personal, hoy están aplicadas a los negocios y a las empresas.

El cambio económico y social es abrumador, a tal punto que muchas actividades quedarán obsoletas en este nuevo escenario. El negocio minorista deberá cumplir un rol muy distinto al que tenía antes de la pandemia, los empleados trabajarán más en sus domicilios, con lo cual los edificios de oficina no serán tan necesarios, y la necesidad de manejar tecnología será cada vez más imprescindible para conseguir un empleo.

El desafió de los obsoletos, (aquellos que quedaron fuera de la nueva economía) es ver cómo se adaptarán al nuevo escenario y se reacomodarán a las leyes del mercado. En esto es imprescindible que el Estado cumpla un rol fundamental, no otorgando subsidios, pero sí capacitando a más de 10 millones de personas que en Argentina deberán buscar una nueva forma de ganarse la vida en lo cotidiano.

Argentina es un país irrelevante a escala global, sin embargo, puede verse beneficiado por esta crisis. Estados Unidos tiene una deuda impagable, que incluye al Estado, corporaciones y los hogares, no tendrá más remedio que monetizarla, es decir emitir dólares para pagarla, no podrá bajar el gasto porque su clase política es parte del problema y no de la solución. La inversión en Estados Unidos es muy baja, los altos impuestos y regulaciones empujaron a muchas multinacionales a invertir fuera del país, en especial China. El escenario de devaluación del dólar estaría casi asegurado, esto generaría externalidades positivas sobre el precio de las materias primas, en especial las que exporta nuestro país, que son las agrícolas. Por eso alertábamos de una soja cerca de los U$S 500 en Chicago y el arrastre del resto de los productos.

China ha comenzado a disputarle el liderazgo global a Estados Unidos. Se ha convertido en el país receptor de capitales. Con una inversión equivalente al 44% del PBI, China será uno de los países del mundo que más rápido se recuperaría luego del impacto del Covid 19. La llegada de inversiones del mundo hace que el yuan se revalúe contra el resto de las monedas, se apreció de 7,20 yuanes por dólar a 6,60 en un corto período de tiempo. Las acciones chinas no están sobrevaloradas como las americanas. La tasa de corto plazo que paga es del 2,72% anual, mientras que Estados Unidos tiene la tasa en el 0,25% anual.

En este contexto mundial en donde los inversores buscan resguardo de valor, ya no solo las materias primas son un buen refugio, las criptomonedas como el Bitcoin comienzan a tener un rol estratégico en las carteras de inversiones de las grandes fortunas. Con gran volatilidad cotiza en los U$S 15.000 y ha demostrado que puede ser un buen activo en tiempos de crisis.

Los capitales migran desde los grandes centros financieros tradicionales a Shanghái China, y el mundo emergente, lejos de devaluarse, comienza a ser alternativa de inversión.

Desde el año 2009 en adelante el mundo fue un festival de emisión de dólares, con una economía americana que pretendía arreglar los problemas vía planes de estímulos, billetazos a la economía que traían consigo exceso de ahorro a tasa 0%, escasa inversión, baja de impuestos que empujó a las empresas americanas a recomprarse sus propias acciones, fuertes subas en los índices accionarios, y todo esto en un marco de escasa inversión y poco aumento de la productividad. Esta economía se terminó, quedó fuera de carrera.

El mundo que viene no puede pagar la deuda pública, las grandes potencias están endeudadas entre 240% y 260% de su PBI sumando la deuda del Estado, privados y hogares. No hay vocación política para ordenar las cuentas fiscales, nadie quiere bajar el gasto y enviar proyectos que suban impuestos. La monetización de la deuda, inflación y suba de tasas está más cerca de lo que muchos presumen.

El mundo emergente se ha convertido en una gran oportunidad, sus activos están a precio vil, Argentina está reglada en dólares, sus empresas valen muy poco, y las materias primas que producen son altamente demandadas por un mundo que tendrá dos liderazgos, estará dominado por una mayor inflación, tasas elevadas y lo tangible se impondrá a lo intangible.

