Durante décadas, distintos Papas encontraron en el viaje de Ulises una imagen del destino humano: la tentación de quedarse quieto y el llamado a salir mar adentro.
Buenos Aires, miércoles 29 julio (PR/26)–El viaje de Ulises no es solo una aventura antigua: para varios Papas, es una de las mejores metáforas que existen para hablar de la vida misma. ¿Quién soy, de dónde vengo y hacia dónde voy? Esas preguntas, que atraviesan toda la Odisea de Homero, también atraviesan los discursos y homilías de distintos Pontífices a lo largo de los años.
Un poema que también habla de fe
El Papa Benedicto XVI, en 2012, señaló algo curioso: la palabra evangelio ya aparece en la Odisea, mucho antes de los Evangelios cristianos. En Homero, explicó, es el anuncio de una victoria, una forma de proclamar la alegría y el bien.
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Para Juan Pablo II, en su encíclica Fides et Ratio, las preguntas de Ulises son las mismas que laten en el corazón de cualquier persona: un anhelo de sentido que define, según hacia dónde lo orientemos, el rumbo de toda una vida.
No quedarse esperando en la orilla
Una de las lecturas más repetidas de la Odisea tiene que ver con la idea de no quedarse quieto. Ulises no se conforma con esperar: sale a buscar, se enfrenta a tormentas, se equivoca y aprende en el camino.
Ya en 1966, el Papa Pablo VI se preguntaba, citando a Dante, si Ulises —lanzado a conocer el mundo, los vicios y las virtudes humanas— no era en el fondo superior a la serena Penélope, que se queda en Ítaca aguardando su regreso.
Telémaco, el joven que se anima a partir
Durante su viaje apostólico a Grecia en 2021, el Papa Francisco eligió detenerse no en Ulises, sino en su hijo, Telémaco: un joven que nunca conoció a su padre y no sabe siquiera si sigue con vida.
Ante esa incertidumbre, distintas voces —incluida una divina— lo empujan a tener coraje y emprender el viaje. Y Telémaco lo hace: zarpa en secreto, al amanecer, hacia lo desconocido. Francisco vio en ese gesto la misma decisión que toman hoy tantos migrantes que arriesgan todo para construir un futuro distinto.
«La salvación está en alta mar»
Para Francisco, el mensaje de fondo de la Odisea es claro: el sentido de la vida no está en quedarse en la playa esperando que el viento traiga buenas noticias.

La verdadera salvación, decía, se encuentra mar adentro: en el impulso, en la búsqueda, en la persecución de los sueños que valen la pena, esos que se viven con los ojos bien abiertos, aun con esfuerzo, lucha y tormentas repentinas.
Entre dos mares: el pasado y el futuro
En 2023, ante un grupo de seminaristas calabreses, Francisco recordó otro pasaje del poema: hacia el final de su travesía, Ulises desembarca en una franja de tierra desde donde puede contemplar dos mares a la vez.
En esa imagen, dijo el Papa, conviven las raíces que hay que conservar y los frutos que todavía hay que cosechar: el punto exacto donde el pasado y el futuro de una persona parecen tocarse.
Toda la vida es un viaje
Ya en diciembre de 2025, el actual Papa León XIV retomó la misma imagen en una audiencia general: toda nuestra vida es un viaje, dijo, uno cuyo destino final va más allá del tiempo y el espacio, y se completa en el encuentro con Dios.
Todos somos, en el fondo, migrantes y peregrinos camino a un mismo destino, sostuvo después durante su viaje a España. Y agregó que el sentido de ese viaje está en hacerlo más humano para todos, ofreciendo lo que cada uno pueda dar.
Como Ulises, entonces, cada persona está llamada a emprender su propio viaje y a atravesar, a su manera, las pruebas que la vida le presente.
Primicias Rurales
Fuente: Vatican News

















