Hoy celebramos a San Benito Abad

Hoy celebramos a San Benito Abad

Buenos Aires, sábado 11 abril (PR/26) — Cada 11 de julio la Iglesia Católica celebra a San Benito de Nursia, fundador del monacato occidental, patriarca de los monjes de Occidente y patrono de Europa. También se le conoce como San Benito, Abad.

Su medalla aparta el mal: «Vade retro satana».

La medalla tiene dos caras, por un lado está la imagen del Santo Patriarca, y por el otro, una cruz, que a su alrededor lleva una letras que son iniciales de la oración:

Crux Sancti Patris Benedicti (Cruz del Santo Padre Benito),

Crux Sacra Sit Mihi Lux (Mi luz sea la Cruz Santa),

Non Draco Sit Mihi Dux (No sea el demonio mi guía),

Vade Retro Satana (¡Apártate, Satanás!),

Numquam Suade Mihi Vana (No sugieras cosas vanas),

Sunt Mala Quae Libas (Pues maldad es lo que brindas)

Ipse Venena Bibas (Bebe tu mismo el veneno).

Dios a tiempo completo

La máxima de vida de San Benito -con la que ha inspirado a la cristiandad a lo largo de los siglos- fue “ora et labora” (ora y trabaja), síntesis perfecta de su propuesta de vida y un llamado a la unidad entre contemplación y acción.

El legado de este gran santo ha influido de manera definitiva en la formación y desarrollo del monacato -para aquéllos hombres y mujeres llamados a buscar a Dios en la soledad y el silencio-, y hoy, tras muchos siglos, sigue inspirando a quienes asumen la tarea de hacer de la oración acción, y de la acción oración. El ideal de San Benito siempre fue la entrega completa del monje a Dios: una entrega a tiempo completo.

Dios en el silencio

San Benito nació en Nursia (Italia), en el año 480. Tuvo una hermana melliza, Escolástica, quien también alcanzaría la santidad. Después de haber estudiado retórica y filosofía en Roma, Benito se retiró a la ciudad de Enfide (actual Affile) para dedicarse con mayor profundidad al estudio y la disciplina ascética.

No conforme con lo logrado hasta entonces, con 20 años el santo marchó hacia el monte Subiaco para vivir en absoluta soledad. Allí se instaló en una cueva. Más tarde se haría de la guía espiritual de un ermitaño. Años después, como parte de su búsqueda, se unió a los monjes de Vicovaro, quienes lo eligieron prior en virtud de su espíritu disciplinado.

En Vicovaro brotaron las primeras animadversiones contra Benito, aparecidas en los corazones de los monjes que no estaban de acuerdo con la disciplina impuesta por el santo. Algunos de sus hermanos en el monasterio llegaron incluso a conspirar para asesinarlo.

Cuenta la tradición que un día, a la hora de los alimentos, uno de los monjes le sirvió a Benito un vaso con agua envenenada. El abad lo recibió y lo puso sobre la mesa frente a sí. Antes de beber, como de costumbre, hizo la señal de la cruz y sin querer golpeó la copa, que cayó al suelo, haciéndose pedazos.

Un sospechoso alboroto se produjo tras el hecho que acabó con los conspiradores, quienes quedaron en evidencia. Esto precipitó que San Benito se aleje de aquel monasterio definitivamente, no sin antes reprochar a aquellos “hombres de Dios” la gravedad de sus actos.

Edificador de Europa

 

 

Pasado aquel triste episodio, acompañado de un grupo de jóvenes animados por su enseñanza, Benito se dedicó a la fundación y organización de otros monasterios por diversos lugares de la Europa central, entre los que destacó el construido en Monte Cassino (Italia).

Convencido de que la vida monástica requiere orden y armonía, se animó a escribir su famosa Regla, que ha servido de apoyo para un sin fin de otros reglamentos de comunidades religiosas a lo largo del tiempo. Paralelamente, el abad trabajó en hacer de sus monasterios auténticos centros de formación humana y espiritual, en los que se preservaba la cultura y la tradición.

