Una guía práctica para vivir un encuentro profundo con Jesús Sacramentado, detallando cuatro actitudes esenciales de respeto, silencio y devoción dentro del templo.
Buenos Aires, miércoles 22 julio (PR/26) — La fe nos asegura que Jesús Sacramentado no es sólo una hostia sino Dios que se ha «revestido» de pan, por eso hay que adorar al Señor de manera correcta.

Entrar a una iglesia significa tener un encuentro personal con el Señor, y si nos dirigimos al sagrario, estaremos frente a frente con Jesús Sacramentado, a quien vamos a adorar por ser Dios. Sin embargo, hay personas que desconocen qué deben hacer cuando está expuesto o participan en Misa, por eso, exponemos cuatro maneras efectivas de adorarlo correctamente.
1Ponte de rodillas
Tratándose de Dios, no hay mejor postura de adoración que ponerse de rodillas. Esto significa que nos entregamos por completo al Señor, a quien reconocemos como nuestro Rey y Salvador, el Creador de todo lo que existe.
Por eso, ya sea en el momento de la consagración – cuando el sacerdote elevará el pan y el vino para que se conviertan en el cuerpo y la sangre de Cristo – o cuando está expuesto el Santísimo, debemos estar arrodillados.
La única excepción será para los enfermos y personas de edad muy avanzada.
2Guarda silencio
De igual modo, entrar a una iglesia significa que pasaremos un tiempo en oración con el Señor Jesús. Si vamos acompañados, cada persona debe dirigir sus palabras a Dios, evitando entablar conversaciones que mas bien pueden desarrollarse frente a una taza de café.
Además, por respeto a las demás personas, hay que mantenernos en silencio. No puede haber recogimiento interior si estamos escuchando pláticas ajenas al lugar en el que estamos.
Adoremos al Señor en silencio y dejemos que sus palabras penetren en nuestro corazón.
3Haz una reverencia
Durante la santa Misa, lo ideal es mantenernos en nuestro lugar y participar en todo. Pero, si por algún motivo tenemos que atravesar frente al altar, deberemos hacer una reverencia por respeto al sacrificio del Señor que se está realizando ahí.
De igual manera, cuando no haya Misa se hace reverencia, pero si en el fondo está el sagrario, debemos hacer una genuflexión, es decir, poner la rodilla derecha sobre el piso, sosteniendo el cuerpo con la izquierda – o al revés, si se trata de una persona zurda -.
Recordemos que Jesús está presente y merece esas muestras de respeto.
4Comulga sin pecado mortal
La máxima forma de mostrar adoración al Señor Sacramentado se la daremos al momento de comulgar. No solamente por nuestra actitud externa, sino, sobre todo, con nuestra disposición interior porque nos uniremos a Él en el sublime acto de consumir su cuerpo y su sangre.
Por eso, no te acerques a comulgar si tienes conciencia de pecado mortal. Evítalo y busca con prontitud la confesión. Hasta entonces, puedes hacer una comunión espiritual.
Recuerda que no hay nadie más grande que Dios, por eso, practica la adoración al Señor en todo momento, pero en especial, dentro de la iglesia.

ADORACIÓN
Eterno Padre, yo te agradezco porque Tu infinito Amor me ha salvado, aún contra mi propia voluntad. Gracias, Padre mío, por Tu inmensa paciencia que me ha esperado. Gracias, Dios mío, por Tu inconmensurable compasión que tuvo piedad de mí. La única recompensa que puedo darte en retribución de todo lo que me has dado es mi debilidad, mi dolor y mi miseria.
Estoy delante Tuyo, Espíritu de Amor, que eres fuego inextinguible y quiero permanecer en tu adorable presencia, quiero reparar mis culpas, renovarme en el fervor de mi consagración y entregarte mi homenaje de alabanza y adoración.
Jesús bendito, estoy frente a Ti y quiero arrancar a Tu Divino Corazón innumerables gracias para mí y para todas las almas, para la Santa Iglesia, tus sacerdotes y religiosos.
Permite, oh Jesús, que estas horas sean verdaderamente horas de intimidad, horas de amor en las cuales me sea dado recibir todas las gracias que Tu Corazón divino me tiene reservadas.

Virgen María, Madre de Dios y Madre mía, me uno a Ti y te suplico me hagas partícipe de los sentimientos de Tu Corazón Inmaculado.
¡Dios mío! Yo creo, adoro, espero y te amo. Te pido perdón por los que no creen, no adoran, no esperan y no te aman.
Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, te adoro profundamente y te ofrezco el preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, presente en todos los Sagrarios del mundo, en reparación de todos los ultrajes, sacrilegios e indiferencias con que El mismo es ofendido. Y por los méritos infinitos de su Sacratísimo Corazón y del Inmaculado Corazón de María, te pido la conversión de los pobres pecadores.

















