Aunque no es la cepa más cultivada en la región, esta delicada variedad tinta logró descifrar el verdadero espíritu del suelo patagónico.

 

 

 

Buenos Aires, mércoles 12 agosto (PR/26)–Hablar de la vitivinicultura neuquina implica descubrir cómo una pequeña uva transformó para siempre la mirada sobre una región entera.

A finales de los años 90, cuando Julio Viola impulsó los primeros viñedos en San Patricio del Chañar, no existían garantías de éxito en una meseta desértica.

Como recordaba el enólogo Marcelo Miras, en aquellos inicios pioneros todo estaba por aprender sobre el clima, el riego y el suelo de la Patagonia.

 

La magia de interpretar el suelo y la naturaleza

 

Pronto descubrieron que los vientos constantes aseguraban la sanidad del viñedo, mientras que la amplitud térmica permitía alcanzar una maduración perfecta.

El Pinot Noir demostró una sensibilidad única: cada pequeña variación de terreno o temperatura cambiaba por completo su perfil y carácter.

 

 

Fue así como los especialistas entendieron que Neuquén no era una sola región, sino un fascinante mosaico de microclimas y sensaciones.

 

El arte enológico de acompañar sin disfrazar

 

Esta cepa obligó a cambiar la filosofía de trabajo de referentes como Leonardo Puppato, focalizado en cuidar la fruta desde el viñedo.

Por su parte, enólogos como Lucas Quiroga y Nicolás Navío coinciden en intervenir lo mínimo para respetar la verdadera identidad del terruño.

 

Referentes del vino neuquino: quiénes lo construyeron y quiénes lo cambian hoy | Sergio Landoni

Referentes del vino neuquino

El desafío no era solo elaborar un gran vino, sino lograr que la botella relatara la historia viva del lugar donde nació.

 

Nuevos horizontes entre ríos, mesetas y cordillera

 

El éxito inicial impulsó nuevos proyectos a lo largo de los ríos Neuquén y Limay, abarcando áreas como Senillosa y La Confluencia.

En la histórica zona de Cinco Esquinas, emprendimientos familiares como Mabellini Wines renuevan la tradición de la mano de la enóloga Valeria López.

 

 

Sus recientes exportaciones a Francia confirman que los vinos neuquinos despiertan fascinación en la mismísima cuna mundial del Pinot Noir.

Incluso en rincones áridos como Cutral Co y Plaza Huincul, el proyecto Viñedos del Viento demostró que el agua de perforación logra milagros.

 

 

Finalmente, en los valles precordilleranos de Junín y San Martín de los Andes, productores heroicos desafían las heladas nocturnas sin luz de red.

Allí, entre montañas y ríos helados, el Pinot Noir patagónico reafirma su lugar como el verdadero emblema del vino provincial.

 

 

 

 

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Fuente: www.rionegro.com.ar