El Papa llamó hoy a la conversión y a preparar el corazón para la llegada del Reino de Dios

El Papa llamó hoy a la conversión y a preparar el corazón para la llegada del Reino de Dios

En el segundo domingo de Adviento, León XIV recuerda que, ante la inminencia del Reino de Dios, los fieles son llamados a una conversión auténtica y a prepararse para una novedad divina.

Por Patricia Ynestroza

Ciudad del Vaticano, domingo 7 diciembre (PR/25) — «Cada uno de nosotros puede ser una pequeña luz, si acoge a Jesús, brote de un mundo nuevo. Aprendamos a hacerlo como María, nuestra Madre, Mujer que aguarda con confianza y esperanza».

Fieles y peregrinos presentes en la Plaza de San Pedro   (@Vatican Media)

El Papa León XIV, ante los fieles y peregrinos presentes en la Plaza de San Pedro, en este segundo domingo de Adviento, ofreció un mensaje profundamente esperanzador y a la vez desafiante para los creyentes. Inspirado en el Evangelio de Mateo (3,1-12), el llamado central fue claro: la llegada del Reino de Dios está cerca, y su inminencia exige preparación interior, conversión y apertura al cambio.

 

Conviértanse porque el Reino de Dios está cerca

Antes del inicio de la misión pública de Jesús, dijo el Papa, Juan el Bautista irrumpe como su precursor. Su voz resonó en el desierto de Judea con un anuncio contundente: “Conviértanse, porque el Reino de los Cielos está cerca”. Su tono severo, lejos de repeler, atrajo multitudes porque evocaba la urgencia de tomar la vida en serio, de asumir el presente como una oportunidad de encuentro con un Dios que juzga desde las intenciones profundas y no desde las apariencias.

El Papa a la hora del Ángelus   (@Vatican Media)

La oración del Padre nuestro

León XIV recordó que, cada vez que se reza el “Padre nuestro”, los cristianos imploran: “Venga tu Reino”. Una petición que, más allá de la fórmula —agregó—, orienta la existencia hacia la novedad que Dios promete. En ella se reconoce que la historia no pertenece definitivamente a los poderosos del mundo, sino a un Dios que no reina para dominar, sino para liberar. Esta visión invita a poner pensamientos y esfuerzos al servicio de ese Reino que se aproxima.

“En la oración del “Padre nuestro”, pedimos cada día: «Venga tu reino». Jesús mismo nos lo enseñó. Y con esta invocación nos orientamos hacia lo nuevo que Dios tiene reservado para nosotros, reconocemos que el curso de la historia no está ya escrito por los poderosos de este mundo. Ponemos nuestros pensamientos y energías al servicio de un Dios que viene a reinar no para dominarnos, sino para liberarnos. Es un “evangelio”, una auténtica buena noticia, que nos motiva y nos involucra.”

Recordó, además, la imagen del profeta Isaías: un brote que surge de un tronco aparentemente muerto, símbolo de un comienzo nuevo impulsado por el Espíritu. Así obra Dios —explicó el Santo Padre—: hace florecer lo que parecía perdido y sorprende incluso a quienes esperan su llegada, como ocurrió con el propio Juan el Bautista.

 

Otro momento del rezo mariano del Ángelus   (@Vatican Media)

Caminar hacia el Reino de Dios

En esa misma línea, el Pontífice situó la experiencia del Concilio Vaticano II, como un momento en el que la Iglesia se dejó sorprender por el Espíritu y se abrió a un renovado camino común. Cuando la comunidad camina unida hacia el Reino, añadió, lo débil florece y lo imposible se vuelve posible, como en la visión bíblica donde “el lobo habitará con el cordero”.

“El mundo necesita esta esperanza”, afirmó el Papa, invitando a acoger sin miedo el Reino que ya comienza a despuntar. Jesús, presentado como el “más pequeño”, guía a la humanidad con la luz de un nuevo amanecer que inició en la humildad de Belén y brilló definitivamente en la cruz.

El Adviento, explicó por último, es una espiritualidad “luminosa y concreta”. Las luces que adornan las ciudades son un recordatorio de que cada persona puede convertirse en una pequeña luz para los demás si deja espacio a Cristo en su vida. Y como modelo de espera confiada, señaló a María, la mujer que supo acoger con fe paciente la novedad de Dios.