Gracias a estas notas características, su proyecto cobró forma y se convirtió en una suerte de red cultural y espiritual que enlazó a la Europa de aquel entonces. El estilo de vida monástico suscitó tal entusiasmo que miles de cristianos se descubrieron llamados a dejar el mundo atrás para dedicarse a Dios en los silenciosos claustros de un monasterio.

El monacato europeo sirvió de base para la expansión de la cultura cristiana en el Viejo Continente. La red de monasterios repartidos por todos lados fue semilla de los sistemas educativos y se convirtió en la reserva cultural de Occidente. La mayoría de ciudades importantes de la Europa de hoy surgieron alrededor de algún monasterio, o se organizaron siguiendo su ritmo e inspiración.

 

El deber de un monje

 

Siempre que se presta atención a la figura de San Benito se debe hacer con respeto y cuidado. La tentación de reducir su gesta a un intento puramente organizacional resultado de cierta obsesión con la disciplina constituye un error. Incurrir en una simplificación de esa magnitud sólo puede conducir a una seguidilla de malas interpretaciones. Nada más lejos que identificar la belleza de la vida religiosa con sacrificios exteriores carentes de sentido.

Se debe tener presente que Benito, padre del monacato, fue antes que cualquier cosa un hombre de oración, una persona consciente de que el tiempo dedicado a Dios es indispensable para transformar la vida y construir el bien común. La práctica de la caridad debe ir siempre unida a la relación íntima con Dios.

Ciertamente, Benito fue un hombre exigente, pero también reconocido por su trato amable y su generosidad. Su día a día empezaba de madrugada, cuando se levantaba para rezar los salmos y meditar la Escritura. Sólo salía a predicar después de haber cumplido con sus deberes en el monasterio.

Gustaba de practicar el ayuno y tenía la convicción de que los monjes debían ocupar su tiempo en algún tipo de esfuerzo físico. El trabajo era para él un honroso camino hacia la santidad.

 

Lejos del mundo, más cerca del cielo

 

San Benito realizó muchos milagros en vida: curó enfermos y resucitó muertos. Se enfrentó al demonio personalmente y practicó exorcismos, siempre con la cruz en la mano -de allí la devoción a la Cruz de San Benito-. Recolectó limosna para asegurar el alimento a sus hermanos y ayudar a los necesitados. Consoló a muchos que se hundieron en la tristeza y les devolvió el ánimo.

El gran abad murió el 21 de marzo del año 547, pocos días después de su hermana, Santa Escolástica. San Benito murió en la capilla de su monasterio, con las manos levantadas al cielo, en gesto orante, como haciendo eco de algo que él mismo repetía: «Hay que tener un deseo inmenso de ir al cielo».

Si deseas saber más sobre San Benito de Nursia, te sugerimos este artículo de la Enciclopedia Católica: https://ec.aciprensa.com/wiki/San_Benito_de_Nursia.

Más información:

 

 

Fuente: ACI Prensa
Primicias Rurales
Hoy es la fiesta de Santo Tomás Moro, patrono de los gobernantes, políticos y abogados

Hoy es la fiesta de Santo Tomás Moro, patrono de los gobernantes, políticos y abogados

Al conmemorarse la fiesta litúrgica de Santo Tomás Moro, patrono de los gobernantes, políticos y abogados, la Iglesia resalta su valiente testimonio de fidelidad a la fe y la primacía de la conciencia, frente a los abusos del poder temporal.
Santo Tomás Moro, 22 de junio / ACI Prensa

 

 

Buenos Aires, lunes 22 junio (PR/26) — Cada 22 de junio la Iglesia Católica celebra a Santo Tomás  Moro (1478 -1535), político, humanista multifacético, hombre de leyes, traductor.

