El fraude a través de pantallas y teléfonos ya supera los temores de la inseguridad callejera tradicional. Un reciente informe revela cómo las estafas por WhatsApp y el robo de identidad están transformando la vida cotidiana de millones de argentinos.
Buenos Aires 3 julioi (PR/26)–Durante décadas, cuando los argentinos hablábamos de inseguridad, nuestra mente viajaba automáticamente a la vereda, al transporte público o a la puerta de casa. Sin embargo, en los últimos tiempos, ese miedo experimentó una profunda mudanza: hoy el peligro viaja con nosotros en el bolsillo, camuflado en la pantalla de nuestro teléfono celular.

Un simple mensaje de texto que simula ser de nuestra entidad financiera, una llamada imprevista de un supuesto operador técnico o un correo electrónico con la estética exacta de una empresa conocida son ahora las herramientas preferidas por la delincuencia para vaciar cuentas bancarias o apropiarse de la identidad digital de las personas. Los ciberdelitos dejaron de ser un problema reservado a especialistas para convertirse en una experiencia cotidiana que atraviesa a millones de hogares.
De la calle al bolsillo: la migración exponencial del delito
Lo que antes se percibía como una estafa lejana, hoy se convirtió en una preocupante realidad. La última encuesta de seguridad digital elaborada por las firmas CertiSur y la consultora D’Alessio IROL expone un escenario alarmante: el 43% de los usuarios de Internet en Argentina sufrió algún hackeo o fraude digital entre 2025 y los primeros meses de 2026. Se trata de la cifra más alta de la que se tenga registro en el país, consolidando una tendencia que no para de crecer.
Para tomar dimensión del salto, basta con mirar hacia atrás: hace apenas cuatro años, solo el 9% de los internautas reportaba estos incidentes, una evolución que demuestra que el delito se trasladó a las plataformas virtuales a la misma velocidad con la que digitalizamos nuestras vidas.
WhatsApp: el anzuelo perfecto para generar confianza
El estudio confirma que el método rey de la ciberdelincuencia es el phishing o suplantación de identidad. Los atacantes perfeccionaron sus historias, haciéndose pasar por bancos, billeteras virtuales, organismos públicos o empresas de servicios. Incluso apelan a la urgencia emocional fingiendo ser un familiar en apuros.
El principal canal para ejecutar estas trampas es WhatsApp, concentrando el 31% de los casos, seguido por el correo electrónico con un 23% y las llamadas telefónicas con un 20%. Los delincuentes aprovechan las vías de comunicación más cotidianas para romper la barrera de la sospecha.
El impacto invisible: desconfianza y vulnerabilidad emocional
Esta oleada delictiva coincide con los registros de la Unidad Fiscal Especializada en Ciberdelincuencia (UFECI), que recibió 34.468 reportes de delitos informáticos, marcando un incremento del 21,1% respecto al año previo. Más allá del daño económico, el impacto más profundo es psicológico; las víctimas suelen experimentar una intensa sensación de vulnerabilidad, impotencia y pérdida de control.

Al mismo tiempo, la confianza institucional se desplomó drásticamente: hoy solo 4 de cada 10 usuarios consideran que las empresas y bancos hacen lo necesario para protegerlos, transformando el control de nuestra identidad digital en uno de los desafíos de seguridad más complejos del país.
Primicias Rurales
Fuente: Enrique Garabetyan (Perfil)
}
