 

El Papa saludando a los fieles presentes en la Plaza de San Pedro   (@Vatican Media)
Primicias Rurales
Fuente: Vatican News
Editorial Guadalupe invita a redescubrir la Navidad con cuentos de Guillermo E. Dri

Editorial Guadalupe invita a redescubrir la Navidad con cuentos de Guillermo E. Dri

El libro ofrece un itinerario de lectura adecuado para estos días de preparación, en los que la Iglesia invita a volver a lo esencial: dirigir la mirada a la ternura del Niño Jesús en el pesebre.

Buenos Aires, sábado 6 diciembre (PR/25) — En el marco del tiempo de Adviento, Editorial Guadalupe propone volver a contemplar el misterio de la Navidad a través del libro Cuentos de Navidad, del autor Guillermo Enrique Dri. La obra reúne relatos situados «en la delgada línea que separa lo real de lo imaginario», un espacio donde el corazón puede volver a asombrarse y la fe se deja tocar por la maravilla del Amor infinito manifestado en el nacimiento de Jesús.

Con un estilo sencillo y profundo, el libro ofrece un itinerario de lectura especialmente adecuado para estos días de preparación, en los que la Iglesia invita a volver a lo esencial: dirigir la mirada a la ternura del Niño Jesús en el pesebre.

Esa combinación de inocencia y necesidad, tan humana y cercana, conmueve más allá del grado de fe personal, porque remite a una experiencia universal de fragilidad que busca acogida y amor.

El autor propone una clave para la lectura de estas historias como una invitación espiritual concreta: «Si abriéramos el corazón a la maravilla del amor, que es la Navidad, la mayoría de los cuentos navideños no serían cuentos sino verdaderas historias reales».

Editorial Guadalupe recomienda esta obra para la lectura personal, familiar o comunitaria, como un modo sencillo y profundo de preparar el corazón para celebrar la Navidad. El libro se encuentra disponible en Editorial Guadalupe.

Primicias Rurales

Agencia AICA

Monseñor Castagna: ‘El Bautismo de Jesús, y el de Juan’

Monseñor Castagna: ‘El Bautismo de Jesús, y el de Juan’

 El arzobispo emérito de Corrientes, monseñor Castagna destacó que «el Adviento contribuye intencionalmente al compromiso de la fe, profesada en el Bautismo».
Sugerencia para la homilía de monseñor Castagna

 

Corrientes,  sábado 6 diciembre (PR/25) — Monseñor Domingo Castagna, arzobispo emérito de Corrientes, recordó que «Juan prepara, mediante el bautismo penitencial que administra, la llegada del verdadero creador del Bautismo que: regenera e introduce en la Vida Nueva».

«Juan así lo entiende y anuncia: ‘yo los bautizo con agua para que se conviertan; pero aquel que vine detrás de mí es más poderoso que yo, y yo ni siquiera soy digno de quitarle las sandalias. El los bautizará en el Espíritu Santo y en el fuego'», citó.

«El bautismo de penitencia de Juan es superado cualitativamente por el de Jesús. Gracias a él es posible la santidad de quienes lo han recibido. Basta el consentimiento a lo que el Espíritu se propone realizar, mediante el sacramento celebrado por única vez», sostuvo. El arzobispo destacó que «el Adviento contribuye intencionalmente al compromiso de la fe, profesada en el Bautismo».