Se desempeñó como canciller del rey Enrique VIII de Inglaterra, quien fue su amigo por muchos años, pero quien finalmente lo mandaría matar.

Moro pensaba que no hay posibilidad de que una comunidad política ande bien si sus miembros no son respetuosos de la fe, la ética y la moral, empezando por el rey, quien es el que detenta el poder y quien debe dar el ejemplo.

«El hombre no puede estar separado de Dios, ni la política de la moral», afirmaba el santo, sugiriendo que así como el ser humano si se aparta de Dios está condenado a la perdición, de la misma manera, el ‘ámbito de los asuntos humanos’ (la organización social y política) desconectados de los límites y frenos morales se convierte en abuso, tiranía, injusticia e infelicidad generalizada.

Tiempos aciagos como los que hoy vive el mundo hacen que sentencias como la de Moro cobren actualidad inusitada.

Tiempos recios: ser creyente y hacer política

 

Lamentablemente, en los tiempos de Moro se multiplicaban las formas de pensamiento que se remontaban al pasado precristiano buscando fuentes de inspiración que susciten originalidad y renovación, no todas ellas compatibles con el cristianismo y algunas ciertamente anticristianas.

Por otro lado, la cristiandad padecía una crisis real que habría de desembocar en la Reforma Protestante y la proliferación del rechazo a la autoridad secular del Papa y la Iglesia en su conjunto.

Para Santo Tomás Moro el rechazo de la moral, o la ruptura entre esta y lo político representaba, paradójicamente, el más grave de los errores políticos, equiparable, en el ámbito espiritual, a la ruptura con Dios.

Tomás Moro nació en Londres en 1477. Se graduó en la Universidad de Oxford como abogado e hizo una carrera exitosa que terminó llevándolo al parlamento inglés.

Contrajo matrimonio con Jane Colt, con quien tuvo un hijo varón y tres hijas mujeres. A la muerte de la madre de sus hijos, Lady Colt, el santo se casó por segunda vez, con una dama de nombre Alice Middleton.

 

 

La esperanza, el “motor” del político

 

Aquel texto ha quedado perennizado en la historia del pensamiento occidental por su riqueza filosófica, política y teológica, así como por su valor literario -que terminó definiendo al género denominado utópico-. La obra fue bien recibida en su tiempo y llamó la atención del monarca inglés, Enrique VIII, quien convocó a Moro a ser parte de la administración pública.

 

Amigo sí, pero más de la verdad

 

Enrique VIII y Tomás cultivaron cierta amistad y una relación de confianza. Sin embargo, el deseo del rey de querer repudiar a su esposa y contraer nuevas nupcias, yendo en contra de lo prescrito por la Iglesia y la naturaleza intrínseca del matrimonio, terminó por enfrentarlos.

Moro, en calidad de consejero del rey, pretendió disuadirlo, pero el capricho del monarca comenzó a tornarse en obsesión, al punto de estar dispuesto a desobedecer al mismísimo Papa.

El episodio es harto conocido, como conocido es el desenlace: la ruptura definitiva de la corona británica con Roma y el surgimiento de la Iglesia anglicana como Iglesia cismática. Esta situación, contraria a la profunda fe católica de Tomás, lo hizo renunciar a todos sus cargos.

Posteriormente, Moro se dedicó a la defensa de la ortodoxia católica, y junto a su amigo, el Obispo San Juan Fisher, se opusieron al rey, ahora autodenominado “cabeza” de la Iglesia (anglicana). Ambos santos, fieles a Cristo, serían acusados de traición a la corona y llevados a prisión. Meses después, San Juan Fisher sería ejecutado y, a los pocos días, Santo Tomás seguiría el mismo destino.