El desafío es reconvertirnos, buscando adaptarnos a la economía que viene, en donde la supervivencia del más apto se impondrá en la economía. La economía está realizando una selección natural de los sectores que van a sobrevivir en el nuevo contexto, los actores que actuaban en los sectores que desaparecen tendrán que reconvertirse para actuar en los nuevos sectores económicos que emergen en el escenario actual. Es imprescindible, que el Estado se reconvierta en el mismo sentido, y que ayude al sector privados en esta difícil tarea. No son necesarios subsidios, es imprescindible un buen diagnóstico y la capacitación para que las fuerzas laborales puedan abordar los nuevos desafíos de la economía que emerge, que cambiará en Estados Unidos, China, Egipto, Inglaterra, Brasil y en cualquier país de la tierra.

La mayoría de los empleados buscará trabajar desde sus propias casas, los edificios de oficina se transformarán en una piedra lunar, servirán para poco con el paso del tiempo. Necesitamos capacitarnos en manejo de tecnología. La digitalización es una realidad, y ya conocemos cada vez menos la cara de nuestros clientes. El mundo mutó a un escenario distinto. Argentina necesita cambiar su modelo de negocios.

Los empresarios deberán lidiar con empresas que tendrán que buscar más escalas, agregar valor en búsqueda de mayor rentabilidad, llegar al consumidor cuando se quedaban en la etapa primaria, trabajar más con capital de terceros para poder armar un escudo fiscal ante la gran presión tributaria existente, buscar productos que equilibren calidad, precio y cantidad para lograr la rentabilidad adecuada. Con un escenario de alta inflación como el que tenemos, necesitamos rotar a mayor velocidad el stock de mercadería, o ensanchar el negocio anexando agregado de valor que genere rentabilidad. El que produce tendrá que llegar a la góndola, y el que está en la góndola tendrá que pensar en producir.

En resumen, en la economía que viene no hay zona de confort, los que busquen dicha zona deberán resignar calidad de vida, y si son dueños de empresas deberán conformarse con escasa rentabilidad y estarán en el límite de quedar fuera de mercado con sus negocios, ya que otro jugador buscará quedarse con su mercado.

La consigna es crecer, crecer o crecer, hacer lo contrario será desaparecer lentamente, ingresar en un escenario en donde las empresas languidecen hasta que terminan desapareciendo. El que no desea invertir tendrá que repensar su estrategia, ya que puede estar condenado a la extinción.

Primicias Rurales

Jorge Giacobbe es lapidario con la estrategia comunicacional del agro: “Lo que piensan los jóvenes del campo es peor que lo que piensa el resto de la sociedad”

Jorge Giacobbe es lapidario con la estrategia comunicacional del agro: “Lo que piensan los jóvenes del campo es peor que lo que piensa el resto de la sociedad”

Por Julia Luzuriaga 
Buenos Aires, 9 noviembre (PR/20)  — Hace un tiempo ya, la consultora Giacobbe & Asociados realizó un estudio de percepción con 2500 encuestados para conocer cuál es la visión que la sociedad tiene sobre el agro, analizando también los mitos, prejuicios y preconceptos que operan en la población argentina sobre la gente del campo, sus reclamos y sus tareas. En base a esos resultados y a su propia percepción, Jorge Giacobbe (hijo) construye un diagnóstico que no por crudo deja de ser necesario. Mejor dicho, resulta imprescindible escucharlo.

“Tomamos algunas divisiones tales como las ciudades pequeñas, intermedias y grandes para comprobar si en las ciudades pequeñas era favorable el clima del campo y notamos que no lo era. También hicimos un corte sobre los jóvenes, para ver si el problema del campo en relación con el resto de la sociedad está en vías de solucionarse, y notamos que está más bien en vías de profundizarse, porque lo que piensan los jóvenes del campo es peor que lo que piensa el resto de la sociedad”, dijo Giacobbe a Bichos de Campo.

Para el especialista en opinión pública, “hay una batalla cultural que se perdió en todos los campos. Si los jóvenes opinan peor que las edades intermedias o altas, eso significa que el problema se va a profundizar. Hoy los jóvenes no tienen al campo puesto ni en un lugar de prestigio ni como objeto de deseo para desarrollarse allí a futuro; se tiran de cabeza a pensar en Amazon, en Google o en Silicon Valley respecto del campo, siendo que este campo es el Silicon Valley para otros”.