Texto de la sugerencia
1. Juan identifica a Jesús. San Juan Bautista identifica a Cristo -uno más entre los hombres- como el Hijo de Dios y perfecto modelo de Quien lo creó como imagen y semejanza suya. Por ello, la misión de Juan es identificarlo, con absoluta fidelidad, ante un pueblo expectante. Es así que «prepara los caminos del Señor», convocando a quienes, conscientes de su estado de pecado, buscan la reconciliación con Dios. Juan es la voz de la Palabra, que llama a la conversión mediante un sendero penitencial. La severidad de su lenguaje crea un estilo ministerial que prepara los corazones para el examen y el cambio de vida. Es preciso escucharlo con honestidad, no como los fariseos y escribas de su tiempo y del nuestro. Como él, fieles a la Verdad, necesitamos hacer del Adviento un Tiempo que favorezca el sinceramiento oportuno y saludable, aunque doloroso. Así lo entiende el Bautista cuando llama al examen y a la penitencia a quienes acuden a él. La humildad lo predispone para la misión -que lo toma por entero- como inequívoca manifestación de una voz destinada a hacer audible la Palabra en medio de las disonancias del mundo. Es consciente de esa misión y no cede a los riesgos persecutorios que lo ponen al borde de la traición o de la muerte. El Precursor de Jesús antecede a su Señor, cuando el cruel Herodes decide su muerte por decapitación. Juan Bautista -fidelísima voz de la Palabra- es modelo del seguidor de Jesús, y enseña a mantener el corazón dispuesto para cuando lo exijan las circunstancias. Juan está alerta a la llegada del Señor, que así conduce a la Verdad y a la Vida, a quienes atrae con su predicación y bautismo de penitencia. El suyo es un comportamiento modélico para los actuales responsables de la evangelización. La docilidad humilde lo conduce a aprender de la Palabra, que él debe cubrir con su poderosa voz. Los actuales creyentes necesitan aprender de Juan. En la intimidad de la oración, y con la mente abierta a la Verdad, se crean las condiciones para entrenar a los actuales Bautistas. Cada cristiano debe encarnar el espíritu del Santo Precursor.

2. Cristo encarna el cambio que cada cristiano debe actualizar. Es tiempo propicio para renovar la conversión. Efecto del encuentro con Quien, por ser la Palabra de Dios, exige iniciar y prolongar el cambio, reclamado por el Evangelio. El Hijo del hombre encarna el cambio. Cada cristiano debe lograrlo hoy, considerando que las tentaciones del desierto constituyen desafíos a la fe que, a partir del Bautismo, ha adoptado. Nuestro Credo no es una formalidad cultural, es un verdadero proyecto de santidad, o de perfección auténticamente humana. Cristo lo realiza: en su relación familiar con el Padre, en su docilidad al Espíritu y en su constante servicio al humilde pueblo que lo sigue y admira. Cuando inicia su ministerio expresa su intención de alternar con los pecadores (todos): «A partir de ese momento, Jesús comenzó a proclamar: Conviértanse, porque el Reino de los Cielos está cerca» (Mateo 4, 17). Es el Reino que Cristo declara cercano. A partir de su Encarnación, Muerte y Resurrección, el Reino de los Cielos se instala -más que cercano- y se ofrece para ser acogido por todos los hombres de buena voluntad. De allí la exhortación a ser parte viva de ese Reino. La misión de San Juan Bautista es despertar y acompañar la decisión de ser ciudadanos de ese Reino. El ministerio del Bautista está presente y vivo en la Iglesia. Durante los Tiempos fuertes del Calendario Litúrgico, la Iglesia acude a sus orígenes para manifestar y dispensar la gracia que fluye de ese Reino. En la celebración de los sacramentos, sobre todo en la Eucaristía, se produce un estado de santidad que interesa la vida cotidiana de los ciudadanos del Reino. Los santos presentan -en sus vidas virtuosas- las «cartas» que los acreditan como miembros de ese Reino. Al mantenerse fieles al Rey, asistidos por el Divino Espíritu, la santidad siempre corona todo esfuerzo y encuentra expresiones socialmente localizadas. El mundo, tan necesitado de su Salvador, reclama el testimonio de los cristianos, con mucha urgencia. Los legítimos ciudadanos del Reino de los Cielos desarrollan su carisma en el compromiso que los solidariza con sus conciudadanos de la ciudad terrena. Allí está el secreto de la espiritualidad bautismal: ser como Jesús, Hijo del Padre y Hermano de los hombres. Hijo obediente, hasta aceptar la dolorosa misión de morir por sus hermanos pecadores. Por el Bautismo hemos aceptado la muerte como crucifixión y la vida en el mundo como camino a la eterna.