 

Cristo es quien nos da la libertad

 

¿La “culpa” por la que Tomás Moro murió decapitado? Oponerse a la postura del rey que decidió desoír la negativa papal a anular el matrimonio real. Mientras para Enrique era un asunto de ‘fueros’ -el Papa no podría ejercer más autoridad sobre él-, para Tomás la decisión de la corona era una afrenta al sacramento y una incitación a la división de la Iglesia de Cristo.

El rey -autoridad política- se había autoerigido en autoridad moral y religiosa. En el patíbulo, antes de ser ejecutado, el excanciller del rey gritó ante la multitud: «Muero como buen servidor del rey, pero primero servidor de Dios».

Santo Tomás Moro murió martirizado el 6 de julio de 1535. Su fiesta se celebra cada 22 de junio, junto a San Juan Fisher.

 

 

“La historia de Santo Tomás Moro ilustra con claridad una verdad fundamental de la ética política. En efecto, la defensa de la libertad de la Iglesia frente a indebidas injerencias del Estado es, al mismo tiempo, defensa, en nombre de la primacía de la conciencia, de la libertad de la persona frente al poder político. En esto reside el principio fundamental de todo orden civil de acuerdo con la naturaleza del hombre” (San Juan Pablo II).

Santo Tomás Moro fue declarado patrono de los gobernantes y los políticos por el Papa San Juan Pablo II en el año 2000.

Si quieres saber más sobre Santo Tomás Moro, te recomendamos este artículo de la Enciclopedia Católica: https://ec.aciprensa.com/wiki/Santo_Tomás_Moro.

 

Primicias Rurales
Fuente: ACI Prensa
Hoy celebramos a San Juan de Matera, a quien Dios protegió de la calumnia y la maledicencia

Hoy celebramos a San Juan de Matera, a quien Dios protegió de la calumnia y la maledicencia

San Juan de Matera, 20 de junio / ACI Prensa

Buenos Aires, sábado 20 junio (PR/26) — Cada 20 de junio, la Iglesia celebra a San Juan de Matera, monje italiano fundador de la Orden de Pulsano -razón por la que se le conoce también como San Juan de Pulsano-.

Por un largo periodo, Juan vivió como eremita en las montañas del sur de Italia. La congregación que fundó después fue parte de la gran familia benedictina, pero, lamentablemente, no sobrevivió en el tiempo y hoy se encuentra extinta.

Giovanni Scalcione nació en la ciudad de Matera, Reino de Nápoles (hoy parte de Italia), hacia el año 1070.

Cuando era todavía un niño, Juan soñó con vivir como ermitaño. Cuando creció, quiso perseguir su sueño y dejó la casa de sus padres rumbo a las islas ubicadas frente a Tarento, donde había un monasterio. Allí ingresó en calidad de hermano lego para desempeñarse como pastor y guardián de rebaños.

Blanco de la hostilidad de este mundo

 

Tiempo después fue enviado a Ginosa donde comenzó a predicar y a promover la restauración del templo de la ciudad, alrededor del cual posteriormente se construiría un nuevo monasterio.

En medio del esfuerzo restaurador, San Juan de Matera fue acusado injustamente de haberse apropiado de algunos bienes pertenecientes a la Iglesia y, por orden del gobernador de la provincia, sería condenado a prisión.

La acusación no era sino una calumnia armada por sus enemigos, celosos de la autoridad moral que exhibía el santo.

Además, su conocida austeridad reforzaba la idea de que tanto las imputaciones como el castigo carecían de fundamento.

También era verdad que parte de la población no deseaba un monasterio en el lugar pues veían con desagrado la posibilidad de que Juan fuese una voz alzada contra el poder secular que pretendía interferir en la vida eclesial.

Poco después, sin que se hayan aclarado bien las razones hasta hoy, Juan salió de prisión. Eso contribuyó al difundido rumor en ese momento de que había sido liberado por un ángel. El santo, entonces, se dirige a Capua, donde permanece por un breve tiempo antes de seguir su camino. Juan no podía permanecer en el lugar ya que los pobladores estaban asustados, temiendo represalias de las autoridades.