Puede que la gente de la ciudad esté repleta de preconceptos sobre los productores. Pero también hay cosas que revisar en la propia percepción que tiene de sí la gente de campo, Giacobbe manifestó que “se auto perciben como si fueran héroes, porque arriesgan mucho con lo que hacen, porque agachan el lomo y le pusieron mucho valor agregado, porque crecieron en las últimas décadas sin ninguna ayuda del Estado o con la pata en la cabeza. Esto es lo que ellos piensan de ellos mismos”.

“Pero del otro lado hay una sociedad que los ve como anti héroes, que cree que son pocos y que se llevan los dólares, que son ricos, que no arriesgan nada, que las que trabajan son las máquinas, que el trabajo que producen es poco y de baja calidad, que negrean a la gente, que contaminan, que rocían a los niños con ´agrotóxicos´ cuando están en el patio de una escuela y que producen alimentos que son transgénicos”, avisó.

– Entonces, de algún modo, ¿el productor agropecuario se considera víctima y la opinión pública lo considera victimario?

-El productor cree que tiene el prestigio que puede tener un leñador canadiense o un bombero de Nueva York, y en realidad tiene el prestigio de un barco ballenero japonés. Esa diferencia de percepciones genera un problema que es muy importante resolver en estos tiempos, que es el problema del permiso social. Hoy nadie puede ejercer una actividad sin el permiso social o sin la anuencia de la sociedad. Si la sociedad está en contra, la política se va a aprovechar todo el tiempo. La gente cree que el campo paga pocos impuestos. En las encuestas, la mayoría nos responde que si asumieran la presidencia de la Argentina le pondrían más impuestos al campo o se los dejarían tal cual están. Al campo le ponen más impuestos y lo agobian, pero no entiende que el plan de salida de esto no es hablando más con la política ni esperando que cambie el gobierno para que haya un giro ideológico; el campo necesita una alianza con la opinión pública. El día que esta los proteja, el sistema política no le podrá tocar más el bolsillo ni podrá abusar más de ellos.

-Entonces el problema es más profundo que lo ideológico. ¿Es cultural?

-Si. Un político no se mete, por ejemplo, con un cuartel de bomberos, ni le saca el autobomba, porque está puesto en un lugar de prestigio social y de cuidado, ningún político se animaría a eso. En cambio, cuando un gobierno le aumenta los impuestos al campo nadie dice nada porque la opinión pública está de acuerdo. Por eso pienso que el campo debe lograr la protección de la opinión pública para ser intocable; sin embargo el campo insiste en seguir haciendo lobby con la política, la cual, además, cambia cada 4 años. Una alianza con la opinión pública es mucho más estable.

Miremos el caso del ‘farmer’ norteamericano, que es una figura de prestigio muy importante, de configuración de la identidad general nacional, tanto que cualquier persona que quiere llegar a la presidencia de los Estados Unidos debe arrodillarse ante este sector durante la campaña. Aunque el peso real sea poco, porque el campo tiene muy bajo peso en términos de la economía de ese país, siendo menos del 1%, nadie se mete con los ‘farmers’ porque la opinión pública le tiene mucho prestigio. Eso es lo que creo que debemos trabajar acá.

– Están los dos lados de la grieta y la estigmatización que se tiene del productor argentino. ¿Cómo construir un consenso social entonces?

-La identidad nacional está en pugna entre aquellos que dan batalla. Los que no la dan pierden el partido 10 a 0 y esto es lo que pasó con el campo. Siempre hay algún productor que de buena leche me dice: ´Jorge, además de levantarme a las 5 de la mañana todos los días, además de agacharme para sembrar, para cosechar, de rezar para que llueva, de arreglar mis máquinas; además de todo el esfuerzo que tengo que hacer y de aportar los pocos dólares que entran, ¿Tengo que convertirme en un sujeto comunicacional?´ Y yo tengo que decirle que sí, aunque suene cruel, porque implica pedirle cada vez más. Pero es así, porque no dieron batalla, porque se dejaron ganar sin entrar siquiera al ring. Si vos querés convencer a alguien de su error, primero tenés que abrirle simbólicamente la tapa de la cabeza y ver cómo es esa maraña de mitos y prejuicios cual si fuera una bomba para ir desactivando uno a uno. No hay que enojarse con eso, sino que hay que entender las razones sobre porqué el otro te critica o te pone en un lugar diabólico o nocivo.

-¿Y cómo se da esa batalla?