3. Tiempo para recuperar la novedad del Evangelio. El Evangelio -«Buena Nueva» entre las viejas estructuras del pecado- reclama hoy su lugar. No es fácil situarlo cuando todo se le opone, al dominar el pecado la vida ordinaria: sus niveles y enfoques. El Adviento, que ya está iniciado, es una oportunidad inigualable para recuperar la novedad del Evangelio y proyectar la vida temporal de cada hombre y mujer conforme a su espíritu y a sus términos. La Iglesia pone a nuestro servicio la enorme riqueza de la Palabra y de los sacramentos. Es lamentable que se los desaproveche, con una inconciencia, verificable incluso entre quienes se profesan abiertamente cristianos. El propósito, que alienta estas celebraciones, es despertar una conciencia nueva para tiempos nuevos. Será preciso intensificar la predicación y esmerarse en una Liturgia cuidadosamente expresiva del Misterio divino. En Tiempo de Adviento se abre el rico depósito de la fe y se lo ofrece generosamente a quienes desean aprovecharlo. En la celebración del Bautismo, cada bautizado expresa su propósito de profesar el Credo y adoptarlo desde la cotidianidad. Ser creyente es hacer, del contenido de la fe, un verdadero proyecto de vida. Mantener la coherencia entre la fe y la vida es un desafío ineludible. Advertimos las graves dificultades que atraviesan, muchos cristianos, en el mantenimiento de esa coherencia. La fidelidad, que Dios ciertamente merece de todos los hombres y mujeres, crea una sintonía, que el pecado obstaculiza a diario. Para ello, se tendrá que seguir, paso a paso, lo que la Iglesia ofrece en su Liturgia del Adviento, y decidir -o fortalecer- la conversión, mediante un propósito sostenido mediante la oración y la penitencia. San Juan Bautista presta su fuerte voz al anuncio de la Palabra, al examen humilde y sincero, y a la práctica de la Reconciliación y de la Eucaristía. La vida sacramental, tan descuidada en un número lamentable de bautizados, recobra su valor durante este Tiempo Fuerte. La misión de quienes desempeñan el ministerio sagrado es reconducir, mediante los sacramentos de la Eucaristía y de la Reconciliación, hacia un compromiso de fe que ponga a cada bautizado al servicio de la construcción de la «ciudad terrestre». El impulso del espíritu ecuménico que inspira, en la Iglesia, un diálogo reconstructor entre hombres y mujeres, que exhiben valores espirituales similares, aún sin ser parte de la Comunión Católica. 

4. El Bautismo de Jesús, y el de Juan. Juan prepara, mediante el bautismo penitencial que administra, la llegada del verdadero creador del Bautismo que: regenera e introduce en la Vida Nueva. Juan así lo entiende y anuncia: «Yo los bautizo con agua para que se conviertan; pero aquel que vine detrás de mí es más poderoso que yo, y yo ni siquiera soy digno de quitarle las sandalias. El los bautizará en el Espíritu Santo y en el fuego» (Mateo 3, 11). El bautismo de penitencia de Juan es superado cualitativamente por el de Jesús. Gracias a él es posible la santidad de quienes lo han recibido. Basta el consentimiento a lo que el Espíritu se propone realizar, mediante el Sacramento celebrado por única vez. El Adviento contribuye intencionalmente al compromiso de la fe, profesada en el Bautismo.

Primicias Rurales

Fuente: Agencia AICA

Este santo hizo himnos que la Iglesia lleva cantando 1.700 años

Este santo hizo himnos que la Iglesia lleva cantando 1.700 años

Para que todos glorificaran juntos a Dios, el obispo Ambrosio de Milán innovó como compositor

Por Patricia Navas

 

Buenos Aires, viernes 5 diciembre (PR/25) — La histórica oración presidida por el Papa León XIV y el arzobispo de York en presencia de los reyes Carlos III y Camila en el Vaticano el 23 de octubre de 2025 comenzó con el canto “Fundador eterno de las cosas”. Se trata de un himno que la Iglesia sigue cantando 17 siglos después de que un santo, Ambrosio, lo compusiera.

Proclamar la fe y alabar todos juntos

 

Ambrosio logró introducir en Occidente un tipo de canto sencillo y fácil de memorizar que permitía a todos participar en la liturgia para glorificar a Dios.

Él mismo se lo explicaba al obispo arriano Auxentio, que le acusaba de hechizar al pueblo con sus himnos.

Y añadía, revelando su intención: “Todos se esfuerzan por proclamar su fe; todos han aprendido a alabar en verso al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo. Así se han convertido en maestros todos los que a duras penas podían ser discípulos”.

¡Ven, redentor!

 

SAINT AMBROSE

 

Uno de sus himnos forma parte de la Liturgia de las horas del tiempo de Adviento en el rito romano y también se reza en Navidad.

