En la Diplomatura en Producción de Alfalfa Sostenibles, el ingeniero agrónomo Guillermo Marrón brindó herramientas para dominar la implantación de alfalfa. Parafraseando a Belgrano, en el día de la bandera, remarcó que se debe “cultivar el suelo bajo principios de conocimiento”.

 

Buenos Aires, martes 7 d3e julio (PR/26) .- Pensar que la siembra de alfalfa se reduce solo a una operación mecánica que consta de colocar semillas en el suelo es un grave error. Esta ciencia, no es moderna, aunque fue perfeccionada con el paso de los años.

En la clase que brindó dando inicio al módulo II, su tema fue: “¿Cómo pensar una implantación eficiente? ¿Qué elementos debemos tener en cuenta?” y para abrir el juego, trajo a colación una advertencia que Manuel Belgrano en 1796 realizaba sobre la importancia crítica de cultivar el suelo bajo principios de conocimiento, una visión que se institucionalizó en 1883 con la creación del Instituto Agronómico y Veterinario.

En la actualidad, el productor necesita volver a las bases y entender que el éxito de la pastura no depende del tamaño o la potencia del tractor, sino de tener conocimiento científico para poder aprovechar el uso de la sembradora y calibrar correctamente la herramienta.

A diferencia de las gramíneas, que tienen un desarrollo más robusto, la semilla de alfalfa posee una reserva energética extremadamente limitada. Esta vulnerabilidad lleva a que la profundidad de siembra no sea una sugerencia técnica, sino el factor determinante de la supervivencia.

El método Marrón

En su clase describió a la leguminosa como un «gusano cabezón» (emergencia epígea). En este proceso, el hipocótilo debe arrastrar los cotiledones hacia la superficie, enfrentando la resistencia del suelo.

Si la siembra excede los límites críticos, la energía se agota antes de que la plántula inicie la fotosíntesis, resultando en una muerte silenciosa bajo tierra. Citando los estudios neozelandeses de 1971 sobre fuerza radicular, se evidencia que el contacto íntimo suelo-semilla es el único motor capaz de asegurar la transferencia de humedad necesaria para romper la latencia. Una siembra profunda no solo compromete la tasa de emergencia, sino que anula la inversión inicial al dejar lotes con densidades insuficientes que comprometen la vida útil de la pastura.

El éxito de la implantación se gestiona desde el frente de la máquina. La cuchilla de corte no es un accesorio secundario; es la herramienta que define el ambiente donde operará el abre surcos. Una cuchilla estándar de 18 pulgadas tiene una limitación física de trabajo de 10 cm; pretender profundizar más allá de este límite compromete la estabilidad del tren de siembra y la uniformidad del corte.

En este punto, la física de las ondas es crucial: mientras que las ondas radiales son convencionales, las ondas tangenciales cumplen una función superior en la «eyección» de suelo y rastrojo, evitando el atascamiento en ambientes con alta carga de residuos.

En suelos pesados o adhesivos, la recomendación técnica vira hacia el uso de doble disco desencontrado (offset) para asegurar la limpieza del surco.

Para garantizar la geometría del surco, la metodología Marrón rescata el «Método de las Tarjetas» de Mat Hagney para evaluar el desgaste del doble disco. La clave reside en identificar el pinch point o punto de contacto entre los discos:

* Se deben insertar dos tarjetas entre los discos.

* El área de contacto (donde las tarjetas se detienen) debe oscilar entre 2 y 2.5 pulgadas (5 a 6.3 cm).

* Si la distancia es menor, los discos dejan de formar una «V» perfecta para generar una «W». Este error estructural permite que la suciedad caiga al fondo del surco antes que la semilla, desgasta prematuramente la quilla protectora y arruina la ubicación de la semilla, dispersando la profundidad real y comprometiendo la uniformidad temporal de la emergencia.

La eficiencia de siembra

Los sistemas de distribución convencionales por gravedad o mecánicos suelen fallar ante las semillas modernas que incorporan coating o peleteado, ya que el material tiende a adherirse y generar variaciones erráticas en la densidad.

Por eso, Marrón propone migrar hacia sistemas neumáticos incluso en máquinas no diseñadas originalmente para pasturas.

Esta adaptación «artesanal» de alta precisión utiliza tubos secundarios y precintos estratégicamente colocados para asegurar que la semilla sea «guiada y pinchada» contra el fondo del surco, eliminando el rebote o efecto «voleo» que ocurre cuando la semilla golpea las paredes del surco. La meta técnica es clara: lograr una distribución equidistante con menos de 2 cm entre plantas para alcanzar el objetivo de 250 a 300 plantas por metro cuadrado.

Una vez que la semilla alcanza el fondo del surco, el proceso crítico es el sellado. El concepto de «profundidad aparente» es fundamental: la profundidad debe medirse desde la superficie real del suelo, independientemente de la cobertura. El surco debe funcionar como una «chimenea» que gestiona la capilaridad.

Para que la semilla se hidrate, es imperativo eliminar las cámaras de aire mediante el uso de rolos. La analogía técnica es simple: para que una esponja húmeda moje un papel, hay que presionarla contra él. Sin esa presión, la capilaridad se interrumpe y la semilla se deseca. En siembras de otoño, la técnica de levantar las ruedas tapadoras puede ser una ventaja competitiva para evitar el excesivo tapado por tierra que, al calentarse o secarse, «quema» el brote antes de emerger. Un surco mal cerrado anula toda la ingeniería previa.

Por último, para Marrón podes contar con la tecnología más avanzada, pero si no tenes un equipo humano alineado no vas a lograr cumplir los objetivos. La implantación de alfalfa es una tarea de detalles que requiere sacar al personal de su zona de confort.

 

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Fuente: somos Alfalfa