Incomprensión de sus hermanos

 

Llegado a Bari, retomó la predicación y la catequesis, pero fue acusado nuevamente, esta vez de herejía.

Sus enemigos usaron como pretexto cierto énfasis que ponía Juan en la importancia de la austeridad para alcanzar la santidad. Cuando las cosas se aclararon, fue liberado nuevamente, gracias a que le permitieron defenderse ante los tribunales; derecho que ejerció personalmente y de manera brillante.

En 1130, en el antiguo monasterio de San Gregorio de Pulsano, construido gracias a su iniciativa y empuje, Juan fundó la congregación monástica que lleva el nombre de ‘Orden de San Pulsano’.

Allí restituye la regla de San Benito en su espíritu y letra, y es nombrado abad, servicio que ejerció durante los diez siguientes años.

San Juan de Matera tuvo la bendición de ver crecer a sus hijos espirituales, que empezaron a hacerse conocidos y a aumentar en número -unos 50 monjes integraron la Orden en unos pocos años-.

El santo falleció el 20 de junio de 1139 en Foggia (Pulla), a donde había viajado con la intención de abrir un monasterio más para la congregación.

 

Primicias Rurales
Fuente: ACI Prensa 
Hoy celebramos a Santa Magdalena Barat, comprometida en reconstruir su país al amparo del Sagrado Corazón

Hoy celebramos a Santa Magdalena Barat, comprometida en reconstruir su país al amparo del Sagrado Corazón

Al celebrarse la memoria de Santa Magdalena Sofía Barat, recordamos el legado de la fundadora de la Sociedad del Sagrado Corazón de Jesús, quien reconstruyó el tejido social de Francia a través de la educación y el servicio a los desamparados.

 

Buenos Aires, lunes 25 mayo (PR/26) — Cada 25 de mayo, la Iglesia celebra a Santa Magdalena Sofía Barat, fundadora de la Sociedad del Sagrado Corazón de Jesús.

Santa Magdalena Sofía nació en 1779 en Joigny (Francia). Desde pequeña se sintió atraída por la oración y la vida religiosa, pero no sería hasta pasados los peores años de la Revolución Francesa -cuando la libertad religiosa se fue restituyendo- que descubriría el llamado a consagrarse al servicio de Dios y de la Iglesia.

Magdalena nació en un hogar humilde, no obstante, gracias a su hermano mayor -quien se convertiría en su preceptor-, recibió un tipo de educación considerada un privilegio para la época. Esto se debía, en primer lugar, a que la mayoría de familias no tenían dinero, y, en segundo lugar, las mujeres casi no tenían acceso a la educación. Su hermano, un joven sacerdote, la puso en contacto con los autores clásicos y con la tradición teológica.

Una “revolución” impulsada por la caridad

 

La pequeña Magdalena tenía 10 años cuando estalló la Revolución (1789). Este proceso histórico-político estuvo preñado de aspiraciones de libertad y justicia, pero entendidas a partir del rechazo de toda tradición. Además, los ‘revolucionarios’ se dejaron contagiar por el espíritu anticlerical de muchas de las ‘nuevas ideas’ que flotaban acríticamente en el ambiente, lo que se convirtió en caldo de cultivo para la violencia y el descontrol. Fueron tantas las atrocidades que se cometieron que la Revolución produjo uno de los capítulos más dolorosos de la historia del catolicismo francés.

Mientras Magdalena va creciendo, empieza a asumir un compromiso cada vez más sólido con su fe en un contexto bastante complicado. El movimiento revolucionario había dejado una estela de rencor y ruptura entre los franceses, y muchos de ellos se habían apartado de la fe en la que habían crecido. Es así que Magdalena Sofía percibe la necesidad de contribuir, desde el seno de la Iglesia, a reconstruir el tejido social e instaurar una auténtica ‘fraternidad’ -no de esa que devino en la guillotina y en la proliferación de patíbulos, sino una que respetase de verdad los derechos de los seres humanos-.