Es una oración con la sabiduría y la sensibilidad de este Doctor de la Iglesia que influyó decisivamente en la conversión de san Agustín:

Ven Redentor de los pueblos,
muestra tu parto de la Virgen,

sea visto por todos los siglos:
ese parto es digno de Dios.

No de viril siembra,
sino por mística acción,
el Verbo de Dios se ha hecho carne,
y ha florecido el fruto del vientre.

Creció el vientre de la Virgen
mas su pureza está intacta,
resplandecen banderas virtudes,
el Señor habita en su templo.

Procedente de su alcoba,
regia estancia de pureza,
un gigante de doble sustancia
ansía recorrer su camino.

De Dios Padre procede,
a Dios Padre regresa:
baja a los infiernos,
vuelve al trono de Dios.

Igual al Padre eterno,
se ciñe la carne como un trofeo,
vigoriza nuestros cuerpos
con su virtud perpetua.

Ahora brilla el pesebre,
y la noche esparce tu luz nueva,
que ninguna noche se interpondrá
a que la fe luzca constantemente.

Quiso yacer en el heno,
no le horrorizó el pesebre;
con un poquito de leche
se alimenta el que nos nutre.

Se alegra el coro celeste,
los ángeles cantan juntos,
y se muestra a los pastores
el Pastor que a todos crea.

Gloria a ti, Señor eterno,
que naciste de la Virgen,
con el Padre y el Espíritu
gobiernas todos los siglos.

Amén

Primicias Rurales

Fuente: Aleteia

¿Sabías que el Adviento y la esperanza se relacionan?

¿Sabías que el Adviento y la esperanza se relacionan?

El Adviento es la época del año litúrgico que nos prepara para la llegada del Salvador, por eso su relación con la esperanza es bastante estrecha
Por Mónica Muñoz

España, jueves 4 diciembre (PR/25) — El Adviento ha comenzado. Y, aún en estos tiempos, resulta extraño que haya personas a las que no les agrade esta época del año litúrgico y civil, pues evoca la alegría de las fiestas venideras que, hay que reconocer, se han secularizado al punto de dejar al Niño Jesús fuera del pesebre. Por eso es reconfortante saber que la virtud de la esperanza tiene una estrecha relación con la venida del Hijo de Dios.

La venida del Salvador

En su mensaje de Adviento de 1978, san Juan Pablo II escribió:

«Hasta los niños saben que es Jesús quien viene para ellos y para todos los hombres. Viene una noche en Belén, nace en una gruta, que se utilizaba como establo para el ganado.

Esto lo saben los niños, lo saben también los hombres que participan de la alegría de los niños y parece que se hacen niños ellos también la noche de Navidad».

San Juan Pablo II reitera que «No en vano dijo Jesús una vez: “Si no os volviereis y os hiciereis como niños, no entraréis en el reino de los cielos” (Mt 18, 3)».

 

El Adviento y la esperanza

El Santo Padre menciona que «el Adviento, en cuanto tiempo litúrgico del año eclesial, nos remonta a los comienzos de la Revelación». Más aún, enfatiza que el Adviento es el cristianismo mismo. ¿Cómo, entonces, se relaciona la virtud de la esperanza con él?

Encontramos luces con lo que el Catecismo de la Iglesia católica menciona:

«La esperanza es la virtud teologal por la que aspiramos al Reino de los cielos y a la vida eterna como felicidad nuestra, poniendo nuestra confianza en las promesas de Cristo y apoyándonos no en nuestras fuerzas, sino en los auxilios de la gracia del Espíritu Santo» (CEC 1817) .

¡Cristo nos ha prometido el cielo!, es por esta razón que quienes somos cristianos sabemos que, a pesar de en esta vida enfrentemos problemas y sufrimientos, todos serán nada cuando alcancemos la vida eterna. Esa es nuestra esperanza.

Pensemos durante estas semanas de Adviento – la espera gozosa en la venida del Señor – en la realidad del cristiano: Tenemos la certeza de que vamos por el Camino indicado y que no hay otro más seguro que el que nos ha marcado Jesús.

Demos gracias a Dios porque sabemos que cada Navidad nos acerca más a Él, por eso no debemos temer ni estar tristes. Nuestra esperanza como cristianos está en Cristo que es el Camino, la Verdad y la Vida (Jn 14, 6).

Primicias Rurales

Fuente: Aleteia