-No se trata de ir a la batalla como hace el kirchnerismo, con ese filo en las discusiones, sino que se trata de ir a una batalla desde otro lugar, no desde la confrontación sino desde la seducción. La gente que de buena leche va desde el campo a los medios de comunicación a dar la batalla, a la segunda pregunta del periodista termina irritada, quejándose y diciendo que ellos traen los dólares y que los mismos se gastan en choripanes y planes. Me parece que no deben decirse las cosas desde ese lugar porque eso genera más irritación en un sector al cual el campo necesita convencer y seducir. Mucho antes que los argumentos hay un problema de estilo. Desde lo político necesitamos más Mahatma Gandhi y menos Che Guevara.

-Y volvemos a que el agro comunica mal.

-Claro, y volvemos al principio, no se está seduciendo a los jóvenes y estos siguen yéndose del campo o de pueblos pequeños, seducidos por las grandes ciudades, donde quizás vivan una menor calidad de vida, pero los padres que tienen y viven en el campo no logran transmitir esas riquezas a sus hijos y entonces los jóvenes prefieren ser oficinistas en cualquier ciudad que quedar a cargo del campo familiar, porque no hay un relato épico que tenga sentido, porque ese relato lo construyeron otras áreas de la producción y otras formas de vivir. Este problema desmembra también a una familia.

– Es claro que para vos no alcanza solo con el lobby político y que habría que ir por otro lado. ¿Cuál es ese otro lado?

-En esto quiero aclarar que para mí tampoco alcanza con lo publicitario; esto no se resuelve con un publicista genial, cuatro carteles y un spot de TV o redes sociales que diga que el campo es bueno. Acá hay que cambiar cultura y eso es un proceso muy largo y muy costoso, no sólo en dinero, sino también en esfuerzo personal. Hay mucho nivel de vedetismo y es difícil pensar un plan donde todos se junten. Y si se juntaran, ¿Qué harían? ¿Un spot o un asado para un puñado de periodistas en el campo? ¿Apelarían a las formas clásicas de la publicidad, de la propaganda y del lobby periodístico?

-¿Y entonces qué hacer?

-Yo creo que hay que criar una generación de jóvenes atomizada pero con el mismo espíritu comunicacional. Si juntamos los perfiles de redes sociales, los núcleos a los cuales puede comunicar cada joven que está relacionado al campo, se llegaría a un mayor público que si lo hicieran con un par de carteles y mensajes publicitarios. Si dejan de enojarse con los demás y logran dialogar con una comunicación más épica, en una de esas conseguimos un esquema comunicacional no centralizado, sino atomizado que puede ser mucho más poroso en todos los estratos de la sociedad.

– ¿Creés que las crisis de ahora pueden ser oportunidades para mostrar que el agro puede aportar a la construcción de un bien común y sumar, o esa ya es una batalla perdida?

-Yo creo que una crisis es un momento de oportunidad y debilidad a la vez. Tanto lo creo que lo tengo tatuado en un brazo, pero también creo que los argentinos atravesamos las crisis y no necesariamente aprendemos. Yo creo que las crisis las transitamos como un trauma, y así vamos quedando más heridos, sobre todo los rangos etarios más grandes que están muy rotos. Yo, repito, pondría los cañones en las generaciones menores de 35 años que no vivieron la crisis de 2001 y que vivirán esta crisis presente. Ojalá esta crisis le sirva, no para frustrarse, sino para rebelarse en contra de eso, que es dejar de esperar que sea la política la que lo arregle. En 1972 Argentina tenía 6% de pobres y 4% de desocupados, y la inteligencia sumada de todos los que vinieron después nos convirtieron en todo el quilombo que somos hoy. Nos tenemos que dar cuenta que entre ellos se pelean, pero en definitiva ninguno supo hacerlo bien, y mirá que le prestamos el poder a civiles y militares, a peronistas y radicales, a kirchneristas y al PRO, por izquierda y derecha, por liberales y estatistas.

-¿La política entonces no sirve para cambiar las cosas?