Cristo ha mostrado su corazón

Magdalena, entonces, se dedica a la formación de niñas y jóvenes, y a conocer y desarrollar la espiritualidad del Corazón de Cristo. En su niñez había pasado horas orando con su familia frente a una imagen del Sagrado Corazón de Jesús por la liberación de su hermano, preso durante la Revolución solo por ser sacerdote. Esa experiencia marcó profundamente su espiritualidad personal y la animó a aferrarse al Sagrado Corazón. Con el tiempo, las intuiciones y sueños se fortalecieron y la impulsaron a dar pasos más sólidos en su camino vocacional: junto a cuatro compañeras realizó sus primeros votos religiosos en 1800, en la que sería la novel Sociedad del Sagrado Corazón, asumiendo un proyecto que combinaba la contemplación y el apostolado.

A inicios del siglo XIX una epidemia diezmó a parte de la sociedad francesa. La cantidad de muertos dejó un saldo terrible: muchos niños quedaron huérfanos o completamente desamparados. Sor Magdalena Sofía y sus hermanas dieron una respuesta eficaz ante el reto que tenían enfrente.

La religiosa lo resumió así: “¿No tienen madre? La Sociedad del Sagrado Corazón está fundada para ellos. Aunque no quedaran plazas en el colegio, crearía uno nuevo inmediatamente para los niños huérfanos o abandonados por sus padres”.

Amar a los pobres como Jesús

Santa Magdalena Sofía Barat solía decir: “A los pobres les daría yo mi piel”. Esa era la hermosa forma con la que expresaba cuánto amaba a Cristo y a sus hijos sufrientes. Esas palabras portaban un claro mensaje: no se guardaría nada para sí.

 

 

Y como sucede cuando alguien tiene el corazón inflamado por la caridad, la Madre Magdalena ayudó a muchos a fortalecer su amistad y trato con el Señor. Como cabeza de su institución, se preocupó también por la formación en el conocimiento y la virtud de los educadores católicos.

“Si volviera a nacer, lo haría solo para obedecer al Espíritu Santo y actuar movida por él” (Santa Magdalena Sofía Barat).

La santa partió a la Casa del Padre el 25 de mayo de 1865. Hoy, la pequeña sociedad que fundó se ha convertido en una congregación que cuenta con más de 3500 religiosas en el mundo, especialmente en Europa y América. La Madre fue canonizada en 1925 por el Papa Pio XI.

Primicias Rurales

Fuente: ACI Prensa

 

Hoy celebramos a Santa Rafaela María del Sagrado Corazón, modelo de humildad en la vida religiosa

Hoy celebramos a Santa Rafaela María del Sagrado Corazón, modelo de humildad en la vida religiosa

 

 

Buenos Aires, lunes 18 mayo (PR/26) — Cada 18 de mayo la Iglesia Católica celebra a Santa Rafaela María del Sagrado Corazón, religiosa española a quien hermosamente llamaban ‘la humildad encarnada’ o ‘la humildad hecha carne’, en virtud a su sencillez y actitud siempre agradecida con todos, sin importar cómo fuera tratada.

Expresión de su manera de ser fue esa suerte de lema con el que Santa Rafaela María solía animar a sus hijas espirituales, integrantes de la congregación que fundó: “Dentro de Dios hemos de estar y de Él recibirlo todo”. Resulta comprensible que quien viva intentando realizar un ideal así, habrá de servir al Señor con paz interior y una alegría indestructible, a prueba de dolores y amarguras.

Santa Rafaela María fue fundadora de un Instituto religioso de derecho pontificio, la Congregación de las Esclavas del Sagrado Corazón de Jesús, cuyas integrantes son conocidas como ‘esclavas del Sagrado Corazón’.

