El Papa cerró su visita pastoral a la isla italiana con una misa multitudinaria en el Campo Deportivo “Arena”, donde denunció el trato brutal hacia migrantes y refugiados y pidió al mundo respuestas concretas y compasivas frente al drama del Mediterráneo.
Buenos Aires jueves 9 julio(PR/26)–Lampedusa volvió a convertirse este sábado 4 de julio de 2026 en el corazón de la reflexión de la Iglesia sobre el drama de las migraciones. En una misa celebrada en el Campo Deportivo “Arena”, el Papa León XIV tomó la parábola del Buen Samaritano como clave para leer lo que vive hoy esta isla mediterránea, y llamó a convertir la compasión en decisiones concretas.
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Al comenzar la homilía, el Pontífice recordó que “Dios siempre es el primero en amarnos” y que la belleza del mar, de la isla y de sus rostros refleja esa iniciativa gratuita. También evocó la histórica visita que el Papa Francisco realizó a Lampedusa el 8 de julio de 2013, en su primer viaje como Sucesor de Pedro.
Un camino tan peligroso como el de Jerusalén a Jericó
Con el Evangelio de Lucas como punto de partida, León XIV aseguró que la parábola sigue describiendo la realidad de hoy: “Hoy Lampedusa y Linosa se encuentran en un camino peligroso, como el que bajaba de Jerusalén a Jericó”, afirmó ante los fieles reunidos.
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El Papa recordó que la isla ha sido testigo, durante años, del sufrimiento de miles de personas víctimas de redes de explotación y de los peligros del mar. También tuvo un recuerdo especial para quienes nunca lograron llegar a tierra firme, y fue contundente: los muertos en el Mediterráneo son víctimas tanto de decisiones tomadas como de decisiones omitidas.
Hacerse próximos: la respuesta cristiana ante el sufrimiento
El Santo Padre insistió en que, antes de cualquier debate ideológico, encontrarse con quien sufre exige cercanía real. Citando la Carta a los Hebreos, pidió acordarse de los maltratados “como si estuviéramos en sus cuerpos”, y resumió así el corazón de su mensaje: “Nos hacemos próximos, nos volvemos prójimos”.
Un agradecimiento especial a Lampedusa
León XIV dedicó un pasaje de la homilía a reconocer a los habitantes de la isla: “He venido a agradecerles, hermanos y hermanas de Lampedusa, por la proximidad que muchos entre ustedes han decidido ejercitar”, dijo, con palabras dirigidas a voluntarios, asociaciones, la Guardia Costera, autoridades civiles, personal sanitario, sacerdotes y fuerzas de seguridad.
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También tuvo un saludo especial para los propios migrantes presentes, subrayando que muchos de ellos no solo recibieron ayuda, sino que también supieron ejercer la solidaridad en su propio viaje, como pobres que ayudan a los más pobres.
Las causas de un drama que no cesa
El Pontífice enumeró con crudeza las causas que alimentan el sufrimiento de quienes migran: el desinterés por el bien común, la corrupción, un sistema económico que genera pobreza y exclusión, el miedo que fomenta prejuicios, y los intereses criminales de quienes se enriquecen con el drama humano. Todo eso, dijo, repite el gesto de quienes en la parábola “pasan de largo”.
Un llamado directo a Europa
Desde “este borde de Europa en el Mar Mediterráneo”, León XIV lanzó un llamamiento al continente: por su historia y su cultura, Europa tiene un potencial único y, con él, una responsabilidad equivalente. Pidió un proyecto de largo alcance capaz de acoger, proteger, promover e integrar a los migrantes, sin dejar de trabajar por el desarrollo, para que nadie se vea obligado a emigrar.
La civilización del amor, hecha de pequeños gestos
El Papa sostuvo que solo la misericordia puede responder a las heridas del mundo actual, retomando la idea de la “civilización del amor”. Explicó que esta no nace de gestos extraordinarios, sino de una suma de fidelidades pequeñas y tenaces que hacen frente a la deshumanización, porque, como remarcó, nadie está exento de responsabilidad.
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El desafío de un turismo que no mire para otro lado
En un pasaje singular de su homilía, León XIV reflexionó sobre la identidad turística de Lampedusa y advirtió sobre el riesgo de levantar “un muro invisible” entre el mar de los náufragos y el de los veraneantes. Invitó a transformar incluso el descanso en una oportunidad para crecer en humanidad, allí donde se reencuentra el sentido de la vida.
“No nos dejemos vencer por el miedo”
Al cerrar la celebración, el Papa encomendó a la comunidad a la Virgen de Porto Salvo, patrona de Lampedusa, y pidió no sucumbir al temor sino ver las dificultades cotidianas como una oportunidad de testimonio. Se despidió con el saludo tradicional de la isla: “O’scià!”
El último beso para quienes no lo lograron
Antes de la bendición final, el arzobispo de Agrigento, monseñor Alessandro Damiano, agradeció al Papa el gesto de piedad y de oración, recordando especialmente a quienes murieron en el mar, como el pequeño Yousuf, homenajeado por el Pontífice en su primera parada, en el cementerio de la isla.
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Según el prelado, la visita representó para cada una de esas víctimas “aquel último beso y aquella última caricia” que quizás habría hecho menos amarga la muerte. Y para quienes sí lograron llegar a tierra, la presencia del Papa significó un abrazo de paz que no distingue y una mano tendida que no muestra preferencias.
Tras recibir un presente del obispo, al que correspondió con un cáliz para la comunidad, León XIV saludó a autoridades, niños enfermos y voluntarios. Finalmente, despegó hacia Roma a las 12:54 y aterrizó en Ciampino a las 14:04.
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Fuente: Vatican News
