-Dejemos de pensar que esto es algo que resuelve el poder. Esto lo resuelve una nueva generación, con otro espíritu. ¿Qué haces en tu vida cotidiana con el que opina mal de vos? ¿Lo insultas, lo descalificas o intentas seducirlo? Se trata de ver dónde ponés la carga de la responsabilidad, si en vos o en el afuera. Las generaciones que nos preceden siempre pusieron la culpa afuera, entonces siempre es una conversación acerca de quién tiene la culpa. Las nuevas generaciones pueden hacer un click aquí, que no es político ni ideológico, sino psicológico.

Primicias Rurales

Fuente: Bichos de Campo

Crisis en el sector de los biocombustibles y un futuro condicionado

Crisis en el sector de los biocombustibles y un futuro condicionado

Buenos Aires, 7 noviembre (PR/20) — Luego de 11 meses de reclamo del sector de los biocombustibles, a través de las Resoluciones 4/2020 y 5/2020, el Gobierno Nacional actualizó los precios del biodiésel y del bioetanol.

Las mismas, fijan en $ 32,789 por litro, el precio de adquisición del bioetanol elaborado a base de caña de azúcar para su mezcla obligatoria con nafta; y en $ 32,789 por litro el precio de adquisición del bioetanol elaborado a base de maíz. Para el biodiesel, el precio es de $ 48.533 por tonelada.

A pesar de este aumento, la situación continúa muy crítica con plantas que al momento se encuentran sin actividad. Desde Agrolink Radio, hablamos con Claudio Molina– director ejecutivo de la Asociación Argentina de Biocombustibles e Hidrógeno (AABH)- quien nos contó la actualidad del sector y la necesidad de avanzar con normas legales que protejan y alienten este tipo de producción.

Para entender dónde nace el conflicto, hay que remitirse al principio: “En el año 2006 se sancionó la Ley 26093, para la producción y uso sustentable de biocombustibles. A aplicación obligatoria comenzó en 2010. A través de una mandato se dispuso que los refinadores de petróleo debían a incorporar bioetanol a las naftas y biodiesel a gasoil”, comienza explicando Molina.

Según contó el referente, el corte empezó con un 5% mínimo, que luego fue creciendo, hasta llegar al 12% de bioetanol en las naftas- que se reparten (más o menos) una mitad en caña de azúcar y la otra mitad de maíz-, por otro lado, biodiesel de soja en un 10%.

“Para que este esquema funcione bien el Gobierno, como órgano de control, debe establecer mensualmente un precio en función a los costo de producción y a la utilidad razonable. Sin embargo, ese precio estuvo congelado desde diciembre del año pasado, hasta octubre”.

Cuando asume el nuevo secretario de Energía- Darío Martínez-, se encontró con un gran problema, por el retardo en la actualización del precio. “La suba que tienen que tener los biocombustibles de acuerdo a fórmula va al rededor de un 35- 40%, pero subió solo un 10%”.

En este contexto, algunas plantas siguen funcionando- fundamentalmente los ingenios azucareros, porque es una actividad zafrera-, pero en el caso del bioetanol de maíz y biodiesel las plantas están paradas.

Paralelamente, otro de los problemas- de corte estructural- es que la ley de biocombustibles vence el 12 mayo del 2021. Bajo este panorama, se abren dos posibilidades: se prorroga la ley existente, o se sanciona una nueva.

“Si bien la prórroga la puede realizar el Ejecutivo con un decreto, el Poder Legislativo estableció que se aplazara hasta el 2024, entendiendo que se cumplen en esa fecha los 15 años estipulados por la normativa (esto teniendo en cuenta que su implementación comenzó en 2010)”.

Actualmente hay dictamen en comisión de energía en el Senado, todavía falta que se vote, aunque “está prácticamente resulto”, advierte Molina, luego pasa a Diputados.

Un nuevo proyecto de ley
“Nosotros consideramos que es más importante sacar una nueva ley, y que como mucho, la prórroga sea solo por un año”. En un trabajo con que viene realizando la AABH con la Liga Bioenergética, proponen algunos de los siguiente puntos:

Tal como en la actual ley, 15 años de vigencia.
Intensificación del uso de biocombustibles. “En lugar de tener un piso legal del 5%, que sea del 15%, a partir de allí, se establecerá un sendero para el aumento del porcentaje”.
Incorporación de vehículos con motores flex. “Con la nafta, el objetivo es llegar a cortes con bioetanol de 27,5% y esto implica homologar los vehículos con motores flex. Los vehículos producidos en Argentina que van a hacia Brasil son Flex, pero acá no se pueden usar. La idea es que el consumidor pueda usar el producto según su preferencia. En autos que no tienen incorporados este tipo de motores, se le puede agregar un kit de conversión”.
En el caso del biodiesel, la idea es ir haciendo pruebas para ir aumentando el porcentaje del corte. “Hay demasiados miedos que no tienen sustento técnico. Hay que avanzar con cuidado teniendo en cuenta la salud y el medio ambiente”, concluyó el experto.