El Papa San Pablo VI, quien canonizó a Santa Rafaela María, resaltó un rasgo distintivo en ella, modélico para toda religiosa o consagrada: “La vida y la obra de la santa, si las observamos por dentro, son una apología excelente de la vida religiosa, basada en la práctica de los consejos evangélicos, calcada en el esquema ascético-místico tradicional, del que España ha sido maestra con figuras tan señeras como Santa Teresa, San Juan de la Cruz, San Ignacio de Loyola, Santo Domingo, San Juan de Ávila y otras” (Homilía de la Misa de canonización de Rafaela Porras y Ayllón).

 

Al amparo de nuestra madre, la Iglesia

Rafaela Porras y Ayllón -nombre de pila de la santa- nació el 1 de marzo de 1850 en el pueblo español de Pedro Abad, en Córdoba (España). Sus padres la llevaron a bautizar al día siguiente. Su padre, don Ildefonso Porras, fue alcalde de Pedro Abad, mientras que su madre, doña María Ayllón Castillo, era una generosa y laboriosa dama proveniente de una de las familias acomodadas de la ciudad.

A los tres años Rafaela María quedó huérfana de padre, y al cumplir los catorce, también perdió a su madre. Junto a su hermana inició el camino del discernimiento vocacional con la ayuda de las hermanas clarisas de Córdoba; y al año siguiente ingresaría a la Congregación de las Hermanas de María Reparadora. Fue en esta congregación donde tomó el nombre de Rafaela María del Sagrado Corazón.

La Hermana Rafaela se dedicaba a la oración y al cuidado de los enfermos y necesitados. Su familiares consideraban que su vocación era excesivamente temprana o precipitada; sin embargo, ella perseveró y se las arregló para vencer aquella resistencia inicial y mostrar que su amor al Señor brotaba de su madurez y no de un capricho.

Amor agradecido

Años más tarde, ya consolidada en la vida religiosa, fundó, junto con su hermana Dolores, el Instituto de Adoradoras del Santísimo Sacramento e Hijas de María Inmaculada, que sería la base de la futura Congregación de las Esclavas del Sagrado Corazón. Las hermanas contaron desde el inicio con el apoyo del obispo local.

El Instituto estaba integrado por dieciséis religiosas, con las que Santa Rafaela María se trasladó a Madrid. Allí le fue concedida la aprobación diocesana en 1877. Diez años más tarde, el Papa León XIII aprobaría la nueva congregación, bajo el nombre de ‘Esclavas del Sagrado Corazón de Jesús’. La Madre Rafaela María sería elegida superiora general y realizaría su profesión perpetua el 4 de noviembre de 1888.

 

Exiliada en su propia patria

 

Durante 30 años la Madre Rafaela María vivió una suerte de exilio al interior de su propia comunidad religiosa, convirtiéndose en un miembro casi anónimo de la institución que ella misma había fundado. Por tres décadas, la santa asumió los trabajos más duros y las ocupaciones más sencillas; pasó por constantes humillaciones y, al final, sufrió la aridez del aislamiento. Y así vivió hasta que Dios la llamó a su presencia.

Aun cuando las circunstancias le fueron adversas, la santa se condujo con humildad y obediencia, sin exigir trato especial alguno, a pesar de ser la fundadora. Murió el día de Epifanía, el 6 de enero de 1925, en la ciudad de Roma (Italia). Sus restos descansan en la Casa Generalicia de su congregación en esa ciudad.

 

“Muchos últimos serán primeros” (Mt 20, 16)

 

El Papa Pío XII beatificó a Rafaela María en mayo del año 1952. Años más tarde fue canonizada por el Papa San Pablo VI, el 23 de enero de 1977.

Rafaela María murió el día de Epifanía -fecha inamovible en el calendario litúrgico de muchos países-, razón por la cual su fiesta se celebra el 18 de mayo, día de su beatificación y del traslado de sus restos.

Primicias Rurales

Fuente: ACI Prensa