Primicias Rurales

Fuente: Agrolink

¿Y si empezamos a debatir el uso y tenencia de la tierra?

¿Y si empezamos a debatir el uso y tenencia de la tierra?

Por Danilo Lima, editor de Dos Florines

Paraná, 28 octubre (PR/20) — Las derivaciones de la escandalosa pelea familiar por la herencia de Luis Félix Etchevehere, luego de que Dolores –la única hija mujer de quien fuera durante 27 años director de El Diario– decidiera ceder el 40% de sus bienes al denominado Proyecto Artigas y aliarse con el referente social Juan Gabrois, se ha convertido en un conflicto político de proporciones que puede escalar aún más si la Justicia –el ámbito donde deben resolverse las cuestiones sucesorias– no logra encauzar la disputa entre los herederos.

Denuncias cruzadas, declaraciones explosivas, movilizaciones, victimizaciones, descalificaciones ideológicas –desde uno y otro bando– y aprovechamiento político –también desde uno y otro bando– han sido, desde el 15 de octubre, cuando Dolores hizo pública su decisión, lo que la sociedad argentina, a través de los medios y las redes sociales, ha visto de este interminable conflicto.

Lo que sucede en Casa Nueva, el establecimiento de la familia Etchevehere ubicado en Santa Elena, en el que se encuentran Dolores y un grupo de militantes, más las tomas de predios en distintos puntos del país, desnuda la histórica incapacidad del Estado para abordar un tema central de la Argentina: el uso y tenencia de la tierra.

El Caso Etchevehere –más allá de que desde ambos lados se busque radicalizar el enfrentamiento político– es, básicamente, un problema familiar por una millonaria sucesión.

La polémica, sin embargo, deja al descubierto el miedo –comprensible– de aquellos productores agropecuarios que son propietarios de los campos que trabajan. Este episodio, suponen, puede ser el primer paso y un caso testigo dentro de un hipotético plan de reforma agraria al estilo de los años sesenta.

El solo hecho de pensar en esa posibilidad los aterra y, por eso, no han dudado en salir a manifestarse en defensa de la propiedad privada que ven amenazada, aun a pesar de que a muchos de ellos los miembros de la familia Etchevehere no les son demasiado simpáticos.

Hay, sin embargo, miles de productores que no son dueños de la tierra que trabajan: los arrendatarios, quienes cada año invierten dinero y trabajo, y toman riesgos, sin tener ninguna posibilidad de acceder a la propiedad de esa tierra. En Entre Ríos, por ejemplo, el 70% de agricultura se hace en campos alquilados. No es un dato menor.

Y mientras unos se esfuerzan para poder producir, otros esperan cruzados de brazos la renta que les deja el contrato de arrendamiento.

Si a estos miles de productores agrícolas –y también ganaderos–, que no han podido acceder a la tierra que trabajan, se les suman los agricultores familiares y minifundistas –que todavía la pelean como pueden– y aquellos otros miles que debieron vender sus campos y emigrar a las ciudades porque fueron expulsados por un sistema que favorece a algunos y perjudica a otros, queda claro que el tema de la tierra, como decimos más arriba, es central en un país que tiene al sector agropecuario como uno de los principales generadores de trabajo y divisas.

La emigración interna, el desarraigo y la concentración son distintas caras de un problema de vieja data, que en los últimos 50 años no ha cesado; por el contrario, se ha profundizado de manera dramática.

En este marco, entonces, aparece como impostergable comenzar a debatir el uso y tenencia de la tierra, más cuando grandes sectores de la sociedad elevan la voz cada vez más para reclamar un sistema productivo sustentable, desde lo ambiental, lo social y lo económico.

Hablar de reforma agraria, se ha vuelto a comprobar en estos días, causa espanto en la enorme mayoría de los productores agropecuarios que son dueños de sus tierras. Imaginan, de inmediato, a una horda de comunistas con hoces en sus manos avanzando sobre sus campos para usurparlos y convertir a la Argentina en Venezuela o Cuba.

Entre quienes reclaman el acceso a la tierra, sin embargo, una enorme mayoría también, no tiene la menor intención de socializar los medios de producción ni de trabajar el campo de manera colectiva; tampoco les interesa leer El Capital ni debatir sobre la plusvalía. Sus ambiciones, por el contrario, son igualmente capitalistas: no quieren ninguna revolución, quieren un pedazo de tierra, ganar plata y vivir con dignidad.

Una reforma agraria clásica, como la que pedía el cantautor uruguayo Daniel Viglietti (“…a desalambrar… a desalambrar…”), tal vez, sea absolutamente inviable en la Argentina, por distintas razones productivas, económicas y políticas.

En estos tiempos, que no son los tiempos de Artigas, una reforma agraria no es sólo repartir tierras, por más que un dirigente social burgués aupado por un sacerdote de altísimo rango agite cada tanto el tema. Es algo bastante más complejo porque esa eventual distribución de tierras debe ser complementada con educación, salud, caminos, conectividad y asistencia crediticia, entre otras cuestiones.

A propósito, una digresión: ¿Se imaginan a los funcionarios/productores impulsando una reforma agraria clásica? ¿O a los legisladores votando una ley de ese tenor cuando muchos de ellos son propietarios de tierras? ¿O a algunos jueces fallando a favor de una ley de reforma agraria, ante una eventual demanda, cuando también son dueños de campos? Los productores más miedosos –y reaccionarios– pueden quedarse tranquilos: no sucederá.

Lo que sí debiera suceder es la apertura de un amplio debate, sin prejuicios y con la Constitución en la mano, para discutir eventuales instrumentos que posibiliten el acceso a la tierra de miles de argentinos que quieren producir. ¿Es mucho pedir?

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Fuente: Dos Florines

Todo muy alcista, pero ya se siente vértigo

Todo muy alcista, pero ya se siente vértigo

Por Celina Mesquida – RJO’Brien | Especial para Agroeducación

Buenos Aires, 28 octubre (PR/20)  — En ausencia de nuevos impulsores fundamentales el mercado no encontró mucha voluntad en explorar nuevos movimientos al alza. Liquidación de fondos de cara a las elecciones nacionales de USA, riesgo Covid-19 en varias naciones del hemisferio norte, son algunas de las causas de este retroceso en los mercados. Lógicamente, esto no quiere decir que la demanda interna de maíz y soja se haya relajado, de hecho, los spreads continúan invertidos en soja y muy cerca de suceder lo mismo en maíz.

Las industrias de molienda de soja en USA, están teniendo que impulsar valores más agresivos en primas para poder distraer la soja del canal de la exportación, sobre todo con más de 83% de la cosecha culminada. El Farmer ya vendió el 56% de la producción y espera un 1090 cent/bushel de precio para continuar vendiendo, aunque a un ritmo mucho más lento, ya que no será fácil que el Farmer comercialice las próximas toneladas con soltura. Para dimensionar, a misma fecha del año pasado solo se había comercializado el 19% de la producción, pero recordemos que los problemas en la siembra atrasaron la cosecha.

Los mercados de físicos se mantienen firmes, los spreads continúan estrechándose y los gráficos luciendo un poco menos fuertes, pero este mercado aun parece ultrarresistente. Sin embargo, los fondos récords en el neto comprado de todo el complejo sojero comienzan a brillar como un riesgo tácito.

En el inter, el mercado cree que China continuará comprando maíz en USA a un ritmo de 1 millón de toneladas por mes hasta fin de año, y otros sospechan que puede ser aún más. Entre las teorías de complot de porque China se encuentra importando tanto maíz, podemos mencionar el mal cálculo de sus inventarios, stocks que fueron subastados y desapareciendo poco a poco y de mala calidad y problemas de producción. Además, el cambio en la estructura hacia nuevas granjas de producción de cerdos, pasando de producción de cerdos de traspatio y alimentados con restos de comida de los criadores (y que han sido el foco de infección de fiebre Porcina), a nuevas plantas con alta tecnología y con raciones formuladas a partir de maíz y harina de soja.

APK informa que la producción de maíz de Ucrania podría ser de 33,8 mill de t desde 34,8 que habían estimado previamente, otros hablan de 30 millones e incluso menos. La cosecha lleva un 56% de avance y las exportaciones de maíz al momento son de 1,54 mill de t, mientras que, a misma fecha del año pasado, este valor era de 3,59 millones.

Entre otras notas, las calificaciones iniciales de los trigos de invierno en USA fueron las más bajas desde 1988. Sin embargo, dudamos en poner demasiado énfasis en esta cifra ya que las calificaciones iniciales y los rendimientos finales no se correlacionan muy bien. Si bien sería conveniente comenzar con una buena calificación entrando al periodo de latencia, la clave es cuánta humedad tendrá el cultivo cuando sale en la primavera, ya que esas condiciones se correlacionan mucho mejor.

Por otro lado, Ucrania mantiene sin cambios su cupo de exportación de trigo para 20/21 en 17,5 mill de t. Algunos habían pensado que este número podría reducirse, ya que la producción de este año se redujo y la siembra de los nuevos trigos de invierno se vio frenada por la sequía temprana. Al momento, han exportado 10 millones de t de trigo y anunciaron que revisarían el proceso si fuera necesario en enero. Además, las estimaciones sobre la producción de Mar Negro continúan descendiendo, también sabemos que la UE tuvo una cosecha muy pobre y todavía se comenta sobre las cuotas de exportación y la creación de reservas estatales en Rusia.

Parece que sucede todo el tiempo lo mismo, pero la realidad es que están cambiando algunos puntos. ¿El agricultor vende? ¿Se achico la brecha de los tipos de cambio en Argentina? ¿China dejo de comprar? Nada de eso, pero comenzó a llover en Sudamérica y la demanda ya no quiere saber nada con los precios ofrecidos. No te descuides, cuando estas cómodo hay que vender; cuando todos venden y duele, hay que comprar. Que fácil, ¿no?

@celimesquida

Primicias Rurales

Fuente: Agroeducación

No hay sustentabilidad sin seguridad jurídica, ni respeto a la propiedad privada

No hay sustentabilidad sin seguridad jurídica, ni respeto a la propiedad privada

Buenos Aires, 22 de octubre (PR/20).- En virtud de los hechos de público conocimiento relativos a la toma ilegal y usurpación de tierras en distintos puntos de nuestro territorio, desde la Asociación Argentina de Productores en Siembra Directa (Aapresid) repudiamos toda acción que avasalle los derechos y obligaciones establecidos por nuestras leyes.

El Art. 17. de nuestra Constitución Nacional expresa que la propiedad es inviolable, y ningún habitante de la Nación puede ser privado de ella sino en virtud de sentencia fundada en ley. La expropiación por causa de utilidad pública debe ser calificada por ley y previamente indemnizada. Sólo el Congreso impone las contribuciones que se expresan en el Artículo 4º. Ningún servicio personal es exigible, sino en virtud de ley o de sentencia fundada en ley (…) La confiscación de bienes queda borrada para siempre del Código Penal argentino. Ningún cuerpo armado puede hacer requisiciones, ni exigir auxilios de ninguna especie. Asimismo, el Artículo 14 de nuestra Carta Magna establece que todos los habitantes de la Nación gozan del derecho de usar y disponer de su propiedad.
En la misma línea, creemos es fundamental el cumplimiento del Art 14 bis, que establece que la Ley deberá garantizar la protección integral de la familia (…) y el acceso a una vivienda digna.
Confiamos en la lucha honesta por el cumplimiento de nuestros derechos ciudadanos, pero estamos convencidos que la misma debe realizarse en el marco que establece nuestro sistema legal, sin avasallar los derechos de nuestros conciudadanos.
Como Institución que vela por una producción agropecuaria sustentable, creemos que no hay sustentabilidad posible sin seguridad jurídica. La propiedad privada es un pilar fundamental para alcanzar el desarrollo sostenible con equidad al que todos los argentinos aspiramos, paradójicamente su defensa protege a los más débiles de la sociedad, no a los más fuertes.
Desde Aapresid apelamos a la resolución por vía legal de dichos conflictos en pos de garantizar el pleno derecho de los ciudadanos.

Primicias Rurales

Fuente: aapresid